LA CIENCIA ES EN SÍ MISMA UN FRAUDE (IV)

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Ciencia

IV-LA ESPECIALIZACIÓN VERSUS EL TAWHID

Un paso fundamental en el camino de la especialización fue la introducción de los libros de texto. Al mismo tiempo, con ello se ejerció un control absoluto tanto del profesorado como del alumnado.

Este fue el trabajo de la Orden de los Jesuitas –si queremos conseguir un sistema educativo en el que figuren en primer plano nuestros valores y nuestra cosmovisión, entonces tendremos que crear nuestro propio sistema educativo y nuestro propio curriculum enseñado por un profesorado entrenado por nosotros según nuestros métodos. Esta es la base del tratado pedagógico Ratio Studiorum, publicado en 1599.

En una conferencia de Fr. Michael McMahon en St. Mary’s College, Kansas, en 2004 titulada “El método jesuita de educación” se menciona claramente este objetivo:

No olvidemos la necesidad de una capacitación adecuada. Debemos supervisar y proveer a los maestros que tenemos. Recíprocamente, deben desear nuestra supervisión y provisión.

El libro de texto elimina el concepto de profesor en tanto que investigador y propagador de su propia visión epistemológica. Los estudiantes se referirán a él como el garante de su nivel de educación.

Este sistema originará, necesariamente, cientos de escuelas por todo el mundo interconectadas entre sí por un mismo afán de conocimiento, dentro de un ámbito de libertad protegido por los argumentos de la propia investigación.

Este sistema es el que habría funcionado durante milenios a través del relato profético, sin libros de texto, en círculos que se iban expandiendo por la Tierra como las ondas concéntricas que se forman en el agua al tirar una piedra.

Es interesante ver cómo este sistema es una y otra vez apedreado por las castas sacerdotales con sus libros de texto, con sus dogmas chamánicos como todo argumento.

El libro de texto no sólo substituye al maestro, al profesor, al investigador, sino también a la verdad, ya que todo lo que esté escrito en estos manuales representará la realidad de los hechos dependiendo del prisma ideológico de la sociedad que los haya impuesto.

Sin embargo, el problema, de alguna forma, sigue existiendo, ya que, si bien han desaparecido las visiones individuales de los maestros, se mantiene una clara diversidad a través de los colectivos, como la Compañía de Jesús y muchos otros.

El segundo paso, pues, será eliminar estos colectivos a través de un proceso de globalización ideológica. Este proceso no logrará incluir a los que siguen el camino profético, pero sí, en cambio, a los colectivos sacerdotales de cualquier denominación que sigan el camino chamánico –la gran mayoría. Estos colectivos sacerdotales no buscarán ya el conocimiento, la verdad o Ajirah, sino la inmortalidad y el poder en dunia.

Todos estos colectivos –católicos, protestantes, budistas, musulmanes o ateos– utilizarán los mismos libros de texto, a través de los cuales difundirán la misma ideología materialista –big bang, evolución, universo infinito, mundos paralelos y el triunfo del hombre sobre cualquier idea de Agente externo.

Todos los niños y jóvenes del mundo estudian los mismos principios “científicos”, adquieren los mismos valores humanistas y aprenden a vivir en la esquizofrénica dualidad-oposición –Dios-ciencia. Es la nueva cosmogonía que les llega desde los púlpitos, desde los mimbar o desde los zendos.

No obstante, el peligro de que a pesar de todas esas barreras creadas por los libros de texto pudieran los alumnos adquirir suficiente conocimiento como para poder escapar de las redes sacerdotales, seguía turbando a los shayatin de entre los hombres y los yin. Había que desmembrar la visión unificada de la existencia –nacía así la especialización, el último y definitivo asalto al tawhid.

La especialización significa ante todo una pérdida casi total de perspectiva. Cuanto más nos acercamos a un cuadro, menos entendemos su sentido, incluso de la parte que hemos enfocado, ya que todas sus partes están conectadas entre sí con la sola finalidad de formar un dibujo con un único significado. Un conjunto de materiales de construcción cobran sentido cuando los interconectamos unos con otros hasta formar un edificio, y será este edificio el que dé sentido al edificio mismo y a los materiales con los que ha sido construido.

Sin embargo, cabría preguntarnos por qué algo tan obvio no se ha tenido en cuenta en los planes de estudios ni en la filosofía de la ciencia. La respuesta a esta pregunta es crucial para entender los dos caminos que desde los primeros días del insan se trazaron a sus pies –el camino profético (ciencia funcional) y el camino chamánico (ciencia operativa).

Con la especialización no tratan los chamanes occidentales de entender mejor la existencia, sino de controlarla y manipularla para que sirva a sus planes de dominación. Su medicina no busca la cura, sino la inmortalidad. Quieren penetrar en el sistema operativo del universo y eso requiere millones de personas especializadas cada una de ellas en un tornillo concreto, en un aspecto determinado de las mitocondrias, en una particular propiedad de ciertos minerales.

Sin embargo, cada vez que abren una nueva puerta aparece un inesperado universo que les obliga a crear miles de nuevas disciplinas y subdisciplinas, cada una de ellas con decenas de especializaciones. Todo en vano –antes de que se cierre esa puerta se habrán abierto diez nuevas.

Los registros del sistema operativo son inaccesibles para el hombre. Ya hemos visto el resultado de 70 años de vuelos espaciales –cuatrillones de dólares despilfarrados, muertes, contaminación, radioactividad… Todo en vano. Vivimos en un universo cerrado que funciona con normas cerradas –ni podemos atravesarlo ni cambiar su funcionamiento. En cambio, valiéndonos de la ciencia funcional podemos entender la existencia y las normas que la rigen. Veamos un ejemplo. Cuando compramos un ordenador, nuestro objetivo no es destriparlo para ver las piezas que lo componen y sus funciones. Lo hemos comprado para escribir textos y hacer diseños gráficos. Por lo tanto, lo que nos interesa es aprender a utilizar programas de escritura y de diseño. Es obvio que para que con esos programas podamos diseñar hará falta un complejo sistema operativo que lo permita (placa madre, procesador, memorias, conectores y un sinfín de elementos más). Si ahora nos dedicamos a abrir la carcasa del ordenador y a tratar de hacer diseños manipulando directamente el procesador y otros componentes, el resultado será muy parecido, aunque algo más económico, al de los vuelos espaciales.

La verdadera ciencia, la ciencia útil, es la funcional, la que siempre ha poseído el hombre y la que siempre ha comprendido.

Sin embargo, al igual que la NASA, en palabras del astronauta Don Pettit, ha perdido la tecnología para ir a la Luna, también nosotros, los hombres, los insan, hemos perdido la ciencia funcional –o quizás sería más exacto decir que nos la han arrebatado. Debemos recuperarla. El Qur-an nos habla de ella una y otra vez.

El hombre ha tenido siempre poderosos medios de transporte que le han llevado por tierra y por mar hasta los últimos confines imaginables. Sin combustibles ni tecnologías cuyo uso dependerá de la sumisión a las potencias que los extraen y las producen, el insan ha surcado mares y navegado por ríos. En sus caballos y camellos ha transportado sus mercancías de un extremo a otro de la Tierra. Ha cultivado sus campos con óptimos resultados y ha sacado de sus rebaños preciados alimentos y materia prima para sus industrias textiles. El hombre siempre ha sabido cómo curarse y cómo construir viviendas acorde al medio en el que vivía. Ha comido del mar sin agotarlo y ha sacado de él perlas y corales.

Mas toda esa ciencia funcional, gratuita y comprensible para el insan, ha sido encubierta por la ciencia operativa.

De esta forma, el 99% de la humanidad depende del restante 1% –un grupo de chamanes que ha obtenido de sus aliados los shayatin la tecnología del fuego, la que les es propia a ellos, pero no a nosotros, criaturas sacadas del barro.

Otro paso no menos importante en el camino chamánico es el de los títulos expedidos por las universidades oficialmente reconocidas como tales y ciertos institutos de investigación, públicos y privados, cuyo prestigio “internacional” avala sus titulaciones.

Este sistema ha sido el más eficaz a la hora de sacar del escenario “científico” a los “despreciables” aficionados o autodidactos. A partir de ese momento escucharemos preguntas y observaciones inquisitivas del tipo: “¿Cuál es su titulación para hablar de esa forma? ¿En qué universidad se licenció? Esta biblioteca es solo para licenciados o estudiantes de post-grado.”

El 99% de la humanidad no tiene acceso al poder akadémico. Lo mantiene, lo alaba y lo protege, pero no tiene acceso a sus publicaciones, a sus departamentos o instituciones.

Sin embargo, el hombre sigue muriendo y sus dominios no van más allá del horizonte. En verdad que las promesas de shaytan no son, sino engaños.

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