Nadie mira a la otra cara de la moneda.

Una vez ralentizada la inercia que suele traer el pasado de la historia, Dinamarca, con su reina Margarita y su Unión, han pasado a engrosar la lista, cada vez más abultada, de shithole countries. Sin tener en cuenta esta nueva y perturbadora clasificación será difícil entender el mensaje, no tan subliminal, de los dardos envenenados que Trump y Frederiksen se están lanzando desde aquel histórico día en el que el inquilino de la Casa Blanca comentara, durante una cena informal, lo interesante que sería para “todos” el que Groenlandia pasará a formar parte de los Estados Unidos, aunque fuera como territorio no incorporado.

Nada más inocente que este comentario, algo intempestivo, eso sí, de Trump, mientras saboreaba algún vino californiano.

El asunto, que en un principio podría haber sido entendido como un mero comentario inoportuno, una broma de mal gusto, una sorpresa… está descubriendo ciertas huellas que habían pasado desapercibidas hasta ahora, tanto por la clase política como por las hordas de sociólogos que, como los sismógrafos, son los últimos en alertarnos de los sucesos antes de que ocurran.

¿Cómo es posible que la intención de comprar Groenlandia no esté en todas las agendas de los programas políticos, de los grupos de inversión, de los Estados Mayores, de las expectativas de las realezas, de las agencias de turismo…? Las siguientes preguntas todavía son más inquietantes: ¿Quién piensa en la torta terráquea en la que vivimos, unos boca arriba y otros, relativamente hablando, boca abajo? Más aún, ¿por qué los acontecimientos nos asaltan siempre de improviso? ¿Por qué la propuesta de Trump ha originado semejante revuelo?

Nadie piensa, salvo los “Grupos de Presión Judíos”, GPJ, que adolecen de las dos enfermedades, ambas de transmisión sexual, que ya Hahnemann, fundador de la Homeopatía, definiera como el origen de todas las demás –gonorrea y sífilis.

La gonorrea actúa por expansión, extendiéndose hacia todas las direcciones. Si nos dirigimos a los primeros tiempos de la historia de Norteamérica, nos encontraremos con un grupo de colonos que se establecen en lo que se ha dado en llamar “Las trece colonias fundadoras”.

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Sin embargo, esa característica gonorreica de expandirse, infectando y destruyendo a su paso los tejidos originales, sanos y vigorosos, hizo que, de esa esquina noreste, se fueran desplazando los nietos de los aventureros del Mayflower hacia el sur y hacia el oeste hasta ocupar el vasto territorio que hoy conforma la geografía estadounidense.

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Ellos no lo llamaron impulso gonorreico, sino Manifest Destiny que, en última instancia, no significa, sino: “Nuestro inevitable destino es la expansión”.

En cuanto que una clara característica judía, la gonorrea no sólo afectó a los colonos ingleses, sino también a los daneses que, junto con los noruegos, comenzaron a establecer, ya desde el siglo XVI, colonias en Europa, América del Norte, África y Asia –más gonorreicos imposible.

No obstante, el cambio de los centros de poder va a hacer que el impulso gonorreico ceda, se estabilice y muera, y los GPJ supervivientes se desplacen hacia nuevos tejidos todavía sanos y vigorosos. Este ha sido, entre otros muchos, el caso de Dinamarca, de cuya extensión gonorreica no le han quedado más territorios que las Islas Feroe y Groenlandia, con gobiernos autónomos a los que tímidamente ha incluido en la corona con el nombre de “Unidad del Reino”, de un reino cuya reina no gobierna –son las secreciones oníricas que deja la gonorrea.

Es posible que Frederiksen, una mujer joven y quizás lesbiana, lo que le habría salvado de contraer la gonorrea, no conozca estas consideraciones homeopáticas y piense que el glorioso pasado gonorreico de Dinamarca junto a la solemnidad de Margarita II, sean suficientes argumentos como para no tomar en serio la amenaza de Trump. Se equivoca. Los GPJ norteamericanos adolecen de la segunda enfermedad base de transmisión sexual –la sífilis. A diferencia de la gonorrea, la sífilis no es expansiva, sino que produce protuberancias, elevaciones, destruyendo el entorno:

El chancro al comienzo tiene apariencia de pústula pequeña que se va convirtiendo en úlcera infecciosa con bordes elevados. (Homeopatía, Pablo Korovsky)

Trump construye torres, rascacielos, edificaciones sifilíticas. Las grandes ciudades estadounidenses, los emporios de los GPJ, Nueva York, Chicago, Los Ángeles… albergan manifestaciones arquitectónicas sifilíticas. Al mismo tiempo, expande gonorreamente su imperio económico comprando propiedades en los cinco continentes.

Todo parece indicar que estas características homeopáticas se han escapado de la observación de Frederiksen, y ahora se siente intimidada por la Neisseria gonorrhoeae y la Treponema pallidum, que amenazan con poner las cosas en su sitio, un sitio cuántico y atemporal causado por el tremendo sufrimiento que los gonorreicos y destructores ejércitos daneses causaron en medio mundo, especialmente en África.

Todo el mundo mira siempre a derecha e izquierda y deducen que nadie les ve. Sin embargo, les ven, nos ven a todos. Cada acto está registrado en un libro cuántico cuyas consecuencias, un día u otro, habrán de manifestarse.

El mundo de Dinamarca, de Europa, de Occidente, está regido por la gonorrea y la sífilis –expansión inevitable y destructiva y protuberancias infecciosas. Es el Manifest Destiny, el ineludible destino del último tejido en el que los GPJ se han asentado y desde el que se extiende su impulso gonorreico y sus infecciosas elevaciones, que pronto dominarán el paisaje de Groenlandia.

Una cuestión médica, querida Frederiksen. ¿Hay cura para estas afecciones? El que pueda, que mire a la otra cara de la moneda existencial y se alinee con los que promueven la fórmula –una nación, un territorio. Un territorio de casitas en el que poder establecer de nuevo la vecindad.

¡Buena suerte, Mette!

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