Si la rabia te hace morderte las yemas de los dedos, utiliza acupuntura para mitigar el dolor

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“Dadme un animal, uno solo, capaz de elegir.” (Friedrich Nietzsche – Genealogía de la moral)

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El Mundo – ciencia y salud, 14 noviembre 2018

Sanidad y Ciencia acuerdan un plan para eliminar las pseudoterapias en centros sanitarios y universidades

La noticia suena a amenaza sacerdotal, a la quema de brujas y libros sacrílegos. No es de extrañar –es la misma gente, el mismo odio a la libertad.

El hecho de que la ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social –todo ello, eufemismos– mencione a la acupuntura y a la homeopatía cuando habla de pseudoterapias indica que ella misma es una pseudoministra; es decir, alguien que no está en el lugar que le corresponde. Y curiosamente este es el significado de tiranía en árabe –dhulumظلم– “poner algo o alguien en el lugar que no le es propio”. La tiranía, pues, gobierna el mundo –ministros, presidentes y parlamentarios fuera de lugar.

Todas las legislaciones del mundo están basadas en el mismo altercado contra el principio jurídico que prohíbe que el juez sea parte en un litigio cualquiera. La pseudoministra de sanidad alegará, por su puesto, que no es ella quien piensa dirimir si un sistema médico está basado en la “ciencia” o es pseudocientífico, sino “expertos” que para ese cometido serán contratados o consultados por el pseudoministerio.

En realidad, esas buenas y objetivas intenciones no cambian nada. Habría que consultar a otros expertos para determinar a qué podemos llamar “ciencia”, “científico”. Y de nuevo nos encontraremos en el mismo punto de partida, en el mismo altercado jurídico, con las mismas partes haciendo de jueces.

Es la consecuencia de la imposición masiva del sistema democrático –otro eufemismo. Un grupo de capos toma el poder consultando a las masas, que previamente han hecho ignorantes, si les parece bien que les gobiernen ellos, teniendo en cuenta que, en realidad no hay otra opción, ya que el resto de partidos –uno más– es una copia exacta del otro con ciertos retoques momentáneos de un maquillaje aplicado con agujas de acupuntura. Las masas aceptan tan mediocre alternativa, pues ya saben a estas alturas cómo se las gastan estos capos cuando se les lleva la contraria. Durante las campañas electorales se inviste a las mencionadas masas con la extraordinaria capacidad para elegir quién deberá gestionar su dinero, quién educará a sus hijos, quién influenciará a sus esposas, quién les mandará a la guerra a luchar contra sus enemigos-amigos según intereses internacionales, quién emitirá leyes que organicen y controlen hasta el más mínimo detalle de sus vidas: “No os dejéis amedrantar por rimbombantes títulos universitarios, masters y doctorados. Cada hombre es un voto.” Sin embargo, una vez en el poder, los capos arrebatan a las masas esa capacidad de elección y les dicen qué sistema médico deben utilizar, pues ellos no saben, no entienden, son masa –necesitan la guía de los pseudoexpertos.

De la misma forma, han creado la academia, el restringido círculo académico que discrimina, sin más evidencias ni argumentos que el oráculo de Delfos, entre el eje del bien científico y el eje del mal pseudocientífico –juez y parte en todo lo que legislan. El truco, no obstante, es perfecto, ya que es la masa la que les ha otorgado ese poder divino, la que les ha convertido en dioses –legislan, vigilan, ven, oyen, escuchan.

Ahora la pseudoministra quiere eliminar, extinguir, exterminar a todas las pseudociencias, a todas las pseudoterapias, pues los grandes consorcios farmacéuticos, que son quienes en definitiva le pagan el sueldo, a ella y al gobierno en pleno, así lo exigen. Les llevan flores al altar para calmar su ira, pero estos consorcios se las tiran a la cara: “Queremos resultados, queremos cabezas, pues la hidra ya tiene más de mil y siguen creciendo.”

No deja de ser curiosa la pseudo-inocencia de la pseudoministra cuando reconoce que:

A pesar de que la actividad médica fue la actividad profesional más valorada por los ciudadanos, según los datos de la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y Tecnología de FECYT de 2016, el recurso de la pseudoterapia no es algo residual. Casi el 60% de la población cree que la acupuntura funciona, y cerca del 53% considera que los productos homeopáticos son efectivos. Además, y según datos del Barómetro de CIS de febrero 2018, más de un 6% de la población acudió a un profesional en acupuntura y casi un 10% a un homeópata. 

Desde un punto de vista estrictamente democrático parece evidente a la luz de la información que nos ha proporcionado el FECYT que es la otra medicina, la oficial, la “científica”, la que está resultando ser una basura pseudoterapéutica –imaginemos las cifras que se obtendrían si tanto la acupuntura como la homeopatía estuviesen incluidas en la seguridad social y fuesen gratuitas. En este caso, la pseudoministra y los del FECYT, todos juntos, ya podían pedir asilo económico en alguna sucursal de los consorcios farmacéuticos norteamericanos. Pero ya hemos dicho que fuera de su “libre” participación electoral, a las masas no se les reconoce ninguna otra facultad humana que les permita elegir el sistema médico que deseen –teniendo en cuenta, además, que todas las medicinas alternativas son de pago.

¿Qué dirán a este infame atropello los médicos homeópatas (todos ellos licenciados en medicina) y los acupunturistas? Lo que “ellos” tengan que decir tras, por ejemplo, 40 años de experiencia es totalmente irrelevante, ya que “ellos” son la otra parte del litigio, la que nunca es juez, pues a “ellos” sí que se les aplica la norma jurídica.

¿Resistirá la masa electoral? ¿Será capaz de elegir entre un futuro saludable y un pseudofuturo “científico”? ¿Podremos finalmente elegir entre vivir entubados o morir con dignidad rodeados de nuestros seres más queridos?

Es admirable la determinación con la que los Testigos de Jehová prohíben las transfusiones de sangre, incluso a riesgo de ver morir a sus propios hijos. Pero la masa electoral no puede comprender este tipo de posiciones existenciales. Está acostumbrada a dejarse llevar por la delicada corriente del humanismo, la que hace unos días celebraba en París la muerte de 50 millones de hombres mujeres y niños, la que sigue matando en Siria, la que exterminó a una buena parte de la población iraquí y afgana… pseudoguerras, quizás, o quizás no, quizás la pseudoministra de sanidad considere estos acontecimientos dentro de las posibilidades “científicas” del hombre. Quizás, o quizás deberíamos exterminarlos a ellos, de una vez por todas, hasta no dejar más ciencia que la objetividad de Quien nos ha creado.

No pedimos una guerra de expertos. Ya hemos votado, ya nos hemos humillado, una vez más, y hemos elegido entre votar a unos vendedores de armas o a unos oligofrénicos en estado terminal. Ahora, ¿no podemos acudir a un médico homeópata y tomar esas benditas bolitas blancas que nos permitan dormir sin asfixias, que curen nuestras infecciones pulmonares, que nos alivien de insoportables dolores de cabeza o de espalda, que nos saquen de un cáncer, que podamos volver a comer sin que la comida nos produzca vómitos? ¿No podremos? ¿No hay nada que podamos elegir? Os hemos dado nuestro dinero, nuestros hijos, nuestras esposas, nuestras vidas… ¿No es suficiente? ¿Tendremos también que sacrificar nuestra salud en el altar de los consorcios farmacéuticos?

El tono del pseudoinforme va pasando a formato amenaza conforme se calientan los pseudoministros de Sanidad y Ciencia (jueces supremos sin posible apelación a sus sentencias):

Este plan se sustenta, fundamentalmente, en cuatro pilares

(Uno menos que el Islam).

-Uno, defender la salud (su salud) como un derecho básico (impuesto).

-Dos, proteger a la ciudadanía frente al grave riesgo para la salud que implica el uso de las pseudoterapias, ya sea de forma alternativa o complementaria a los tratamientos basados en el conocimiento y la evidencia (esas pseudoterapias están basadas en un conocimiento comprobado día a día desde hace miles de años).

-Tres, proporcionar información veraz y rigurosa (eufemismo de información estrictamente subjetiva y sujeta a los intereses de las multinacionales farmacéuticas norteamericanas) para que la sociedad pueda tomar decisiones informadas (¿Puede la sociedad tomar decisiones en base a, suponemos, expertísimos informes científicos?)

-Cuatro, asegurar que la formación sanitaria universitaria no incluya contenidos y programas que no tengan evidencia científica (su evidencia científica.  En ese caso no harán falta más de dos o tres meses de estudio).

Detrás de este informe, de las leyes que lo acompañarán para hacerlo efectivo, hay un intento de asalto al Poder Universal:

Por ello, el ejecutivo, establecerá “una estrategia común para implementar todas las acciones necesarias, incluida la de cambiar la legislación, para preservar la salud de los ciudadanos

El sistema científico, como ellos lo llaman, no tiene como objetivo la salud, la ausencia de sufrimiento, la libertad de movimientos…, sino la lucha contra la muerte, lograr la inmortalidad como último golpe al Altísimo, como el último acto de rebeldía. La “ciencia occidental” no quiere utilizar los elementos funcionales de la existencia, sino controlar el sistema operativo que rige la creación del Todopoderoso.

Ser inmortales para poder disfrutar para siempre de la fiesta de Samirí, con el becerro de oro mugiendo.

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