La fragilidad de nuestro mundo

Casi nunca los directores de cine, los productores… los artistas, entienden la extensión de los mensajes que transportan sus obras. Por una parte, están sujetos a su propia subjetividad y ello les impide ver el horizonte completo (incluida la curva) y, de esta forma, reducen drásticamente su propia comprensión. Por otra parte, y a pesar de este inconveniente, el hecho de que en todas las obras artísticas o intelectuales de calidad se haga referencia, indefectiblemente, a la lucha entre el bien y el mal, hace que, de alguna forma, lancen mensajes proféticos, mensajes que se dirigen a la estructura básica de la existencia.

En la película The Road, estrenada en 2009 y dirigida por John Hillcoat, hay una pregunta que el niño le hace a su padre una y otra vez “¿Somos de los buenos? ¿Hay más gente buena?” Y esta preocupación por ser de los buenos le hace al niño increpar a su padre cada vez que éste amenaza con el revolver a otro individuo, a otro ser humano: “¡No, no le dispares, no dispares a la gente!” Obviamente, la película de Hillcoat no desmenuza las causas de que haya buenos y malos; o de qué fuerzas acompañan a unos y a otros. Sin embargo, nuestro interés por The Road va por otro camino. La mayor parte del tiempo, los protagonistas se mueven en exteriores –paisajes urbanos y paisajes naturales. En el primer caso, se trata de escenarios artificiales, creados por el hombre siguiendo su subjetividad. Ha habido una catástrofe mundial que ha dejado al planeta casi desierto, sin gente, sin energía, con algunos individuos, pequeños grupos, aquí y allá. Han cesado de actuar las fuerzas productivas, el comercio, los servicios, los transportes… El mundo artificial creado por los hombres se ha paralizado y la ley de entropía hace años que está erosionando y demoliendo los edificios, los puentes, las fábricas, los vehículos. Ese mundo que parecía competir y aventajar al mundo natural, el mundo creado según el diseño divino, se está desmoronando. Las poderosas y altivas ciudades se han convertido, ahora, en paisajes dantescos, cuya devastación produce angustia y desesperación en los escasos habitantes que aún deambulan por el mundo.

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Aquellas estructuras metálicas indestructibles, aquellos sistemas electrónicos informatizados que controlaban las señalizaciones y los transportes públicos, aquellas centrales nucleares que daban energía a países enteros… todo ha quedado anegado bajo las lluvias torrenciales o el desbordamiento de los ríos… Todo desvencijado, roto, descompuesto… como si siempre hubiera estado así. Se aprecia ahora la simplicidad de la obra humana, su temporalidad, su carácter perecedero. Es naturaleza muerta. No puede regenerarse, transformarse, adaptarse a las nuevas situaciones, a los nuevos escenarios utilizando sus propios recursos. Si algo se modifica en este sistema artificial humano, se rompe, se desmorona. Todo es rígido. Parece como si los elementos que lo constituyen estuvieran hilvanados, mantenidos en un precario equilibrio. Nada absorbe la suciedad, pues todo está muerto, se amontona, se sobrepone sobre todas las cosas.

En el segundo caso, empero, el de los paisajes naturales, el del sistema y diseño divinos, todo permanece intacto –no hay destrucción, no hay ruinas, no hay suciedad. Los campos, las montañas, el mar… mantienen su pureza, su grandiosidad. Nada puede destruir este sistema, nada puede alterar sus ciclos ni alterar su organización intrínseca –es la obra de El Mejor de los creadores.

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Durante toda la película contrasta la belleza de los paisajes naturales, que se mantienen intactos, con la fealdad y pobreza de los urbanos, derrumbados sobre sí mismos. Y es esta perdurabilidad e indestructibilidad de las construcciones naturales, divinas, las que se quiere ocultar y hacer que parezcan tan frágiles como las humanas.

Cada día desde hace decenios se habla de la destrucción de la capa de ozono, de la contaminación de las aguas, del cambio climático y sus devastadoras consecuencias, que ya asolan una buena parte de la Tierra. Se habla de terremotos, de explosiones volcánicas, de meteoritos… Decenios de años tratando de convencernos de que es mejor abandonar este planeta, emigrar hacia otras galaxias: “Esta Tierra no es segura. Miles de peligros se ciernen sobre ella. Tendremos que ir pensando en abandonarla,” declaraba no hace mucho la astrónoma polaca Weronika Sliwa del Centro Científico Copérnico en Varsovia. ¿Quién promueve esta locura de querer escapar del paraíso terrenal? Ningún peligro se cierne sobre la Tierra; ninguna catástrofe la puede destruir. ¿Acaso hemos olvidado que desde hace 70 años se vienen detonando cientos de bombas atómicas en el subsuelo, en el mar y en la estratosfera, cientos de ellas, quizás miles? Mas todo sigue intacto. ¿Podemos, acaso, calcular cuántas bombas químicas, bombas napalm, misiles, proyectiles… han explotado en la Tierra desde la I guerra mundial? Y, sin embargo, el aire sigue puro, respirable para todos los seres vivos.

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Subamos a los Himalayas, bajemos a los valles, surquemos los océanos… ¿Hallaremos montones de cadáveres en nuestro camino? ¿Dónde están entonces los trillones de seres vivos que han muerto sobre el regazo de la madre Tierra? Nada puede destruirla, nada puede volverla estéril. Es la creación del Altísimo, imperecedera, inmarcesible.

Han puesto a un hombre en la Fragua y temen, ahora, que nada bueno salga de ahí. Pero el universo no se ha forjado en ninguna fragua humana, sino en un ámbito divino inaccesible al cognitio humano. ¿Acaso no son inexplicables todos los fenómenos que ocurren en la Tierra? Nada se agota, nada se seca, nada se pudre sin fertilizar, sin abonar el campo, la tumba donde yace.

¿Qué le ocurre al hombre que no agradece, que no observa, que no se maravilla? ¿A qué tiene miedo? ¿De qué huye?

No verás en la creación del Rahman ninguna discordancia. Vuelve a fijarte:

¿Ves algún fallo? (4) Vuelve a mirar una segunda vez. La vista regresará a ti deslumbrada y exhausta.
Qur-an 67 – al Mulk

No cabe duda de que es mejor no rebuscar en la Tierra, en su historia, en su origen, en su formación, en los escenarios bélicos que ha sostenido sobre sus amplias espaldas. Es mejor dejar la historia tal y como aparece en los libros de texto. No fue así como ocurrió, pero para qué llenar de tachones sus gloriosas páginas. Sí, quizás sea mejor partir hacia otras galaxias, pero no con los humanos como compañeros de viaje. Habrá que esperar a que el Altísimo cree otras especies.

(19) ¿Acaso no ves que Allah ha creado los Cielos y la Tierra de la mejor manera posible? Si fuera esa Su voluntad, os suprimiría y traería a otras criaturas.
Qur-an 14 – Ibrahim

Comentarios

One comment on “La fragilidad de nuestro mundo”
  1. Los daños que el aparato propagandístico de destrucción masiva, Hollywood, ha causado a los occidentales son ya irrevertibles: violencia gratuita, sexo desinhibido, homosexualidad, transgenerismo, cosificación de la mujer, etc… Le preguntamos a los expertos del mundo moderno si se le debe poner coto a estos desmanes culturales, o bien, seguir permitiendo que los dueños de Hollywood (los judíos) sigan contaminando las mentes. Opinen.

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