How to be an alien

Cuando George Mikes publicaba su desconcertante libro How to be an alien en 1946, a todos pareció que se trataba de una humorística caricatura de la sociedad británica, una exageración, la deformada visión de un emigrante judío llegado de Hungría. Probablemente, el fruto literario de una mala adaptación. Sin embargo, su libro retrataba, al pie de la letra, la actitud imperialista británica hacia “los demás”, hacia el resto de los “humanos”.

El menosprecio hacia sus semejantes se va mostrando de forma tan patente en las páginas de su libro, que el propio George se quedó maravillado de que en vez de habérsele retirado la nacionalidad británica por haber expuesto de forma tan cruel los defectos de esta sociedad, How to be an alien fuese un bestseller rotundo e inexplicable.

Comentaba, siempre con un tono humorístico, en uno de los capítulos de su libro:

Cuando un británico visita tu país, simplemente recorre uno más de sus dominios, y tú no eres, sino un guía que le va mostrando lo mucho que la gente trabaja aquí para embellecer sus propiedades.

Sin embargo, hoy vemos en el caso Talibán como esa ideología extrema imperialista, transportada a Norteamérica por los colonos ingleses, ha ido poseyendo las mentes de los que iban llegando de todas partes del mundo al paraíso americano. El libro de G. Mikes ha mostrado, con un tono humorístico, la devastadora mentalidad inglesa.

Son los Talibán los que tienen que explicar sus actuaciones durante los últimos 20 años. Son ellos los que tienen que justificar su victoria, por muy negociada que haya sido, como si hubiesen sido ellos los invasores, los aliens, y Estados Unidos y Gran Bretaña la heroica resistencia, finalmente derrotada.

Y los Talibán, como ya antes lo hiciera G. Mikes, lo han aceptado como algo lógico y necesario para llegar a una normalidad política y económica con el resto del mundo –es decir, con Estados Unidos y Gran Bretaña. Piensan que son ellos los dueños de Afganistán y sienten que deben darles un detallado informe sobre cómo han decidido gobernar –paz, libertad para las mujeres, entrada en la comunidad internacional con sus exigencias democráticas y su veto, cambio paulatino en su forma de vestir…

La justificación siempre es la misma: “Hemos llegado a un ventajoso acuerdo con ellos. Se han acabado los problemas.”

Mas la realidad es que, mientras hablan de paz y de acuerdos, Estados Unidos, de momento, ha congelado todas las cuentas del gobierno afgano en bancos estadounidenses; de la misma forma que la banca inglesa se ha quedado con el oro venezolano.

Una de las características de los piratas es el desprecio por la vida ajena. No sienten ningún remordimiento por robar, matar, asaltar, violar, estafar… pues el otro, los otros, son siempre aliens, alienígenas, de los que se puede abusar sin cometer pecado, pues como los indios o los negros, no son completamente humanos, o si lo son, están endemoniados. Conocemos el discurso.

Ahora la pelota está en el campo afgano, pero no hay árbitro ni reglas establecidas. Va a ser un partido brutal y sangriento con un solo corresponsal hablando cada día sobre la buena marcha de las negociaciones.

Es inquietante que después de los ejemplos que tan profusamente nos ha ofrecido la historia, lo que va de siglo, todavía se confíe en la palabra de los piratas. Pero no es eso. Es que se han cansado de luchar. Piensan que la lucha es un paréntesis dentro del texto general de la vida de este mundo.

Mas ¿qué puede hacer el hombre aparte de luchar? ¿Buscar un buen empleo, casarse, tener hijos, comprarse una casa, un coche, vacaciones en verano…? ¿Dónde queda entonces el sentido de la vida, su transcendencia?

La lucha debe continuar e internacionalizarse hasta que el Din de Allah el Altísimo prevalezca y no haya más tiranía en el mundo. ¿Por qué? Porque si no es el Islam el que prevalece, entonces pronto habrá comunidades LGTBQZ en Afganistán, Iglesias, sistemas educativos judíos, ONGS, democracia… Y entonces se volverá a establecer un gobierno títere dirigido por la CIA, como el gobierno que acaba de ser derrocado.

Y no son estos gobiernos los que dirigen el mal, sino los que sostienen sus hilos. Se ha cortado una cabeza, dos, mil… pero la hidra sigue viva y sigue produciendo más cabezas.

La lucha debe continuar hasta matar al animal. Ya tendremos paz y bienestar en el Más Allá. Aquí hay que luchar y sacrificarse hasta que la espada del Islam atraviese el cuerpo de la hidra. Ese día lo podremos celebrar… sin ruedas de prensa.

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