Si pusiéramos todas las indicaciones juntas…

Se están llevando las cosas a tal extremo, que realmente es difícil creer que estén controlando el proceso. Hay tantas piezas encima de la mesa, que probablemente no saben por dónde empezar. La primera secuencia, la que más inquietud nos produce, deberíamos leerla en sentido contrario –no es el virus, después la pandemia y por último la vacuna. Durante buena parte del siglo XX han estado experimentando para conseguir una “sustancia química” capaz de alterar el ADN humano y su configuración, pues no se puede manipular totalmente al hombre, rediseñarlo, únicamente desde fuera, hay que penetrar en la célula y modificarla. Por lo tanto, la secuencia real es –vacuna, después virus y, por último, pandemia.

Esta secuencia, con este orden, nos marca los objetivos que se buscan con la pandemia y los medios para conseguirlos.

No obstante, no podemos concluir que se haya estado perdiendo el tiempo hasta ahora. La manipulación externa ha jugado un papel imprescindible para que el hombre de hoy acepte las mascarillas (que le están sofocando), el confinamiento, la inmovilidad… y las vacunas, aunque maten y produzcan síntomas muy graves. Es un hombre débil, debilitado, que lleva decenios sin moverse, como si fuera un estanque de agua putrefacta, infectada, que no corre, que no fluye y se corrompe… siempre sentado, montado en vehículos a motor, utilizando los ascensores, los mandos a distancia. Es un hombre podrido, que se alimenta de comida basura y luego añade algo de leña al fuego ingiriendo fármacos, que terminan de destruir sus órganos.

No ha hecho falta utilizar de grandes argumentos para convencerle de que se auto-envenene, de que respire un aire tóxico o beba un agua metalizada con sustancias químicas y residuos industriales. Ha bastado con decirle que es el precio del progreso, del bienestar, de la opulencia… El precio que hay que pagar para entrar en el paraíso.

Ahora, ese paraíso terrenal del que han disfrutado unos pocos, está colapsando, pues, en realidad, contenía muchos elementos venenosos, que lo hacían, al final, indeseable.

El hombre es imprevisible, incluso cuando está prácticamente destruido. Todavía es capaz de reaccionar, de oponerse… de luchar por mantener su humanidad, su dignidad.

Es cierto que la comida basura, el estrés, la creciente contaminación, los mensajes lanzados por los medios de comunicación, la inactividad (rozando la acinesia)… han logrado disminuir las capacidades físicas e intelectuales del hombre, han logrado subyugarlo, robotizarlo, manejarlo… pero no de forma completa. Para ello, hace falta la alteración interna, la adulteración desde dentro del propio organismo.

Esta es la función que van a jugar las vacunas, eufemismo de “sustancias químicas de manipulación genética.” De ahí la histérica y patológica insistencia para que nos vacunemos todos –desde los bebes hasta los ancianos. De ahí su obligatoriedad, contraviniendo, de esta forma, todas las constituciones y, sobre todo, la lógica, el raciocinio. Mas ya sabemos que para el deep state el “fin justifica los medios”, cualquier medio, todos los medios.

Miles de personas deben morir para que así se salven millones –la lógica de los asesinos y de los tiranos. ¿Y si no hiciera falta que muriese nadie para que la humanidad siguiera con su normalidad de siempre? En ese caso habría que inventar un pretexto, una causa… una pandemia que justificase la matanza, ya que la pandemia significa, ante todo, urgencia, emergencia, estado crítico social que permite a los gobiernos suspender la constitución y las leyes y crear otras que hagan frente a la mortandad pandémica. ¿Incluso si no hay mortandad? ¿Incluso si hay los mismos muertos de años anteriores, los previsibles? Entonces habrá que pasar el 90% de muertes al debe del Covid19 –gripe, afecciones pulmonares, afecciones cardiacas, trombosis, alergias, tumores… Y de esta forma, se puede justificar el calificativo de pandemia, de crisis sanitaria grave, permitiendo la emisión de normas que de otra forma resultarían absurdas y altamente opresivas… injustificables.

No obstante, incluso si aceptásemos este apocalíptico escenario, sabemos que los virus desaparecen con el frío y algunos con el calor extremo, pero este Covid no solo mantiene un estado de salud envidiable bajo cualquier circunstancia climática, sino que además se diversifica, generando cientos de variantes para las que las vacunas “actuales” dejan de ser eficaces. ¿Contradicción? Solo aparente. Con este tipo de noticias se genera confusión, incertidumbre y miedo. Unos días después, todo se aclara y vuelve a brillar la esperanza –una nueva vacuna o tres pinchazos de las otras bastan para poner a raya a cualquier variante o cepa de las que tan prolífico es este virus. Y la historia sigue –tercera oleada, cuarta oleada, quinta oleada… Obviamente, no podemos levantar totalmente las restricciones, pues ello iría en contra de la seguridad médica de la ciudadanía. Y todos sabemos lo mucho que les importa a los gobiernos nuestra seguridad médica, nuestro bienestar.

Mas las piezas son incontables. Mientras parece lógico que la pandemia, un día u otro, termine por desaparecer, ahí están los ciberataques indicándonos que el mundo digital, tal y como lo conocemos, tendrá que cambiar drásticamente, pues toda nuestra industria, nuestra economía, nuestra fuerza militar… están en peligro. ¿En peligro de quién? De alguien no especificado. Hay sospechas –los rusos. O quizás los chinos. ¿Quién sabe? El mundo civilizado tiene tantos enemigos, que lo mejor será hacer colapsar internet, transportar la información en otro vehículo que, como las vacunas, hace tiempo que se ha puesto en marcha.

Hay tantas piezas, que no hay forma de componer una imagen coherente en este rompecabezas. Thomas Cook, la empresa turística más poderosa del mundo, cerró unos meses antes de declararse la pandemia. No había, objetivamente hablando, ninguna razón para ello, pero se cerró sin más explicaciones y, a pesar de la barbarie que supuso para el “mundo civilizado”, nadie dijo nada y, una semana más tarde, la noticia había desaparecido de los medios de comunicación. Como vemos, la secuencia siempre hay que leerla en sentido contrario –hay que establecer la inmovilidad como un factor importante del control de masas; se van a paralizar los medios de transporte; llega la pandemia y colapsa la industria turística. Thomas Cook cierra y salva su capital que ahora dirigirá hacia los nuevos proyectos del deep state.

No hay por qué sorprenderse, es una simple partida de ajedrez. Y puede que al final no queden, sino los reyes y un peón en cada bando. Lo declararán tablas y comenzará una nueva partida, con otro tablero y otras fichas.

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