La hidra de tres cabezas

envi definitivo

LA AMBIGUEDAD TURCA FRENTE A LAS AMENAZAS DEL CAPO USA.

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Hay algo perturbador en todo este asunto. Quizás es ese lenguaje mafioso de amenazar a quien no compra las mercancías a su cartel. No debería un gobierno bajo ningún pretexto utilizar este lenguaje cuando se refiere a otro gobierno soberano, como si se tratase de un altercado entre dos matones. Un país como los Estados Unidos que pretende ser el paradigma a seguir por todos los demás y que no cesa un solo instante de promover su modelo político, social y económico debería presentarse ante la comunidad internacional con un acento mucho más benévolo y cordial; mucho más negociador. Turquía, después de todo, es el segundo ejército de la OTAN y Estambul fue hace unos años capital europea de la cultura –más occidental imposible; hermanos, uña y carne. Sin embargo, el mundo se ha quedado estupefacto al leer las amenazas del gobierno estadounidense a su fiel aliado con un lenguaje que nos recuerda al de los matones que advierten al dueño de un establecimiento aliado que si no deja a comprar sus mercancías a otros distribuidores, primero le romperán tres dedos de la mano y después una pierna. Preferiríamos escuchar otras palabras, algo que nos permitiera creer que se puede ser aliado de los Estados Unidos sin vivir en un constante temor, aterrorizados, esperando que un día u otro aparezcan los matones con sus arrogantes movimientos, sus miradas pétreas y sacando nudillos de los dedos de las manos. El comportamiento de los Estados Unidos, su lenguaje, sus amenazas –todo ello es propio de un chulo, no de quien se arroga el papel de dirigente mundial.

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Por otra parte, la actitud de Erdogan, al menos políticamente hablando, es en el mejor de los casos –exasperante. Es esa constante ambigüedad, llena de rectificaciones, lo que imposibilita seguir su discurso y menos aún llevar a cabo ningún tipo de negociaciones. Cada semana hace girar su política 180 grados en una dirección u otra. Cuando anunció que había decidido comprar el sofisticado sistema anti-aéreo ruso, los S-400, y cuando antes de esta compra había ido varias veces a Rusia y había anunciado un cambio radical en su política con Siria, todos pensábamos que los siguientes anuncios del mandatario turco serían: salida inmediata de la OTAN, ruptura definitiva de las negociaciones para entrar en la  Unión Europea, entrada en el grupo Shanghái y una clara aproximación política, económica e incluso militar hacia los países musulmanes, pues ante todo e históricamente hablando la grandeza de Turquía, su noble paso por la historia, no se puede disociar del hecho de haber sido capital del sultanato y uno de los grandes centros del conocimiento islámico. Y todo esto lo ha tirado Erdogan por la borda, como quien tira un anillo al agua, a cambio de codearse con los dirigentes occidentales. Quizás no veía la hora de que le llegase el turno de ser nombrado presidente de la Unión Europea, cargo que no dura más de seis meses, pero por el que esta miniatura persa estaría dispuesta a vender su alma al diablo.

No se puede culpar a Estados Unidos por reprocharle a Turquía que le haya comprado los S-400 a Rusia, el enemigo número uno de la OTAN. Obviamente y como una mera anotación al margen, Rusia no es el enemigo número uno de nadie. Lo sabe la OTAN y lo saben los Estados Unidos, pero el tremendo gasto en defensa de los países occidentales solo se puede justificar si hay enemigos, y cuanto más poderosos sean, más podrán estos países justificar las cada vez mayores bolsas de pobreza que albergan sus cacareadas sociedades del bienestar.

Cuando el presidente Putin avisó a Erdogan con detalles precisos sobre el inminente golpe de estado que planeaba amenazador sobre su gobierno, con asesinato presidencial incluido, Erdogan inmediatamente después de haber controlado aquella pantomima se fue a Moscú a darle las gracias a su homólogo ruso, y de paso intentar establecer juntos una nueva estrategia en Oriente Medio, especialmente en la crisis de Siria. Sin embargo, tras unos indecisos pasos hacia un pleno reconocimiento de Bashar como presidente legítimo de Siria, Erdogan volvió a las andadas, a la ambigüedad,  y dejándose llevar por el dicho “a mal tiempo, buena cara”, dirigió sus acusaciones a Fetullah Gulen y de esa forma quedaban exculpados USA-UE.

En cuanto que miembro de la OTAN, Turquía no puede comprar los S-400 rusos, ya que ello supone por una parte una clara amenaza a la propia seguridad de la OTAN y por otra parte, se están llenando las arcas del enemigo con el dinero que debería ir a parar a las arcas del amigo y aliado.

La hidra, no obstante, ha sacado su tercera cabeza. Nos referimos a que no se le puede exigir a Turquía lógica y coherencia en sus actuaciones con sus aliados militares cuando estos le han preparado un golpe de estado que incluía su propio asesinato. Al día siguiente, cuando la situación estaba totalmente controlada, ¿qué debería haber hecho Turquía? Siguiendo la lógica que se le exige a Erdogan, tendría que haber declarado la guerra al menos a los Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel. Demasiados frentes. Y Erdogan optó por seguir con la farsa. Si ahora está dispuesto a comprarle a Rusia el sistema S-400, no parece coherente que se lo reprochen los que planearon y propiciaron el fallido golpe de estado contra Erdogan y su gobierno. El haber fallado en el intento de derrocar al legítimo presidente turco implica que son los aliados los que tienen que ceder y cortejar a Erdogan como único medio de suavizar la situación. Sin embargo, en vez de prebendas, sus aliados le acusan de violar los derechos humanos por haber encarcelado a los que habían llevado a cabo el golpe y planeado matarle a él. Ya hemos dicho en numerosas ocasiones que la cualidad que más caracteriza a Occidente es el cinismo.

Tres cabezas de hiedra para un asunto infame –golpe militar, traición e incoherencia. No podría ser de otra forma, pues todas las relaciones internacionales del triunvirato USA-Francia-UK están basadas en una farsa mantenida y camuflada por los medios de comunicación occidentales. La realidad es que no existe la OTAN, Turquía no es Occidente ni su aliado, Estados Unidos como UK no tiene, sino intereses; y con toda esa parafernalia de enemigos, de amenazas, incluso por parte de los extraterrestres, lo único que se pretende es mantener el alto nivel de lujo de las elites occidentales, mayoritariamente judías.

Erdogan no ha hecho los deberes y por lo tanto no ha sacado conclusiones, pero estas son claras: Si Erdogan quiere que su país sea respetado y que sus aliados lo sean de verdad y le ofrezcan seguridad y amistad, tendrá que cambiar la OTAN por el Pacto de Shanghái (que tarde o temprano tendrá que establecerse como una auténtica alternativa militar); y la Unión Europea por el BRICS, bloques, que con la expulsión de Brasil, la entrada de Turquía y de Korea del Norte pasaría a denominarse TRICKS, astucias; y “astucias” es la única estrategia posible con el triunvirato.

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