El ALMIRANTE MUSULMÁN ZHENG HE (1371-1433) – UNO DE LOS PERSONAJES MÁS IMPORTANTES DEL PRIMER MILENIO

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El almirante Zheng He (1371-1433) navegó y exploró siete veces el océano Índico con una flota de más de 300 barcos cargados de oro, plata y otros tesoros, y un total de 27.800 hombres.

Noventa años antes de que Colón llegase a América, el almirante y diplomático chino Cheng Ho realizó una sorprendente aventura con naves gigantescas que debieron causar estupor a quienes las veían. El hallazgo de los restos de sus barcos rescata de la leyenda su figura histórica.

Zheng He fue un marino, explorador, diplomático, almirante de la flota y eunuco de la corte china durante la dinastía Ming. Nació originalmente como Ma He en una familia musulmana, más tarde adoptó el apellido Zheng que le fue otorgado por el Emperador Yongle.

Las flotas de Zheng He eran mucho mayores y numerosas que las de los navegantes europeos. Así, mientras que el comandante chino capitaneaba entre 48 y 63 navíos en cada expedición —en una ocasión llegó a dirigir 317 barcos, lo que producía en el mar una imagen espectacular— y unos 28.000 hombres, Cristóbal Colón llevaba sólo 3 barcos y 90 marineros; Vasco de Gama 4 navíos y 160 hombres; y Fernando de Magallanes 5 barcos y 265 marineros. Por su parte, las naves de Zheng He medían 122 metros de eslora y tenían un desplazamiento de 1.000 toneladas; las de Cristóbal Colón apenas 30 metros y un desplazamiento de 200 toneladas. Eso significa que, comparados con los buques de hoy en día, los barcos chinos se asemejaban a los gigantescos portacontenedores transoceánicos que surcan los mares en la actualidad. Además, junto a estos, navegaban también otras naves menores que hacían las veces de almacenes con provisiones, cuadras para los cientos de caballos que les servirían de monturas, porta-municiones, contenedores de agua potable, enfermería y pequeñas embarcaciones para acercarse a tierra, lo que lo convertía en toda una ciudad flotante. Logística jamás vista en todo el mundo en aquélla época y gloria inaudita de los arquitectos navales chinos.


NO CONQUISTABAN TERRITORIOS NI EXIGÍAN RIQUEZAS; SÓLO RECIBÍAN PEQUEÑOS REGALOS SIMBÓLICOS

A finales de los años 90 los arqueólogos empezaron a sacar del mar de Filipinas porcelanas preciosas, gongs y restos de naves chinas del inicio de la dinastía Ming. Era uno de los barcos del tesoro del almirante Zheng He, un navegante legendario de Asia, que recorrió el pacífico y el Índico con una flota no igualada hasta la Primera Guerra Mundial. Tras estos descubrimientos, este personaje ha dejado de ser un total desconocido, cuando no un cuento chino para los occidentales y hasta la revista Life le elegía como uno de los 100 personajes más importantes del milenio, honrándole con el puesto 14, por delante de Einstein y Marx.

Era un gigante de más de 2 metros, “sus ojos castaños centelleaban como la luz en un río que corre” y tenía “la piel rugosa de una naranja”, según le describen sus cronistas contemporáneos, con “frente ancha como la de un tigre”. A su aspecto magnético se unían otras cualidades; era culto, valiente y con gran facilidad para relacionarse con la gente. Había nacido en 1371 en el sur de China, en una familia musulmana de la etnia hui (su padre había peregrinado a La Meca), caracterizada por la práctica del Islam y el uso del chino mandarín como lengua habitual. Se cree que sus orígenes musulmanes —sus ancestros eran árabes que emigraron a China durante la dinastía Tang (618-907) y Song (960-1279)— fueron claves para que le escogieran como almirante de la Flota del Tesoro, ya que en esos viajes visitó Arabia y África, regiones donde se practica esta religión.

Cuando tenía 10 años, su padre murió en combate contra las tropas de la nueva dinastía Ming, y él fue castrado y entregado al ejército. A los 19 años, Zheng He entró al servicio del príncipe de Yan, cuarto hijo del emperador, y recibió una completa educación. Fue instruido en las artes de guerra, literatura, cultura china y las enseñanzas de Confucio. Sus cualidades personales, unidas a su talla como militar y diplomático le granjearan la confianza del príncipe y de numerosos amigos en la corte, donde se convirtió en un hombre importante, influyente y de la total confianza del príncipe. En 1400 éste se levantó contra su sobrino el emperador Chien Wen, y dos años después subió al trono con el nombre de Yung Lo.

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El Emperador Yung Lo observa a los eunucos de la corte jugando a cuju, un antiguo juego chino, ancestro del fútbol moderno.

El nuevo emperador, protector de Ma Ho (nombre de la familia de Zheng), quiso extender el prestigio de China y seguir una tradición de 300 años de expediciones para expandir su nombre, establecer lazos comerciales con otros pueblos y proveerse de especias, plantas aromáticas y materiales industriales. También construyó el Gran Canal y el complejo palaciego de Pekín. Corrían rumores de que el sobrino derrocado había huido, por lo que el emperador envió a Zheng a buscarle y, de paso, a demostrar su poder ante generales y familiares que sabían que era un usurpador. Yung Lo concedió a Ma Ho el sobrenombre de Zheng, un instrumento musical que decían, imita el canto del ave fénix.

En los astilleros de las provincias costeras se reunieron cerca de 400 familias de carpinteros, sogueros y otros operarios de barcos. La división del trabajo era meticulosa. Se construían barcos de varios tipos y tamaños. En la localidad de Longkan había 30.000 trabajadores que contaban con una avanzada tecnología naval y que construyeron los mayores barcos nunca imaginados, de hasta 150 por 58 m y 1.500 toneladas, algo sin parangón en Occidente hasta la Primera Guerra Mundial. En 1845 el Great Britain, de 100 metros, era considerado una extravagancia.

En los siete viajes que se le atribuyen a Zheng He —el primero en 1405 y el último en 1431—, con una flota de más de 300 barcos cargados de oro, plata y otros tesoros, y un total de 27.800 hombres, el almirante musulmán y sus marinos recorrieron medio mundo, llegando hasta el reino de Shampa —en el sur de lo que hoy es Vietnam; el reino de Siam —actual Camboya, Laos y Tailandia;  Malaca —en Malasia; Java y Sumatra —en Indonesia;  atravesó el Océano Índico hasta la Cochinchina en el delta del Mekong; Ceilán —actual Sri Lanka y Calicut, en la actual provincia india de Kerala y conocida entonces como “La ciudad de las especias”. Las escuadrillas de la flota de Zheng He recorrieron los mares de Filipinas, India, el Golfo Pérsico, Arabia Saudí —donde visitó La Meca; África Oriental, África del Sur e, incluso, Egipto, contribuyendo al intercambio comercial, cultural y tecnológico entre chinos y otros pueblos, desarrollando el tráfico naviero y promoviendo el crecimiento económico en todas esas áreas.


(168) Los dividimos en diferentes pueblos en la Tierra. De entre ellos los hay que actúan con rectitud y los hay que no. Les probamos con lo bueno y con lo malo para que de esta forma pudieran retractarse y volver al camino de rectitud.
Qur-an 7 – al ‘Araf
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(13) ¡Gentes –nas! Os hemos creado a partir de un varón y de una hembra y os hemos organizado en etnias y tribus para que os conozcáis unos a otros.
Qur-an 49 – al Huyurat

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De la quinta expedición, que tuvo como pretexto devolver a sus países a estos embajadores y alcanzó Somalia y Zanzíbar, Cheng Ho se llevó unas jirafas para el zoo imperial que causaron sensación.

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Tras el sexto viaje murió el emperador Yung Lo (1424) y Zheng He quedó al mando de la guarnición de Nanking, pues su sucesor en el trono consideró anti-confuciana y derrochadora aquella política expansionista Los viajes ultramarinos no sólo fueron interrumpidos sino perseguidos. Con un nuevo emperador más propicio, Cheng Ho realizó el último periplo de su vida (1431-33), y poco después de su vuelta murió en 1435, tras haber recorrido más de 50.000 kilómetros y ser considerado casi como un dios.

Al margen de sus hazañas, lo más destacable en Zheng Ho es su carácter civilizado y tolerante con otras culturas y religiones. En Sri Lanka, por ejemplo, hay una mesa de piedra con escritura china, persa y tamil que documenta la visita de Cheng Ho y su respeto por las tres religiones y sus dioses. Las expediciones no fueron de conquista, sino de exploración y expansión comercial.

La poderosa flota de Zheng He no sólo asombró a los navegantes árabes, sino que también cautivó la atención de los comerciantes de Venecia que frecuentaban la ruta entre Ormuz —en el golfo Pérsico— y Adén —entre Yemen y Somalia— enriqueciéndoles con nuevos rumbos hacia Oriente para ellos desconocidos. En realidad, los viajes de Zheng He se adelantaron 87 años a los de Cristóbal Colón (1541-1506), 93 años a los de Vasco de Gama (1469-1524) y 116 años a los de Fernando de Magallanes (1480-1521), todos ellos más famosos y admirados que el propio almirante musulmán chino. De hecho, tras su muerte en 1433 nunca más la armada china volvió a realizar ninguna expedición de este tipo por los mares del mundo.

Cheng Ho murió en 1435 convertido en una leyenda. Fue enterrado en Nanking. Su tumba, restaurada 1985, es una estructura Ming con mapas y pinturas del navegante y la inscripción “Allah es Grande”. Fue una leyenda en vida, y tras su muerte se le atribuían hechos prodigiosos.


HAY MUCHO MÁS DE LO QUE ACABAMOS DE DECIR

Cada vez hay más evidencia de que la flota de Zheng pudo haber llegado a las costas americanas siete décadas antes que Colón. El propio Zheng dejó en un escrito su hazaña: “Hemos navegado 100.000 li (50.000 kilómetros) de inmensas aguas, con olas heladas y enormes que subían al cielo como montañas, y hemos posado nuestros ojos en tierras bárbaras mientras nuestras velas nos llevaban hacia el poniente…”. No parece una bravuconada del almirante. Sabemos que sus barcos, gigantescos comparados con las carabelas de Colón, eran más que capaces de cruzar el Atlántico.

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La exploración china de América es una posibilidad nada descabellada, aunque no parece que llegasen a crear alguna colonia. En 2001 apareció un mapa chino datado en 1763 y en el que en caracteres chinos se advierte que es copia de mapas muchos más antiguos. En esta cartografía, verificada como auténtica, se observa todo el mapa mundi existente. Todo apunta a que la expedición de He fue real y que en efecto llegaron a América en 1422 (fecha exacta en la que sabemos que partió la expedición). Este mapa, en la actualidad en posesión del coleccionista Liu Gang, debe ser copia de los que trazó en su día la flota de Zheng He. Las inscripciones de este excepcional documento describen con detalle a las gentes de la costa occidental de América: “La piel de la raza en esta región es de un color rojo negruzco, y llevan plumas en cabezas y caderas”, también de los australianos: “La piel de un aborigen es negra. Van todos desnudos y llevan artículos de hueso a la cintura”.

Pero las pruebas arqueológicas no se limitan a los escritos chinos. Se han encontrado restos de naufragios chinos en las costas de California y de la mismísima Alaska. Las anclas halladas en estos pecios no dejan lugar a dudas, pues son muy características y específicas de china. Su antigüedad tampoco es discutible, la prueba del manganeso acumulado confirman que han estado sumergidas entre 500 y 1.000 años. Los primeros colonos llegados a Canadá también nos relatan que encontraron extrañas monedas agujereadas en su centro, típicas orientales.

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ANCLAS CHINAS DE PIEDRA EN PALOS VERDES (CALIFORNIA); Cortesía: Fundación Jaume I, Nadal, 1991

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En julio de 2014, un arqueólogo aficionado se topó por casualidad con una espada votiva china que estaba en parte al descubierto por detrás de unas raíces, en la ribera erosionada de un arroyo, en Georgia. El arma, de 30 cm de longitud, es posiblemente única en su especie en Norteamérica y es un nuevo ejemplo dentro de la creciente lista de aparentes hallazgos de origen chino “fuera de lugar”, que sugieren la posibilidad de viajes de China a Norteamérica en la época Precolombina.

¿Qué estudian los jóvenes occidentales durante años y años en esas escuelas-prisión para no saber nada de la verdadera historia del hombre? Estudian su ombligo y borran las huellas de los personajes y acontecimientos que pudieran relegar a sus “héroes” a su justo lugar, un lugar, en la mayoría de los casos, tenebroso y subterráneo.

Cuesta creer que haya una historia más apasionante para un joven que la de Zheng He y sus conexiones con el mundo árabe y el Islam.

Allah el Altísimo quiere que nos conozcamos, que nos admiremos unos de otros, que comerciemos, que intercambiemos productos y técnicas, que aprendamos idiomas que nos permitan la comunicación con los otros pueblos. Y eso es lo que han hecho durante milenios las gentes de Oriente. Mas Occidente no quiere la hermandad, sino la invasión, la conquista, la expoliación, la dominación y la esclavitud.

Los jóvenes occidentales estudian a personajes ficticios, a héroes ficticios para de esa forma paliar su raquítica historia.

Con este artículo hemos querido rendir homenaje a Zheng He, sin duda uno de los personajes más interesantes del primer milenio y que nos ayuda a rescatar una realidad de Oriente muy diferente de las fábulas e ignominiosas leyendas sobre la pobreza y la ignorancia del pueblo chino que circulan por las escuelas y los mainstream occidentales.

A Zheng He, a su coraje y a su fraternal corazón… in Memoriam.

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