¿Qué hay de malo en vivir en la Tierra?

¿Podremos algún día construir en Marte o en la Luna una aldea tan hermosa como esta junto a un mar tan apacible y lleno de vida como el Mediterráneo? Sabemos que no. Y si alguien alegara que quizás dentro de mil años podremos ¿de qué nos serviría a nosotros y a las próximas 50 generaciones? ¿Acaso deberíamos seguir trabajando para el dios historia, para el dios futuro, sin importarnos nuestro presente? ¿Deberíamos sacrificar nuestras más genuinas aspiraciones de felicidad y cordura en aras de un futuro incierto y tenebroso como el que nos promete la NASA y las compañías fantasma que “trabajan” para ella, diseñando aberraciones arquitectónicas y animándonos a habitarlas?

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¿Es mejor soñar, trabajar, esforzarse… para hacer realidad este futuro? ¿Quién está empeñado en que transportemos nuestra imaginación a estos paisajes apocalípticos? ¿Quién está interesado en que nos desentendamos de la vida en la Tierra?

Soñamos con vivir en una base lunar y dar alguna que otra vuelta cargados de oxígeno y de un insufrible y pesado traje espacial. ¿Qué ha pasado con nuestros paseos por las Ramblas de Barcelona, por el casco antiguo de Madrid, por la rivera del Guadalquivir? ¿Dónde han quedado nuestros viajes al desierto de Tadmur, al Cuerno Dorado de Estambul? ¿En qué lugar de nuestra memoria hemos guardado las puestas de Sol de Mali o de Tiruvanamalai?

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¿Queremos acaso cambiarlo por la desolación de estos parajes? Más aún ¿por qué si todos sabemos que estos proyectos son imposibles, insisten, patológicamente, los medios de comunicación en divulgarlos como si fuera algo realizable en unos cuantos años? ¿Por qué alistarse como futuros colonos siderales se presenta como la gran oportunidad para las jóvenes generaciones? ¿Qué tipo de psicología deberían tener estos pioneros para soportar esas condiciones de vida? Perfectos robots, entidades sin pasado, sin historia, sin más deseos que sobrevivir cada día… psicópatas.

¿Cuándo habrá en estos cuerpos celestes una atmósfera respirable, vegetación, mares, ríos, lagos, fuentes…? Quizás piensan que todo eso se debe a la casualidad. Que esperen, pues, a que ocurra de nuevo. Pero hasta ahora no ha ocurrido en ningún lugar del universo. Solo en la Tierra. ¿No es este hecho incuestionable una indicación precisa de cómo se ha diseñado la existencia en este universo nuestro?

Estamos solos porque nuestra vida en la Tierra es solo una fase, un momento, un viaje que continuará después de la muerte. No es un lugar permanente ni son necesarias trillones de galaxias –no hay un solo individuo que haya recorrido toda la superficie de la torta terráquea. La mayoría de la gente no ha salido de su pueblo, de su ciudad o de su país. ¿Qué sentido tendría para ellos ir a Júpiter, o incluso a la Atlántida?

La verdadera experiencia es siempre interior, es el movimiento de nuestras capacidades cognoscitivas cuando entran en contacto con el mundo exterior.

Cualquier destino es suficiente para entender por qué existimos, para entender el sentido de la vida.

Alquimist City nos regalaba hace unos días con esta paja mental en forma de artículo sobre supuestos proyectos para volver a la Luna y quedarnos allí para siempre.

¡De vuelta a la luna baby! Bueno al menos como concepto …

De las muchas razones y excusas para no regresar a la luna, salvo cualquier conspiración absurda, es el hecho de que nunca planeamos quedarnos, solo planeamos visitarla. Sabes que se les ganó a los soviéticos y todo eso, sea lo que sea lo que tu profesor de historia te haya dicho.

Pero a medida que los crecientes intereses privados y gubernamentales vuelven a crecer en una especie de carrera espacial renovada, nuevamente se nos ocurren algunas ideas increíblemente geniales para no solo visitar la luna esta vez, sino permanecer allí permanentemente.

Sí, como concepto es posible que volváis, como idea… como paja mental que sirva para aumentar los ya astronómicos presupuestos de la NASA y asociados, y de momento eso es todo. El hombre no puede crear un mundo habitable para el hombre a partir de cero y sobre territorios inhóspitos, sin vida,,, pues no conoce ni puede prever las condiciones necesarias, los elementos necesarios para que pueda originarse y sostenerse la vida en todas sus formas. De haber sido la aparición de la vida en la Tierra un fenómeno casual, ello habría significado que el azar piensa, planifica, posee voluntad, imagina y tiene a su alcance los medios necesarios para que todo eso se manifieste, se reencarne.

Construcción robótica en la luna.

En una combinación de lo que suena como un quién es quién de los innovadores futuristas, el estudio de arquitectura BIG, la empresa de construcción impresa en 3D ICON y SEArch + (Space Exploration Architecture) se alistaron recientemente para un proyecto financiado por la NASA, llamado Proyecto Olympus. El plan es desarrollar una infraestructura impresa en 3D utilizando materiales que se encuentren en la superficie de la luna.

El fundador de BIG, Bjarke Ingels, afirma: “Para explicar el poder de la arquitectura, ‘formar’ es la palabra danesa para diseño, que literalmente significa dar forma a lo que aún no ha recibido forma. Esto se vuelve fundamentalmente claro cuando nos aventuramos más allá de la Tierra y empezamos a imaginar cómo vamos a construir y vivir en mundos completamente nuevos “.

Cuando leemos este tipo de artículos, tenemos la sensación de que todo está ya listo para empezar, para empezar a construir bases lunares, marcianas… para empezar a enrolarse, para empezar a calentar motores. ¿Qué pasará en el 2024 cuando nadie se pasee por la Luna, cuando los diseños 3D sigan en las pantallas de los ordenadores de todas esas empresas que ya habrán cobrado su buen dinero sin que nada se haya materializado? Los medios de comunicación se encargarán de ello a través de los continuos reinicios. ¿Alguien se acuerda de que la misión Orion debería haber despegado en 2018, cuando aún no había coronavirus?

No menos disparatadas son las noticias que nos llegan de RT:

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A través de una constante vigilancia y algo de buena suerte, los astrónomos han logrado capturar el momento en que un agujero negro supermasivo en una galaxia a 215 millones de años luz de distancia desgarró una estrella.

Sin duda que la buena suerte –un concepto muy científico– ha jugado un papel muy importante en esta captura. Mas nos cuesta creer que este fenómeno se haya producido a 215 millones de años luz de la Tierra y que los astrónomos, siempre vigilantes, hayan podido captarlo. Si tenemos en cuenta que para hallar la distancia de un año luz deberemos multiplicar 300.000 x 60 (distancia en minutos) y el resultado por otros 60 (distancia en horas) y el nuevo resultado por 24 (distancia en días) y el resultado final por 365, la cifra última que obtendremos será una cantidad inimaginable para el ser humano –exactamente 9.460.730.472 580.8 km. La pesadilla aún no ha terminado, pues ahora tendremos que multiplicar esta cantidad por 215 que son los años luz a los que se encuentra esa estrella “capturada”. Si los astrónomos tuvieran que pagar un año de su sueldo por cada error, imprecisión, hipótesis disparatadas o teorías infundadas, se volverían mucho más cautos y se retraerían a un universo mucho más conmensurable.

Cada día recibimos innumerables noticias de este tipo que se pierden al día siguiente junto con los escombros espaciales. A veces son contradictorias o parece que hablan de otro espacio, de otro cosmos, como la de ONLINENEWSEUROPE:

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A pesar de los esfuerzos para combatir el problema de los desechos espaciales en órbita alrededor de nuestro planeta, la ESA ha publicado un informe condenatorio que indica que el problema está empeorando con el tiempo, con devastadoras consecuencias.

En ninguna foto, no obstante, aparecen estos desechos. Todo luce radiante e inmaculado. Tampoco las naves que van y vuelven incesantemente de la ESI parecen chocar contra los escombros interestelares. Sin embargo, según el informe de la ESA es urgente mandar una brigada de barrenderos espaciales a limpiar nuestras órbitas. Según reza una nota a pie de página –debemos dar una buena impresión a los posibles extraterrestre que nos visiten. De lo contrario, seríamos el hazmerreír del universo.

Posiblemente ya lo seamos, con o sin extraterrestres.

Todas las noticias, todas las propuestas, nos llevan a salir de la Tierra y a buscar la paz, la felicidad, la salud… en otros cuerpos celestes. Primero, pues, tendrán que hacer inhabitable este planeta, tan inhabitable como los planetas en los que sueñan vivir las nuevas generaciones.

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