Los tres tristes cerditos y su orden mundial

– Ya te he dicho que no hay Dios ni ley moral ni principios éticos. Aquel asesinato era necesario. Se entrometía en todos nuestros asuntos –no dejaba de vigilarnos. ¡Se acabó! Mejor dicho, hemos acabado con Él. Deberías agradecérnoslo. No te puedes ni imaginar lo aburrida que sería tu vida en caso de que estuviese todavía vivo… ¿Qué? ¿Reflexionas? ¿Sufres? ¿Te sientes deprimido?

– No parece que la vida tenga mucho sentido, señor.

– ¿Por qué no, hijo? Todo se reduce a un meteoro. Llevaba una molécula de ADN, o una bacteria, y se estrelló contra la tierra hace millones de años… y resultó que éramos nosotros, todavía en potencia, predestinada a evolucionar al cabo de un tiempo todavía no determinado. ¿No te lo han enseñado en la escuela? Pero no estamos solos. El sistema, un dios mucho más eficaz, ha surgido de este teocidio. Inclínate, hijo, inclínate; es realmente poderoso.

Unos años más tarde el niño parece estar encantado. Es ya un androide en plena regla; para todos sus problemas hay una solución. Del malfuncionamiento de cualquiera de sus órganos se encarga un sofisticado sistema de fármacos y de una cirugía asistida por dispositivos cuánticos. La muerte pertenece, por así decirlo, al pasado. Si no encuentra trabajo, la generosa mano del sistema le mete en el bolsillo un par de billetes.

– ¿Aburrido? ¡Enchúfate, conéctate, enciende todo! ¡Compra, malgasta, esnifa, tira, echa una cana al aire! ¡Intoxícate! ¡Hazte un porro! Como sabes, tienes todo nuestro apoyo, ahora todo es legal.

Después de la gran ceremonia le quitan las armas.

– No necesitas esa porquería; el sistema tiene justicia para todos; lo único que tienes que hacer es denunciar al delincuente, al violador, al pervertido… nosotros nos encargamos de todo lo demás.

– Pero yo…

– ¿Qué quieres decir con lo de “pero yo”? Deja la pistola en la mesa, hijo. Seamos civilizados. En este juego solamente los buenos llevan las armas… los polis… los militares… ¿lo pillas?

– A veces… no hay justicia… para los parias…

– ¿¡Los parias!? ¿De dónde has sacado tú esa palabra? Te has extraviado, claro está. Es evidente que la ingratitud ha encontrado un fuerte asidero en tu corazón. Millones de hombres mejores que tú han muerto luchando por la democracia; han derramado su sangre… gota a gota… paso a paso… guerra tras guerra… para que las calles estén limpias, para que los ayuntamientos sean de todos, para que la educación sea gratuita, para que haya parques y piscinas públicas… pero parece ser que todo ese sacrificio ha sido en vano. Tú solamente ves a los parias. Muy bien, cambiemos el sistema. ¡Fuera con la Democracia!

– ¡No! ¡No! ¡No quería decir eso! En realidad… yo… lo que quiero decir…

– Entiendo, hijo. Lo entiendo perfectamente. El dulce pájaro de la juventud nos trae perspectivas erróneas. Probablemente tu padre es un soñador. ¡Dale una paliza! Lo más que pueden hacer es llevarte al psiquiatra. Rompe con ellos. Han cumplido con su deber, te han traído a este mundo. Es hora de que te unas a nosotros… de que votes cada cuatro años… es hora de consumir, de divertirse, de desvariar, de ser un contribuyente, de sacudir a tu mujer… Divorciarte cuando te apetezca… ¿qué coño es lo que te pasa ahora?

– ¿Y la muerte?

– ¡¡¡Aaah!!! Era eso, ¿eh? Bueno, mi pequeño subversivo. La muerte es una especulación mental, un error cognoscitivo, un desenfoque de la realidad. ¿Quieres que te diga lo que te pasa? No sabes divertirte. ¿Por qué no te tiras a la vecina de arriba? ¿O compras una película porno? ¿O te vas a esquiar? ¿O aprendes un idioma? Lo que más te apetezca. No tienes que dar cuentas a nadie. No hay límite, el mundo es tuyo. Lee los periódicos… métete al fondo en el mundo 3-D, mata a unos cuantos dragones, cómprate una videocámara… ¿qué te pasa ahora?

– Mi padre no me entiende.

– ¡Claro que no… no seas idiota! Ni tampoco tú me entiendes a mí… ¡Rómpele la cara! ¡Escúpele! ¡Apártate de él! No le debes nada. El sistema te ama y siempre estará a tu lado. Eres un androide, olvídate del pasado. No tienes pasado. Bucea en el futuro… tías, coches, tarjetas de crédito, música a tope… ¿Cómo puede tu padre entenderlo? Claro que no puede. La familia es opresiva. Coge todo el dinero que puedas y lárgate. ¡Qué se pudran!

– Me gusta mi profesora de matemáticas.

– Ve al cine con ella y…

– Tiene novio… y yo soy… ya ve… un joven…

– Entonces viólala. Llama a un par de amigos y…

– No sé si podría hacer algo así.

– No importa. Ahora hay programas interactivos con los que te puedes tirar virtualmente a quien quieras sin tener que sufrir esos desagradables forcejeos que siempre acompañan a las violaciones. Pero siempre es más emocionante hacerlo en vivo.

– ¿Y la policía?

– No seas tonto, chico. La policía no va a hacerte nada. Eres menor de edad, y el sistema, tu verdadero padre, el que lo ve y gobierna todo, te quiere. Sabe que sois buenos chicos… Veo que todavía estás intranquilo, hijo. ¿De qué se trata?

– La cosa es… que no tengo mucho dinero.

– Claro que no tienes dinero. Y sabes ¿por qué? Porque has estado perdiendo el tiempo con esos parias en vez de buscar alguno de los divinos trabajos que nuestro sistema nos ofrece… eso es. Podrías llegar fácilmente a ser un funcionario con una divina paga para el resto de tus días. No llores. Todavía hay tiempo. Se hombre… quiero decir androide… También te puedes casar con una rica…

– Yo… buscaba a Dios, el camino…

– ¡Escúchame, chaval! ¿Te has enterado de algo de lo que te he estado diciendo o he estado hablando a la pared? Te he dado la llave: ¡Diviértete! ¡No hay Dios! ¡Eres libre! Haz lo que más te prive… o vete al infierno.

sondas.blog, 16 julio – 2020.

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