La peligrosa confusión de tomar los medios por fines

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Reflexionemos por un momento sobre los medios y los fines en la vida del hombre.

Si miramos a nuestro alrededor podremos ver, a poco que observemos con atención, que todo cuanto ha sido creado posee un fin en sí mismo que da sentido a su existencia; esto no solo es evidente en los fenómenos naturales que nos circundan y en la biología de los propios seres vivos cuyos procesos orgánicos están dirigidos siempre a un fin último. Este fin último es el que le confiere sentido a su propia existencia, y así el ojo cobra su sentido porque su finalidad es la de ver, las piernas cobran su sentido porque su fin es proporcionarnos el desplazamiento, y así con cualquier otra parte, sistema o aparato de nuestro organismo –es lo que en biología se conoce como el “fin determina los medios”.

De igual manera en todo aquello que el hombre crea, una máquina, un teléfono, un automóvil, en todo ello vemos que hay un propósito último, una función para la cual ha sido creado. No tendría sentido fabricar teléfonos si después los arrumbamos en cualquier sitio dejándolos sin ninguna utilidad. Por muy sofisticado que sea el diseño, no tendría sentido construir casas para dejarlas después sin habitar.

Es pues el fin último, o teleología, como decían los griegos, lo que determina la existencia de las cosas y de los seres. Hasta aquí no creo que nadie en su sano juicio pueda objetar nada a lo planteado. Por tanto, en la existencia podemos encontrarnos con medios y fines, y volviendo al ejemplo gráfico del teléfono, decimos que el teléfono es el medio cuyo fin es proporcionar la comunicación entre personas, y que la casa es el medio para albergar al ser humano.

Llegados a este punto hagamos una reflexión en torno a la salud del hombre y cuestionémonos si debemos entenderla como un medio o como un fin en sí misma. Hoy en día vemos toda una eclosión cultural de lo que podemos llamar el “culto a la salud y al bienestar”, por doquier encontramos revistas, vídeos, libros, cursos, entrenamientos, gimnasios… cuyo objetivo es lograr la salud y el “bienestar” del hombre –la salud se ha convertido en lucrativo negocio.

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Dicho así, no parece en nada objetable ni equivocado, pero analicemos más de cerca el asunto y veamos si no estaremos cayendo de nuevo en la confusión de tomar los medios por fines.

La pregunta sería: ¿Es la salud un medio o un fin en sí misma? Esta pregunta encierra una mayor profundidad de lo que en un primer momento pudiera parecer. Si decimos que es un fin, ahí acaba el camino del ser humano y no tiene más horizonte que su propio bienestar físico, psíquico y emocional; si por el contrario decimos que es un medio, tendremos que preguntarnos cuál ha der ser el fin para cuyo logro nos servimos de este medio que llamamos salud.

Considerar la salud como el fin último del hombre forma parte del paradigma reinante hoy en día según el cual el hombre es el origen y el fin de sí mismo, de ahí que para la gran mayoría de la gente perseguir la salud, ya sea corporal o psíquica, sea un fin en sus vidas y en ello pasan su existencia en una atención sobre sus cuerpos y mentes, en muchos casos obsesiva, para conseguir un cuerpo perfecto y un estado de bienestar que por supuesto nunca se alcanza, ya que todo en nuestra existencia está sujeto a un estado de equilibrio cambiable.

Volviendo a nuestros ejemplos gráficos sería como fabricar un teléfono y pasarnos la vida buscando para su carcasa nuevas tonalidades y mejorando su diseño, su forma, su teclado… pero sin saber para qué ha sido construido por el ingeniero correspondiente. De este modo, la gente pasa los días admirando la belleza del artilugio y cambiando una y mil veces su diseño sin saber qué uso darle, porque, entre otras cosas, tal vez haya olvidado para que se hizo el aparato. Si por el contrario el alcance de nuestra visión mira a horizontes más lejanos y dejamos atrás la miopía que nos impone la visión a corta distancia, concluiremos que la salud, como todo lo que le ha sido otorgado al ser humano por el Creador, no es más que un instrumento dispuesto a un fin, un medio con una función muy determinada y definida, y es aquí donde reside el problema del hombre actual, que al no saber cuál es el fin y propósito de su existencia, confunde los medios con los fines. Veamos que nos dice el fundador de la homeopatía al respecto.

En su obra Organon de la Medicina, parágrafo 9, leemos: “En el estado de salud…el espíritu dotado de razón que reside en nosotros, puede emplear libremente estos instrumentos vivos y sanos para los más “altos fines” (el entrecomillado es nuestro) de nuestra existencia”.

En sus “Escritos Menores”, en el opúsculo que lleva por título, “Esculapio en la Balanza”, leemos: “¡Y sin embargo, hombre, tu origen es noble, tu destino grande y la meta de tu vida elevada! Tu destino consiste en acercarte al gran espíritu al que adoran los habitantes de todos los sistemas solares mediante acciones que pongan de manifiesto tu dignidad y tus conocimientos que abarcan el universo”. Palabras llenas de sabiduría en las que cada una de ellas se merecería una larga reflexión, pero no es el momento ahora de tal empresa y ciñámonos al tema que nos ocupa –no tomar los medios por fines.

No hacen falta demasiadas aclaraciones para que el lector se percate de que Hahnemann veía la salud como un instrumento para alcanzar los “más altos fines de la existencia”; con una claridad meridiana Hahnemann expresa que la salud nos va a permitir alcanzar esos fines, que no son otros que “acercarnos al gran espíritu al que adoran los habitantes de todos los sistemas solares”.

No sabemos a ciencia cierta el conocimiento que Hahnemann tenía del Islam, pero cualquier musulmán podría suscribir sus palabras, ya que, aun con otra terminología, expresan la misma idea que el texto coránico.

En cuanto al fin del ser humano, en la sura 3, “La familia de ‘Imran”, aleya 191, Allah declara: “…¡Señor nuestro, no creaste todo esto en vano!”, que es lo mismo que decir que Allah no creó este universo sin un propósito, sin un fin y, por lo tanto, todo cuanto él encierra está ordenado para el cumplimiento de ese fin. Es la misma idea que Hahnemann apuntaba más arriba.


En la sura 51, Ad-Dhariyat, aleya 56, Allah declara:
“Y no he creado a los genios y a los hombres sino para que Me adoren”

¿Acaso no es sorprendente la similitud con las palabras de Hahnemann en su opúsculo “Esculapio en la Balanza”, arriba citado? Hahnemann habla de “acercarse” y el Corán de “adorar”, en cualquier caso vemos sin dificultad alguna el paralelismo entre ambos conceptos.

En conclusión, todos hemos experimentado, no en una ocasión, sino en muchas, cómo un estado de enfermedad, como un dolor de cabeza intenso, un asma importante, un dolor incapacitante o una dolencia grave, restringe en gran medida nuestra capacidad para realizar el fin último de nuestras vidas. Encontrarnos en esta situación nos aleja, nos impide concentrarnos en lo que es nuestro objetivo existencial –el conocimiento y la adoración de Allah, Creador de los Cielos y de la Tierra. Por el contrario, cuando gozamos de un buen estado de salud, utilizamos plenamente este cuerpo y esta mente que Allah nos ha dado, como medios para alcanzar el fin para el que han sido diseñados. En este sentido es cuando la MEDICINA, con mayúsculas, alcanza su sentido, que no es el de hacernos inmortales ni el de evitar la muerte, algo que por otra parte es imposible, pues somos seres creados en el tiempo, sino el de mantenernos en el mejor de los estados posibles para seguir cumpliendo con el fin que Allah nos ha encomendado en esta vida.

 

2 comentarios en “La peligrosa confusión de tomar los medios por fines

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