Abu Bakr Gallego
No 3
C U A D E R N O S D A M A S C E N O S
2012
Los sahaba solían decir a los tabi’in: “Nosotros recibimos el iman y después el Qur’an, mientras que vosotros habéis recibido el Qur’an y después el iman”. Pero el iman es el elemento indispensable para abandonar el mundo de los taghut, el mundo de las tinieblas, el territorio minado de las identidades, de las genealogías, de los currículos, de las cartas de recomendación.
Es el iman el que nos separa de las culturas dominantes, de las cosmogonías de tribu, y nos hace anhelar la luz, la comprensión.
Los sahaba recibieron el iman antes que el Qur’an porque sin iman no se puede leer. Yibril le dijo al Mensajero de Allah en la cueva de Hirah: “Lee”, cuando no había ningún libro delante de él; ¿cómo se nos puede pedir que leamos si no se nos presenta un texto, escrito en algún soporte? Pero Yibril le está pidiendo a Muhammad que lea el Libro de la fitrah, que lea el Libro del corazón, el Sistema Divino:
لا تَجِدُ قَوْمًا يُؤْمِنُونَ بِاللَّهِ وَالْيَوْمِ الآخِرِ يُوَادُّونَ مَنْ حَادَّ اللَّهَ وَرَسُولَهُ
وَلَوْ كَانُوا آبَاءَهُمْ أَوْ أَبْنَاءَهُمْ أَوْ إِخْوَانَهُمْ أَوْ عَشِيرَتَهُمْ
أُوْلَئِكَ كَتَبَ فِي قُلُوبِهِمُ الإِيمَانَ وَأَيَّدَهُم بِرُوح مِّنْهُ
Esos en los que se ha grabado el iman en su corazón y se les ha reforzado con ruh procedente de Él. Qur’an 58:22
Allah graba el iman en el corazón de Sus siervos, y arropa ese iman con ruh, con una cierta comprensión. El iman es el anhelo, el vínculo que nos devuelve al Proyecto Divino –después de que nos sacara de él la soberbia de Iblis y la desobediencia de Adam- a través del recuerdo:
وَإِذْ أَخَذَ رَبُّكَ مِن بَنِي آدَمَ مِن ظُهُورِهِمْ ذُرِّيَّتَهُمْ وَأَشْهَدَهُمْ عَلَى أَنفُسِهِمْ أَلَسْتُ بِرَبِّكُمْ قَالُواْ بَلَى شَهِدْنَا أَن تَقُولُواْ يَوْمَ الْقِيَامَةِ إِنَّا كُنَّا عَنْ هَذَا غَافِلِينَ
Y cuando tomó tu Señor de las espaldas de los hijos de Adam sus descendencia e hizo que dieran testimonio: ¿No Soy vuestro Señor? Dijeron: En verdad que lo Eres, lo atestiguamos; no fuera que el Día del Levantamiento dijerais: Ciertamente estábamos despreocupados de eso. Qur’an 7:172
Ese anhelo se satisface con el recuerdo, y con el ruh nos llega la comprensión. Ahora el creyente puede leer el Libro, comprender las órdenes de Allah, la psicología humana, el funcionamiento de los taghut, el susurro externo de los soldados del Shaytan, y el susurro interno del jannas. El iman actúa ahora como una luz, como la luz de la consciencia que ilumina toda la estancia, todo el corazón, de forma que vemos claramente los objetos, los sentimientos, los deseos, las tentaciones. Vemos lo falso como falso, y lo verdadero como verdadero. Nuestra retina se ha cubierto con un potente lector que decodifica la hipocresía y el encubrimiento mostrándonos su pueril camuflaje.
Mientras no se incruste el iman en el corazón, la lectura que hagamos del Libro será meramente intelectual, pues el corazón no puede leer si no hay iman en él, no puede comprender sin la ayuda del ruh, y el ruh sólo desciende, por orden de Allah, sobre Sus siervos creyentes:
قَالَتِ الأَعْرَابُ آمَنَّا قُل لَّمْ تُؤْمِنُوا وَلَكِن قُولُوا أَسْلَمْنَا وَلَمَّا يَدْخُلِ الإِيمَانُ فِي قُلُوبِكُمْ
Dicen los ‘arabu: “Creemos.” Di: “No creéis.” Decid más bien: “Nos hemos sometido” (hemos aceptado el Islam) pero aún no ha entrado en vuestros corazones el iman. Qur’an 49:14-15
Todos los sahaba provenían de yahilia (del tiempo de la ignorancia), pero muchos de ellos sentían en su interior un inmenso anhelo por unirse al Proyecto Divino, por entrar en la Órbita Celeste; pero no sabían cómo; no había Libro ni Profeta y el ruh no había descendido todavía sobre ellos.
Ese iman, desnudo, sin nombre, les iba purificando, les iba preparando para poder recibir el Libro, para poder comprenderlo. Muchos de ellos dejaron de adorar a los ídolos, de acudir a las fiestas paganas de los quraish. No sabían por qué, simplemente detestaban todo ese mundo. Ese iman que Allah había grabado en sus corazones les alertaba de no caer en la falsedad. La extrañeza que sentían les separaba –aun sin pretenderlo conscientemente– de la cosmogonía tribal de su gente.
Salman al-Farisi se encargaba de mantener vivo el fuego mazdeista en su tierra natal. Pero el iman que Allah había hecho entrar en su corazón le llevó a abandonar su cómodo y próspero hogar para seguir a los monjes cristianos. Aquella beatitud, aquella austeridad, le reconfortaban mucho más que las prácticas paganas de su gente. Vivía pobremente y les servía hasta que uno de ellos le indicó otro camino, también profético, que le llevaría a la verdadera creencia, que apaciguaría la sed que devoraba su corazón. Y con este anhelo, con este iman desnudo, sin nombre, partió hacia Arabia donde fue apresado y vendido como esclavo a un judío. No importa; cualquier sacrificio es poco si la recompensa que obtenemos es la verdad, la guía, la Vida.
Si no hay iman, no hay vida. Y los muertos no pueden leer, no pueden comprender, no pueden oír ni ver. Su cuerpo se mueve, es cierto, sus labios articulan palabras, forman parte de una sociedad, originan familias, acuden puntuales al trabajo, pero su corazón está cerrado. Es el iman el que lo abre, el que permite que entre la luz divina, el ruh, la comprensión.
Los sahaba recibieron el iman y abandonaron el bienestar en el que vivían, su sociedad, la cosmogonía de su tribu, sus aspiraciones, sus deseos, sus esperanzas mundanas. Siguieron al Mensajero de Allah y cada aleya que descendía transformaba sus vidas, su comprensión de la existencia hasta ver y aprehender la realidad con la objetividad de Allah, sin tintes culturales.
No podemos saber si la estancia está sucia, si no hay luz. Necesitamos correr la gruesas cortinas de las ventanas para que entre la luz y poder ver el polvo que recubre los muebles, las telarañas apostadas en las esquinas, la grasa pegada aquí y allá… Ahora podemos comenzar el trabajo de limpieza, de purificación. Esa luz es el iman, la luz de la consciencia reforzada con ruh.
Los sahaba tenían una cierta dificultad a la hora de comunicarse con los tabi’in, a la hora de hacerse comprender. Los tabi’in leían el Qur’an sin iman. Sus mentes comprendían, pero sus corazones seguían unidos a la cultura de su tiempo, a la subjetividad tribal. Los tabi’in se enriquecían, se llenaban de conocimiento, memorizaban el Libro, estudiaban los ahadiz del Profeta –que Allah le bendiga y le de la paz. Las manos de los sahaban, en cambio, estaban vacías, lo habían dado todo; habían desnudado su corazón de todo lo que no fuera el vestido del amor por Allah y Su Mensajero. Les decían: “A nosotros nos resultaba difícil memorizar el Qur’an, pero nos era fácil ponerlo en práctica; a vosotros, sin embargo, os resulta fácil memorizar el Qur’an, pero os es difícil ponerlo en práctica.”
Bilal no sabía leer, era un esclavo negro en cuyo corazón Allah había grabado el iman. Repetía una y otra vez: “Ahad, Ahad, Ahad…” hasta que perdía el conocimiento a causa del tormento al que era sometido por los civilizados quraish. Tal sólo tenía que decir una palabra, un insulto contra Allah y Su Mensajero, y todo ese sufrimiento cesaría. Pero el iman ocupaba todo su corazón; no había lugar para la duda, para la traición, para complacer a los taghut: “Ahad, Ahad, Ahad…” ¿Podemos, acaso, leer y comprender lo que Bilal leía y comprendía? Leemos el mismo Libro que leía Bibal, el Qur’an; seguimos al mismo Profeta que seguía él, Muhammad; pero los musulmanes, hoy, no dicen Ahad, pues hay muchos otros poderes que tienen derecho a ser adorados, a ser temidos.
El iman de Bilal, el iman de los sahaba les había sacado de las tinieblas y les había llevado a la luz.
Ese iman desnudo, sin nombre, que había ido purificando sus corazones y les había preservado de caer en el olvido, en la negligencia, en el sopor de la inconsciencia, recibía ahora el Libro, la luz, el conocimiento, la explicación de sus propias vidas, el caos de acontecimientos que las había conformado. Ahora podían leer. Ahora podían entender el Libro, los acontecimientos, la psicología humana, las órdenes de su Señor. Antes de que les llegara el iman vivían debajo del agua, pero allí no hay luz y los objetos se ven borrosos, deformes. Debajo del agua no podemos vivir; necesitamos aire, oxígeno.
El imam de los sahaba no permite que la duda entre en el corazón. Han sacado la cabeza del agua y han visto la realidad; han visto el entramado de los taghut y han visto el entramado del Altísimo; han leído, y por ello luchan con sus bienes y personas, porque al leer han comprendido que la vida de este mundo es pasajera y llena de trampas y engaños, y han preferido la Última:
فَلْيُقَاتِلْ فِي سَبِيلِ اللَّهِ الَّذِينَ يَشْرُونَ الْحَيَاةَ الدُّنْيَا بِالآخِرَةِ
Que luchen en el camino de Allah los que estén dispuestos a dar la vida de este mundo a cambio de la Última. Qur’an 4:74
Los que luchan por cualquier otro motivo, no lo hacen en el camino de Allah. Miles de revolucionarios han muerto por sus ideales, se han salido de la Órbita Celeste y se han perdido en el espacio de sus ambiciones, en el engaño del Shaytan. El iman de los sahaba no intenta construir el paraíso en este mundo, sino ganar el Otro. No hay tres bandos, o cinco posibilidades, o diez opciones.
الَّذِينَ آمَنُواْ يُقَاتِلُونَ فِي سَبِيلِ اللَّهِ وَالَّذِينَ كَفَرُواْ يُقَاتِلُونَ فِي سَبِيلِ الطَّاغُوتِ فَقَاتِلُواْ أَوْلِيَاء الشَّيْطَانِ
إِنَّ كَيْدَ الشَّيْطَانِ كَانَ ضَعِيفًا
Los que creen luchan en el camino de Allah, y los encubridores luchan en el camino de los taghut; luchad contra los aliados del Shaytan; en verdad que la estratagema del Shaytan es débil. Qur’an 4:76
Hoy vemos como todos esos tabi’in, todos esos que no han logrado adquirir el iman de los sahaba, todos esos ‘ulamah y todos esos shuyuj luchan en el nombre de los taghut, de los occidentales dirigidos por los judíos. Apoyan sus guerras, financian grupos rebeldes para que desestabilicen a los gobiernos que no están dispuestos a permitir que se monten sobre sus lomos.
Hablan de sus ancestros, de su genealogía mientras introducen la transmisión en la akademia judía. Se llaman doctores y exhiben el master que han realizado en Canadá o en Gran Bretaña. Pero los sahaba no tienen doctorados ni hacen masters, ni se ganan la vida vendiendo los signos de Allah a bajo precio.
¿En qué camino luchan los que han vendido la Última vida a cambio de ésta, los que han preferido la fama, el bienestar y la adoración de sus seguidores al taqwa?
Llevan siglos siguiendo -“los seguidores”- a los taghut, a los jumentos de los judíos.
Los otomanos fueron cambiando la barba por el bigote, el turbante por el tarbush, el sirwal por los pantalones bien ajustados, la yilaba por la chaqueta. Empezaron a vivir en palacios, a matar a sus hermanos para evitar discordias a la hora de acceder al sultanato. Dieron poder a la millat armenia que más tarde se aliaría con los rusos para atacar a Turquía. Tomaron como asesores militares a expertos italianos y alemanes. Adquirieron fabulosos créditos de la banca judía afincada en Londres. Incluso las potencias europeas emergentes llamaban al Imperio Otomano “The Ill Man”, “El hombre enfermo”. Y en verdad que lo era, un enfermo terminal.
Los ‘ulama egipcios quedaron sobrecogidos cuando llegó el ferrocarril a El Cairo. Decididamente, Allah estaba con los kafirun. En esos trenes llegaban los exegetas protestantes con la misión de cambiar todo el sistema de verificación de ahadiz: “¡Queridos hermanos, os falta rigor!”. ¿Podían acaso desmentir aquellos obsoletos sabios musulmanes a los apuestos expertos occidentales que llegaban montados en el progreso, en la ciencia? El edificio se desmoronaba. Aquellos tabi’in habían pasado siglos “montándoselo” –por ignorancia, arrogancia, codicia o dejadez… poco importaban ya las causas. Aquel ferrocarril con su potente faro central lo único que hacía, su único poder, era mostrar el cáncer que destruía, célula a célula, el tejido que los sahaba habían ido conformando con su lucha en el camino de Allah, con su taqwa, con su abandono, con su desnudez, con su generosidad.
No se puede cambiar el orden. Si el iman, ese iman desnudo, sin nombre, no está presente en el corazón, no se puede leer en el nombre de Allah y, por lo tanto, leemos en el nombre de los taghut, leemos sus libros, copiamos sus programas educativos, construimos edificios como los suyos, unificamos las titulaciones y organizamos diálogos interreligiosos para determinar quienes están con el nuevo orden mundial, y quienes están contra la “hermandad de los pueblos”. Pero Allah tiene otro plan:
¡Combatid a los aliados del Shaytan! Qur’an 4:76
Y combatid no puede significar, de ninguna de las maneras, sentarse a la misma mesa, abrazarse, señalar con el mismo índice a los sahaba apostados en las trincheras del iman.
El iman de los sahaba es el que permite leer y, por lo tanto, poner en práctica las órdenes de Allah; pero el iman de los tabi’in te hace memorizar datos, pasar exámenes, ser un experto, un ‘alim, conseguir un doctorado, escribir libros, comentarios… mientras el ejército de los sahaba se pierde en lontananza. El polvo que levantan los caballos les hace toser; se cubren la boca con un pañuelo y vuelven la mirada al libro que estaban leyendo. Alguien comenta mientras pasa la página: “Otro día saldremos a luchar con ellos”.
