La devastadora levedad de la ignorancia.

Desde hace varios decenios la academia viene publicando sus papers, sus investigaciones y sus propuestas en un lenguaje que nadie es capaz de leer y mucho menos de entender. Se trata, ante todo, de hacer creer al ingenuo lector que se adentra en los inaccesibles páramos de la sabiduría que le falta base e investidura.

Sin embargo, nunca la ciencia ha demostrado ser más inútil que en esos últimos decenios. Fijémonos, por ejemplo, en la astronomía. Después de 3000 años de mirar al cielo y de ir configurando su geografía astral, ¿a qué conclusiones ha llegado la NASA? Según ellos, se trata de un universo plagado de galaxias, de sistemas solares y de planetas, girando, explotando y desapareciendo absorbidos por insaciables agujeros negros… todo ello naturaleza muerta. ¿Qué sucedería si esos 3000 años de astrofísica desaparecieran del cómputo de la creación? Nada, no pasaría nada. Todo seguiría igual –la Luna marcando los meses, el Sol las horas y las estaciones y las estrellas guiándonos en la noche por tierra y por mar. Sin embargo, se insiste en seguir aumentando los impuestos para fabricar nuevos y más potentes telescopios, para mandar sondas al espacio y llevar hamburguesas a la EEI.

Es la misma insistencia que hace que cada día aparezcan nuevas teorías e interpretaciones sobre el judaísmo y su relación con el cristianismo, o sobre sus orígenes, su significado, sus traducciones… sin nunca llegar a ninguna conclusión satisfactoria, sin nunca abandonar el lenguaje académico con el que intentan ocultar una realidad devastadora –ambas denominaciones hacen referencia a movimientos religiosos abrogados por el Islam.

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Daniel Boyarin, primero a la derecha

En un artículo de Tomer Persico aparecido en junio de este mismo año en el diario israelí Haaretz, se menciona el libro de Daniel Boyarin, Judaism: The Genealogy of a Modern Notion. En el título y subtítulo del artículo se puede apreciar la ambigüedad que siempre acompaña al lenguaje académico del que ya hemos hecho referencia al comienzo de este análisis.


Cómo los cristianos inventaron el ‘judaísmo’, según un destacado estudioso del Talmud

Daniel Boyarin, uno de los más grandes estudiosos vivos del Talmud, reflexiona sobre el lugar donde nacieron las dos tradiciones, en rivalidad fraternal, pero con un origen bíblico común.

Cómo puede ser alguien destacado estudioso de un texto, el Talmud, que intenta interpretar la Taurah, mil veces reescrita, corregida, falseada, con enormes omisiones y añadiduras. Un texto que se mueve entre constantes alteraciones desde que se descargó sobre el Profeta Musa hasta que terminaron su trabajo de vocalización los masoretas.

En el subtítulo, aparte de la ambigüedad congénita a todo lenguaje académico, tenemos la clave para entender por qué no cesan los estudiosos judíos de producir libros que intenten explicar su propia existencia –las dos tradiciones, en rivalidad fraternal, pero con un origen bíblico común. En ningún lugar de la Biblia se mencionan los vocablos “judaísmo” o “cristianismo”. Ambas denominaciones hacen referencia a un mismo flujo profético que nunca se debió detener ni mucho menos enquistarse en unos términos que no hacen referencia a ningún acontecimiento bíblico.

El único texto que utiliza el sustantivo “judío” y el verbo “judaizarse” es el Qur-an, pero dándoles a estas expresiones su significado original. Veamos el suceso secuencialmente.

El término hadu هادوا hace referencia a la gente que abandonó Misr con Musa y a todos aquellos que más tarde siguieron la creencia contenida en la Taurah. Cuando salieron de Misr, eran conocidos como los Banu Isra-il, pero transgredieron tantas veces la Ley de Allah el Altísimo y tantas veces renegaron e incumplieron sus compromisos para después volver de nuevo al camino de rectitud, que ellos mismos se autodenominaron los que hacen hadu, forma plural del tiempo pasado del verbo hada هادَ hawada هَوَدَ en el origen, y que significa volver al bien desde el mal o al mal desde el bien, y también volver a la verdad o arrepentirse y volver a la verdad, algo que como ya hemos dicho caracteriza perfectamente a los Banu Isra-il. De hecho, se den el nombre que se den, no han dejado de moverse en ese vaivén desde que llegaron a Misr hasta hoy.

Veamos ahora cómo se acuñó ese nombre. Lo encontramos en la siguiente aleya:

(156) “Decreta para nosotros lo bueno en esta vida y en Ajirah. A Ti nos volvemos arrepentidos después de haber estado en el error إِنَّا هُدْنَا إِلَيْكَ.”

Qur-an 7 – al ‘Araf

 

Presentamos a continuación el texto de esta aleya en su forma original en árabe:

وَاكْتُبْ لَنَا فِي هَذِهِ الدُّنْيَا حَسَنَةً وَفِي الآخِرَةِ إِنَّا هُدْنَا إِلَيْكَ

En esta aleya vemos que no se utiliza el término hud هود, sino el propio verbo hudna هُدْنَا para indicar la acción, la intención de volver al camino de rectitud después de haber estado en el error y en la transgresión. Es como si dijeran: “Queremos ser hud, queremos volver arrepentidos al Din de Allah el Altísimo.” Finalmente, debido a que a ese grupo de los Banu Isra-il se les iba uniendo más gente, fueron adoptando ese nombre como el suyo genérico, si bien no se ha abrogado el de Banu Isra-il para hacer referencia a su verdadero origen.

En el texto coránico se utiliza también el término al-yahud اليهود significando lo mismo que hud هود –los arrepentidos que han vuelto al camino de rectitud.

(113) Dicen los yahud: Los nasara no tienen fundamento alguno.” Y dicen los nasara: “Los yahud no tienen fundamento alguno.” Eso dicen a pesar de que ambos recitan el Kitab. Eso mismo dicen los que no tienen conocimiento, el mismo discurso. Mas Allah juzgará entre ellos el Día del Resurgimiento sobre lo que discrepaban.

Qur-an 2 – al Baqarah

 

El término nasara hace referencia a los seguidores de Isa y significa –los que ayudan, los que están dispuestos a ayudar cueste lo que cueste. Esta denominación les fue dada cuando el propio Isa preguntó a su gente quién estaría dispuesto a ayudarle en la tarea de establecer el Din de Allah y corregir las alteraciones que se hubieran ido infiltrando en el texto revelado al Profeta Musa –la Taurah.

(14) ¡Creyentes! Ayudad ansar a establecer el Din de Allah, tal y como pidió Isa, el hijo de Mariam, a sus discípulos: “¿Quién me ayudará ansari en la causa de Allah?” Dijeron los discípulos: “Nosotros ayudaremos ansar en la causa de Allah.”

Qur-an 61 – as Saf-fa

 

Reproducimos el texto de esta misma aleya en el árabe original:

يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا كُونُوا أَنصَارَ اللَّهِ كَمَا قَالَ عِيسَى ابْنُ مَرْيَمَ لِلْحَوَارِيِّينَ مَنْ أَنصَارِي إِلَى اللَّهِ قَالَ الْحَوَارِيُّونَ نَحْنُ أَنصَارُ اللَّهِ

La secuencia histórica es muy fácil de seguir. En el Arsh, en el Centro de Control Divino, hay una biblioteca de registros, y con ellos se ha creado este universo y todas las acciones, todos los sucesos, todos los acontecimientos que en él han tenido y tendrán lugar. Uno de esos registros, de esos Kitab, es el que contiene las aleyas que irán, paulatinamente, descargándose sobre diferentes Profetas –Ibrahim, Musa, Daud, Isa, Muhammad… y quizás otros textos sobre otros Profetas que el Qur-an no menciona. No existe ninguna denominación que acompañe a estas descargas, ya que el Din de Allah es para todos los hombres y está estructurado siguiendo el sistema profético –se descargan aleyas del Kitab sobre un Profeta y éste las transmite y explica a sus discípulos quienes, a su vez, las irán transfiriendo al resto de la sociedad.

Hasta Musa, las aleyas que se descargan hacen referencia a la creación, al universo, al origen del ser humano… y a la creencia. Sin embargo, a Musa se le descargan las aleyas que contienen la Ley que debe prevalecer entre los hombres y que debe ser guía para ellos. Los encargados de recibirla de Musa y de propagarla son los Banu Isra-il. No hay hasta ahora ninguna denominación, sino fases proféticas que hay que seguir y establecer lo que en ellas se haya revelado. De esta forma, llegamos a Isa, quien también recibe aleyas del Kitab cuyo conjunto recibe el nombre de Inyil, nombre que, de nuevo, sólo está mencionado en el Qur-an. Tampoco esta etapa recibe ninguna denominación. Los creyentes deben seguir la Taurah, pero ahora con las rectificaciones que aporta el Inyil, ya que el texto de Musa ya ha sido alterado y hay modificaciones en cuanto a lo que se debe hacer y no hacer. Cuando se descarga la última revelación, las últimas aleyas del Kitab, el Qur-an, hay una tremenda confusión en el mundo –están los seguidores de Isa, que ahora lo han convertido en Dios, hijo de Dios, y sigue habiendo grupos de judíos que no han aceptado a Isa ni el Inyil, y continúan apegados a la Taurah, al texto falsificado, corrompido, alterado, que una vez, hace miles de años, se hizo descargar sobre el Profeta Musa.

Hay, pues, dos grandes partidos –los que niegan a Isa y siguen fanatizados a una Taurah alterada y abrogada; y los que siguen a un Isa también alterado, divinizado y deificado. Ambos partidos se han dividido a su vez en numerosas sectas y subgrupos enfrentados entre sí. Ante este estado general de confusión, el Din de Allah necesita una denominación que claramente lo separe de toda esa terminología arbitraria que las castas sacerdotales han ido dando a sus cismas. Y ese nombre sí está en el Qur-an, otorgado por el Altísimo, no por los hombres, no de una forma injustificada e inconsistente.

De este modo, el Islam engloba todo el relato profético y, al mismo tiempo, lo abroga:

(19) El Din ante Allah es Islam.

Qur-an 3 – ali ‘Imran

 

(85) Quien busque otro Din que el Islam no le será aceptado, y en Ajirah será de los perdedores.

Qur-an 3 – ali ‘Imran

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