El feminismo ha liberado… ¡A LOS HOMBRES!

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El feminismo es la fuerza más dañina ejercida en contra de las mujeres en toda la historia de la humanidad, aunque ellas mismas nunca lo reconocerán debido a la sedación masiva que sufren con respecto a unos nocivos efectos que a largo plazo acabarán por destruirlas, mientras que a corto plazo creen disfrutar de sus supuestos beneficios. En los países democráticos, donde la mujer empoderada, feminista, moderna y atea campa a sus anchas, sus especímenes líderes son capaces de ejercer una gran influencia con vistas a enmascarar los perniciosos efectos de esta demoniaca ideología, pero los daños son inevitables y permanentes. La paradójica y, para ellas, aterradora consecuencia es que en su empeño en liberar a la mujer de aquello que en su visión paranoica califican de “heteropatriarcado opresor”, quien ha sido liberado realmente ha sido el hombre. Un número cada vez mayor de hombres está tomando conciencia del desecho en que la mujer moderna se ha convertido y, actuando en contra de su impulso natural, han conseguido liberarse de su innata tendencia hacia la búsqueda de una mujer con la que compartir la vida y crear una familia. Son hombres que se niegan a arrastrar su dignidad masculina y ser abducidos por la visión supremacista de la hembra dominante en occidente, en donde el varón pasa a ser un estigmatizado por un supuesto gen de violencia machista, al cual hay que deconstruir culturalmente y reeducar para convertirlo en un fiel siervo y aliado feminista. En la cosmogonía hembrista el hombre pasa a ser un mero proveedor de recursos al que hay que someter a revisión constante para chequear su predisposición natural hacia el rol de “macho dominante depredador alfa”, e invitarle a que participe y asista, si persiste en dicha tendencia, a los distintos cursos de formación en la perspectiva de género, en los que se le mostrará la realidad: que su condición y carácter de macho asociado al sexo masculino no es más que una imposición cultural del heteropatriarcado opresor que hay que combatir por el bien de toda la especie humana. Así, una vez deconstruido y renacido, el varón tomará conciencia de la imposición cultural heteropatriarcal del demoniaco rol de macho depredador alfa a lo largo de toda la historia, y optará libremente por otro género, más pacífico, fluido y femenino, librándose así del yugo de los dictados de la propia biología y de la naturaleza. Géneros hay muchos entre los que elegir, pues la variedad es amplia.


Mediterráneo Digital | Sexo – Publicado el Sábado, 15 Diciembre 2018 17:07

España reconoce ya 37 identidades de género y 10 orientaciones sexuales

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Se acabó la simplicidad, ya no solo hay hombres y mujeres, también hay personas intergénero, transgénero, transexuales… y así hasta 37 tipos distintos de género. Atrás quedó el tener que elegir entre heterosexual, homosexual o bisexual. Ahora puedes ser pansexual, demisexual o queer, entre otras muchas opciones.

¿De qué se trata esto? De que cada cual construya su propia identidad y se libere de la dictadura de lo biológico por medio del libre ejercicio de su albedrío, el sacrosanto valor y bien más preciado en occidente. Es decir: la locura, pues de eso se trata precisamente con la ideología de género, de destruir al ser humano potenciando y poniendo de manifiesto su lado oscuro, el cual se revela en todo tipo de trastornos, traumas y psicopatías ante la ausencia de la cobertura protectora de una guía moral clara y eficiente.

De modo que ya no hay excusas, ya no hay porqué seguir formando parte de ese despreciable género que según la cosmogonía hembrista es el causante de todos los males del planeta: el hombre. No, ya podemos ser lo que queramos y optar por un género mucho más femenino y pacifista.

La puesta en escena de toda esta inmundicia ha terminado por hartar a los hombres, y son cada vez más los que se comprometen a salvaguardar su propia dignidad como varones y como seres humanos, aún a costa de tener que abstenerse de cualquier tipo de interacción con el sexo femenino, liberándose así del dañino influjo que la mujer moderna desprende y evitando los muchos riesgos que conlleva su compañía, pues son muchos los que han visto sus vidas destruidas ante la  impunidad y falta de escrúpulos de estas arpías que no dudan en denunciarlos en falso con tal de obtener los beneficios que se derivan de las leyes hembristas que rigen en los casos de la violencia mal llamada de género y los divorcios.

Por otro lado, la incorporación de la mujer al mercado laboral es lo mejor que le ha podido pasar al hombre occidental librepensador que se resiste a someterse al malsano ambiente cultural que emana del supremacismo hembrista en occidente, y a su vez es lo peor que a cualquier sociedad le podría llegar a pasar. Ahora el hombre es libre de la obligación de tener que mantener a toda la familia, pues la mujer debe contribuir también a ese respecto. Si ella desea quedarse en casa y disfrutar de una buena vida le resultará prácticamente imposible, ya que la gran masa de esclavos asalariados de clase media-baja que forma el grueso de la fuerza de trabajo no le podrá conceder tal bienestar a ninguna. La dependencia económica de la mujer respecto a los ingresos del hombre, independientemente de que ella también aporte con su trabajo a la economía familiar, es algo que las deja totalmente confundidas debido a la propaganda feminista que continuamente absorben acerca de la libertad, el empoderamiento y la independencia, cuando en realidad lo que ocurre es que la capacidad económica del varón no hace más que disminuir al haber sido inducidas ellas a inundar el mercado laboral, disminuyendo así la calidad de vida de ambos y truncándose sus sueños de vivir una buena vida medianamente acomodada. Con el actual sistema el que sale beneficiado es el hombre soltero. ¿Puede un hombre lúcido consentir que la mujer empoderada, feminista, moderna, endiosada y atea que hoy campa a sus anchas en occidente le lastre la vida? No merece la pena. Ese espécimen de mujer expone a cualquier hombre que se le acerque a un peligro constante. Analicemos esto mejor.


¿Por qué cualquier hombre medianamente inteligente debería de abstenerse de tener cualquier tipo de relación con la mujer moderna?


En primer lugar porque la mujer occidental está desquiciada, en el sentido más literal del término, es decir ha perdido el quicio, el eje vertebrador de una vida armoniosa y sana alrededor del cual florecen las distintas formas de la bondad, la belleza y la justicia. En la mujer este eje vital gira en torno a su fertilidad natural. Todo lo que sea alejarse de este principio fundamental implica la manifestación de mundos caóticos donde lo que predomina es la frustración por la insatisfacción constante, y en definitiva la infelicidad. Si observamos el actual estado de la sociedad occidental es eso lo que vemos. La mujer ha virado el curso natural de sus prioridades y en lugar de hacerlas girar en torno a su cualidad intrínseca para la procreación y el amoroso cuidado de los hijos, hace de su propia promoción y prosperidad individual en un mercado laboral que las explota la nueva quibla hacia la que tienden todos sus esfuerzos vitales, reprimiendo así el impulso natural que les llama a lo contrario, hacia una vida centrada en el despliegue y florecimiento de sus cualidades como madre. El resultado es la palpable infelicidad que traduce una insatisfacción constante, pues cuando en la creación algo no escucha y se ajusta a la llamada de lo que constituye su impulso vital, el soporte que lo vehicula, la mujer en este caso, se estanca y se pudre, frustrando así una vida devenida en un puro extravío sin sentido. Con una mujer tal un hombre que aspire a llevar una vida decente no tiene nada que hacer. Si la prioridad número uno de una mujer no es la maternidad, el hombre que la pretenda debe salir huyendo inmediatamente como alma que lleva el diablo, aún cuando afirme que ambas cosas -la maternidad y la propia promoción personal en el mercado de trabajo- son compatibles. No, ambas cosas solo son compatibles en sus enajenadas mentes.

* * *

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Aquí vemos a un ejemplar de mujer empoderada, feminista, moderna, endiosada y atea. El eslogan que lleva grabado en el pecho es todo un clásico del correccionismo político, cuya inoculación masiva ha calado a tal grado que ya ha sido elevado a la mismísima categoría de dogma. Mi cuerpo es mío, dice esta pobre ingenua, y por tanto ella puede disponer de ese saco de carne, huesos, sangre y aire como mejor le plazca. Entendemos que con ello quiere decir, por ejemplo, que en caso de verse infectada con el virus fetal y desarrollar su tumor asociado, ella si le da la real gana debe ser capaz de extirparlo, antes de que sobresalga por el útero bajo la forma de un nuevo ser humano, en cuyo caso la sacrosanta religión de los “derechos humanos” moralmente se lo impediría. Suponemos que también querrá decir que ella es libre y tiene el derecho de disponer de su particular saco de vísceras para la obtención de placer, sin más tabús ni limitaciones que la de la elección propia. En base a esta clase de eslóganes los pijo-progres construyen su mundo maravilloso. Como el también clásico ya, y muy visto en sus concentraciones callejeras, de: “ANTES PROSTITUTA QUE SUMISA”. Sí, estos especímenes de mujer prefieren el horror de una vida basada en la comercialización de su propio cuerpo antes que la humillación de llevar una forma de vida fundamentada en el amoroso cuidado de los hijos y de su marido, pues para ellas no hay mayor degradación que la de serle fiel al “heteropatriarcado opresor”, el causante de todos los males sobre la faz de la tierra. Este mundo liberticida (*) que han fabricado para consumo de los goyim (el ganado, los no-judíos) no es más que una impostura, la risueña máscara con la que enmascarar la residencia de la felicidad genuina, que únicamente habita en el conocimiento de Allah, la verdad primera y última, y en la puesta en práctica de la vía revelada, siendo el islam su manifestación postrera y definitiva. El mundo moderno y ateo no es más que una fábrica de psicópatas hedonistas.

A esta pobre infeliz que se cree que su cuerpo es suyo, le decimos que todo eso de lo que libremente dispone, su visión, su gusto, su tacto, su oído y su olfato, así como el procesador central que reorganiza, formatea y reconfigura toda la información que le entra por cada una de las puertas de los sentidos – la consciencia-, todo eso es un añadido, una superposición, un agregado con lo que cada ser humano viene al mundo. Se trata pues de un don, de una gracia, de un regalo que se nos entrega como depósito y que será devuelto a su lugar de origen tras aquello que los ignorantes llaman “el fin de todo”, y que nosotros llamamos “el levantamiento del velo”, o sea: la muerte. Todos y cada uno de los átomos que componen eso que en tu necedad llamas “tuyo” ya existían antes de que te pariera tu madre; así como el espacio que sostiene su manifestación y la luz que lo alumbra. El ser humano no posee absolutamente nada. Como hemos dicho, todo aquello que el hombre cree poseer no es más que una impostura, algo impuesto que se superpone a la realidad eterna que es el sustrato y que subyace a todo y, en definitiva, su sostén y sustancia última.

El modo en que el ser humano utilice dicho depósito determinará su reentrada a la fuente primigenia, pudiendo ser esta desordenada, revuelta y caótica ante la ausencia de afinidad entre la configuración de la consciencia individual durante la vida y la realidad eterna, que hemos dicho es el sustrato y sostén de todo: la luz omnipresente y omniabarcadora. O por el contrario, el reingreso a la fuente  será armoniosa, cálida y placentera si la consciencia que abandona el cuerpo vibra acordemente a la luminosidad subyacente que la recibe. La experiencia en ambos casos, lo que se manifieste, será lógicamente la sensación de angustia y agonía en el primer caso,  y dicha y felicidad en el caso de  los afortunados que supieron armonizar su vida según los latidos del Hacedor Único.

Pero dejemos la metafísica y sigamos analizando lo mundano. Tratábamos de responder a la pregunta: ¿Por qué cualquier hombre medianamente inteligente debería de abstenerse de tener cualquier tipo de relación con la mujer moderna?

Ya dijimos que en primer lugar es porque la mujer de hoy está desquiciada (fuera de su quicio), y en segundo lugar, porque es tal el adoctrinamiento en la ideología de género y los feminismos que su poderoso influjo se puede poner de manifiesto en cualquier momento y sin previo aviso, aún en mujeres a priori cuya prioridad sea la maternidad y la conformación de una familia como Dios manda. Todos somos testigos de que en occidente han sucumbido a esa perniciosa ideología incluso las personas de avanzada edad que fueron educadas en otros tiempos en una forma de vida tradicional. Y así vemos como es muy frecuente que las octogenarias se lamenten por no haber podido disfrutar de los avances y el estilo de vida liberticida (*) que brinda hoy en día el feminismo a las mujeres. Incluso aplauden y animan a sus propias nietas a que abracen esta insalubre forma de vida y que disfruten a tope todo lo que puedan (o sea, que forniquen mucho), pues esto se acaba pronto y, ¡la vida son dos días nena, disfruta!

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Mujer liberticida (*) sufriendo los estragos de haber nacido en un occidente decadente por el abandono de la vía revelada. Sin guía moral, sin consciencia de su rol como mujer, sin hijos, sin marido, sin amor… ¡destruida!

Realmente lamentable tener vida para ver esta degeneración cumplida delante mismo de nuestros ojos.

Hemos dicho que la quibla de toda mujer de sano juicio se orienta entorno a dar rienda suelta a su innato instinto por la maternidad, no reprimiéndolo ni obstruyendo su desarrollo, como así hacen las víctimas del adoctrinamiento en el marxismo cultural imperante hoy día, o sea la inmensa mayoría de ellas. El marxismo cultural incluye: ideología de género y feminista, más ateísmo, hedonismo rampante y amoralidad general. Esa es la letal pócima que ha destruido a occidente. Y en cuanto al hombre, ¿Cuál es su quibla, su eje vertebrador, su innato impulso vital? El eje del hombre, su orientación natural como expresión latente de su impulso más fundamental es la mujer. Sí, la mujer. Sin una mujer a la que amorosamente proteger para que esta a su vez despliegue su instinto maternal en pos de la germinación y la maduración de una nueva vida, sin una mujer tal, el hombre no es nada ni su existencia tiene sentido alguno. La cuestión es que ya, a estas alturas, la salvación solo puede ser individual y no colectiva,  pues la podredumbre ha calado hasta las mismísimas entrañas de la sociedad, quedando únicamente el refugio de una vida solitaria pero digna como expresión de lo que en nuestra más básica naturaleza somos, con lo que ello implica de ir a contracorriente del nocivo y degenerado ambiente cultural dominante en occidente, fruto de décadas de adoctrinamiento con vistas a la destrucción de la humanidad para que ellos, la casta parasitaria que se oculta tras la cortina, pueda moldear este mundo a su gusto y capricho.

La lucha es atroz y será a muerte, toda forma de vida acorde a la tradición es y será perseguida hasta el exterminio, quedando no más que pequeñas islas, diminutos oasis en donde recordar a Allah, la verdad primera y última, no sea un acto subversivo ni constituya un atentado contra la sacrosanta religión de los “derechos humanos” (derecho a participar y a promover todo tipo de vicios, actitudes contra-natura y desviadas doctrinas) que el hombre moderno profesa.

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Mujer moderna

Con vistas a salvaguardar su dignidad como ser humano al hombre lúcido no le queda más remedio que adoptar la vida de noble ermitaño de ciudad, evitando a toda costa cualquier interacción con la mujer empoderada, feminista, moderna, endiosada y atea que hoy predomina, radicando ahí precisamente su liberación, por la toma de consciencia de la naturaleza enfermiza de este sucedáneo de la mujer primigenia. Quizás muy pronto vengan tiempos mejores y, tras el viento arrasador que está por venir, el ser humano se vuelva a erigir en la morada de la fitrah (la naturaleza primordial que hizo de molde en la creación del ser humano). Entonces las quiblas volverán a ser circunvaladas, las de ellas en torno a la fertilidad de su matriz, y la de los hombres alrededor de su amada.


(*) LIBERTICIDA: Adjetivo. Que mata o destruye la libertad, en el sentido de que ofusca la consciencia inhabilitando así su pleno desarrollo al quedar constreñida al ámbito de lo puramente individual.
Para la realización de este artículo hemos consultado el material del magnífico y muy recomensable canal MGTOW (hombres que ignoran a las mujeres): Happy Humble Hermit

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