Las fantasías arqueológicas parecen no tener fin

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NOTICIAS CNRS – Dándole sentido a la ciencia
Jean-Baptiste Veyrieras, Febrero 2019

Cuando pensábamos que las elucubraciones de los nuevos Indiana Jones se habían reducido a su mundo académico y sus revistas especializadas, nos llegan noticias como ésta en una web de información general que más que dar soluciones y planteamientos científicos parece que lo que intenta es simplemente llenar espacios.

Los artículos, las noticias, no sólo deben ir comentados y explicados, sino que además y, sobre todo, deben in contextualizados. Sin estos dos requisitos, las noticias se utilizan para crear confusión y dirigir a la opinión pública hacia postulados falsos aparentemente demostrados. Veamos el texto:

La aparición de movilidad en seres multicelulares podría ser mucho más antigua de lo que pensábamos. Al menos, esto es lo que sugieren los pequeños túneles fosilizados que se encuentran en las rocas de 2.1 billones de años de edad en Gabón.

No hay ni una sola fotografía de dichos “túneles”. Todas las ilustraciones que presentan son representaciones artísticas –dibujos. Si ellos pensaban que la aparición de la movilidad en organismos multicelulares era más reciente de lo que ahora parece deducirse de sus hallazgos, sin duda que es su problema, generado por un método erróneo que consiste en producir teorías según lo que se va sacando. Mañana podrían encontrarse organismos con movimiento más antiguos que los hallados ahora. Esas dataciones, totalmente ficticias, no sirven ni aportan nada a nuestro conocimiento de la existencia. ¿Qué significa para nosotros un lapsus de tiempo de 2.1 billones de años? Lo realmente útil es entender, según nuestra ley de plantillas, que la vida en la Tierra ha seguido las mismas fases que el embrión en la matriz. Los primeros organismos multicelulares con movimiento tuvieron que ser un tipo de lombriz o sanguijuela, sin carne ni huesos –sangre, al igual que la primera formación del embrión es un coágulo sanguinolento pegado a la pared de la matriz.

(5) ¡Gentes –nas! Si dudáis de que seréis resucitados, sabed que os creamos de tierra, luego de una gota de agua fecundadora, luego de un coágulo, luego de un trozo de carne como goma mascada, osificado o aún sin osificar, para clarificaros Nuestro poder y Nuestra sabiduría.
Qur-an 22 – al Hayy
“¡Las galerías son espectaculares, absolutamente asombrosas!” Afirma entusiasmado Abderrazak El Albani, quien coordinó la investigación. “Pero el crédito realmente debería ir a la calidad de estas rocas, que fueron capaces de conservar excepcionalmente el movimiento de organismos primitivos y, especialmente, al trabajo del equipo”, añade. En verdad que hay algo de lo qué estar entusiasmado. Este geólogo de la Universidad de Poitiers podría haber alterado la línea de tiempo de la evolución tal y como la conocemos, retrasando la aparición de la movilidad entre organismos multicelulares alrededor de 1.500 millones de años. “Es posible que estos organismos se movieran para encontrar elementos nutritivos”, sugiere.

¡Increíble! Parece como si la arqueología, la biología y la astrofísica atrajesen a las mentes más débiles de cuantas han surgido de la “evolución” humana. Imaginemos el escenario –estos animalitos multicelulares “se dan cuenta” de que en su entorno no hay alimentos o sustancias nutrientes y “deciden” desarrollar los elementos necesarios en sus cuerpecitos para poder excavar túneles en las rocas o en su hábitat. Obviamente, cuando lo hubiesen logrado después de miles de años, si no millones, habrían desaparecido, se habrían extinguido. Lo que ellos llaman “proceso evolutivo” exigiría un periodo de tiempo larguísimo, una espera que ninguno de estos organismos podría soportar. Si realmente existieron estos animalitos –muy probablemente– y se movían –¿por qué no?– sin duda que han alterado la línea de tiempo, pero la línea de tiempo de los arqueólogos que se ven obligados a cambiar cada 5 ó 10 años, no la línea de tiempo real.

La primera condición a la hora de emprender cualquier tipo de investigación es entender que hay dos sistemas –el sistema operativo y el sistema funcional. El sistema operativo es el que hace que un mecanismo, un fenómeno, un organismo o una entidad realicen sus funciones específicas. El sistema funcional es el que nos permite entender estas funciones y, en algunos caso, servirnos de ellas. En todo cuanto existe –creado o fabricado– actúan estos dos sistemas. En un ordenador el sistema operativo lo constituyen el procesador, los circuitos, las tarjetas y otros elementos necesarios para que este aparato electrónico pueda realizar las funciones para las que ha sido diseñado y luego fabricado. Este sistema no se puede manipular, pues los usuarios desconocen su organización y los principios básicos de su operatividad. Por ello, los ingenieros han diseñado un sistema funcional que sí le es posible al usuario conocer y utilizar –teclado, pantalla, ratón, impresora… Estos elementos son las terminales funcionales del sistema operativo. También este universo existe y opera según un sistema operativo que no le es posible al hombre conocer, ya que ha sido diseñado y actualizado desde una realidad ontológica diferente a la nuestra. El hombre se puede servir del sistema funcional para medir el tiempo, guiarse en sus largos viajes por tierra y por mar, desarrollar la agricultura y la ganadería, la navegación, la metalurgia… Tratar de conocer y manipular los sistemas operativos lleva a la destrucción y a la ignorancia –el usuario que pretende utilizar su ordenador desde el sistema operativo, lo destruirá sin haber podido realizar una sola de sus funciones.

Sin embargo, la mayor prueba de ignorancia ontológica por parte de estos “científicos” es la de adosar consciencia a los animales e, incluso, a las plantas. Estos organismos no son conscientes de estar vivos ni de que vayan a morir –son conceptos que exigirían una clara comprensión del sistema global que rige la creación. Estos organismos no tienen consciencia de “moverse” en un universo inconmensurable en el que “viven” otros animales, seres humanos… en el que se han levantado ciudades. Más aún, estos organismos no tienen consciencia de que si no encuentran nutrientes, morirán. Nada de todo eso les inquieta –no tienen consciencia de formar parte de una especie ni de que ésta corra el peligro de extinguirse. Todos estos conceptos son humanos –entidades que si están provistas de consciencia– que trasvasamos al resto de la creación arrastrados, quizás, por las producciones Disney.

Cada organismo, unicelular o multicelular, realiza las funciones para las que ha sido diseñado (sistema operativo) con un margen de maniobrabilidad determinado. Y esas funciones y ese margen de maniobrabilidad son sus límites que no puede traspasar ni modificar –nada evoluciona. Los organismos vivos, unicelulares o multicelulares, actúan como programas de ordenador diseñados para cumplir determinadas funciones –cálculos matemáticos, diseño gráfico, base de datos… Ningún operario podrá ir más allá de las funciones que el programador y el analista le hayan dado. No obstante, habrá funciones que muy pocos operarios sepan que existen y las sepan utilizar. Sin embargo, están ahí, en el programa. Es lo que ingenuamente llaman los evolucionistas “adaptación”. En todo organismo hay un margen de reacción que se activa de forma automática y que puede hacer que determinados organismos puedan sobrevivir a cambios de clima u otros fenómenos adversos. La llamada adaptación no es, sino una posibilidad existente en el programa de ese organismo. Todo está cerrado, todo está rodeado de una membrana y actúa según un sistema operativo específico que se manifiesta en un sistema funcional reconocible y utilizable por el hombre.

Y es esta búsqueda de nutrientes que se ha salvaguardado en forma de 80 galerías sinuosas, que miden hasta 170 mm de largo y 6 mm de ancho, a través de la roca sedimentaria del sitio fósil de Franceville (ubicada en la provincia Haut-Ogooué de Gabón, África). A través de sus estratos de lutitas negras depositadas hace más de 2 mil millones de años, esta antigua cantera abre un capítulo sin precedentes en la evolución de la vida en la Tierra. Desde el descubrimiento del yacimiento, en 2008, sus capas de sedimento han revelado sorprendentes organismos macroscópicos, que son testigos de una biodiversidad ancestral inesperada: algunas formas sugieren cuerpos lobulados, alargados o redondos de diferentes tamaños, algunos de los cuales miden hasta 17 centímetros, y se presentan rodeados de láminas rugosas.

Felicitamos al equipo de Abderrazak El Albani por estos descubrimientos, pero seguimos sin entender en qué “abren un capítulo “sin precedentes” en la evolución de la vida en la Tierra”. Quizás para Abderrazak (siervo del Proveedor) El Albani (nombre de sabios) sea algo sorprendente, pero el verdadero problema por resolver (irreductible en verdad) es cómo se originó la primera célula procariota (sin núcleo y con el ADN flotando libre en el citoplasma) y cómo, más tarde, se originó la célula eucariota (con núcleo conteniendo el ADN organizado en cromosomas). Todo lo demás es irrelevante, pues es posterior al origen, al tiempo cero –no existe… existe. Lo mismo que sucede con el origen del universo; ¿qué había antes del tiempo cero? –no hay universo… hay universo. ¿De dónde procede la singularidad? Silencio científico. Sigamos descubriendo túneles de hasta 17 cm de largo. ¿Acaso no habría que llamarles orificios? ¿Cómo se han mantenido 2.1 billones de años? ¿Qué sucede cuando unas lombrices se meten en el fango o en la tierra y luego salen y se meten… lo hemos visto miles de veces desde que éramos niños. ¿Acaso pueden permanecer esos orificios? Según se mueven los orificios colapsan. ¿Cuánto tiempo tuvo que pasar para que ese barro o fango se fosilizara? Millones años. ¿No hubo lluvias? Miles. ¿No hubo corrimientos de tierras? Constantemente. ¿No hubo transformaciones geológicas? Sin fin. No obstante, esos orificios se mantuvieron intactos y gracias a la “moderna” tecnología sabemos que esos orificios los hicieron organismos multicelulares al tratar de encontrar nutrientes. ¿Acaso no saben estos arqueólogos que las lombrices viven dentro de la tierra y comen de los nutrientes que hay en ella? ¿Qué tiene de especial este hallazgo? ¿La línea de tiempo? Esa línea no para y no parará de moverse.

Este organismo multicelular (los científicos usan el término biota), que ahora se llama “Gabonionta”, ha continuado desconcertando a los especialistas en evolución desde su descubrimiento. Hasta ahora, los fósiles más antiguos conocidos de vida multicelular tenían 1.800 millones de años (algas fosilizadas descubiertas en 1992 en el yacimiento minero de Marquette, Michigan, EE. UU.). Los que muestran el primer movimiento de vida compleja datan de hace 580 millones de años. Sin embargo, Gabonionta vivió entre 2,1 y 2 mil millones de años.

No nos cabe la menor duda de que los “científicos” se sienten desconcertados con los Gaboniontas, y ello porque la propia teoría de la evolución los tiene intoxicados y ven todo borroso. Ahora que parecía que la línea de tiempo estaba asegurada, aparecen túneles y Gaboniontas para añadir más leña al fuego evolutivo. Se debería crear una jurisprudencia que lidiara que esto casos de intrusismo arqueológico. Es una sugerencia. Fijémonos en esta frase: “Los que muestran el primer movimiento de vida compleja datan de hace 580 millones de años.” No, no datan de hace 580 millones de años. Sois vosotros los que arbitrariamente datáis los fósiles, los huesos, los túneles… y decidís que es entonces cuando aparecieron estos organismos o aquellos fenómenos por primera vez. Pero la realidad insiste en haceros comprender que primero es la teoría y después las dataciones y la organización de los hallazgos. Sin esa teoría general de la vida TGV, actuaremos como esa hormiga que se mueve por una enorme alfombra persa y va anotando todo lo que ve –sus anotaciones parecerán las de alguien que ha tomado una sobredosis de LSD.

Al revelar en PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America) que algunos de estos organismos ya podían moverse, los investigadores están activando una segunda onda de choque: “Poder demostrar que la vida compleja se desarrolló hace 2.100 millones de años ya era un desafío, pero evidenciar que una innovación biológica tan elaborada como la movilidad apareció al mismo tiempo, definitivamente desencadenará un animado debate”.

No creemos que los editores de PNAS sientan el menor choque ante vuestros hallazgos –PNAS es el mejor ejemplo de una aparatosa revista seudo-científica que recoge todas las incoherencias de los seudo-científicos (aceptar la evolución, incluso como hipótesis, es ya desviarse de la lógica y de un sano razonamiento). Por otra parte, seguimos sin entender en qué va a consistir tan apasionado debate.

Sin embargo, según los investigadores, la evidencia está allí, en forma de trazos y túneles sinuosos en y dentro de las rocas. Sospechan que los organismos multicelulares complejos y organizados los crearon al moverse a través del lodo hacia su alimento, probablemente velos bacterianos y áreas ricas en oxígeno. El ambiente del fondo marino era tranquilo, poco profundo en ese momento, y rico en oxígeno después de la primera ola del Gran Evento de Oxigenación, que comenzó aproximadamente 300 millones de años antes. “El aumento de los niveles de oxígeno en el océano en este momento podría haber desempeñado un papel importante al proporcionar la energía necesaria tanto para el metabolismo y el desarrollo de estos organismos multicelulares como para su movimiento”, señala El Albani.

Probablemente la evidencia esté ahí, pero no los famosos organismos –ni restos de ellos ni fósiles, aunque al leer sus artículos parezca que estén vivos y correteando, haciendo túneles en alguno de sus laboratorios. La siguiente frase sigue demostrando la incapacidad de los arqueólogos y biólogos para entender sus propios postulados evolutivos: “El aumento de los niveles de oxígeno en el océano en este momento podría haber desempeñado un papel importante al proporcionar la energía necesaria tanto para el metabolismo y el desarrollo de estos organismos multicelulares como para su movimiento.” En primer lugar, se están dando fechas astronómicas y detallando fenómenos complejísimos que ocurrieron hace millones de años como si tuviéramos filmaciones y testigos oculares en algún departamento de arqueología. En segundo lugar, como ya hemos apuntado antes, los fenómenos quizás se hayan producido tal y como afirman estos “sabios” visionarios, pero los organismos no pueden esperar el tiempo que se necesita para que esos procesos actúen en ellos. El aumento de los niveles de oxígeno no se produce en un día o dos, ni en un año ni en diez. Miles de años antes de que esos organismos puedan absorber la energía proporcionada por ese aumento del nivel de oxígeno, se habrán extinguido. La teoría general de la vida TGV es relativamente sencilla de entender –en el principio, la tierra estaba llena de semillas (células, óvulos) de diferentes características y de las que surgirán en el lugar y momento apropiados los diferentes organismos, los cuales desarrollarán las funciones para las que han sido diseñados. No hay evolución, sino fases independientes, etapas, momentos de desarrollo de las semillas-células portadoras del código genético propio para cada tipo de organismo.

Es difícil determinar cómo se veían estos organismos vivos. “Posiblemente eran similares a las amebas coloniales, que cuando los recursos crecían, se convertían en una especie de babosa que podía moverse como un solo organismo en busca de un entorno más favorable”.

Muy difícil si no hay teoría. Un elemento clave de esta TGV es el hecho de que el Creador, Allah el Altísimo, ha dejado una muestra de cada una de estas fases y etapas para que entendamos el proceso creativo:

(20) Di: “¡Id por la Tierra y ved cómo empezó la creación!” De la misma forma resurgiréis en la Otra Vida. Allah tiene el poder sobre todas las cosas.
Qur-an 29 – al Ankabut
Esta hipótesis parece razonable, pero quedan algunas preguntas: ¿cómo se mantuvieron intactos estos movimientos fosilizados en la roca durante tanto tiempo? “El primer paso fue analizar la biogenidad y la sinergia de estos organismos para confirmar que estas pequeñas galerías estaban realmente ahuecadas por organismos vivos”, explica El Albani. Se utilizó un enfoque multidisciplinario para demostrar que eran de naturaleza biológica. Primero, los investigadores realizaron un análisis químico del contenido de los túneles fosilizados utilizando una sonda de iones que determina la composición química de la materia, y que revela claramente rastros de “permineralización” de organismos.
En otras palabras, la materia orgánica se fosilizó en esta red de galerías. “Podría ser un cuerpo que se descompuso allí, o un moco dejado por el organismo, similar al rastro de una babosa”. Los investigadores también utilizaron técnicas de microtomografía de rayos X no invasivas para explorar el interior y el exterior de estas galerías en 3D. “Las estructuras internas de estos túneles también muestran que podrían haber resultado solo de una modificación biológica de la roca, y que fueron estos organismos multicelulares los que despejaron un camino a través de ella”.

Las respuestas a esas preguntas (quedan muchas más) son típicas de los seudo-científicos: “biogenidad y la sinergia de estos organismos.” ¿De qué organismos? De momento no hay nada, sino fenómenos que ellos han decidido que son túneles realizados por organismos vivos en movimiento. Que expliquen entonces detalladamente cómo lograron pervivir esos orificios hasta fosilizarse –soportando lluvias, corrimiento de tierras, transformaciones geológicas. La explicación, no obstante, no queda aquí: “Se utilizó un enfoque multidisciplinario para demostrar que eran de naturaleza biológica. Primero, los investigadores realizaron un análisis químico del contenido de los túneles fosilizados utilizando una sonda de iones (que determina la composición química de la materia). Revela claramente rastros de “permineralización” de organismos.” ¿Algo que objetar? Desde luego que no. Utilizando una sonda de iones, seguro que se puede determinar la composición química de la materia, pero no olvidemos que en ciertas condiciones atmosféricas y con altos niveles de humedad, las sondas de iones comienzan a producir Ip3 e Ip5 dando resultados erróneos, pero bueno, esta es otra cuestión que seguramente ya habrá previsto el equipo. Además, también se utilizó microtomografía por si fallaban las sondas.

Estos organismos, hay que admitirlo, exploraron el lodo, tanto vertical como horizontalmente, navegando entre mantas de bacterias. ¿Podrían estos rastros haber sido hechos por agregados bacterianos, que han estado presentes en la Tierra por 3.5 mil millones de años? “Esta hipótesis está descartada por varios factores, entre ellos su forma, los movimientos ‘horizontales y verticales’, junto con el estrechamiento de la laminación sedimentaria y el tamaño de las trazas”, agrega El Albani.

Sin comentarios. 3.5 mil millones de años. Siguiendo la TGV observemos mejor lo que hoy tenemos a nuestra disposición y entenderemos lo que realmente sucedió en el pasado, en el principio, en el origen.

Como resultado, estos primeros “exploradores” del fondo marino sacuden la trama actual de la aparición de la vida compleja en la Tierra. Hasta ahora, los rastros más antiguos de movilidad para organismos multicelulares solo precedieron al gran auge evolutivo de la explosión cámbrica (hace aproximadamente 541 millones de años) por unos pocos millones de años. Y más de 1.500 millones de años separan la biota de Franceville de la biota de Ediacaran (descubierta en 1868 en las colinas de Ediacara en el sur de Australia), un presagio de la llegada masiva de animales durante el Cámbrico. Entre los dos hay una genuina “tierra de nadie evolutivo”. Es un período que los paleontólogos llaman irónicamente “el billón aburrido”.
¿Podrían los organismos que ya se estaban moviendo hace 2.1 billones de años en el lodo de Franceville haber atravesado este “túnel evolutivo”, sirviendo así como precursores para futuros animales? “Es probable”, continúa El Albani. “La disminución gradual y general del oxígeno en los océanos hace aproximadamente 2 mil millones de años, hasta la segunda gran glaciación que precedió al Ediacaran, seguramente habría sido fatal para ellos, pero abre el camino para el siguiente paso de la emergencia de una vida organizada y compleja.”

Sí, los biólogos y arqueólogos tienen un gran sentido del humor, quizás para escapar a su propio aburrimiento, a su propio desconcierto, a su continuo cambio de fechas y lugares. El buen humor y apasionantes viajes pagados con los impuestos de la masa trabajadora e ignorante que nunca sabrá qué es una microtomografía ni para qué sirve.

El único consuelo que les queda es saber que tampoco los arqueólogos se enteran de la fiesta evolutiva ni de la localización de las especies en la línea de tiempo. En menudo túnel fosilizado están metidos estos seudo-científicos. ¿Cómo no les hace reflexionar la explosión cámbrica? Eso sí que es apasionante. Todo un misterio evolutivo. Pero quizás los Gaboniontas sean la solución al enigma. Estos los llaman presagio de la llegada masiva de animales, pero presagio no significa origen, fuente, sino anuncio, aviso. No, el misterio permanece para los evolucionistas, mas no para la TGV. El cámbrico, lejos de ser un misterio es la prueba de que la vida, las especies, las bacterias, los organismos eucariotas, salieron de las semillas-células originarias y no de la evolución.

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Yacimiento fósil cerca de Franceville, Gabón.

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La flecha blanca indica la trayectoria subsinosa que podrían haber seguido los organismos macroscópicos. Las flechas amarillas indican la presencia de esterillas bacterianas.

Realmente apasionante y claro. Nos parece estar viendo a esos organismos avanzar por el fango, luchando por encontrar su alimento.

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Dibujos imaginarios. Ningún hard fact.

Los Gaboniontas son el presagio del cámbrico –nos gustaría saber quiénes fueron el presagio de los Gaboniontas. Mientras no lleguemos al principio, al origen, y podamos describir cómo fue el surgimiento de la vida y de la primera célula y cómo, después, surgieron las células eucariotas, todos los hallazgos, por muy sorprendentes que nos parezcan, no serán, sino anotaciones incoherentes en el cuaderno de la hormiga, un cuaderno lleno de tachones.

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