¿Quién son los buenos?

Las relaciones diplomáticas son naturales y beneficiosas entre naciones que disfrutan de una sincera cordialidad y juego limpio. Sin embargo, nada de esto puede existir entre los Estados Unidos y cualquier otro país, incluidos sus más antiguos y “fieles” aliados.

Norteamérica no funciona como un estado ni como una empresa, sino como una banda de gánsteres al servicio del capo que controla un vasto territorio. Si alguien intenta instalarse en esa misma circunscripción, adquirida tras el genocidio perpetrado contra sus propietarios legítimos, y trata de comenzar algún tipo de negocio, inmediatamente recibe la visita de sus matones que le explican las condiciones, a todas luces inaceptables, para poder establecerse en ese lugar y desarrollar cualquier tipo de actividad comercial –son ellos quienes decidirán los productos que pueda vender, el precio, a qué clientes… y la cantidad mensual que deberá pagar en concepto de “protección”. En caso de que al cabo de un tiempo entre en su rebelde espíritu el deseo de independencia, recibirá advertencias verbales para que desista de tal actitud, dislocaciones óseas, después, roturas de miembros y colapso final.

Esta ha sido la política de los regímenes británicos desde Carlos II el Alegre, pasando por Jorge V hasta el actual régimen de Isabel II –invasiones de ultramar, ocupación de lejanas tierras y posterior saqueo, y una estrecha colaboración con los Estados Unidos en estas mismas políticas. Las guerras del opio son un claro ejemplo de ello –en la segunda, Francia se unió a Gran Bretaña en el pillaje, y China se vio obligada a ceder Hong Kong.

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Estas guerras, causadas por la desmesurada actividad depredadora de G. Bretaña y Francia, supusieron –la pérdida de soberanía de importantes zonas del territorio chino; el control casi absoluto por parte de estos dos países de su comercio, de sus exportaciones y de sus puertos; humillantes tributos para sufragar los gastos de las guerras que G. Bretaña y Francia habían originado; a todo ello hay que sumar 60 millones de chinos asesinados durante los 20 años que duraron las guerras del opio y los subsecuentes decenios de imperialismo europeo y norteamericano.

China ayudó a Corea para evitar su partición y echar a los Estados Unidos del Pacífico sur, perdiendo en esta contienda un millón y medio de hombres.

Las potencias occidentales siguen tratando de convencer al mundo de que son ellas las defensoras de los derechos humanos…

Sin embargo, las potencias occidentales siguen tratando de convencer al mundo de que son ellas las defensoras de los derechos humanos, cuando han sido sus corporaciones protegidas por sus ejércitos las que han recorrido miles de kilómetros para invadir, masacrar y expoliar a decenas de naciones.

Ninguno de los países que componen el triunvirato del mal (US-UK-Fr) ha pensado en abandonar los territorios invadidos en los últimos 500 años. Tampoco Hong Kong. Siguen pensando que China continúa siendo su almacén asiático, su cuarto trastero. Todos los acuerdos de independencia de sus colonias en Asia, Oriente Medio o África son papel mojado y carecen de valor para ellos –siguen robando el oro de Burkina Faso, plantando nuevas bases militares en Mali y acusando a China de expansión colonialista por haber montado en Yibuti su primera base militar fuera del territorio chino.

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Ahora Trump apoya a los sicarios de Washington que están destrozando medio Hong Kong y ha firmado la ley “de protección de la democracia y los derechos humanos” en esta región, bañada por el río de las perlas y que desde 1997 es parte integrante del territorio chino, y lo ha hecho por respeto al presidente Xi. Sólo se pueden tomar dos posiciones frente a un cínico –darle la espalda o matarle. Como primera medida, China ha optado por amenazar a la administración norteamericana y advertirle que el pueblo chino está ansioso por hacerle pagar a los Estados Unidos y a sus aliados, los piratas que invadieron todo el Pacífico, los desmanes y el sufrimiento que le han infligido a lo largo de su dilatada y sangrienta historia –la segunda opción no puede estar muy lejos.

Hemos visto siempre a un capo, a un chulo, habitando la Casa Blanca. Hemos visto la irresponsabilidad de estos inquilinos a la hora de abandonar la emblemática UNESCO por haber introducido a Palestina dentro de la organización. Después alardean de su firme voluntad de solucionar los problemas de Oriente Medio, especialmente el palestino. Hace unos meses, el capo actual se retiró del tratado para la eliminación de misiles nucleares de medio y corto alcance (INF), que firmaran Washington y Moscú en 1987. Y el año pasado, abandonó el acuerdo nuclear con Irán sin consultar con sus socios o explicar de forma comprensiva las razones para dar un paso tan dañino, cuyas consecuencias estamos sufriendo todos ahora. Tras los acuerdos con Gorbachov de no instalar misiles en Polonia o en cualquier otro territorio cercano a Rusia, le ha faltado tiempo a los Estados Unidos para colocarlos en sus nuevas bases militares polacas tras el ingreso de este país en la UE.

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La masacre de Waco en Texas, ordenada por Clinton, ha pasado desapercibida para el mundo gracias a la colaboración incondicional de la “prensa libre” occidental. La masacre de Tiananmen no corrió la misma suerte.

No podemos seguir aceptando la barbarie norteamericana como algo normal…

No podemos seguir aceptando la barbarie norteamericana como algo normal. No podemos seguir aceptando su cinismo ni su injerencia en los asuntos internos de terceros países. Ahora el asunto son los cárteles mejicanos, la droga, los opioides, que antes venían de China, y ahora, según sus últimas investigaciones, vienen de Méjico. Ya hemos visto el caso Venezuela y cómo estaban dispuestos, USA, UK y Francia, a instalar a un narcotraficante en la presidencia del país. Estamos viendo el caso Bolivia, el caso Irán… pero nunca vemos el caso Israel. Este país, de dudosa legalidad, puede atacar a Líbano, a Siria o Iraq sin que ningún país u organización internacional lo condene ni tan siquiera lo mencione.

El bloque emergente BRICS ha tenido siempre como finalidad tratar de equilibrar este tipo de descompensaciones y establecer una verdadera ley internacional que regule las relaciones entre países soberanos. Sin embargo, USA está haciendo imposible, con sus estúpidas y paranoicas sanciones, que se puedan establecer relaciones basadas en la cordialidad y la justicia.

Desde el punto de vista hegemónico norteamericano, británico y francés, el pez grande debe comerse al pez chico, pero desde el punto de vista comercial, el que debe prevalecer en todas las relaciones internacionales, no es necesaria tal devastación. Los países pequeños pueden ser tan buenos clientes o mejores que las grandes potencias. No se trata de devorar, sino de intercambiar, de cooperar, de competir limpiamente –unas veces ganarán unos y otras veces ganarán otros, y esta dinámica beneficiará a todos.

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Las grandes empresas chinas no pueden quitarle mercado al triunvirato

Pero no se puede ir a un capo con estas cantinelas que le aburren y pretenden arruinar su cártel, palabra de origen alemán, kartell, que significa asociación de empresas o compañías financieras con el fin de crear un monopolio nacional o internacional que controle los precios, los stocks y elimine una posible competencia. En el mundo de la política significa una alianza de partidos para poder gobernar. Es decir, el término cártel hace referencia a mafia económica y mafia política, los dos tipos de mafias que controlan la economía y la política de Occidente –las mismas mafias británicas y francesas que instituyeron los monopolios económicos en China a través de la guerra, de las guerras del opio.

Y esa es la verdadera base de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. El capo norteamericano no está acostumbrado a que otros empresarios le quiten parte del negocio. Los capos no aceptan la competencia –toda la economía de un territorio (en este caso, el mundo entero, incluida la Luna y algún que otro meteoroide) debe estar bajo su control.

China está recuperando, centímetro a centímetro, el territorio histórico y lingüístico que los capos del triunvirato (USA-UK-Fr) le fueron robando durante casi 300 años –años de guerra, de destrucción, de muerte, de humillación. En su derecho, pero también su venganza. China ha sido el último en reír, pero es el que más fuerte está riendo –la primera economía mundial y un ejército al que nadie puede hacer frente. Seguridad y poder, la nueva muralla china.

Ahora la pregunta es: ¿Basta con esta muralla para conseguir una sociedad feliz y consciente? Obviamente, no. Las elites chinas deben entender que toda sociedad, para mantener una buena salud, necesitan del elemento “transcendencia”. No basta con poder cambiar de coche cada año. La prosperidad económica, el orgullo nacional, la dignidad… deben situarse dentro del contexto de la religiosidad, de la aspiración primordial que anida en el interior de todo ser humano. Eliminar la transcendencia de una sociedad o su derecho a un bienestar coherente y bien distribuido, significa condenarla a la enfermedad, a la angustia o a ejercer la tiranía sobre otras naciones.

China tiene en su territorio millones de musulmanes, la lengua árabe, pues, el Qur-an. Y al mismo tiempo, posee un sabio secularismo de la mano del confucionismo. Si logra combinar ambos elementos en un perfecto equilibrio, tendrá en su haber la clave del éxito en este mundo y en el Otro.

La religión no es el opio del pueblo. Son las castas sacerdotales, las que controlan la academia, las finanzas, los medios de comunicación… el verdadero veneno que intoxica a las sociedades humanas. Lo primero es encontrar el sentido de la vida, después vendrá el organizar esa vida de la mejor manera posible. Invertir este orden sólo traerá frustración, aunque se maquille con aparatosos artilugios tecnológicos.

China debe resistir al espejismo de la democracia, de los derechos humanos y de toda esa verborrea con la que el triunvirato roba la riqueza de los otros pueblos, organiza conflictos bélicos, cambia gobiernos legítimos… todo ello respaldado por su prensa libre que ha logrado proyectar un mundo al revés, un mundo de hermosas brujas y malvados príncipes.

(29) ¿O acaso cuentan los que tienen una enfermedad en el corazón con que Allah no sacará a la luz sus verdaderas inclinaciones?
Qur-an 47 – Muhammad

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