Recep Santurk presenta a Malcolm X

Recep Santurk, es investigador en el Centro ISAM de Estambul; colabora en la redacción de la Enciclopedia del Islam en turco. En la actualidad, es profesor de sociología en la Universidad Fatih de Estambul.

Recep Santurk creció en medio del hervidero ideológico y espiritual que era Estambul a principios de los años sesenta. Recibió ya desde su infancia una exquisita educación islámica, al mismo tiempo que seguía los estudios oficiales como el resto de los jóvenes turcos. Al currículo propio de las escuelas estatales, Recep unió el estudio del idioma árabe, del Corán, del hadiz y del fiqh.

Después de haber acabado sus estudios universitarios, se dedicó a viajar, como ha sido tradicional entre los sabios musulmanes de todos los tiempos. Profundizó sus estudios en Pakistán y Egipto, para regresar más tarde a Estambul y enseñar a otros jóvenes las ciencias islámicas.

Pronto, sin embargo, comprendió que necesitaba conocer el otro lado de la moneda, Occidente, y tras conseguir una beca realizó sus estudios de doctorado en sociología y lingüística en la Universidad de Columbia, Nueva York. Aquella experiencia le abrió una nueva perspectiva y una nueva comprensión del sufrimiento y de la angustia humanas. Las poderosas ideologías dominantes de la época se basaban en una concepción cerrada de la civilización, una visión excluyente que abocaba inevitablemente a la tiranía y la ignorancia.

Desde entonces, Recep Santurk, nunca ha dejado de escribir libros y artículos advirtiendo de este peligro y explicando cómo el Islam, por el contrario, genera sociedades abiertas en las que hay espacio para todos.

Siempre alerta a todos los acontecimientos que le rodean, Recep nos presenta en este artículo un esbozo de la vida de uno de los líderes musulmanes más importantes del siglo XX.

malcom2.png

Era una tarde de 1990. Caminaba por la calle 160, llamada College Walk, en los jardines de la Universidad de Columbia, Nueva York, a donde acababa de llegar con la intención de realizar un curso de doctorado. Mientras caminaba, comencé a escuchar el adhan. Por un momento pensé que se trataba de una alucinación sonora debida a la nostalgia que sentía por mi país, mi gente y mi familia. Sin embargo, el sonido del adhan llegaba hasta mí de forma cada vez más clara y real. Decidí seguirlo y me encaminé en dirección este. Llegué a Morning Side Drive, crucé la calle que parecía terminar ahí mismo y me detuve en un mirador desde donde podía contemplar Harlem y seguir escuchando el adhan. Aquella voz provenía de la Mezquita de Malcolm X. Me resulta imposible describir el tumulto de sentimientos que me invadieron. Era la voz que coronaba el esfuerzo de Malcolm X por establecer la llamada a la salah en todo el país.

En ese preciso momento, mi visión de América experimentó un cambio radical. Harlem dejó de ser, simplemente, un lugar peligroso. Fue como si de repente se hubiera caído un velo y hubiera visto América tal y como era en realidad. Ahora podía percibir una cara familiar que siempre había permanecido oculta en las imágenes de Hollywood. Es el rostro que realmente importa y, al mismo tiempo, el más desconocido de todos.

El objetivo de este breve artículo es haceros escuchar el adhan que escuché en Harlem y acercaros a la historia de los hombres que dieron su vida para que hoy podamos escucharlo nosotros. Deseo mostrar la otra cara de Estados Unidos, la cara que rara vez aparece en las noticias de CNN, la cara llena de rasgos contradictorios. Conoceréis hombres y voces familiares cuya historia pasó y sigue pasando al otro lado del océano.

Es imposible incluir en este artículo todo sobre la vida y el pensamiento de Malcolm X. Hay un proverbio que dice: “El tesoro familiar no entra por la puerta”. Es interior, está en el interior de nosotros mismos. Es el viaje al fondo de nuestra naturaleza, de nuestra esencia. Para nosotros, este viaje interior, tan difícil de ser percibido desde afuera, significa abandonarlo todo y viajar hacia la verdad, cueste lo que cueste. El significado de este proverbio resume perfectamente la vida de Malcolm X, una vida marcada por una continua emigración. El Profeta Muhammad, sobre él la paz, definió a un emigrante de la siguiente manera:

“Es alguien que ha abandonado todo lo que Allah ha prohibido”.

(Buhari, cap.1, p. 15)

Desde este punto de vista, la emigración, es el poder que mueve el corazón y nos saca de la oscuridad hacia la luz, de la esclavitud hacia la libertad –este es el verdadero viaje.

Podemos mencionar aquí el doble cambio, político y personal, que operó en la vida de Malcolm X. Ambos íntimamente relacionados, ya que su liberación personal le impulsó a la liberación política e ideológica.

En algunos momentos de su vida lo veremos totalmente preocupado únicamente de sí mismo. Más tarde, sin embargo, abandonará este egoísmo y dedicará todo su tiempo y energía a ayudar y a guiar a los demás, transformándose en un ser capaz de sacrificarse por el resto de la humanidad, capaz de sacrificar la posesión más valiosa que tiene un hombre –su vida. Este cambio extraordinario le permitió expandir el amor por sus semejantes y deshacerse del egoísmo que encadenaba su corazón.

Al principio, ese amor y ese sacrificio se centraron en la organización islámica Mil-latu al Islam, “la Nación Islámica”, a la que perteneció casi hasta el final de su vida. Su amor, sin embargo, siguió creciendo hasta abrazar a toda la raza africana. Mas no iba a detenerse allí por mucho tiempo sin terminar amando a toda la humanidad.

A cada página de su vida que pasaba, dejaba atrás todo lo anterior y seguía esforzándose, volviéndose cada vez más exigente consigo mismo.

Los tremendos cambios que sufría en su interior se manifestaban externamente en su lucha por defender al hombre de la tiranía del hombre. Al comienzo, esa lucha se dirigía exclusivamente a los negros. Más tarde, sin embargo, se transformó en una lucha internacional a favor de los oprimidos, sin importarle el color de su piel.

El Islam fue la causa del cambio en la concepción existencial que experimentó Malcolm X. Se alineó junto a la justicia y a la verdad sin aceptar nunca ningún tipo de chantaje económico o ideológico. Sin embargo, su radicalismo nunca fue intransigente. En el momento en el que se daba cuenta de que había entrado en un callejón sin salida, rápidamente daba media vuelta y buscaba otro camino que estuviera abierto. Estudiaba e investigaba sin cesar, y aceptaba sus errores como un medio de avanzar en la verdad.

La ruptura con Aliyah Muhammad, el líder de Mil-latu al Islam, fue la prueba más difícil para Malcolm X. Se iba dando cuenta, poco a poco, de los graves errores en los que había caído el hombre que lo había sido todo para él, y que estaban en clara contradicción con lo que él mismo le había enseñado.

Por un parte, pesaba, terriblemente, la íntima relación que se había establecido entre él y Aliyah Muhammad, no solo como líder de ese movimiento islámico que tanto quería Malcolm, sino también como amigo y consejero, hasta el punto de considerarlo como su alma gemela, lo que haría que, tras su muerte, tomase él las riendas de la organización.

Por otra parte, estaba la verdad, y el precio a pagar por preferirla a todo lo demás, iba a ser muy alto. El primer paso que dio Malcolm para resolver este tremendo dilema fue humillarse y reconocer sus propios errores ante la organización, lo que llevó a su expulsión y a ser acusado de traición y amenazado de muerte en caso de que se negara a rectificar su posición.

Después de esta prueba, Allah le recompensó con la verdad. Su Hayy le mostró los verdaderos principios del Islam, y le convirtió en uno de sus mártires y en el puente sobre el cual el Islam comenzaba a llegar a América.

SU VIDA

-¿Quién eres tú?

Preguntó un policía en una comisaría de Harlem al joven negro que se encontraba de pie frente a él. Ese joven, alto, delgado y de penetrante mirada, respondió:

-Malcolm X.

A continuación, pidió ver a Johnson Hinton, un negro que había sido brutalmente golpeado por la policía. Quería llevarlo al hospital para que fuese debidamente atendido. El Sheriff había escuchado hablar de un movimiento musulmán de negros, pero nunca sospechó que tuviera tal alcance. Miró por la ventana y vio una multitud de hombres negros en formación casi militar. No tuvo más alternativa que aceptar su solicitud. Johnson fue llevado al hospital de Harlem por la propia policía. Los musulmanes que se habían congregado frente a la estación de policía siguieron a la ambulancia. Al llegar al hospital lo rodearon y casi de inmediato comenzaron a llegar más y más musulmanes.

La policía se acercó a Malcolm X y le pidió que alejase a sus hombres de aquel lugar, pero éste se negó alegando que no hacían otra cosa que ejercer sus derechos civiles, y que hasta el momento no habían cometido ningún delito.

Poco después, Malcolm X envió a uno de sus hombres al hospital para recabar información sobre el estado de salud de Johnson.

Mientras tanto, un grupo de policías blancos llegó al hospital desde Manhattan para unirse a los de Harlem. Rodearon el hospital, originando otro anillo, esta vez blanco. La policía no podía entender lo que estaba pasando.

Los musulmanes negros, miembros de Mil-latu al Islam, permanecían como estatuas, sin emitir ruido alguno y sin moverse. Muchos de los transeúntes comenzaron a unirse a ellos. Un policía le dijo muy preocupado a Malcolm X que las personas reunidas detrás de sus hombres podrían causar disturbios y dar lugar a una situación peligrosa. Con una mirada de hierro, Malcolm X respondió lacónico:

Mi deber es organizar y responsabilizarme por los miembros de Mil-latu al Islam. El vuestro es controlar a la gente.

El policía se retiró al no poder refutar las palabras de Malcolm X. Un poco después, regresó el hombre que Malcolm había enviado al hospital para que se informase sobre el estado de su compañero, con la buena noticia de que estaba fuera de peligro y se recuperaba con rapidez. Ante una señal de Malcolm, todos los musulmanes presentes allí desaparecieron casi instantáneamente. El sheriff exclamó con asombro:

¡Demasiado poder para un solo hombre!

Esa noche no se habló de otra cosa en Harlem. Fue la primera vez que veían una cosa así –un grupo de negros se había enfrentado a la policía, obligándoles a satisfacer sus demandas. Al mismo tiempo, la policía, sumergida en el más profundo abismo de asombro, estaba intentando descubrir cómo esos negros habían logrado imponer su juego. Una pregunta flotaba en el aire: ¿quién era ese joven que se había identificado como Malcolm X? Más aún, ¿de dónde provenía su autoridad y hasta donde podía llegar?

SU FAMILIA

Malcolm X nació el 19 de mayo de 1925, en la ciudad de Omaha, Nebraska. El nombre de su madre era Louise Little y el de su padre, Earl Little. Este último tuvo tres hijos de un matrimonio anterior.

Malcolm creció en medio de un insoportable racismo. Antes de que él naciera, un grupo del Ku Klux Klan atacó la casa de su familia mientras su padre estaba de viaje para amedrentarles y obligarles a que abandonaran Omaha. Earl dedicaba todo su tiempo y energía a propagar las ideas de Marcus Garvey, fundador de la UNIA -Asociación para el Mejoramiento Universal Negro. Además, su madre, una mujer con una amplia educación, jugaba un papel importantísimo en este movimiento.

Los ataques de este tipo eran una prueba clara de que los negros, a pesar de las leyes contra la esclavitud y el racismo, eran tratados como esclavos y podían ser intimidados, torturados o asesinados con total impunidad. Los negros, por su parte, aspiraban a una posición de igualdad con los blancos, teniendo en cuenta el sacrificio que habían hecho por Estados Unidos, especialmente en la Primera Guerra Mundial.

Después de estos ataques y amenazas, Earl Little decidió mudarse a la ciudad de Lancing, en Michigan. Sin embargo, tampoco allí logró escapar del odio racial. Su trabajo constante contra la discriminación que sufrían los negros inmediatamente lo convirtió en enemigo de la sociedad blanca. Su objetivo, siguiendo las ideas de Garvey, era formar una sociedad de negros independiente y separada de la de los blancos. Aquellas ideas, aquellos sueños, absorbían todo su tiempo, y apenas se preocupaba por las amenazas que recibía constantemente. En numerosas ocasiones llevaba a su hijo Malcolm cuando iba a dar un discurso, pero su voz pronto sería silenciada para siempre. En 1931 su cuerpo sin vida fue encontrado junto a las vías del ferrocarril. Los grupos racistas inmediatamente alegaron suicidio para encubrir el crimen.

A partir de ahora, la responsabilidad familiar recaería en Louise. Y esto ocurría en un momento en el que Estados Unidos sufría una gran crisis económica que duró desde 1929 hasta 1942. Esta difícil y angustiosa situación hizo que Louise fuera perdiendo, paulatinamente, la salud mental. Ello provocó que los servicios sociales estatales colocasen a Malcolm, junto con sus hermanos y hermanas, en un orfanato municipal. En 1939, Louise ingresó en el hospital psiquiátrico de Kalamazoo, donde pasaría el resto de sus días.

EN LA ESCUELA “Solo puedes ser carpintero”

Después de la muerte de su padre, Malcolm ingresó en la escuela primaria Pleasant Grove, donde, a pesar de que la mayoría de los alumnos eran blancos, mantuvo una buena relación con todos ellos.

Su madre hizo todo lo posible por mantener a la familia sin tener que depender de la ayuda social del estado, pero debido a que era negra, no le resultaba fácil encontrar trabajos estables, y cuando le salía alguno, el salario era tan bajo que no le llegaba ni para hacer frente a los gastos más esenciales. La situación se volvió tan precaria que Malcolm a menudo iba a la escuela sin haber comido nada desde el día anterior.
La crisis económica estadounidense llegó a la etapa en la que el gobierno se vio obligado a distribuir alimentos entre los más necesitados. A pesar de su negativa a aceptar dicha ayuda, Louise, finalmente, se vio obligada a recurrir a ella. Algunos de los amigos de Malcolm solían burlarse de él por vivir de la ayuda estatal, ya que era un signo de extrema pobreza. Mas aquellas burlas no le impedían jugar al béisbol con ellos.
La imagen de Joe Louis, el campeón negro de los pesos pesados, le fascinó por un tiempo, y comenzó a boxear. No obstante, pronto lo abandonaría, pues se dio cuenta de que aquel ambiente no era el adecuado para él.

Según pasaban los años, la tensión generada en Estados Unidos por el racismo se hacía cada vez más patente. Malcolm se dio cuenta de que nunca podría tener una novia blanca debido al simple hecho de que era negro. Los dos mundos nunca podrían reconciliarse, y él pertenecía al de los perdedores.

Los problemas se incrementaron en 1938, cuando estaba en el séptimo grado. Ni sus maestros ni sus amigos de la escuela podían imaginar todo el sufrimiento que Malcolm tenía que soportar en casa. Su madre se estaba volviendo loca, y a él pronto lo llevarían a otra casa, la de los Johans, lo que significaba un cambio de escuela. Ingresó en la West Junior High School. Mas también allí tuvo problemas con sus maestros y sus compañeros y, finalmente, fue expulsado como medida disciplinaria. Más tarde lo mandaron a un centro educativo en Michigan, el Country Juvenile Home, especializado en “casos difíciles”. Allí, se dedicó a estudiar duro y obtuvo excelentes resultados. En recompensa por su excelente trabajo y comportamiento, fue nombrado representante de la clase en el segundo semestre.

Al final del curso, con un excelente informe escolar en su poder, se decidió a pasar sus vacaciones en Boston, en casa de su hermana Ella. Era la primera vez que visitaba una gran ciudad. Estaba maravillado con aquella vida llena de emoción, con sus clubes nocturnos, sus lujosos comercios, sus bandas de música … Incluso los embotellamientos le parecían algo extraordinario. Sin embargo, a su hermana Ella no le gustaba que visitase esos lugares, y todos los domingos lo llevaba a la iglesia. En aquellos días de extrema segregación, negros y blancos iban a iglesias diferentes. Malcolm se preguntaba cómo alguien puede adorar a Dios y, al mismo tiempo, despreciar a sus semejantes negros. Nunca logró encontrar una respuesta satisfactoria.

Al regresar a su ciudad natal, no continuó con sus estudios, ya que los negros rara vez pasaban más allá de la educación primaria. En su caso, fue una conversación que mantuvo con su maestro de inglés, Ostrovsky, a quien admiraba profundamente. Éste le preguntó:

– ¿Qué te gustaría ser el día de mañana?

Sin dudar por un momento, Malcolm respondió:

– Abogado.

Su profesor de inglés estaba asombrado:

-Mira, Malcolm, sabes que todos te queremos, pero no olvides que eres negro, y derecho no es una carrera para los negros. Uno tiene que ser realista. He notado que eres particularmente hábil con tus manos, ¿por qué no intentas ser carpintero?

Esas palabras no salían de la boca de su profesor, a quien tanto apreciaba, con la intención de herirle y destruir sus sueños. Eran más bien el resultado del racismo que anidaba en la mente y en el corazón del hombre blanco estadounidense. Tal discurso surgía espontáneamente del fango segregacionista que tan natural les parecía a los blancos. Sin embargo, aquellas palabras penetraron profundamente en su interior y provocaron en él una terrible aversión por la escuela y la compañía de los blancos. Ahora estaba seguro de que nunca lograría triunfar en esa sociedad. Daba igual lo inteligente que fuera. Era negro y la mayoría de las puertas permanecerían siempre cerradas para él. Años después, Malcolm recordaría este incidente:

Fue una suerte que mi querido profesor de inglés no me animara a estudiar derecho. Si lo hubiera hecho, definitivamente me habría visto obligado a ingresar en las filas de la burguesía negra, desarrollando, como ellos, dos caras y siendo cristiano, un cristiano engañado.

LOS AÑOS LOCOS DE JUVENTUD

En 1941, Malcolm se estableció en Boston con su hermana Ella, que era la hija mayor del matrimonio anterior de su padre, y ésta se convirtió en su tutor legal. Malcolm fue adquiriendo nuevas experiencias en aquella gran ciudad. Su hermana quería que llevara una vida ordenada para que no le quedara mucho tiempo libre, pero con su amigo Shortly pronto comenzó a quemar el tiempo entre los neones de un Boston que resplandecía.

Su hermana vivía en Roxbury, un barrio negro muy en la línea con el Harlem de Nueva York. Malcolm se sentía allí como en casa. Los negros controlaban el barrio y no tenía que sufrir las agresiones que sufría en Lansing, donde era la mayoría blanca la que controlaba y dominaba a la minoría negra. Roxbury era diferente. Los negros estaban por todas partes y Malcolm se sentía bien entre ellos.

Su principal preocupación en Boston era convertirse en un hombre respetable. ¿Quién no quiere un círculo de amigos y familiares con quienes sentirse cómodo y admirado? Malcolm estaba ansioso por trabajar duro y ganar ese círculo. Si no hubiera estado absolutamente convencido de que era inútil, habría regresado a la escuela. Sin embargo, sabía que todos los negros trabajaban en las mismas condiciones, ya fueran graduados universitarios o analfabetos. Por lo tanto, la idea de continuar con sus estudios no le atraía. Desde el punto de vista socioeconómico, un diploma no tenía ningún valor. Además, en esos días existía la creencia entre los jóvenes negros de que era mucho más rentable, en una sociedad como la suya, dejarse crecer el pelo, usar ropa llamativa, aprender a bailar, tomar drogas caras, ligar con chicas blancas, y cosas por el estilo. Los que vivían según esta regla eran considerados por la sociedad negra como grandes celebridades. Malcolm no vio otra opción que seguir ese camino. No había nadie que pudiera guiarle o, al menos, aconsejarle algo mejor. Lo realmente sorprendente es que, en un período muy corto de tiempo, Malcolm logró su objetivo.

Mientras estaba en Boston, Malcolm se ganaba la vida con pequeños trabajos ocasionales, la mayoría de las veces de camarero, lo que le llevo a frecuentar la vida nocturna de la ciudad. Así fue como conoció a una chica negra llamada Laura, una cliente habitual de la heladería en la que trabajaba Malcolm. Este enseguida la introdujo en su vida de clubes nocturnos. De ser una excelente alumna y dedicar su tiempo libre a cuidar de su abuela, su relación con Malcolm cambió el curso de su vida. Por su parte, Malcolm pronto encontró un recambio sentimental, esta vez en la persona de una rica mujer blanca llamada Sophia. Esta relación significaba subir en la escala social de la comunidad negra. El gran sueño, tener una novia blanca, se había hecho realidad. Por lo tanto, se decidió a abandonar a Laura y a entrar de la mano de Sophia en el mundo de los triunfadores. Laura se desmoronó a causa de esta separación y se dio a la bebida y a frecuentar cada vez más la vida nocturna. A duras penas logró terminar la secundaria. Años más tarde, Malcolm expresaría su pesar por este episodio de su vida, especialmente porque la razón principal de que la abandonara fue el color de su piel. Como muchos jóvenes de su tiempo, Malcolm estaba ciego, mudo y su única preocupación era divertirse y triunfar en aquel mundo de sociedades paralelas que rara vez se juntaban en algún punto.

Su hermana Ella estaba muy preocupada por su aventura con Sophia. Intentó por todos los medios persuadirle de que la dejara, pero todos sus esfuerzos fueron en vano, lo que hizo que su relación con Malcolm fuera cada vez más tensa. En vista de la situación familiar en la que vivía Malcolm, Sophia le alquiló un apartamento para alejarle del conflicto con su hermana.

Pronto, la vida familiar de muchos estadounidenses se vería afectada por un evento inesperado. La aviación japonesa había bombardeado Pearl Harbor, lo que le dio al gobierno estadounidense una excelente oportunidad para entrar de lleno en la Segunda Guerra Mundial. El primer paso fue alistar a los jóvenes. Los blancos pronto sugirieron que deberían ser los negros los que fueran a pelear e hicieron todo lo posible para evitar alistarse. La única forma de evitar ir al frente era trabajar en el ferrocarril, pero la norma de la Compañía era emplear a trabajadores mayores de 21 años, por lo que esa puerta estaba cerrada para Malcolm, que tan sólo tenía 16 años. Sin embargo, Malcolm podía fácilmente pasar por un joven de 21 años dada su altura, constitución y características. Por su parte, su amigo Shortly tuvo que recurrir al truco de tomar ciertos medicamentos que le provocaban fuertes taquicardias.

NUEVA YORK, COMIENZA LA ERA DE LAS BANDAS

Con la ayuda de un feligrés de la iglesia bautista, Ella obtuvo para su hermano Malcolm un puesto de lavaplatos en la Compañía de Ferrocarriles, en la línea Boston-Nueva York-Washington, con la esperanza de evitar que se alistara, pero también con la idea de alejarle de Sophia. Tales eran las expectativas de Ella, pero para Malcolm el trabajo que se le proponía significaba, sobre todo, conocer las grandes ciudades de Estados Unidos de las que tanto había oído hablar. Hasta entonces, el mundo de Malcolm se había limitado a Roxbury, y ahora estaba decidido a aprovechar esta gran oportunidad. En cuanto a Sophia, acordaron encontrarse cada vez que el tren pasase por Boston.

La primera vez que llegó a Washington se quedó impresionado por la miserable situación en la que vivían los negros, precisamente en la ciudad en la que se erguía prepotente la Casa Blanca. Vivían allí mucho peor que en cualquier otro lugar. A pesar de ser la capital de América, las calles estaban llenas de basura, drogas y vicio. Niños negros deambulaban por las calles descalzos, semidesnudos, pidiendo unos centavos para comprar comida. Esas calles eran extremadamente peligrosas, las más peligrosas de la ciudad dado el hecho de que el crimen y la delincuencia habían alcanzado niveles inauditos. Los habitantes de esos barrios pertenecían al sector más bajo de la sociedad. También había distritos para negros de clase media, con calles considerablemente más limpias, más elegantes y con todos los servicios urbanos (basureros, jardineros, carteros) disponibles.

Mientras recordaba esos días, Malcolm comentó que ser un cartero era para un negro un honor. Muchos de los negros que se graduaban en la Universidad de Howard, la única en la que los negros podían estudiar, ocuparon puestos de este tipo ya que, debido a la discriminación racial, los trabajos que podían obtener, al margen de su rendimiento académico, tenían un alcance muy limitado.

La ciudad que deslumbró a Malcolm fue sin duda Nueva York. Como el mismo nos ha relatado, la primera vez que puso los pies en aquella ciudad, le pareció que los había puesto en el paraíso y, dentro de él, Harlem era el séptimo cielo. Aquello era mil veces mejor que lo que había visto en Boston y Michigan. Harlem le deslumbró –sus restaurantes, sus hoteles, sus cines y sus clubs de baile. Era un barrio de negros en el que todas las clases sociales y todos los niveles educativos se daban cita en él –ricos y pobres, analfabetos y universitarios, gente honrada y ladrones– mientras que en los otros barrios de Nueva York sólo vivían los blancos.

Enseguida se dio cuenta de que los negros de Harlem eran distintos a los del resto del país. Aquella diversidad sociológica y el hecho de tener que vivir en medio de ambientes tan dispares, les confería una personalidad única.

En Harlem había una sociedad corrupta llena de drogas y de prostitución, de robos y violaciones, que se alternaba con otro inmersa en la religiosidad, el estudio y en la aspiración a conseguir trabajos honrados y a crear familias honestas.

Cada vez que el tren de Malcolm se detenía en Boston, aprovechaba para ver a sus viejos amigos y contagiarles del gran amor que sentía por Harlem. Su gran sueño era instalarse en aquel barrio, pero no iba a ser fácil encontrar una fuente de ingresos que se lo permitiera, sobre todo, después de que le echasen de la Compañía de Ferrocarriles. Decidió volver a Lansing y visitar a sus amigos. Allí utilizó todas sus habilidades que había aprendido en Boston y Nueva York, dejando boquiabiertos a quienes presenciaban su forma de bailar.

Poco después, volvió a Nueva York contratado por otra compañía ferroviaria. Mas no duró mucho tiempo en ese trabajo. No obstante, la suerte pareció sonreírle y consiguió un puesto de camarero en un restaurante de lujo –The Small Paradise. Solía sentarse en un rincón y observar cómo las bandas dedicadas al crimen y la extorsión consumían deliciosos manjares. Hacía mucho tiempo que conocía ese establecimiento. Comenzó a trabajar en ese restaurante en 1942. El encargado, un hombre conocido en el barrio por su honradez, le dijo:

Intenta ser puntual, no robes y no intentes pasarte de listo, especialmente con la gente de traje.

Malcolm aceptó las condiciones y comenzó a trabajar. El hecho de servir a una clientela tanto de blancos como de negros le ayudo a conocer mejor la psicología humana. Comenzó de limpiabotas, para pasar después a preparar bocadillos y lograr, por fin, el puesto de camarero. Pronto aprendió a tratar a cada uno según su propia personalidad, lo que le hizo ganar buenas propinas. No obstante, su admiración por los más renombrados jefes de bandas no hacía, sino crecer día a día.

Malcolm solía llegar al trabajo una hora antes para ayudar al camarero saliente quien a su vez le enseñaba los secretos del oficio. Pero de quienes más aprendía era de los clientes, de su comportamiento, de las pequeñas charlas que mantenía ocasionalmente con ellos. Estos pronto se dieron cuenta de su aguda inteligencia y buen trato, lo que hizo que fuera aceptado por todos en The Small Paradise.

Aunque a simple vista pudiera parecer lo contrario, aquel periodo fue muy importante para Malcolm. Allí conoció a actores de cine, estafadores, gánsteres, prostitutas, agentes del FBI. Sin embargo, aquel desfile de personalidades no evitó que se gastase todo lo que ganaba en drogas y en el juego. Su relación con Sophia continuaba y ésta le visitaba en Nueva York.

Un incidente con uno de los clientes al que Malcolm le ofreció una chica, supuso el que le echaran del trabajo.

Su amigo Sammy le propuso iniciarse en el mundo de las drogas, la prostitución y las apuestas ilegales, al tiempo que le enseñaba a manejarse en el mundo de las bandas. Comenzó con las drogas, pues con un pequeño capital se podían obtener grandes beneficios. Su amigo Sammy le prestó 20 dólares y esa misma noche se los devolvió. Sus amigos le llamaban The red mad, “el loco rojo”. Cada día volvía a casa con, al menos, 50 dólares en el bolsillo.

Malcolm interpretó aquel bienestar económico como un signo de libertad. Poco a poco, su comportamiento se fue asemejando al del resto de los traficantes, quienes no respetaban ninguna ley, ninguna norma de conducta.

Malcolm se hizo adicto al cine y no pasaba un día sin que viera al menos 5 películas. Después del último pase deambulaba de aquí para allí hasta que vendía la marihuana. Otro problema era el sueño, ya que con el tipo de vida que llevaba, apenas tenía tiempo para dormir.

Tras hacerse con un pequeño capital, se fue a Boston para visitar a su hermana Ella, a su amigo Shortly y a su novia Sophia. Shortly había logrado librarse del ejército. En cuanto a Sophia, su hermana Ella le aconsejó que no se viera con ella, pues la policía detenía a todo negro que anduviese en compañía de una mujer blanca y lo mandaban a la guerra.

Cuando volvió a Nueva York, la policía comenzó a seguirle, ya que sospechaba que se dedicaba a vender drogas. Esto hizo que disminuyeran drásticamente sus ventas de marihuana.

Por aquel entonces, Malcolm temía tres cosas –el trabajo, la prisión y el servicio militar. La doble guerra que Norteamérica estaba librando –por una parte, contra Alemania y, por otra, contra Japón– le obligaba a reclutar jóvenes constantemente para engrosar las filas del ejército. Tras haber logrado eludirlo durante un tiempo, se vio obligado, finalmente, a alistarse. No obstante, se las ingenió para no ir al frente, haciéndose pasar por un desequilibrado mental. Le dijo al psiquiatra que su intención era organizar un ejército de negros e ir con él a África a luchar contra los blancos. El consejo médico decidió declararlo no-apto.

Tras librarse del ejército, dejó el negocio de las drogas y montó con su amigo Summy una banda de ladrones. Malcolm pasó momentos de sumo peligro y estuvo en numerosas ocasiones a punto de ser detenido. En uno de sus robos alguien los vio y dio su descripción a la policía. Poco a poco, se le iban cerrando las puertas de la delincuencia. Sólo le quedaban dos –la prostitución y el juego. Así que se dedicó a ellas. Mas pronto probaría el sabor amargo del verdadero crimen organizado. Un incumplimiento en el pago de una cantidad de dinero a uno de los gánsteres le obligo a huir de la ciudad para salvar la vida. Su amado Nueva York se había convertido ahora en un infierno para él.

Malcolm estaba absorbiendo una gran variedad de experiencias y de situaciones que más tarde le permitirían tener una clara imagen de la sociedad norteamericana, de las legislaciones humanas y del vicio como último refugio para una buena parte de esa misma sociedad.

A principios de 1946 regresó a Boston y, el 12 de enero, fue arrestado por intentar robar un reloj de casi 1.000 dólares que había dejado en una joyería para que lo arreglasen. Dos días después, también fue procesado por llevar un arma de fuego. El 16 de enero, tuvo que enfrentarse a los cargos de robo y posesión ilegal de armas. Fue condenado a diez años de cárcel, cuya sentencia debería cumplir en la prisión estatal de Massachusetts en Charleston, adonde llegó el 27 de febrero. Sus relaciones sexuales con mujeres blancas (había dos mujeres blancas en su banda, una de ellas su amante) actuaron como circunstancias agravantes. De hecho, escapó de una condena por violación gracias a que sus cómplices blancas no quisieron acusarle, a pesar de las presiones por parte de la corte.

LA EDUCACIÓN EN PRISIÓN

En la prisión, Malcolm se ganó el apodo de “Satanás” por su irreductible odio hacia la Biblia, Dios y la religión en general. La prisión, sin embargo, iba a jugar un papel crucial en la vida de Malcolm. Aquella especie de monasterio enrejado había de sacar lo mejor de sus capacidades intelectuales. Malcolm comenzó a leer libros de la biblioteca de la prisión, desarrollando un feroz apetito por la lectura, hasta el punto de provocarle astigmatismo. Durante este período, mantuvo correspondencia con su hermano Reginald e intercambió con él puntos de vista sobre “la Nación del Islam”, una organización a la que Malcolm entregaría una buena parte de su vida y de su energía.

En varias ocasiones resaltó la importancia de esta educación autodidacta. Así, en una carta del 15 de febrero de 1950, escribía a un tal Raymond:

Mi encierro es de una naturaleza diferente -estoy terminando el cuarto año de una condena de prisión de 8 a 10 años … pero estos cuatro años de reclusión han resultado ser los más gratificantes de mis 24 años en este mundo y siento que este “regalo de tiempo” es un regalo que Allah me ha hecho, es Su forma de salvarme de la destrucción segura hacia la que avanzaba.

SALE DE PRISIÓN DESPUÉS DE HABERSE CONVERTIDO AL ISLAM

Durante el resto de su encarcelamiento, Malcolm mantuvo correspondencia regular con Elijah Muhammad, el líder de la organización mencionada. También según su autobiografía, Malcolm comenzó a cambiar su nombre entre los prisioneros, mientras permanecía bajo la atenta mirada de las autoridades que lo reconocieron como una fuente potencial de problemas. No se le concedió la libertad condicional tras haber cumplido cinco años de la condena por buen comportamiento, ya que las autoridades consideraron que se trataba de alguien demasiado peligroso como para liberarle antes de cumplir toda la condena.

En febrero de 1948, en gran parte gracias a los esfuerzos de su hermana, Malcolm fue transferido a una prisión experimental en Norfolk, Massachusetts, que contaba con una biblioteca mucho más completa. Malcolm comentaría más tarde sobre su vida en prisión:

Pasaban los meses y ni siquiera tenía la sensación de estar encarcelado. De hecho, nunca antes había sido tan libre en mi vida.

El 7 de agosto de 1952, Malcolm fue puesto en libertad condicional.

MALCOLM X Y LA NACIÓN DEL ISLAM

nación1

La bandera de la Nación del Islam.

Las letras significan Justicia, Libertad, Igualdad, Islam.

Poco después de abandonar la prisión, conoció a Elijah Muhammad en Chicago, lo que marcaría su completa integración en la Nación Islámica. Posteriormente, cambió su apellido por una “X”. Malcolm explicó que este nombre representaba el rechazo a su “nombre de esclavo” a falta de su verdadero nombre de origen africano. Cabe señalar que, en los Estados Unidos esclavistas de antes de 1863, el dueño obligaba a sus esclavos a tomar su nombre para “marcarlos” como algo de su propiedad, de ahí el rechazo de Malcolm a seguir utilizando ese nombre. Por otra parte, la “X” también representa tanto la marca aplicada en el brazo de ciertos esclavos, como aquello que en matemáticas tiene un origen desconocido. Esta racionalización de los apellidos llevó a muchos miembros de la Nación Islámica a añadir una “X” a su nombre, incluida su futura esposa, Betty X.

El 17 de febrero de 1953, el FBI abrió un expediente en base a una carta con fecha de 1950 en la que se auto denominaba comunista. Malcolm tendría que sobrevivir en medio de aquel período de “miedo rojo” o “rojos debajo de la cama”, marcado por la caza de brujas y comprimido en el macartismo y el juicio de Rosenberg. Según el Comité de la Iglesia, el FBI estaba acostumbrado a espiar, bloquear y reprimir a radicales como Malcolm.

En mayo de 1953, el FBI concluyó que Malcolm X tenía una “personalidad asocial con tendencias paranoicas”.

En ese año, Malcolm dejó la casa de su hermana Ella para vivir con Elijah Muhammad en Chicago, donde se convirtió en el imam de la undécima mezquita de la Nación Islámica. En 1954, Malcolm fue elegido para dirigir la séptima Mezquita de esta misma organización en la Avenida Lenox en Harlem, Nueva York. (conocida como “Malcolm X Boulevard” desde 1987). Malcolm X poseía una fuerte y atrayente personalidad, así como una indiscutible elocuencia. Todo ello hizo que en poco tiempo se multiplicase el número de seguidores.

Malcolm sabía que su fama podía ser causa de celos entre los miembros de la Nación Islámica, y trató de no alimentarla con sus apariciones en público. En el intervalo entre su conversión a la causa de la Nación Islámica en 1952 y su separación de la organización en 1964, abrazó las enseñanzas de Elijah Muhammad, incluida la referencia a los blancos como “demonios” que habrían sido creados por un programa de reproducción equivocado a manos de un científico negro. También predijo el regreso inevitable e inminente de los negros a ocupar su posición natural; es decir, a situarse en la parte superior de la escala social y del orden social. Malcolm X pronto surgió como el segundo líder más influyente de la Nación Islámica, después del propio Elijah Muhammad. Abrió mezquitas adicionales, incluida una en Filadelfia. A menudo se le atribuye el aumento del número de miembros del movimiento de 500 en 1952 a 30,000 en 1963.

mujer mx.png

Betty X Fue enterrada junto a su esposo Malcolm X

SU MATRIMONIO

En 1958, Malcolm contrajo matrimonio con Betty X (Betty Dean Sanders) en Lansing, Michigan. Tuvieron seis hijas, Attallah (n.1958), Qubilah (n.1960), Ilyasah (n. 1962), Gamilah (n. 1964) y las gemelas Malaak y Malikah (nacieron siete meses después de la muerte de Malcolm en 1965).

TENSIONES Y SEPARACIÓN

Más tarde, en su autobiografía, Malcolm daba cuenta de su decisión de alejarse de Elijah Muhammad debido a que, a principios de la década de 1960, había escuchado rumores sobre el sexo extramarital que tuvo con varias jóvenes secretarias. El adulterio estaba condenado por el credo de la Nación Islámica. En un primer momento, Malcolm había rechazado estos rumores. Más tarde, sin embargo, y tras hablar con el hijo de Elijah Muhammad y con las mujeres sobre las que recaían estas acusaciones, no tuvo más remedio que aceptar como ciertos los rumores. En 1963, nuevamente según su autobiografía, Elijah Muhammad confirmó estas acusaciones y añadió que esta actividad tenía como objetivo el de seguir el linaje de los profetas bíblicos. A pesar de que no se sentía en absoluto satisfecho con tales explicaciones, y de que lamentaba ver a otros imames haciendo uso personal de los fondos de la Nación Islámica, su fe en Elijah Muhammad no vaciló.

No obstante, en el verano de 1963, las tensiones internas de la organización habían alcanzado su punto más crítico. Malcolm pensó que Elijah Muhammad y algunos de los imames con más experiencia sentían envidia de su popularidad. Así lo afirma en una carta a Elijah Muhammad fechada el 11 de marzo de 1964:

Los funcionarios nacionales aquí en la sede de Chicago saben que nunca abandoné la Nación Islámica motu proprio. Fueron ellos quienes conspiraron con el Capitán Joseph aquí en Nueva York para obligarme a abandonar la Nación. Para salvar a los Oficiales Nacionales y al Capitán Joseph la desgracia de tener que explicar… por haberme expulsado, anuncié a través de la prensa que me fui por iniciativa propia.

No me culpo por proteger a estos funcionarios nacionales, sino por proteger la fe que tus fieles tienen en ti y en la Nación Islámica.

Malcolm criticó la Marcha en Washington por “Empleo y Libertad”, sin comprender por qué los negros estaban tan fascinados por una protesta “dirigida por blancos” delante de la estatua de un presidente que había muerto hacia cien años y que “no nos amaba cuando estaba vivo”. Cuando se le preguntó sobre el asesinato de John F. Kennedy, respondió que era un ejemplo perfecto de la reacción violenta del odio blanco hacia los negros (“Los pollos vuelven a su casa a descansar”) y que no lo entristecía, todo lo contrario. El público se sorprendió mucho por esta afirmación, y esto llevó a la Nación Islámica a censurar públicamente a Malcolm X. Aunque mantuvo su posición de imam, no le prohibió hablar en público durante noventa días, por orden del propio Elijah Muhammad. De hecho, le hizo prometerle que no se referiría de esta manera nunca más a la muerte de un presidente amado por la nación. Malcolm obedeció.

En la primavera de 1963, Malcolm comenzó a colaborar con Alex Haley para escribir su autobiografía. El 8 de marzo de 1964, anunció oficialmente que abandonaba la Nación Islámica para fundar “Muslim Mosque” (La mezquita musulmana). En ese momento, aunque todavía se sentía vinculado a la mayoría de las enseñanzas de la Nación Islámica, comenzó a hacer cambios sustanciales –abogaba por un nacionalismo negro tanto en la economía como en la política, mientras que la Nación Islámica permanecía anclada en el dominio exclusivamente religioso. En abril, pronunció en Detroit, Michigan, el famoso discurso “La papeleta (del voto) o la bala”. Malcolm estaba en contacto con una serie de musulmanes que le alentaron a estudiar el Islam ortodoxo. Pronto se convirtió a él, y en consecuencia decidió hacer el Hayy, es decir, la peregrinación a Mekkah.

EL ISLAM DE MALCOLM DESPUÉS DEL HAYY

En una mezquita del Cairo, Malcolm X condena el racismo contra los blancos de la Nación Islámica. El siguiente texto es su propia reflexión sobre la peregrinación a Mekkah:


Estados Unidos debe entender el Islam, porque es la única religión que puede borrar el problema racial de su sociedad (Malcolm X).


Había decenas de miles de peregrinos de todo el mundo. De todos los colores –africanos, rubios, de ojos azules, con piel negra. Pero todos estábamos involucrados en el mismo ritual, mostrando un espíritu de unidad y hermandad que mis experiencias en Estados Unidos me llevaron a creer que nunca podría existir entre blancos y no blancos. Estados Unidos debe entender el Islam, porque es la única religión que puede borrar el problema racial de su sociedad.

No obstante, se mantiene fiel a una acción dirigida a favorecer la posición de los negros, e incluso su ruptura oficial con el racismo sigue siendo algo ambigua. El término crackers, un término peyorativo para los blancos, se usa 8 veces en su famoso discurso del 3 de mayo de 1964 en Cleveland, titulado “La papeleta o la bala”. También se niega a condenar la violencia de los oprimidos, y tiene palabras duras para los defensores de la no violencia, a los que acusa de alentar la sumisión. En ese mismo discurso, afirma:

Si el hombre blanco no quiere que estemos en su contra, que deje de oprimirnos, explotarnos y degradarnos. Ya sea que [los negros] seamos cristianos, musulmanes, nacionalistas, agnósticos o ateos, primero debemos aprender a olvidar nuestras diferencias. […] Nos veremos obligados a usar el voto o la bala. […] Ni siquiera me considero estadounidense. No soy estadounidense. Soy uno de los 22 millones de individuos negros que son víctimas del americanismo. […] Habrá cócteles molotov este mes, granadas de mano el próximo mes y algo más el mes siguiente. […] Será libertad, o será muerte.

Poco después de regresar de Mekkah, Malcolm X fundó la “Organización para la Unidad Afroamericana”, un grupo político no religioso. Afirma su voluntad de liderar tanto una lucha religiosa por el Islam como una lucha política por los negros, ambos operando de manera autónoma.

malcom3.png

El 21 de febrero de 1965, Malcolm X dio un discurso en el barrio de Harlem de Nueva York, frente a una audiencia de 400 personas, donde también estaban presentes su esposa y sus hijas. Apenas había comenzado su discurso cuando estalla una pelea entre la multitud, un hombre acusa a otro de haber metido la mano en su bolsillo. Malcolm X, utilizando el micrófono, trata de tranquilizarles, mientras un hombre se dirige hacia él con una escopeta recortada; la bala penetra en el estómago de Malcolm X, que se derrumba, mientras otras dos personas le disparan 16 tiros. Malcolm X murió al instante. La identidad de los asesinos es bien conocida, y ya desde los primeros momentos las sospechas recayeron en la Nación Islámica y en el FBI, tan interesado en la muerte de Malcolm X, como los esbirros de la Nación Islámica.

Cientos de líderes negros han sido asesinados en Estados Unidos por el FBI de forma directa o indirecta. Malcolm X declaró que no se sentía estadounidense. Tiene que haber otra identidad y otro futuro para el hombre.

Un comentario sobre “Recep Santurk presenta a Malcolm X

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s