¿Qué va a quedar cuando se callen?

Probablemente, nada. Cada vez que abrimos un web-site o echamos un vistazo a un periódico tenemos la impresión de que ya nadie sabe de lo que está hablando. La información es confusa y el estilo añade más confusión, si cabe, al intentar paliar la mediocridad del artículo en cuestión.

Empiezan describiendo torpemente el suceso, sin ofrecer un coherente cuadro de hechos, y terminan perdiéndose en bosques de retórica mal enlazada cuando llega la hora de sacar conclusiones y propuestas, soluciones.

En un artículo para RT, Helen Buyniski sugería la posibilidad de que ni Trump ni Biden quieran ganar las elecciones de 2020:

Al observar los muchos tropiezos tanto del presidente Donald Trump como del adversario demócrata Joe Biden en la campaña electoral, uno no puede evitar preguntarse si realmente quieren ganar. ¿Quién querría el ingrato trabajo de limpiar tal desorden?

Quizas les mueve la inercia política y por ello siguen dando golpes al aire en el cuadrilátero. No obstante, Buyniski podría estar en lo cierto. La última sandez de Boris Johnson ha sido la de dejar caer que muy posiblemente dimita del cargo de PM, pues con su sueldo actual –150.467 libras esterlinas al año– no puede hacer frente a los gastos familiares. No hay duda de que el coronavirus y sus muchas lecturas de Tintín le han trastornado el cerebro; pero, aun así, no se explica que anteponga su familia, 7 hijos y una elementa no identificada, a la gloria de UK. Parece más bien que la causa de esta anunciada dimisión sea el cansancio. Hay una debilidad general en el hombre que le impide luchar más de dos o tres asaltos. El hombre de hoy se cansa, los políticos se cansan, los periodistas. Boris está agobiado por la familia, por la pandemia, por un brexit que ya no tiene ningún sentido, y que ha dejado al UK con el culo al aire –sin poder volver a Europa y sin poder llevar a cabo una alianza fructífera con una Norteamérica derrumbándose. Es mejor dimitir y dedicarse a dar conferencias sobre cómo fracasar y dedicarse, luego, a dar conferencias. Un círculo vicioso –el que más adeptos tiene.

La locura informativa, configurada en modo –espantosa frivolidad, está por todas partes. Nunca se terminan las noticias, nunca se hace un seguimiento ni se generan archivos en los que guardar el proceso completo, enlaces, una imagen completa del asunto. Sánchez se va al Vaticano para decirle al papa que las españolas podrán abortar ya desde su más tierna infancia. Era algo inevitable, una exigencia democrática y también, por qué negarlo, un poco de carnaza para los votantes. Francisco le dirá que esa es una ley que tiene su parte positiva y su parte negativa, por lo que habrá que limarla y, teniendo en cuenta que esa lima llevará su tiempo, posponer el debate, que sin duda suscitará, para la siguiente legislatura. No obstante, lo que sí que le va parecer al papa argentino un disparate es la exhumación de los restos del caudillo. Debería mantenerse la continuidad histórica. No está bien renegar de nuestros padres. Ahí está Viriato, que también era caudillo y luchó contra el mismo imperio contra el que luchó el generalísimo –el contubernio judeo-masón, por aquel entonces llamado Roma. Sánchez, como viene siendo habitual, esgrimirá el argumento del IBI, argumento que dejará frio a Francisco: “Mira Pedrito la casita en la que peno en las largas noches de invierno.” Al mismo tiempo, la ministra de exteriores, que tiene abandonadas a las embajadas de Oriente Medio de modo que los ciudadanos españoles que viven en Siria deben ir a Beirut, que es como ir al infierno, para poner la huella dactilar y volverse –una ruina económica y una angustia en la frontera, se perderá entre la multitud de cardenales y a saber lo que puede ocurrir. Sánchez volverá con los bolsillos vacíos, a pesar de lo cual descorchará otra botella de champagne para celebrar la buena marcha de las relaciones hispano-argentinas que acabarán en la cumbre hispano-italiana, y ya se sabe que en las cumbres siempre se está más cerca del cielo.

Noticias inexplicables. Big Think nos deja aturdidos con un artículo titulado: El ruido en cuarentena.

La contaminación acústica es terrible para nuestra salud, pero no debatimos sobre este asunto con la suficiente frecuencia.

A pesar de los numerosos problemas sociales y económicos que hemos soportado debido a la pandemia, han surgido aspectos positivos. En un nuevo estudio de investigación ambiental, publicado en la revista IOP Science, se afirma que las prácticas de distanciamiento social han reducido en gran medida el ruido ambiental. Al medir los niveles de ruido de los iPhones y Apple Watches de 5.894 participantes, observaron una caída notable en la exposición al ruido. “Las medidas de distanciamiento social de COVID-19 se asociaron con una reducción de aproximadamente 3 dBA en las exposiciones personales al sonido ambiental; esto representa una reducción sustancial y significativa de esta dañina exposición”.

Ya dicen que no hay mal que por bien no venga, pero ¿quiere esto decir que se necesita una pandemia para caer en la cuenta de los perturbadores efectos del ruido provocado por una actividad innecesaria del hombre, pero imprescindible para la buena marcha de los negocios en Wall Street? Sí, hace falta una pandemia o algo ajeno a la voluntad humana para llevar a cabo una toma de consciencia sobre el ruido artificial que ensordece y apaga los sonidos naturales, ya que, de tomárnoslo en serio, deberíamos cambiar, radicalmente, nuestra forma de vida.

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Y siguen los estudios, los informes, las investigaciones, sobre el covid19, sobre las masacres de Francia en África, sobre los negreros británicos, sobre el triunfo de MAS en Bolivia…  amontonándose como cadáveres de la primavera árabe. ¿Va alguien a pedirle cuentas, evidencias, pruebas a la OEA sobre el supuesto fraude electoral de 2019? ¿Seguirá todo igual? ¿No hay leyes en Bolivia para los golpistas? ¿No hay consecuencias, al menos diplomáticas, para los que apoyaron y protegieron el golpe de Áñez –Estados Unidos y Europa? Todo se queda en titulares y en artículos políticamente correctos.

Mañana ya no recordaremos nada de lo que hoy nos abrasaba el alma. Reinicio. Puesta a cero. Olvido. Confinamiento… Reinicio.

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