A propósito del hombre de hoy

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Hani Naqshabandi.

La película se acaba y no parece que vaya a tener un final feliz para la mayoría de los seres humanos, pues la mayoría sólo adquiere relevancia cuando toca ir a votar.

Vivimos en un tiempo sin precedentes, en el que la corrupción prevalece por doquier y no parece que le importe a nadie.

En un estado natural, una madre se preocuparía por un mal viento que pudiera dañar la salud de su hijo. Ahora, en cambio, le tiene sin cuidado que se drogue, fornique o coja el SIDA. Más aún, detesta ser madre.

Quiere vivir sin más objetivo, sin darle mayor sentido a su vida, que el de satisfacer sus deseos, cualquier deseo, a cualquier precio.

El shaytan ha llegado a la cima de su trabajo. El mismo se asombra de lo fácil que ha sido. Sale al escenario y saluda sonriente al público que le vitorea. Se siente el vencedor: “Estaba yo en lo cierto al denigrar al ser humano y rechazar su existencia como el fin último de la creación. ¡Miradle! Ahí lo tenéis, arrastrándose en su propio vómito, lamiendo la sangre de su hermano, ignorante, rebelde e insolente.”

Sin embargo, hay otro escenario en el que los creyentes justifican el proyecto “ser humano”. No a todos los ha engañado. Únicamente a los que fueron creados desde el principio para ser combustible del fuego eterno. Se relamen en el mal y en él profundizan sus raíces. Estaba previsto. No es tu obra. Tú no eres, sino un elemento más del juego existencial.

El mal no ha arrebatado ninguna alma al bien. El final está sellado desde el principio. El creyente contempla el infierno en el que vive el hombre de hoy, entre la desesperación y el deseo, de la misma forma que lo contemplará en la Otra vida. Cada uno ha desarrollado su programa existencial siguiendo las causas que le han llevado a su destino final. Era inevitable… y justo.

¿Acaso no vemos de forma patente cómo se condena a sí mismo el hombre de hoy? ¿Acaso no se ríe cuando se le menciona el fuego que espera impaciente a los encubridores?

El Profeta Muhammad (s.a.s) decía a sus compañeros una noche en la que estaban sentados alrededor de una hoguera y se calentaban: “Fijaos como caen las mariposas nocturnas en el fuego. Yo agarro a los hombres por el cinto, pero ellos insisten en tirarse a las llamas.” Es la inevitabilidad del guión.

¿Podemos cambiar algún párrafo del texto existencial? ¿Podemos introducir alguna variante? Quizás… quizás se pueda, quizás todavía se pueda.


(51) Dirá uno de ellos: “Yo tenía un compañero inseparable (52) que solía decir: “¿De verdad crees en eso? (53) ¿Acaso nos van a pedir cuentas cuando estemos muertos y seamos tierra y huesos?” (56) Dirá: “¡Por Allah! A punto estuviste de llevarme a la perdición. (57) De no haber sido por la gracia de mi Señor, hoy estaría entre los que tienen que comparecer.
Qur-an 37 – as Saffat

También los ejércitos del bien actúan en este mundo. Si tan sólo fuéramos capaces de reconocerlos, de contactar con ellos, de alistarnos en sus filas… quizás podríamos cambiar el guión, ligeramente, sin que apenas se notara.

Es hora de buscar a los nuestros, de huir de la fiesta. Hay que salir de la red que nos ha mantenido prisioneros en los sótanos del deseo.

¿Temes a la muerte? La muerte, sin embargo, es algo largamente esperado por los creyentes. Están parados junto a esa puerta esperando el momento de la reunión.

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