¡Por fin nos toca a nosotros!

Franco no puede morir mientras no haya una alternativa real a su política, a su sistema, a su visión. Y todos esos arribistas que se lanzaron como chacales sobre su cadáver para ver que le podían arrancar, pensaron que era cosa liviana y divertida hacerse con el poder. No recapacitaron ni por un solo instante sobre el hecho de que haber liderado una contienda militar, una guerra civil; haber resistido a las presiones de las fuerzas fascistas europeas, Italia y Alemania, manteniendo en todo momento la independencia de España, la independencia y el aislamiento, y no porque Franco lo desease, sino porque Europa buscaba neutralizar a dos posibles potencias económicas y militares –Polonia y España. A Polonia se la entregaron a Stalin, dejándola fuera del ámbito occidental, y a España la arrojaron a un ostracismo económico y político que le impidió desarrollarse con normalidad, frente a unos vecinos que recibían a manos llenas dinero del Plan Marshall, nuevas tecnologías y un inagotable flujo comercial. No recapacitaron, decimos, que todas esas acciones merecen ser valoradas y admiradas.

¿Qué han hecho todos esos zascandiles en sus vidas para haberse ganado el honor de servir a un pueblo milenario cuya historia, de poder pesarse, les aplastaría el cerebro en caso de tener uno? Maquinar. Eso es lo único que han hecho –comprar y vender, regatear, traicionar y asesinar. El poder justifica los medios.

Pensaron que bastaba una chaqueta de pana y cuatro discursos en el estilo de la más pura demagogia, para liderar el futuro de 40 millones de seres humanos, que salían de un sistema que a todos parecía mal, no porque esos 40 millones, cada uno de ellos, hubiera llegado a esta conclusión tras un fornido análisis con sólidos argumentos, sino porque estaba en el aire, en las noticias, en los mensajes subliminares… ¿Cómo podía competir el franquismo con la democracia europea, con su bienestar, con sus adelantos, su tecnología, su hipismo, sus conciertos pop? Parecía un pulso desproporcionado. Había que obviar el pasado, detestarlo, acusarlo, ridiculizarlo… para ser aceptados en la comunidad de naciones “libres”; y esto, en cambio, a todos pareció bien.

Pero lo que España había ganado durante esos 40 años de aislamiento, de impedir que entrase como un torrente desbocado la corrupta modernidad, no se podía cambiar por una falsa y vacía alternativa. La espiritualidad que se preservó y protegió aprovechando el ostracismo que sufría el país, no ha podido ser substituida por el ateísmo y el vicio que éste conlleva; el vicio y las anomalías, las brutales transformaciones de la naturaleza humana que el materialismo propone, justifica y alienta.

Después de 70 años de Beatles, de Rolling Stones, de marihuana, de atontamiento psicodélico y de meditación transcendental, ¿qué es lo que nos ofrece Occidente, en qué ha superado a la sociedad franquista?

Es cierto que hacían faltan cambios, reestructuración, nuevos elementos en el edificio social… los mismos cambios que son necesarios en cualquier fábrica o empresa, pero no por ello se derrumban las instalaciones, se destruye la maquinaria y se despide al personal. Es lo que sucedió en la Revolución Francesa –un radical cambio de valores, de actores y de poderes. Los campesinos de la región de la Vendée estaban de acuerdo en que la monarquía necesitaba sufrir cambios, abandonar su rigidez, su aislamiento con respecto al pueblo; y en ese sentido apoyó a la revolución, pero de ahí, a decir que no hay Dios, guillotinar al rey y perseguir al clero, había un trecho que no pudieron saltar y fueron a la guerra, una guerra que duró casi 40 años y en la que murieron más de medio millón de personas. La Revolución Francesa no fue tal, fue una masacre, un todos contra todos, un periodo de terror. No tenía un sistema con el que substituir a la monarquía. En 1804 se declaraba emperador de Francia el mercenario italiano Napoleón Bonaparte y en 1814 subía al poder Luis XVIII, hermano del guillotinado Luis XVI –de qué terribles ironías se sirve a menudo la historia. ¿Dónde está la revolución? De hecho, hasta 1905 no se instaura en Francia la República. Hoy, los presidentes franceses, hijos de los asesinos de 1789, viven en lujosos y decadentes palacios, siguiendo el más estricto protocolo monárquico.

Cambiamos totalmente un sistema únicamente cuando hay otro sistema completo listo para ser instalado. Este fue el caso de la Revolución Rusa. En 1848 aparece el manifiesto comunista en el que se expresan los prolegómenos del marxismo. En 1867 se publica Das Kapital, “El Capital”, un extenso trabajo sobre el funcionamiento de la economía capitalista y sobre las relaciones de dominación entre las clases, de un lado los proletarios y de otro los burgueses. Al mismo tiempo, Engels desarrollaba todo un método de estudio y comprensión de la historia, de la filosofía y de las ciencias, basándose en el materialismo dialéctico:

La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845)

Principios del Comunismo (1847)

Las guerras campesinas en Alemania (1850)

Contribución al problema de la vivienda (1872-1873)

Anti-Dühring (1878)

Del socialismo utópico al socialismo científico (1880)

La Dialéctica de la Naturaleza (1883)

Por su parte, Marx escribió más de 20 libros en los que expresó su visión de la historia, la economía, la política y el pensamiento materialista. A continuación, citamos algunos de ellos:

Contribución a la crítica de la economía política (1859)

Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro (1841)

Sobre la cuestión judía (1844)

Tesis sobre Feuerbach (1845)

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Por lo tanto, la Revolución Rusa substituyó un sistema, en clara decadencia, por otro que había sido elaborado durante 70 años a través de libros, artículos, discursos, panfletos, asambleas… por las mejores mentes de aquella generación, mentes que atrajeron poderosamente a una buena parte de la intelectualidad europea y norteamericana. Esta ha sido la única y auténtica revolución que ha habido en Occidente. Una revolución que cambió radicalmente el estatus quo ruso y el del resto del mundo. Atemorizada la burguesía europea, sobre todo la alemana e inglesa, pronto se pondrá manos a la obra para mejorar drásticamente las condiciones de trabajo de sus proletarios; para integrar a la mujer en el proceso productivo de sus sociedades y en los órganos de poder, así como para garantizar su acceso a la educación superior; para separar la sociedad civil de la religiosa… Todo un sistema con voluntad de planear sobre el mundo y caer sobre todas esas sociedades occidentales que mantenían sistemas de opresión, sistemas feudales, sistemas basados en la más devastadora ignorancia.

La Revolución Rusa agasajó al mundo con ciertas dosis de justicia y racionalidad, si bien se enquistó en los principios materialistas sobre los que se había basado. En su robusta estructura yacía invisible la carcoma del ateísmo, del humanismo y del dios historia hegeliano, la peor deidad que ha adorado el hombre. Sin embargo, fue una revolución, fundada en un nuevo tejido que se fue extendiendo por todas las naciones.

Y ahora, 30 años después de la caída del Muro de Berlín ¿qué tenemos? Un izquierdismo, un leftismo, que pretende apoyarse en principios marxistas, o socialistas, o social-demócratas… para tomar el poder e instalar la corrupción y el vicio, la degradación, la frivolidad como la más alta cima de la civilización occidental.

¿Pensaban acaso estos jovenzuelos que podían cargar sobre sus escuálidas espaldas con el tremendo peso de construir un nuevo sistema que substituyera al franquismo? ¿Realmente lo creían? ¿Lo creía F. González, Guerra, Aznar…? Su verdadero grito de guerra, una vez que se acallaron sus discursos demagógicos, fue: ¡Por fin nos toca a nosotros! ¿Nos toca el qué? Nos toca robar, engañar, mentir, traicionar, enriquecernos, enriquecer a nuestros familiares, a nuestros amigos, erigirnos en dioses, en ídolos… Ese ha sido el cambio.

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¿Puede ser la desbaratada familia de Rivera el nuevo modelo familiar? ¿Puede esta mujer ser el nuevo modelo de esposa y madre? Para muchos españoles, sí. Esto es lo que nos propone el “izquierdismo”.

¿Puede un gigolo como Albert Rivera ser presidente de España? A punto ha estado. Ahora se retira de la política porque se ha dado cuenta de que es más divertido jugar con Malú que levantar ladrillo a ladrillo el edificio de una nueva España. ¿Pero es que puede este chaval levantar nada? Habrá que preguntarle a Malú, habrá que preguntar a los millones de españoles que lo han estado manteniendo en la política, que están manteniendo en la política, en los asuntos del pueblo, a Pedro Sánchez, a Pablo Casado, a Santiago Abascal, a Pablo Iglesias…

¿Dónde están sus libros, sus Manifiestos, sus Kapitales, sus detallados y minuciosos procesos hasta llegar a la soberanía? ¿Dónde está su esfuerzo, su hercúleo esfuerzo? Reuniones con coca, reuniones con putas.

¿Pensaba esta pandilla de asesinos escolares, los fundadores de los GAL, los que mandaron tropas españolas a unirse en la infame y criminal invasión de Iraq y después de Afganistán… Creían realmente que estaban construyendo sobre el pasado franquista una nación soberana? No, no pensaban nada; tan solo querían ser ellos, ahora, los que se apropiaran de la riqueza del país y la repartiesen entre sus leales leguleyos y sus amos. ¿Así pensaban demostrar que el franquismo fue un error, un deshonor en nuestra historia? Si así lo pensaban, se han cogido los dedos, pues lo único que han demostrado es que son ellos el deshonor, la vergüenza, la verdadera vergüenza de nuestra historia. ¿Les importa serlo? No. Han tomado el poder y ese era el juego, de eso se trataba. La segunda parte es mantenerse en ese poder –robando, manipulado y entregándoselo en bandeja de plata a nuestros enemigos, esos que pegaban carteles, por todo el territorio norteamericano, con la consigna: Remember the Maine and to Hell with Spain (Acuérdate del Maine y al infierno con España). Pero nadie se acuerda del Maine. Estos bachilleres, que no saben latín, han hecho todo lo posible para que lo olvidásemos, para que olvidásemos nuestra historia, a cambio de permitirles que traspapelasen las cuentas. Es el botín de paz, el botín al que nadie tiene derecho.

Cuando les iba mal, producían esperpénticos documentales sobre la guerra civil española, sobre la maldad que imperaba en el periodo de post-guerra y sobre el estado de bienestar y libertades civiles en el que vivimos ahora gracias a ellos, a los arribistas, a los mequetrefes, a los escolares… a los asesinos. Ahora, Pedro Sánchez, sus secuaces, millones de españoles, quieren exhumar y trasladar los restos de Franco a otro lugar, lo más lejos posible de la memoria colectiva. Piensan que así acabarán con su imagen, con la maldita imagen que no les deja vivir en paz. Piensan que es más fácil justificar sus desmanes, su incompetencia, su infantilismo… trasladando los restos de un muerto, de un cadáver, que construyendo un futuro soberano para los españoles. Sin duda que es muy fácil mover cadáveres de un lugar a otro, pero ese acto, tan vil como el de seguir manteniendo relaciones diplomáticas con UK, no va a disipar la ineptitud y deshonestidad de las que han hecho gala los bachilleres que nos han gobernado en los últimos 45 años. El espejito mágico les seguirá señalando como a los más feos, como a los más mezquinos del cuento.

¿Pensaron que tenían un modelo familiar mejor que el de Franco? ¿Pensaron que era fácil substituirlo? Al final, ha sido Almodóvar quien ha presentado la alternativa. ¿Pero acaso lo que ha presentado es un modelo envidiable? No resulta perturbador aceptarlo cuando se trata de una película, pero la realidad es diferente. Fuimos testigos de esta diferencia cuando un alto funcionario de la administración decidió pasar unos días en Damasco, en un país sin alcohol, sin drogas, sin putas callejeras. Ahora lo necesitaba. Ahora que su hijo había ingresado en prisión por tráfico de drogas y robo a mano armada. Antes de tan demoledor suceso le parecía bien la familia Almodóvar, la ideología Almodóvar. Resultaba inusitadamente atractivo tener una madre furcia, una hermana con SIDA y un hermano heroinómano. Era tan estético, un escenario tan cinematográfico… Pero ahora se trataba de su hijo, de su película, de su tragedia.

Vox reivindica el Peñón. ¿Ante quién? ¿Quién va a escuchar su vox? ¿Con qué ejército piensa ir a la guerra, con qué generales, con qué determinación? De momento, le da votos, le confiere una cierta personalidad –otra carta trucada. España no tiene ejército. Tiene “gasto de ejército”, miles de millones de euros al año –por si lo necesita el pirata estadounidense, por si necesita vigilantes que le protejan mientras roba el petróleo sirio. Tiene una batería de Patriots en la base turca de la OTAN para repeler un posible ataque sirio. Pero Siria no ha atacado a nadie, es Siria la que ha sido invadida y atacada desde Turquía. ¿Cuál es entonces la política exterior de España? ¿Quién son sus aliados? Franco entretejió una fuerte alianza con el mundo árabe y facilitó la apertura de la embajada palestina en Madrid, a la vez que cerraba las puertas a Israel. Esa fue su política, la que 70 años después está tratando de establecer Europa y Estados Unidos sin éxito. Franco era consciente de que no podía haber una verdadera entente entre ambos mundos –el árabe y el judío. Había que tomar partido. ¿Qué partido ha tomado la dictadura socialista-popular de estos mequetrefes arribistas? El del triunvirato (USA-UK-Fr). Vox quiere el Peñón, pero no nos explica, detalladamente, en un libro, cómo piensa obtenerlo. Hace falta escribir, especificar, delinear la geografía de los escenarios, los medios para lograrlo. No tiene medios, tiene un ejército dirigido por una mujer, por una cría, y no tiene vox en ningún foro “internacional”, pues todos los foros los controla el enemigo.

Todo lo que reivindica Vox lo reivindicaba Franco, pero con más amplitud, con más coherencia. ¿Qué ha pasado entonces en estos últimos 45 años de lucha por hacer suya la consigna “¡Por fin nos toca a nosotros!”? Un reparto del botín de paz.

La inquietante, para muchos, subida de Vox en las elecciones que acaban de celebrarse es la devastadora prueba de que no ha habido alternativa al franquismo ni la sigue habiendo. El tercer partido hoy en el espectro parlamentario propone lo mismo que Franco logró establecer de forma plena. A pesar de todos los esfuerzos para borrar de nuestra memoria, a través de la incongruente Ley de Memoria Histórica, el inmenso transcurrir de acontecimientos que la configuración genética de miles de pueblos, de la más variada inteligencia, ha producido en la entidad que hoy se llama España, el tercer partido aboga por borrar esta aberrante ley y establecer un programa educativo que promueva la identidad nacional, frente a una España dividida, fragmentada, multilingüe, sin lengua, pues, y desgarrada por un reparto injusto de la riqueza.


Ante esta debacle, ante esta vuelta al franquismo a falta de una alternativa, a falta de fornidos dirigentes que la puedan pensar e implementar, el PSOE ha decidido, en un alarde de mezquindad, unirse con otro de los perdedores –Podemos.


Ante esta debacle, ante esta vuelta al franquismo a falta de una alternativa, a falta de fornidos dirigentes que la puedan pensar e implementar, el PSOE ha decidido, en un alarde de mezquindad, unirse con otro de los perdedores –Podemos, con 8 logos sin ninguna interacción entre ellos y con un cambio de nombre que demuestra el infantilismo y el analfabetismo de sus responsables: “Unidas”. Es decir, se trata de un partido exclusivamente de mujeres, de mujeres lesbianas que reciben el apoyo de homosexuales y transgéneros. ¡Malditas sean las unidas! ¿Acaso pretenden con esta espuria formación de anómalos, con exabruptos de verduleras, borrar la memoria de Franco, borrar su visión, borrar sus logros?

El proyecto de Vox es poner en marcha la oxidada maquinaria franquista, un mecanismo que nunca ha dejado de funcionar, aunque lo haya hecho a trancas y barrancas. No hay otro, pues es la base para construir una nación soberana lo suficientemente sólida como para evitar que la hagan tambalear todos los Puigdemonios de dentro y de fuera. Después de 45 años de saquear España, su tierra, sus aguas, su industria, su honor… y de vender los restos que han quedado a sus amos, vemos que no hay, que no puede haber, otro proyecto que el de reavivar, fortalecer y reconfigurar el franquismo. Y este proyecto no sólo es válido para España, sino para el resto de las naciones. ¿Qué es, si no, el proyecto de Marie Le Pen para Francia? Comparémoslo con el gobierno de Macron –discursos vacíos de colegial reprimido. Le Pen propone una comunidad internacional de naciones libres, basadas en la colaboración y cooperación. Y eso es lo que siempre propuso Franco –paz y soberanía para los pueblos. ¿Y qué propone el izquierdismo, los mequetrefes Macron, Trump, Merkel… los ilegales May and Johnson? Invadir, robar, asesinar, masacrar… destruir; eso es lo que proponen, eso es lo que están haciendo, eso es lo que llevan haciendo dese hace 500 años; los mismos, esos mismos que aprueban leyes “progresistas” para esparcir y propagar, como el fuego, la homosexualidad, la degeneración, el vicio, siempre acompañado de aires de libertad.

Mas no podrá haber soberanía mientras seamos miembros de organizaciones internacionales. El franquismo probó el gusto amargo del fraternal abrazo de Occidente. No podrá haber dignidad e independencia mientras sigamos perteneciendo a la UE, el club privado del triunvirato, dirigido y aleccionado por el big brother USA. De ese club son miembros todos nuestros enemigos –Francia, UK, Dinamarca, Holanda, Alemania… Franco resistió a Hitler porque las intenciones del Führer no eran las de instaurar una comunidad de naciones libres y soberanas, sino las de engullir al mundo entero como si de un agujero negro se tratase. Las mismas intenciones de Japón y de USA, de UK y Francia. Estos son nuestros enemigos, no Rusia ni China, no Irán, no Siria ni Iraq. Es tiempo de abandonar la UE, la ONU, la OTAN… todas las cárceles en las que llevamos 45 años penando. Son sus instituciones, no las nuestras. No hacen falta. Los hombres libres se reconocen de inmediato. Son libres y libremente comercian, dialogan, colaboran. Las “instituciones” son quistes en los que quedan atrapadas las naciones –no se pueden mover y son arrastradas a guerras que no les incumben, que no las quieren; y a implementar sanciones a terceros países que son, en muchas ocasiones, países amigos, potenciales clientes y aliados –caso Venezuela, caso Bolivia, caso Siria… ¿Cuál puede ser el programa del PSOE o del PP cuando es el triunvirato el que decide la política de España? ¿Es que todavía hay españoles que no lo entienden? ¿No basta con que nos escupan a la cara estos cuatreros, que nos humillen, que nos pongan de rodillas y nos echen a los perros? A veces hay que luchar, y hay que matar y hay que morir; y no podemos cambiar la lucha por negociaciones de paz.

Vox habla de religiosidad, pero Vox no sabe lo que es la religiosidad. Son consignas electorales que en su día tendrán o no tendrán respuesta, pero en ningún caso se trata de establecer la columna madre de cualquier sistema social y político.

La palabra, el concepto Religiosidad sólo puede ser válido si hace referencia a establecer un sistema social y educativo que nos recuerde insistentemente que hay Ajirah –que hay vida post-mortem y que hay un Más Allá. Mas no un más allá de fantasías budistas o esotéricas. Un Más Allá con una balanza, con un juicio, con una filmación en la que contemplar todas nuestras acciones y todas nuestras intenciones. Un Más Allá con sentencia. Un Más Allá con fuego y con Jardines, un viaje eterno al conocimiento y a la felicidad. Un Más Allá que sitúa nuestras vidas en este mundo de dunia en el nivel de relatividad; un mundo en el que nada es absoluto; un mundo transitorio, efímero, en el que, empero, estamos construyendo, con nuestras acciones e intenciones, nuestra siguiente estación. Únicamente en este sentido tienen valor nuestras vidas. Esta es la religiosidad que necesitan las comunidades humanas, las naciones. ¿Es mejor producir nuevas generaciones con el material del temor a ese juicio y con el anhelo, al mismo tiempo, de alcanzar el Jardín de las Delicias, o es mejor producir anómalos que alteren las leyes de la naturaleza, de la fitrah humana? ¿Es mejor tener un hijo indeciso, un hijo que no sabe si es hombre o mujer, o es mejor tener hijos investidos de una robusta determinación y de un indeleble coraje? Todos sabemos lo que queremos, pero nos lo han prohibido. Habrá que luchar para conseguirlo de nuevo.

Ahora la pregunta es ¿hay alternativa al franquismo, a Vox? Hay alternativa, si hay hombres capaces de tomarla con fuerza. Hombres que acepten el sacrificio en vez de añorar el poder. Hombres revestidos de religiosidad, de determinación y de coraje. Estas son las cualidades que promocionó el franquismo, pero sobre una base doctrinal equivocada. Esta vez, habrá que hacerlo bien. Esta vez, la alternativa tendrá que ser Islam.

(64) Di a la Gente del Kitab que se avengan a una misma creencia –la de adorar únicamente a Allah, sin dar poder a nadie más, y sin tomarnos unos a otros por señores en vez de a Allah. Mas si lo rechazan, decidles que sean testigos de que vosotros sí que os habéis sometido.
Qur-an 3 – ali ‘Imran

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