Norteamérica: El otro imperio que tiene que caer

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La caída de los imperios comienza siempre con la desunión de sus aliados, llegando al enfrentamiento y a la ruptura irreductible de relaciones. Parece obvio que si los seguidores y partidarios de un imperio lo abandonan, no se podrá esperar mejor respuesta de sus detractores y enemigos.

Presenciamos este fenómeno en el proceso de caída del imperio soviético –las revoluciones de 1989 en toda la Europa socialista propiciaron la caída de la Unión Soviética en diciembre de 1991. No obstante, el descontento y la decepción del “sueño comunista” habían empezado mucho antes –1968, la primavera de Praga y en agosto de 1980 comienza a fraguar el movimiento de Solidarnosc, que desembocaría en una ruptura irreversible entre Polonia y la URSS unos años más tarde.

No obstante, y a pesar de que es un fenómeno repetido mil veces en la historia, la reacción de los imperios ante su inevitable disolución es siempre la misma –uso de la fuerza. Lo estamos viendo en Francia estos días –ante las protestas (cada vez más violentas) de los chalecos amarillos, ante unas encuestas que hablan de un 75% de electores en contra del gobierno y del presidente Macron, el Primer Ministro no tiene otra respuesta que mandar más contingentes policiales a París y endurecer las medidas contra los manifestantes (ya hay más de mil personas detenidas).

Sin embargo, los dirigentes de la Unión Soviética supieron darse cuenta a tiempo del colapso que se avecinaba y decidieron preparar la caída. Hubo un acuerdo mayoritario entre las fuerzas políticas del momento, a excepción del intento de golpe de estado conocido como el Golpe de Agosto, que tan sólo duró tres días, entre el 19 y 21 de agosto de 1991, y en el que un grupo de miembros del Gobierno y del KGB depusieron al presidente de la URSS Mijaíl Gorbachov e intentaron tomar el control del país. Los artífices del golpe de Estado eran miembros de la llamada “línea dura” del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y del KGB, que pensaron que el programa de reformas de Gorbachov había ido demasiado lejos y que el Nuevo Tratado de la Unión que había negociado dispersaba demasiado el poder del gobierno central en favor de las repúblicas soviéticas. Sin embargo, el golpe fracasó y Gorbachov volvió al poder. Aquellos desafortunados acontecimientos minaron aún más la legitimidad del PCUS, contribuyendo de forma más decisiva al colapso final de la URSS.

El Creador del universo, de esta existencia nuestra, ha dispuesto que todo tenga una medida que no se puede traspasar so pena de incurrir en una catastrófica transformación. Nada ni nadie puede obviar esta ley, esta norma universal –tampoco los imperios. Cuando éstos llegan a una determinada altura, a un determinado desarrollo, especialmente militar, comienza su declive. No puede ser de otra forma, ya que todo su potencial económico, tecnológico, armamentístico, le ha llevado a la cima y no se puede sostener, sino creciendo, algo imposible una vez alcanzada la medida máxima permitida. Ahora, todo ese gigantesco poder que no puede seguir elevándose colapsará y aplastará la propia estructura de poder imperial.


(34) Para cada comunidad hemos establecido un plazo y cuando éste les llega, no se les retrasa ni una hora ni se les adelanta.
Qur-an 7 – al ‘Araf

La Unión Soviética tenía enemigos dentro y fuera de casa. Había un descontento general por el enorme coste del imperio, que dejaba desprotegidos a los ciudadanos y los despojaba de un mínimo nivel de vida en favor de una industria armamentística desproporcionada que pretendía justificarse con el peligro capitalista. Por otra parte, fuera, en los países satélites, periféricos, la situación todavía era más acuciante –tenían que soportar un régimen extranjero impuesto por la fuerza.

El escenario final resultó bastante claro a los dirigentes soviéticos –sí la aventura revolucionaria de 1917 nos ha permitido desarrollar una alta tecnología en todos los sectores, es hora de desmontar el imperio y utilizar nuestros recursos para mejorar la economía nacional y el bienestar de nuestros ciudadanos. La ecuación es relativamente sencilla –cuando vemos que la caída es inevitable, la mejor opción es prepararla de antemano. No es, empero, una operación sencilla y rápida, pues hacen falta años, decenios, para transformar los sistemas productivos, políticos y sociales a los que se han acostumbrado, por malos que les parezcan, la mayoría de la gente. Hasta hoy hay conflictos internos entra las repúblicas ex-soviéticas –ahí están los ejemplos de Crimea y Ucrania. Mas estas situaciones son inevitables, ya que la independencia con respecto al imperio implica desprotección del mismo y entrada en la arena internacional en la que el otro imperio va a intentar llevarse los despojos del cadáver comunista. Habrá, pues, periodos de adaptación y crisis crónicas que en muchos casos necesitarán de una guerra para curarse.

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Según reza un dicho popular, a todas luces incuestionable, “a todo cerdo le llega su San Martín”. Y parece que al “cerdo” americano le ha llegado. Al menos se están afilando los cuchillos y parece que ya han sacado al animal del corral. Mas la caída de los Estados Unidos implica, como en el caso de imperio soviético, la caída de sus satélites, de su periferia, de sus “aliados” que ya no están interesados en seguir siéndolo. Sin embargo, es sabido que la liberación trae consigo graves consecuencias. En todo caso, hay un precio que pagar. La nueva e indefectible configuración de Europa exigirá una peligrosa cirugía que podría terminar, en algunos casos, en amputaciones.

Francia ya está viviendo la crisis –una crisis que no se va a solucionar con un cambio presidencial o ministerial. Hará falta esa transformación de los sistemas, todos los sistemas, que se llevó a cabo en la URSS. El Reino Unido no sólo está en crisis, sino que además está sufriendo los efectos de una alteradora intoxicación –mientras se sale de la Unión Europea, lucha por entrar de nuevo. Ve puertas (económicas) que se abren y otras que se cierran, y en su avaricia anglosajona no sabe por qué optar, si continuar en la UE o salirse y echarse en los brazos de la Estatua de la Libertad, unos brazos agrietados que no parecen que le puedan sostener por mucho tiempo. Italia vuelve a la derecha más radical, al menos lo más radical que hoy puede ser la derecha, y se aproxima a Rusia –está haciendo gestiones para reabrir su embajada en Damasco, mientras las tropas norteamericanas abandonan el país. ¡Histórico fotograma! Por su parte, en España el Partido Vox comparte el poder con la izquierda y es muy probable que en las próximas elecciones gobierne en solitario.

Es el abandono de los aliados, la soledad del poderoso ante su propia ruina. “Norteamérica no tiene quien le escriba” podría ser otro título para una sangrienta novela de G.G. Márquez. Y decimos sangrienta porque si no se prepara la caída, si no desmantela el imperio, la OTAN, la ONU, y otras muchas instituciones imperiales a las que eufemísticamente se les ha denominado internacionales, si no recicla a la CIA y a las otras 17 agencias de ¿inteligencia?, si no trae a casa a los cientos de miles de soldados que se encuentran custodiando países soberanos o recorriendo los mares y océanos que son de todos… la caída será altamente destructiva y quizás provocada por una guerra.

El desequilibrio ecuacional se puede equilibrar con relativa facilidad. La clave se la ha dado el multimillonario chino y fundador de Alibaba, Jack Ma:

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“Nadie ‘roba’ tu mano de obra, el problema es que gastas demasiado en guerras”

Según Jack Ma no es la globalización ni son terceros países los que “roban” los puestos de trabajo a los Estados Unidos, sino que es la distribución inadecuada de fondos y el desorbitado gasto militar lo que está detrás del declive económico de Norteamérica.

A principios de enero, el empresario chino se reunió con el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, quien le estuvo llorando y quejándose de la pérdida de empleos y del poder industrial estadounidense debido a la subcontratación de mano de obra de países como México y China. Sin embargo, Ma no le enjuagó las lágrimas. El empresario chino tiene una visión diferente de lo que está detrás del declive económico de los Estados Unidos:

“En los últimos treinta años, los estadounidenses han librado trece guerras que les han costado 14.2 billones de dólares”, declaró Ma en el Foro Económico Mundial en Davos. “¿Qué pasaría si gastaran una parte de ese dinero en la construcción de infraestructuras y en su propia gente. Cuando era joven, lo único que se escuchaba de los Estados Unidos eran las audacias de Ford, Boeing y esas grandes empresas manufactureras. En los últimos 15 años, lo único que escucho es hablar de Silicon Valley y Wall Street”.

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“¿Y qué ha pasado, entonces? Llegamos al año 2008: la crisis financiera acabó con 19.2 billones de dólares solo en Norteamérica, y destruyó 34 millones de empleos en todo el mundo. ¿Qué habría pasado si el dinero que se gastó en Wall Street y el Medio Oriente se hubiera gastado en el Medio Oeste de los Estados Unidos, desarrollando allí la industria y mejorando las infraestructuras? Ello habría cambiado radicalmente la situación actual. Por lo tanto, no es que otros países os estén quitando los puestos de trabajo, sino que es vuestra errónea estrategia la que os está arruinando. No distribuís el dinero de manera adecuada”.

Realmente lúcido el análisis de Ma. Lo que le está diciendo a Trump y a los norteamericanos es bien sencillo y, al mismo tiempo, urgente –desmantelar el imperio y desarrollar una nación próspera hacia la que el resto de naciones no sienta resquemor ni odio.

Los republicanos no han hecho, sino profundizar aún más en el problema –han favorecido desmesuradamente a Wall Street y han abandonado la reindustrialización del país y el mejoramiento de las infraestructuras. Han propiciado el desarrollo de una sociedad tercermundista en la que el imperio no ha sabido ni ha querido repartir su riqueza de forma racional y eficaz –simplemente ha llenado los bolsillos de los muy ricos y ha dejado sin casa y sin trabajo a la gran mayoría. Han pedido a Europa que no entre en negociaciones con Rusia y que le compren el gas a su benefactor americano. Mas cuando en el inmisericorde invierno de 2018 se gastó más combustible de lo normal, optaron ellos mismos por comprar gas a Rusia –el imperio, al final de sus días, miente, engaña, tapa, cubre su miseria. En cuanto a los demócratas, el avance de la derecha en Europa es un claro mensaje para su libertina forma de conseguir votos –quedaros con la homosexualidad, con el lesbianismo y los transgéneros, nosotros vamos a luchar por una Europa sana, libre de anomalías. La gran mayoría de los países europeos del Este apoyan estas medidas y esta ideología. Parecen decir –no vamos a favorecer la corrupción y el vicio como medio de acceder al poder (abominable sistema que iniciara Bill Clinton –se sirvió de los homosexuales, drogadictos y jóvenes marginales para conseguir la presidencia).

La puerta se ha cerrado. Ellos mismos se están atrincherando, construyendo muros como sus hermanos mayores construyen muros en Israel.

La mayoría de los estadounidenses quieren la paz, no porque sean pacifistas o buenas personas, sino porque ya le han dado vuelta a la moneda y han visto la otra cara –la cara de sus hijos muertos a 10.000 km. de casa. Han descubierto que el imperio mata fuera, pero también dentro; mata a los foráneos y a los nativos. Han descubierto que el imperio no tiene nacionalidad ni bandera ni honor patriótico –es una empresa y, como tal, sólo cuentan las ganancias y eliminar a la competencia, que ya no es vista como su oponente comercial, sino como su peor enemigo declarado.

Sin embargo, lo que todavía no han descubierto los norteamericanos es de dónde les viene la imposición irreductible de seguir con el imperio, de seguir mandando tropas a la otra esquina del mundo, de seguir gastando el dinero que no tienen en ir al espacio, de seguir manteniendo al monstruo despilfarrador llamado NASA, cuando en realidad se debería llamar NADA, pues eso es lo único que han conseguido después de 70 años de llevarse una buena parte de los presupuestos del estado. Ahora tratan desesperadamente de convencernos con sus videos fabricados de que ya hay colonias en la siguiente galaxia, o que pronto las habrá, que hay vida extraterrestre, que hay agua en este y en aquel planeta o asteroide, que han recibido ondas, que ya hay empresas seleccionando a los colonos para ir a Marte. No saben de dónde les viene este maléfico hechizo que los tiene paralizados, viendo cómo se derrumba el imperio, sus casas, sus hijos, sus familias… todo.

Para descubrir al causante de este imparable descalabro, es preciso descubrir primero el funcionamiento del juego existencial –hay fuerzas del mal en continua interacción con las del bien, y ambas fuerzas, ambos poderes, actúan a través de los elementos que componen la creación, como los humanos, los animales, las plantas, los fenómenos atmosféricos… todas estas entidades son utilizadas y poseídas por el bien y el mal.

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Iblis es el príncipe del mal y desde los tiempos del profeta Musa (Moisés –Moses en inglés– según las erróneas vocalizaciones de los Masoretas) sus aliados más fieles y efectivos han sido los Banu Isra-il, los hadu, más tarde denominados los judíos. No olvidemos el “incidente” de cuando Musa se alejó de su gente para ir al encuentro de su Señor, una buena parte de estos Banu Isra-il fabricaron un becerro y lo adoraron bailando, cantando y fornicando. Desde aquel momento no han cesado de servir a Iblis en el intento de perder a la humanidad entera, llevándola por caminos de vicio, ignorancia y despreocupación. Sin embargo, los judíos necesitaban otros ejércitos para llevar a cabo su misión –los encontraron en el llamado Occidente. Hoy vemos cómo los Estados Unidos y Europa no luchan, invierten, negocian… por sus intereses, sino por los intereses de los grupos de presión judíos de Occidente y de Israel. Por ellos, por satisfacer sus exigencias, los ejércitos occidentales están en Siria, destruyeron Iraq y Afganistán, mantienen Corea dividida, azuzan a Ucrania contra Rusa, tienen bases militares en territorios musulmanes como Mali, hacen la guerra comercial a China y promueven la homosexualidad, el cambio de género, las drogas y el pernicioso y erróneo concepto de libertad que hoy impera en todo el mundo y que no genera, sino vicio, ignorancia y despreocupación por entender el verdadero sentido de la vida.

Si Occidente realmente desea sacudirse el yugo del imperio, tendrá primero que sacudirse el yugo judío –cerrar sus sinagogas en las que no se adora, sino al becerro de oro; confiscar sus bienes, arrebatarles sus consorcios levantados con el fraude y la extorsión; revisar seriamente su historia, sus movimientos y sus organizaciones. Mientras sigan actuando impunemente a través del deep state, Occidente tendrá que seguir empobreciéndose, corrompiéndose y mandando a sus hijos a morir por sus intereses, a morir para hacer que muja el becerro cada vez más fuerte.

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