¿Hay algo de verdad en las religiones?

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EL ÁRBOL DE LA VERDAD – Novena Rama

¿Hay algo de verdad en las religiones?

La pregunta podría ser retórica si nos refiriésemos al significado de “escrupulosa elección” que conlleva el término religio en oposición a “negligencia” que es el significado de negligio. En cuanto a los sistemas religiosos, la pregunta debe ser contestada sin atenuantes.

Podríamos empezar con el cínico eslogan de K. Marx “La religión es el opio del pueblo”. Y podríamos contestarle, en caso de que no se lo hubiese tragado el materialismo dialéctico, ¿por qué no? ¿Qué hay de malo en ese opio? ¿Acaso es mejor el opio de trabajar 14 horas al día con el fin de crear un poderoso reino de la razón cuyo último objetivo sea el de dar todo el poder a la clase proletaria y después morir, y después nada? Ni el paraíso terrenal ni el paraíso post-mortem. Obviamente no podía funcionar ese sistema religioso basado en el sacrificio de las más elementales aspiraciones del hombre en favor de un dios humano, demasiado humano.

Si hemos de seguir un comportamiento específico, que vaya incluso en contra de algunas de nuestras más íntimas inclinaciones, deberá ser a cambio de algo, a cambio de alguna satisfacción, de alguna recompensa.

El marxismo nos exigía una vida dentro del más estricto ascetismo sin otro galardón a cambio que formar parte de la historia. Tras la euforia que siempre acompaña a la primera generación que establece un nuevo sistema religioso, llegó la decepción y el hastío. Aquello no convenció a nadie. Sin embargo, había en esa revolución proletaria que nos traía aromas de las fracasadas revueltas campesinas de la Alemania del siglo XVI, algo de mesiánico, algo de religioso –había que sacrificarse por nada, morir por nada, vivir para hacer realidad un sueño, una entelequia de ciertos burgueses que querían revolver las aguas de la paz social. Su religión iba a tomar diferentes nombres –materialismo, ateísmo, racionalismo, naturalismo, evolucionismo… Nombres que iban a presentarse como la alternativa al de “religión”. Un simple cambio de nombre y todos creyeron que habían matado a Dios y se habían hecho con el poder del universo.

No obstante, soviéticos y estadounidenses se habían olvidado de la ironía con la que la historia suele tintar los acontecimientos –los valores básicos marxistas se estaban estableciendo de forma más radical en USA y Europa que en la Rusia comunista. A la velocidad de la luz se implantaba una nueva sociedad que pretendía haber surgido de los valores humanistas que siempre habían prevalecido en Occidente –sindicatos; reducción drástica del calendario laboral; participación de la mujer en todos los aspectos sociales, incluido su derecho al voto; igualdad de sexos; convivencia en pareja sin matrimonio… El mundo libre, que había trasvasado los prolegómenos soviéticos a sus sociedades tan rápidamente, que nadie se dio cuenta. Nacía el laicismo, con una esperanza de vida mayor que la que pudiera ofrecer el marxismo. Se trataba de un matrix mucho más atractivo. La gente lo aceptó plenamente y siguió pretendiendo que era religiosa. Para los más recelosos se acuñaron los términos “cristiano ateo” y “judío ateo”. Nadie vio que hubiera en ese tándem incongruencia alguna. Quizás porque convenía a todos que se mantuviera en sus constituciones un concepto religioso que diferenciase a Occidente, el mundo libre, de la cárcel soviética donde estaban prohibidas las discusiones teológicas.

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En la práctica, como suele ser habitual, las cosas no funcionan como en la teoría, y pronto comenzó el caos a tomar parte en aquel zancocho ideológico –fundamentalistas judeo-cristianos, exorcismo, adoradores del diablo… todo ello sazonado con el esoterismo oriental de Madame Blavatsky, Gurdjieff y la gran sorpresa teosófica venida de la mismísima India –Krishnamurti. Según testigos presenciales, el joven indio despedía luz e inteligencia por todos sus poros. Algo así debió sentir Annie Besant, cofundadora de la sociedad teosófica junto con Blavatsky, al presentarlo al público como el “maestro del mundo”, cuando todavía no había cumplido los treinta –un portento, sin duda.

Tampoco en este caso las cosas salieron a pedir de boca y unos años más tarde, ante una multitud de seguidores, negó que hubiera algo así como “el maestro del mundo” y que si lo había, desde luego que no era él. Los siguientes sesenta años que le quedaron de vida los paso viajando por Europa y los Estados Unidos enseñando la auto-realización espiritual y desmontando, al menos para sus seguidores más ortodoxos, el edificio teosófico. No obstante, no tuvo mayor trascendencia aquella “falta de lealtad” por parte de Krishnamurti, pues teniendo en cuenta lo inclinado que es el hombre al olvido, una generación más tarde se volvía a repetir todo el proceso –nuevas ediciones de los libros de Blavatsky, René Guénon, Evola… nuevos círculos Gurdjieff, reuniones sufís, la Iglesia de la Cienciología, apuntalada con la prestigiosa participación de Tom Cruise y sus millones… Los extraterrestres convertidos en ángeles y dioses, especialmente los venusianos… Misterios de la Antártida, habitantes de la Luna… Llegada de los gurús de la India y vuelta a la auto-realización espiritual krisnamurtiana. Son ciclos ideológicos, pseudoespirituales y económicos –la ganancia no está reñida con la virtud… o quizás sí –los profetas nunca pidieron dinero ni riquezas por su exhaustiva labor:

(57) Di: “No os pido ningún pago por ello, sólo os exhorto a que os encaminéis hacia vuestro Señor.”

Qur-an 25 – al Furqan

Pero las castas sacerdotales siempre han sabido como retorcer el sentido de las revelaciones divinas y hacer pasar el fuego por agua y el agua por fuego –es la principal habilidad del demonio.

En toda esa lucha de brujos, el budismo zen tomó la delantera al resto de propuestas chamánicas debido, entre otras causas, a su connivencia con ciertas órdenes religiosas cristianas, como los benedictinos de la montaña de Montserrat. Cada año llegaban a Cataluña monjes budistas con el objetivo de meditar y cambiar impresiones ontológicas con algunos de los monjes del monasterio. Cada una de las partes tenía sus razones para hacer la vista gorda y pasar por alto las incongruencias metafísicas y epistemológicas del otro –se trata del triunfo de los diálogos interreligiosos. No había más que ver a los adeptos del zen-cristiano, al final de un seminario de tres días o una semana, ponerse en fila para participar en el misterio de la eucaristía y recibir su correspondiente oblea convertida, ahora, en cuerpo de Cristo –todo un koan.

Mas nadie dura lo suficiente como para alcanzar el grado de “Maestro Zen” o llegar a la realización espiritual. Tras unos meses o algunos años de torturar sus rodillas, los prosélitos optan por tomarse unas vacaciones hasta ver qué nuevas propuestas aparecen en pantalla. Según la opinión más generalizada entre los maestros zen, la culpa de no haber llegado a la naturaleza “buda” es de los adeptos, de su falta de constancia y determinación. Cuentan historias apabullantes de los sacrificios y de los tormentos sufridos por los grandes maestros –ahí está Milarepa, y el propio Siddhartha. Sin embargo, hay algo más en esa derrota espiritual, hay una cierta desconfianza, una cierta desilusión por parte de los aprendices de dioses al contemplar a esos dirigentes de zendos, de templos budistas o de grupos tantra. No parecen haber alcanzado la anhelada realización espiritual. Tienen tantos apegos como ellos, tantas contradicciones como sus vecinos. Más aún, incluso cuando les parece estar tocando el estado de buda y hay una cierta euforia que les inclina a pensar que “eso es”, siguen perturbándoles, al día siguiente, las mismas preguntas que les taladraban el cerebro antes de iniciar aquellas dolorosas sesiones. Quieren ver dibujada la geografía post-mortem; quieren conocer el origen del universo, de la existencia; quieren entender quién ha creado todo lo que nos rodea y a nosotros mismos; quieren dilucidar si el objetivo de estar vivos, de vivir, es sentarse a meditar, y si es así ¿puede acaso ese objetivo explicar la existencia? ¿Es suficiente razón? La respuesta parece ideada por un experto en marketing: “Sigue sentándote y ya encontrarás las respuestas a todas esas preguntas.” Los hay más cínicos: “¿Pero es que acaso hay existencia?” Mejor salir por la ventana antes de que nos atrape la duda.

Años tirando el tarot, años esperando el contacto con los dioses intergalácticos, viajes a Perú, encuentros difuminados por la auto-sugestión… Fracaso tras fracaso. La religión es otra cosa.

El sabio de Tiruvannamalai solía decir: “Qué pena que el hombre prefiera el misterio a la verdad”. Es inevitable, ya que la verdad, vivir en la verdad, exige soportar una tremenda tensión que equilibre las fuerzas divinas de las terrenales –es el “vivir sin vivir en mí” y es el “morir por no morir”. Es actuar, tomar diferentes papeles, sin perder de vista quiénes somos, sin olvidar nuestra realidad, sin caer en la inconsciencia robótica. La meditación transcendental son invita a lo mismo, pero nos engaña en cuanto a nuestra verdadera identidad.

Todos estos sistemas apellidados religiosos no son, sino manifestaciones chamánicas disfrazadas de terapias, propuestas psicológicas, introspecciones, psicoanálisis oriental, apaciguadores nerviosos… ilusiones pasajeras. No hay solidez en estas propuestas porque obvian el origen y el final de la existencia, obvian su objetivo.

Una de las acciones que más caracterizó el papado de Juan Pablo II fue su insistencia en pedir perdón por las fechorías cometidas por la Iglesia Católica a lo largo de los últimos dos mil años. A todos pareció bien aquel gesto de cristiana humildad y nadie pareció caer en la cuenta de que J. Pablo II representaba a la Iglesia infalible de Cristo. Pero ya se sabe que la carne es débil y si, por otra parte y según sus propias crónicas, Isa (Jesús), dios él mismo, flaqueó en más de una ocasión y se sintió abandonado en la cruz, qué debilidades no acompañarán a la subjetividad humana.

No obstante, ha quedado algo que todavía es causa de controversia, algo que convierte la fastuosidad del Vaticano en un escándalo. Muchos son los que se preguntan cómo de la austeridad de Isa –Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza (Mateo 8:19-20)– ha pasado la curia romana a vivir en la casa más lujosa de la Tierra. Mas nadie piensa en hacer una revolución teológica o dar un golpe de estado espiritual, pues el verdadero escándalo, el que hace que cada día miles de católicos abandonen la iglesia y se dispersen, en la mayoría de los casos por derroteros chamánicos, es el “misterio” de la Trinidad, el misterio absurdo e irracional que ya en los albores de la cristiandad dividió a feligreses y obispos en arrianos y católico-trinitarios. Al presbítero Arrio lo asesinaron por la misma razón que Firaun quería asesinar al profeta Musa:

(28) Dijo un hombre de la gente de Firaun que era creyente, pero ocultaba su creencia: “¿Vais a matar a un hombre porque dice: ‘Mi Señor es Allah,’

Qur-an 40 – Ghafir

Sí, por eso, precisamente, es por lo que asesinan; por eso no han dejado de matar a los creyentes desde los tiempos de Firaun:

(45) Arrojó Musa su vara, y ésta se apoderó de la mentira que habían fabricado. (46) Al ver aquello, los magos cayeron postrados. (47) Dijeron: “Creemos en el Señor de todos los dominios, (48) el Señor de Musa y de Harun.” (49) Dijo: “¿Creéis en Él antes de que yo haya decidido cuál es la actitud a seguir? Veo que es vuestro jefe, el que os ha enseñado la magia, pero vais a aprender. Os voy a cortar la mano y el pie contrarios y os voy a crucificar a todos.” (50) Dijeron: “Haz como más te plazca. A nuestro Señor hemos de volver. (51) Anhelamos con fervor que por haber sido los primeros en creer nuestro Señor perdone nuestros pecados.”

Qur-an 26 – ash Shurara

La coherencia es uno de los factores que debe prevalecer a la hora de discriminar entre lo verdadero y lo falso, entre religión y chamanismo, en cualquiera de sus formas.

La misma idea de la Trinidad es ya un postulado incoherente, ya que el concepto “Dios”, ilah, exige absolutidad; de lo contrario nos llevaría a la idolatría, a dioses, a poderes que no han creado nada, sino que ellos mismos han sido creados. Es el dios de los filósofos, una energía, un poder, indefinidos. Es la relatividad y la parcialidad del paganismo.

El Dios que propone la religión es un dios Único, sin socios, sin restricciones, absoluto, Creador, a partir de la nada, pues todo emana de Él, no hay un “afuera” de Él. ¿Cuál entonces sería la naturaleza de Su hijo, engendrado, no creado? ¿Cómo el Absoluto se encarnó en lo individual? ¿Quién creó los cielos y la Tierra? ¿Hubo acuerdo entre ellos en todo?

(42) Di: “Si hubiera con Él otros dioses, como dicen, tratarían de apoderarse del arsh (Centro de Control).” (43) Lejos está en Su perfección de toda contingencia. Ensalzado sea por encima de lo que afirman –El Elevado, El Inconmensurable.

Qur-an 17 – al Isra

Demasiados misterios como para intentar desentrañarlos. Los sacerdotes-chamanes se defienden diciendo que el hombre no puede comprender los asuntos divinos. Así también pensamos nosotros, pero no entender algo no significa que ese algo sea irracional, incoherente, pues Dios no habría dotado a la entidad humana con unas capacidades cognoscitivas que rechazasen cualquier tipo de escándalo intelectual y, al mismo tiempo, Él fuese una entidad irracional e incoherente para el hombre. En cuanto al tercer elemento trinitario, ni siquiera vamos a hablar de él.

La Trinidad deshizo la armonía de los primeros cristianos y les alejó de la siguiente revelación que debía establecer la última ley, el último cántico –reventaron el dique y el agua se desbordó arruinando los campos que ya estaban listos para la siega.

Miguel Servet fue el verdadero reformista, el antitrinitario, no Lutero, cuyo único afán era acabar con el poder “infalible” del Vaticano y debilitar a los imperios del sur de Europa en favor de los del Norte.

Lo quemaron vivo en una plaza de Ginebra. Dio la orden Calvino, pues en su larga correspondencia epistolar con Servet, no pudo rebatir ninguno de sus argumentos, y cuando los necios se quedan sin argumentos, buscan la manera de acabar con sus adversarios.

La Trinidad deshizo la coherencia del mensaje de Isa y e hizo que sus erráticos seguidores se enfrentasen a muerte con los musulmanes.

El humanismo siempre ha jugado un papel desestabilizador en las sociedades con un buen porcentaje de creyentes y, al mismo tiempo, ha promulgado el vicio y la corrupción aludiendo al inevitable precio que acarrea la libertad. Aparte del cinismo que acompaña a tal supuesto, nunca explicado, los acólitos del humanismo han ocupado siempre el más alto rango entre los asesinos más despiadados de la historia. Parece un hecho ineludible que el tejido de las sociedades humanas esté fabricado de paradoja, ironía e incongruencia.

Calvino, sin ir más lejos, era un humanista, como Lutero, como Erasmo y, como ellos, tenía un plan civilizador de dominación planetaria, una máquina de guerra dispuesta a triturar cualquier tipo de oposición. A mediados del siglo XVI, Al-Ándalus, donde la cruz cristiana se había superpuesto a la media luna, seguía dando las mentes más lúcidas y libres de Europa. Miguel Servet fue una de ellas y uno, también, de los más firmes detractores del trinitarismo. Su virulencia alcanzó tanto a católicos como a protestantes, ya que ambas corrientes seguían siendo esclavas del concilio de Nicea. Su visión cristiana, contraria a la Trinidad, le hizo mantener una profusa y crispante correspondencia con Calvino. Aquellas cartas mostraban claramente la superioridad teológica del sabio español y la mediocridad intelectual del ginebrino. En 1553 publica su gran obra Christianismi Restitutio, y añade al final del volumen las treinta cartas donde se plasmaba su polémica con Calvino. Aquello supuso el mayor escándalo teológico de la época y tan indignado se sintió Calvino que le denunció a la Inquisición. Se le encarceló en Viena y su libro fue quemado. No obstante, logró escapar de la prisión. Se dirigió a Nápoles, y para ello se vio obligado a pasar por Ginebra, donde fue reconocido en una iglesia y Calvino lo denunció a las autoridades. Después del fraudulento juicio en el que fue declarado hereje, los católicos estaban dispuestos a liberarle o, al menos, a reconsiderar la sentencia. Sin embargo, Calvino presionó para que se le condenara de forma definitiva y absoluta y se le quemara vivo. Los calvinistas de Ginebra se encargaron muy gustosos de ejecutar la orden de su superior, utilizando leña verde para que durase más el suplicio. Aquel crimen contra una de las mentes más penetrantes que ha dado la cristiandad europea causó un profundo malestar en las propias iglesias reformistas, pero Calvino les obligó a que aprobasen su conducta y el propio Melanchthon, otro humanista, lo calificó de pium et memorabile ad omnem posteritatem exemplum.

Miguel Servet había sido ajusticiado de forma salvaje por los “reformadores” europeos, pero su obra influenció de forma decisiva a Laelius Socinus, el más importante, quizás, de los nuevos impulsores del unitarismo anti-trinitario. Al mismo tiempo, Peter Gonesius, un estudiante polaco, defendió varias de las tesis de Servet en un sínodo de la Iglesia Reformada de Polonia, lo que dio origen a un cisma entre las diferentes posiciones de las iglesias reformistas y a la formación de la “Iglesia Menor Reformada”, también conocida con el nombre de “Hermandad Polaca”, que llegó a tener 300 congregaciones en todo el territorio de la Rzeczpospolita –el estado más grande de Europa en aquel tiempo, formado por Polonia y Lituania. Y de la misma forma, los postulados de Servet llegaron a John Biddle, el máximo exponente del unitarismo en Gran Bretaña.

Esta corriente servetiana anti-trinitaria será una y otra vez perseguida y aplastada por el movimiento anti-reforma primero, y por los jesuitas después. Sin embargo, logrará sobrevivir hasta el siglo XX. En 1928 el acuerdo entre la Asociación Unitaria Británica y Extranjera con la Conferencia Nacional dio como resultado la fundación de la Asamblea General Unitaria y de las Iglesias Cristianas Libres. El unitarismo anti-trinitario podría ser en un futuro cercano el lugar de encuentro de todos los cristianos del mundo que buscan con sinceridad la luz de la verdad, ese podría ser un primer paso y, al mismo tiempo, el enlace con el Islam.

No obstante, parece como si los cristianos, y no sólo los judíos, dudasen de la ya cumplida venida del Mesías. Cuando se analizan todos estos movimientos entre disparatados, criminales y suicidas, se tiene la sensación de que también los cristianos están esperando a que suenen las trompetas, se rasgue el cielo y desciendan los ángeles hasta la Tierra. ¿Acaso no les basta el mensaje de Isa? No, no les basta, pues está incompleto, amputado y alterado. Su geografía y cronología están cambiadas de forma que los sucesos testamentarios no aparecen en los registros de la historia. Falta, pues, de evidencias, y eso siempre trae dudas.

Isa tenía dos misiones que cumplir –1) entregar la carta de divorcio a la comunidad judía y 2) anunciar la venida de “el Profeta”. Ninguna de estas dos misiones se ha entendido ni mucho menos se ha querido entender. Los judíos siguen esperando al Mesías y los cristianos niegan al Profeta, y ello les ha llevado a la desesperante convicción de que en esos evangelios falta algo.

Es un regusto amargo que inflama los nervios y lleva a tomar decisiones contrarias a los principios que las sustentan. Thomas Müntzer fue el líder indiscutible de las revueltas campesinas de Alemania que acabaron en una total masacre; revueltas contra las que se opusieron Lutero y Erasmo –uno por prudencia y otro por mezquindad. Verdadero precursor del marxismo y tan visionario que incluso en el siglo XVI intuyó la Revolución Rusa sin necesidad de pasar por la francesa. El fracaso en el que dio a parar todo aquel mesianismo le pareció a Müntzer ser el juicio de Dios sobre una gente todavía impura para la enorme tarea que se había impuesto a sí misma, pero en absoluto le pareció la derrota de su idea de una nueva sociedad. Müntzer fue detenido, torturado y en mayo de 1525 ejecutado. Su verdadera misión debería esperar casi 400 años antes de poderse realizar –esta vez los elegidos serían los proletarios.

Todo ello nos lleva a establecer un principio básico a la hora de discriminar entre sucedáneos espirituales y religión –todo lo que no es profecía, es chamanismo. La Profecía, el sistema profético, es un cauce, un surco, un lecho, un sistema de tuberías a modo de tubérculo por el que fluyen, sin dispersión, los mensajes divinos –Unicidad de Dios; noticias del sistema y del relato proféticos; correcciones de todo aquello que ha sido alterado en las revelaciones anteriores; conocimiento del origen del universo, de la vida y del hombre; noticias de la protohistoria y de la historia; elementos para la reflexión y la percepción intuitiva; pedagogía espiritual; marcadores de nuestro estado de consciencia; Ley y mil-lah (valores que deben regir nuestra vida); escenario post-mortem, post-resurgimiento (Ajirah) y post-juicio; imágenes del jardín y del fuego; diálogos entre los bienaventurados y los proscritos… dialéctica entre la esperanza y el temor.

Esta podría ser una buena plantilla que superponer sobre todas las propuestas que se presenten como alternativas religiosas. Si una de ellas encajase a la perfección en esta plantilla, esa sería “la religión”, y todo lo demás no representaría, sino un pasado alterado o diferentes formas de chamanismo.

(32) Ese es Allah, vuestro Señor, y esa es la verdad. ¿Y qué hay más allá de la verdad, sino el extravío? Sin embargo, la verdad os repele.

Qur-an 10 – Yunus

Comentarios

3 comments on “¿Hay algo de verdad en las religiones?”
  1. Salam, pero ¿quien sabe si el conocimiento la Unicidad ha sido arrasado por completo es esas otras religiones? ¿Podrían existir en ellas gente rectamente guiadas? Pregunto. En cualquier caso serían una rara excepción.

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    1. virgiliozara dice:

      Digamos que todos esos sistemas, en algunos casos, han sido etapas transitorias para llegar al Islam. Sin embargo, los que se han quedado en esos sistemas, se han perdido, pues la objetividad sólo se puede aprehender a través de la lectura continua del Qur-an -no hay guía en ningún otro texto. Por ejemplo, si leemos el Tao cada día, al cabo de los años seguiremos sin saber cómo heredar, si puedo casarme con más de una mujer, si hay límite. Ni siquiera sabré a ciencia cierta si el adulterio es algo reprobable y, por lo tanto, a evitar. El tawhid, las consecuencias de admitir la unicidad de Allah deben manifestarse en la Ley de Allah y en la mil-lah, en los valores, en la forma de vida.

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      1. Salam. Perfecto, entonces entiendo que las otras religiones están todas abrogadas, y no hay nadie con el conocimiento de la Unidad en ellas.

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