Hace tiempo que los alienígenas conviven con nosotros

En un primer momento, el coronel ruso Vladimir Bistoavich, jefe de la 17a división acorazada, pensó que se trataba de la tripulación del último objeto celeste llegado a nuestro sistema solar y divisado por el astrónomo japonés Niko Karut, que estaría tripulado, según sus propias deducciones, por criaturas súper-inteligentes. No obstante, y tras un minucioso análisis de ADN, los expertos han llegado a la conclusión de que estos alienígenas son terrícolas con toda la carga genética mitocondrial de sus respectivas madres. Este hecho, totalmente inesperado, está complicando las cosas, ya que ahora el asunto ha pasado de las manos de los biólogos y genetistas, a las de los psicólogos, sociólogos, médicos y jueces, quienes, según todos los indicios, van a tener la última palabra en cuanto a la concesión del género post-parto, en caso de que hubiera discrepancias entre el/la sujeto/a, sus genitales biológicos y sus genitales psicológicos. El asunto, empero, parece írseles a todos de las manos. Algunos alegan que es un tema escurridizo, mientras otros esgrimen el argumento de que ante este tipo de casos lo mejor es actuar con prudencia. La parte judicial y médica, no obstante, no parece ver ningún escollo importante en cuanto a cómo tratar este tipo de alienígenas que, al ser terrícolas, han preferido llamar “entidades ambiguas”.

Según el sociólogo, también ruso, Sygmund Zymansky, la crisis de géneros que se está produciendo en el mundo de hoy responde al supuesto, totalmente arbitrario, de “normalidad”. El mismo hecho de que el coronel Bistoavich confundiera a estos “ambiguos” con alienígenas extraterrestres, confirma su anormalidad, las profundas anomalías que subsisten en sus personalidades y que se manifiestan en un cambio radical de sus genitales y de sus aspiraciones futuras.

En este sentido, Zymansky arguye que el verdadero problema aparecerá en el periodo posterior al cambio de sexo y de género, cuando el ambiguo intente mantener relaciones sentimentales con personas de su mismo sexo, pero de diferente género. ¿Qué sucederá, pregunta Zymansky, cuando un ambiguo con vagina desee tener relaciones con una chica? ¿Cómo se satisfará ella y cómo él? No lo sabemos, ya que estamos hablando de individuos con graves anomalías y, por lo tanto, no podemos esperar reacciones normales, lógicas, tipificadas.

“No obstante, el mayor problema con el que nos encontramos a la hora de abordar este tipo de irregularidades con un mínimo de rigor es, precisamente, el de considerar que estos cambios de sexo y género están dentro de la más absoluta normalidad”, ha comentado recientemente el profesor experto en comportamientos sociales, Roof Bergmun, esta vez se trata de un sueco, en una reciente entrevista con SP, Swedish press.

Bergmun continuó diciendo: “Esta normalidad es tan insostenible como la de los ciegos y sordos. El mero hecho de tener ojos y oídos nos está indicando de forma inequívoca que lo normal en un ser humano es ver y oír y que, por lo tanto, la ceguera y la sordera son anomalías, irregularidades, dentro de la constitución humana. En el caso de los ambiguos, habría que hablar, más bien, de desviaciones. Es como si una persona naciera con una vista perfecta y al cabo de unos años decidiera que prefiere ser ciego. Se trataría de una desviación, de una enfermedad mental. No obstante, hemos llegado a tal grado de ambigüedad en nuestra comprensión de lo que es permisible y de lo que es inaceptable basado en un concepto erróneo de libertad individual, que jueces y médicos han aceptado esta anomalía como el producto de una decisión que depende exclusivamente del individuo que desea cambiarse de sexo y de género sin importar su edad, su capacidad para razonar y comprender el alcance de tal decisión o su equilibrio psicológico. Unos por no querer perder tan próspero negocio y otros por estar bajo presión política, parece que todos sean vuelto locos.”

El genetista argentino, Adolfo Quiroz, fue todavía más lejos a la hora de describir este fenómeno: “La aparición, casi repentina, de estas manifestaciones alienígenas es el resultado de un cambio radical en nuestra forma de vida; un cambio que implica una verdadera transformación de valores y un dominio casi exclusivo de la cultura por encima de la religión, incluso de la religión natural. Durante 50.000 años, al menos, hemos vivido de una misma forma, casi invariable, y en unos pocos decenios le hemos dado la vuelta completa, creando sociedades antagónicas, cuyos principios van en contra de nuestra propia naturaleza. ¿Quiere ello decir que hemos estado viviendo erróneamente durante 50.000 años, oprimiéndonos, tiranizándonos, negando la normalidad? Incluso estadísticamente hablando, defender algo así resultaría grotesco e inaceptable.”

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El atleta Bruce Jenner decidió convertirse en Caitlyn Jenner

¿Cómo lo ha conseguido? No es difícil averiguarlo –hormonas y otros tratamientos destructivos para la salud. La pregunta que le surge al doctor Richard B. Corradi, profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Case Western Reserve University of Cleveland (Ohio, Estados Unidos) es ¿por qué no se trata el transgenerismo de la misma forma que la anorexia? Un problema de identidad que lleva a sus víctimas a tener una imagen irreal de sí mismas. Así lo expresa Corradi: “En contraste con los transgéneros, a las personas con una percepción enfermiza y falsa de verse obesas no se les impone una dieta de reducción de peso. Bien al contrario, se diagnostica la anorexia como un trastorno psiquiátrico y se la trata apropiadamente con psicoterapia. El deseo de ser otra persona se puede expresar de numerosas formas, una de ellas puede llevar al individuo en cuestión a querer cambiar de sexo. Este trastorno de identidad es una anomalía que debe tratarse psiquiátricamente y no aceptando la decisión inmadura y enfermiza del paciente.”

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¿Por dónde han penetrado estas deformaciones psicológicas en nuestras sociedades, en nuestras familias, en nuestros propios hijos?


¿Por dónde han penetrado estas deformaciones psicológicas en nuestras sociedades, en nuestras familias, en nuestros propios hijos? Por la puerta, por la engañosa puerta de la libertad. La hemos dejado abierta de par en par y ya no podemos controlar, decidir, quién entra por ella. Hemos perdido la posibilidad de preguntar ¿quién es? No podemos elegir a quién queremos recibir en nuestra casa. Primero entró la homosexualidad y el lesbianismo. Pensamos en un primer momento que el asunto no pasaría de un simple y democrático permiso para ejercerlas. Mas cuando la puerta está abierta, se acaba la discriminación –hubo que concederles el matrimonio y luego la adopción de hijos. Ya era la casa de todos. ¿Qué “libertad” habrá que conceder tras los transgéneros? ¿La prostitución de menores? ¿Por qué no? Si un chaval de 12 años puede amputarse los genitales y abrirse una vagina en su lugar con el beneplácito de médicos y jueces, ¿por qué no puede decidir una jovencita de 15 años ganarse unos buenos dineros fornicando? Y aún habrá más “libertades”. La humanidad entera apoya las propuestas de Iblis. No puede hacer otra cosa, pues no tiene guía, no tiene referencias, ha dejado de leer el relato profético y sigue sus pasiones, sus deseos, convertidos ahora en su dios.

La siguiente pregunta sería: ¿Quién, pues, está detrás de todo esto? ¿A quién le interesa fomentar la monstruosidad en nuestras sociedades? Obviamente, a quienes no disponen de un verdadero programa político, coherente y sólido. ¿Cómo entonces lograrán hacerse con el poder? Atrayendo a los más jóvenes, a los enfermos mentales, a los más débiles… prometiéndoles absoluta libertad, libertad de corrupción, libertad satánica. Así ganó las elecciones Bill Clinton y así pretenden ganarlas los demócratas norteamericanos de hoy. Y somos nosotros, todos, los que debemos pagar con el derrumbe social y familiar su mediocridad y su brutal desprecio por la vida humana, por la vida sana, equilibrada, consciente.

El coronel Bistoavich está llorando desconsoladamente frente a su regimiento. Él pensó que se trataba de alienígenas, de anomalías extraterrestres, pero acaba de descubrir que son sus hijos o hijas, sus vecinos o vecinas, sus amigos o amigas, sus soldados o soldadas, son ellos, están por todas partes, y no parece que haya armas efectivas para combatirles.

Comentarios

2 comments on “Hace tiempo que los alienígenas conviven con nosotros”
  1. Nos consta que expertos psicólogos en comportamiento social (ateos, por supuesto) nos leen. Digan que les parece este artículo, ¿nos hemos vuelto locos? Pero den argumentos, sino… adiós, sigan achicharrándole el cerebro a sus paciente con drogas y pueriles terapias.

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