¡Serán cabrones! Lo son, pero los amamos

Los anti depresivos, el suicidio, la angustia, la devastadora sensación del absurdo… todos estos síntomas apuntan a un mismo origen –la desconexión con la fuente. Sin embargo, el ser humano no puede estar desconectado, de la misma forma que no puede dejar de respirar oxígeno, y ello le lleva a conectarse a fuentes erróneas, fuentes desecadas que no producen energía ni sacian ni dan sentido a la vida.

El hombre pensó que podía abastecerse con tecnología, con viajes intergalácticos, encuentros con extraterrestres, meditaciones transcendentales… y todo ello le ha llevado al escepticismo, o a las drogas –la híper actividad es una droga, el consumo es una droga, el coleccionismo ideológico es una droga.

El Corán nos invita a detenernos un instante y observar maravillados cómo la noche cubre al día y cómo el día cubre a la noche… imperceptiblemente, e imperceptiblemente llegan sus signos –la Luna el de la noche y el Sol el del día.

¿Qué ha sucedido en nuestras vidas que hemos dejado de observar la creación? Han sido esas fuentes desecadas las que nos han desconectado y nos han desecado a nosotros mismos.

No escuchábamos las advertencias de los que nos prevenían del peligro de los supermercados, de los híper-mercados, de los mall, de los teléfonos móviles, de Facebook… Eran medios para lograr un mismo objetivo –confinamiento, distanciamiento, reducción de movimientos… Al contrario, queríamos más avances tecnológicos, más imposibles, más poderes… Hasta que se derrumbó el sistema que mantenía toda esa ficción, y las calles se han vaciado, los supermercados, los mall, la diversión… y todo es ahora online con mascarilla, aunque no haya virus, aunque no haya pandemia, porque tenemos miedo a morir, aunque siempre hayamos sabido que la muerte es la única realidad segura, el único futuro previsible.

Aquella normalidad perdida no era suficiente como para sostener una vida sin enajenantes que nos mantuvieran al margen de este recuerdo, de esta imagen.

Cada día esperábamos nuevos artilugios, nuevas sorpresas tecnológicas… y han llegado en el momento más oportuno. Mas son tecnologías de control y de eliminación. En esta nueva revolución no serán los parias los protagonistas; no serán los campesinos ni los proletarios, sino los billonarios, los dueños de las tecnologías más avanzadas. Las aguas, podríamos decir, están volviendo a su cauce –un feudalismo robótico.

¿Cómo no nos dimos cuenta? Sin embargo, a todos les pareció bien prescindir de Dios. No había perversión para la que no surgiera, inmediatamente, una ley que la protegiera. Nos burlábamos de la moral, de la transcendencia, incluso nos habíamos alistado para formar parte del primer grupo de colonos a Marte. Una ficción mediocremente vendida. La realidad es que nuestros hijos se están cambiado de sexo, de género, no saben si son hombres o mujeres, con mascarillas, confinados…

Aun así los amamos, los envidiamos, los adoramos. Son los que han destrozado nuestras vidas con ficciones. Aun así los amamos. Los preferimos a nuestro Creador. Preferimos sus ficciones a la verdad. El ejército pronto ocupará las calles, convirtiéndolas, todas ellas, en callejones sin salida.

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