Cuando una persona alcanza los cuarenta años, esta etapa marca un momento crucial y un punto de cambio importante en su vida. En este periodo, la persona enfrenta grandes desafíos al intentar comprender su lugar en este mundo, evaluando lo que ha logrado hasta el momento, y tratando de entender el propósito de su existencia y el objetivo de la vida en general. A menudo, muchas personas comienzan un viaje nuevo y único, lleno de desafíos. Comienzan a dejar un mensaje para los que quedan atrás, un mensaje que desean transmitir y completar.
«Hasta que alcanza su madurez (y llega a los cuarenta años), dice: ‘Señor mío, haz que sea agradecido por tu bendición, que me has otorgado a mí y a mis padres, y que obre bien de acuerdo a lo que te agrada. Haz que mi descendencia sea recta. Me he arrepentido ante Ti y me he sometido (a Ti)'».
«Esos son los que aceptamos lo mejor de sus obras y perdonamos sus malas acciones. Serán de los compañeros del Paraíso, en cuya promesa se encuentran».
(Al-Ahqaf, 15-16)
¿Qué sucede después de alcanzar la madurez? ¿Es el comienzo de la caída y el colapso?
Los creyentes saben que el fin se acerca, y agradecen a Dios por lo que les ha guiado y por todas Sus bendiciones. Piden a Dios que su descendencia sea recta, como Él lo desea, y su buen accionar aumenta en la esperanza de obtener provisiones para la otra vida, hacia la cual se dirigen pronto.
Por otro lado, los distraídos no pasan por un despertar, sino por un caos que aumenta día tras día. Sienten que el fin de sus vidas se acerca y, por tanto, se sumergen en los placeres de la vida mundana y tratan de aprovecharla al máximo. Cuando sus células cerebrales dejan de regenerarse, sienten cómo sus cuerpos retroceden, su salud se deteriora, las arrugas y líneas finas aparecen alrededor de sus ojos y boca, la piel pierde elasticidad, y aparece la cana y otros signos de envejecimiento. Todas estas son señales de advertencia que comienzan a sonar como un zumbido en sus cabezas, y sus ojos se abren de par en par por el miedo a la proximidad de la muerte. Entonces, los hombres suelen apresurarse a cuidar su salud y seguir dietas, tratando de corregir su estilo de vida, mientras buscan relaciones con mujeres más jóvenes que puedan renovar sus vidas. Las mujeres, por su parte, recurren a cirugías estéticas y tratamientos para ocultar los signos de la edad y resaltar atributos artificiales.
La generación que ha llegado a los cuarenta o que lo alcanzará pronto, es una generación que no solo está pasando por un periodo de transición personal, sino que lleva sobre sus hombros transiciones globales significativas que el mundo entero ha presenciado.
Esta es la generación que ha sido testigo de la transición del mundo de la simplicidad a la complejidad extrema, del estancamiento a los terremotos, de la confianza a la duda, y de la seguridad y el contento a la escasez y la falta en todo.
Es una generación que ha atravesado grandes cambios y saltos considerables. En términos culturales, su vida ha pasado de la colectividad al individualismo, de las normas estrictas a las dudas constantes, y del mundo real al virtual. En la familia, ha transitado de un padre controlador y dominante a un padre ausente o silente. En la sociedad, su vida ha cambiado de un mundo agrícola y de oficios a un mundo lleno de botones, computadoras, teléfonos, maquinaria y un mundo de inteligencia artificial. Y no debemos olvidar el aspecto más importante de esta generación, que ha acompañado las revoluciones árabes, el colapso de los regímenes dictatoriales, y el advenimiento de regímenes sionistas más astutos y dañinos, todo mientras se encontraba en plena construcción de su propia vida, tratando de entender todo lo que sucede a su alrededor.
Nosotros, los hijos de esta generación, hemos tenido que aprender a vivir en un sistema que no nos ha explicado cómo funciona, y sobrevivir a las normas sociales diseñadas para tiempos que ya no existen.
