China pone a Hollywood de rodillas: Las súper-productoras no pueden franquear la Gran Muralla

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En un artículo de Scotty Hendricks aparecido en Big Think y titulado: “La silenciosa propaganda china en las películas de Hollywood”, se presenta la entrada del Gigante Amarillo en el mundo del cine como una agresión contra las producciones hollywoodenses exentas de cualquier tipo de adoctrinamiento ideológico. ¡Imposible dialogar con los cínicos!

China busca introducir fundamentalmente dos nuevos escenarios en sus producciones cinematográficas nacionales o en las de cooperación con productoras extranjeras, especialmente hollywoodenses:

I-Proyectar su visión del mundo; su interpretación de la realidad.

II-Proyectar una imagen más objetiva de su historia y de su idiosincrasia.

En numerosas películas, los cineastas chinos presentan a los occidentales como elementos de discordia en la política del país y a veces como mercenarios en ejércitos desestabilizadores que actúan bajo las órdenes de la CIA o de las monarquías europeas decimonónicas. Lo cual es estrictamente cierto. Mas nunca los ridiculizan ni los humillan –China siempre ha aceptado la lucha de fuerzas en la dialéctica de la historia.

En términos generales, China ve el mundo como el campo de batalla entre el bien y el mal, y en buena parte de su literatura y de sus filmaciones se refleja esta visión.

Por otra parte, los directores y productores chinos intentan proyectar una imagen de la historia de su país y de su idiosincrasia que muestre su grandeza, sus logros, sus peculiaridades, su inteligencia, la maldad de ciertos elementos de sus sociedades, pero también sus innegables virtudes –todo ello pisoteado en la adoctrinadora y pueril cinematografía hollywoodense.

Sin embargo, Scotty Hendricks, y con él las principales corrientes ideológicas y políticas del país, no parece estar dispuesto a aceptar que los cámaras chinos y sus especialistas capten escenas, paisajes, diálogos, conversaciones y músicas que Hollywood nunca soñó con poder captar.

SH acusa a China, en el colmo del cinismo, de utilizar el cine con fines propagandísticos. Quizás ya se ha olvidado SH de las miles de películas con las que han crecido generaciones enteras de occidentales en las que se nos presentaban a unos indios salvajes, sanguinarios, sin más lenguaje que los alaridos que lanzaban antes de incendiar poblados de colonos, matar a niños blancos y violar a sus mujeres. O quizás lo recuerda, pero se ha olvidado de las películas, los cines estaban inundados de ellas, en las que se nos mostraba una Alemania llena de esvásticas, campos de concentración y oficiales SS con la más absoluta maldad y estupidez saliéndoseles por los ojos. Y es posible que SH lo recuerde, pero no le venga a la memoria la invasión de películas sobre la guerra de Vietnam –soldados norteamericanos investidos de coraje y de las más altas virtudes luchando contra criaturas endemoniadas a las que no se les suponía familias, lenguaje, corazón humano. Y no hablamos aquí de subjetivismo, sino de mentir, de presentar una realidad falseada que en muchos casos representaba justo la otra cara de la moneda.

Pero quizás sea la superioridad técnica y temática de la filmografía china lo que más altere el sistema nervioso, ya de por sí al borde de un ataque, de SH y padrinos. No hemos visto nada en Hollywood ni en Europa que se asemeje en belleza, perfección y riqueza de sentimientos a películas chinas como Crouching Tiger, Hidden Dragon o Red Clif. La escena de la danza en The House of the Flying Daggers es realmente única.

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No es, pues, un acto de demagogia celebrar el cine chino. La riqueza temática de sus tradiciones, su exuberante imaginación, su arte y su técnica les han permitido realizar producciones que han marcado un hito en la historia del cine.

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China tiene las llaves del éxito económico

La gran preocupación de Estados Unidos no es sólo la pérdida de la hegemonía mundial, sino también y sobre todo la pérdida del control económico. China es el mayor mercado que existe para todos los productos, el cine incluido. Si Pekín cierra las puertas a Hollywood, las grandes productoras tendrán que cerrar o dedicarse a otros menesteres. Más aún, con un cine foráneo en auge –China, Japón, India, Rusia e incluso Irán– Muchas producciones han dejado de ser rentables. En los últimos años hemos visto una amplia colaboración chino-americana que ha producido excelentes películas en las que China ha puesto dinero y condiciones.

Las llaves están en sus manos, y las puertas se abrirán o se cerrarán según la temática que encierren las películas que produzca Hollywood –seajusten a la realidad o sigan siendo mera propaganda anti-China.

No es oro todo lo que reluce

A la belleza paisajista, a la inigualable estética y perfección técnica de las producciones cinematográficas chinas les falta, no obstante, el componente espiritual. El radical ateísmo que introdujo Mao en la sociedad china, que ya existía en el confucionismo y en el taoísmo como formas más sofisticadas de chamanismo, va a causar el mismo daño que está causando en las sociedades occidentales. Su increíble y sostenido crecimiento económico hace que la gente se imagine que puede crear su paraíso en esta Tierra –cada día es más fácil conseguir una casa en propiedad, un coche, bienes de consumo, extras… no parece que este repentino bienestar vaya a tener fin. Sin embargo, pronto comprenderán que el absurdo de esta vida no reside en el hecho de ser pobres o ricos, sino en no saber para qué existimos. Este es el malestar que continuamente nos azuza, esta es la angustia que nos lleva a las drogas y al suicidio.

Desde mi estado de pobreza pienso que si fuera rico, sería inmensamente feliz. La causa de mi descontento, de mi frustración, reside en mi situación económica o social –quizás en vez de riqueza prefiera fama, reconocimiento público, poder… Todos ellos son objetivos falsos, incapaces, una vez alcanzados, de proporcionarnos felicidad, plena satisfacción. Si no echamos mano de las drogas, de cualquier droga, la angustia volverá a atormentarnos.

China debe abandonar el camino que han seguido las sociedades materialistas y ateas, para entrar en el de la reflexión, en el de la observación cuidadosa de nosotros mismos y de lo que nos rodea.

Si China lograse atravesar el cielo y llegar a los confines del universo ¿qué diferencia habría entre el piloto que conduce esa nave y el campesino que recoge arroz? ¿Quién sería más feliz? ¿Quién habría llegado más lejos en la comprensión existencial? Dice una máxima taoísta: “El sabio nunca ha abandonado la azotea en la que vive y, sin embargo, conoce el mundo entero”.

La muerte, la inevitable muerte, hace inútil cualquier esfuerzo, cualquier sueño, cualquier proyecto. El tiempo lo devora todo, lo vemos cada día. El profeta Muhammad (s.a.s), el primero en utilizar las estadísticas para explicar ciertos fenómenos, dijo en una ocasión: “Cada 100 años se renueva toda la humanidad”. En el 2118 no quedará nadie de los que hoy estamos aquí. Habremos perecido todos. ¿No merece este hecho una profunda reflexión? ¿No merece este hecho una buena película?


(86) Esos son los que han vendido el Más Allá a cambio de la vida de este mundo.
Qur-an 2 – al Baqarah

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