Habrá que cambiar de narrativa

Como siempre, el agujero del conejo es más profundo de lo que pensábamos. Descendemos en caída libre, sin que haya un final previsible, sin que haya un fondo al que llegar. Debemos, pues, partir de la base de que nadie puede escapar a la atracción del vacío que genera la falta de alternativas.

Todo se ha reunido en un mismo punto –un poder absoluto gobernando sobre una masa de ciudadanos amables, respetuosos, superficiales, que aceptan cualquier propuesta cultural, cualquier mandato, cualquier cambio de valores o de configuración genética.

Quizás, en última instancia, ese gran poder, ese deep state, el sistema, no haya encontrado mejor vehículo para llevar a cabo sus planes de dominación terrenal que el comunismo –comunismo como el sistema de glorificación de los parias.

Encontramos tres momentos en la historia, tres intentos, de lograr esta inversión de valores, a través de vengativos movimientos revolucionarios.

1-Thomas Müntzer, será el verdadero precursor del marxismo y tan visionario que incluso en el siglo XVI intuyó la Revolución Rusa sin necesidad de pasar por la francesa; demasiado visionario para su tiempo y como todo judío demasiado apocalíptico. Fue el líder indiscutible de las revueltas de campesinos de Alemania que acabaron en una total masacre; revueltas contra las que se opusieron Lutero y Erasmo –uno por prudencia y otro por mezquindad. El fracaso de la revuelta le pareció a Müntzer ser el juicio de Dios sobre una gente todavía impura para la enorme tarea que se había impuesto a sí misma, pero en absoluto le pareció la derrota de su idea de una nueva sociedad. Müntzer fue detenido, torturado y en mayo de 1525 ejecutado. Su verdadera misión debería esperar casi 400 años antes de poderse realizar.

Müntzer había tratado de glorificar a los campesinos, a quienes había otorgado un poder divino para llevar a las sociedades humanas a su más alto grado de rectitud y hermandad. Había en ellos algo, una fuerza interior, una guía… de la que carecía el resto de las clases sociales.

Esta corriente se sumerge y reaparece de nuevo, como reaparecen las aguas de un río subterráneo, en una Alemania altamente industrializada con una nueva clase social que, al menos numéricamente, va prevaleciendo sobre todas las demás –el proletariado.

2-Esta vez, será este nuevo grupo social el que reencarne los valores divinos de los campesinos de Müntzer. Hay una pureza, un sentido innato de rectitud y de honestidad en estos hombres y mujeres tallados en el duro mármol del trabajo y del sacrificio. Si ellos llegasen a gobernar, las sociedades humanas caminarían seguras hacia un futuro luminoso de paz, justicia y libertad, y ello a pesar de que ese hipotético gobierno tomaría la forma de dictadura –dictadura del proletariado. Una, a todas luces, irreductible contradicción. Mas no tanto como pudiera parecer si tenemos en cuenta que la sagrada idiosincrasia de los proletarios evitaría cualquier forma de exceso u opresión. En 1848 aparece el manifiesto comunista de Marx y Engels, dos judíos alemanes, dos burgueses, dos capitalistas, que se revuelven iracundos contra su propia clase y su maravillosa forma de vida. ¿Altruismo llevado a sus últimas consecuencias? ¿Insatisfacción existencial? ¿Pérdida del sentido de la vida? Quizás, o quizás el mero placer de darle la vuelta a la torta terráquea. Un emocionante ejercicio de poder. Sin embargo, la propuesta comunista del marxismo trae una nueva variante imprescindible para que su revolución logre el éxito –las religiones existentes deben desaparecer, deben dejar de ser la referencia de las sociedades, pues son el opio del pueblo. A cambio de ese teocidio, el marxismo establecerá la nueva y verdadera religión –el laicismo cuyo único dios será la historia, el devenir hacia un mundo cada vez más perfecto, más uniformado, más proletario.

No obstante, el opio que el marxismo dio a las masas no logro adormecerlas y 70 años después se derrumba ante sus insípidas narices el muro de la vergüenza, de las lamentaciones y del fracaso más estrepitoso –teniéndolo todo en sus manos, no lograron nada. No importa, lo intentaremos de nuevo.

3-El tercer intento, y no olvidemos que a la tercera va la vencida, empieza de forma efectiva con el proxeneta Bill Clinton. En 1993 escala la cima del poder, convirtiéndose en el 42° presidente de los EE. UU. ¿Cómo lo ha conseguido? Apoyando de forma explícita al lumpen metropolitano de Norteamérica –individuos socialmente degradados, marginados o no integrados en la sociedad, como los indigentes, homosexuales, prostitutas o, simplemente, vagabundos urbanos. Hace su campaña por las calles, tocando el saxo y presentándose como el buen pastor que acoge, por igual, a todas las ovejas del rebaño –se acabaron las ovejas negras. Le acompaña como consorte nada menos que Hillary Clinton, y tiene detrás suya al partido demócrata y al deep state –todo un éxito.

A pesar de haber sufrido una propuesta de impeachment, o acusación, que le habría sacado de la Casa Blanca, por un escándalo sexual con una empelada del gobierno, Monica Lewinsky, en general Bill deja la presidencia como uno de los presidentes más valorados de la historia de Norteamérica. ¿Valorado por quién? Valorado por el lumpen urbano de los Estados Unidos.

Han pasado 20 años y los demócratas vuelven a tomar el testigo que ya les lanzara el deep state de la mano del proxeneta Bill Clinton. Las cosas están mucho más claras ahora –el tercer intento va a ser el de los parias sociales, situados en un recodo mucho más profundo que el de los anteriores en el agujero del conejo –homosexuales, lesbianas, indecisos… pero sobretodo, transgéneros.

gay

El nuevo poder glorificado llevara el nombre LGTB+Q. Una ecuación algebraica y una bandera –multicolor, la bandera de todos, el gobierno de todos bajo el poder de los trastornados.

No olvidemos que la primera orden que cursó Biden nada más ocupar la presidencia fue a favor de este colectivo –un colectivo que ya gobierna, que forma parte de la intelectualidad y del ejército.

La tercera dictadura, una vez fracasadas la del campesinado y la del proletariado, será la de los parias sociales LGTB+Q. Ya se les está glorificando. Ya tienen mártires, héroes, líderes inspirados por la divinidad.

El control de masas girará en torno a ellos. Se perseguirá a quienes los detesten y, finalmente, a los que no formen parte de ellos, a los que adolezcan de una mentalidad heterosexual y de género biológico, como antes se acusaba a los disidentes de mentalidad burguesa.

Esta vez, anhelaremos que nos gobiernen los campesinos o los proletarios. Todo esto es lo que está en juego.

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