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“El apresuramiento es de shaytan y la paciencia viene de Allah el Altísimo”

Dicho del Profeta Muhammad (s.a.s)

Cae al río Yangtze,en la localidad china de Chongqing, un autobús tras una pelea entre el conductor y unpasajero  -no ha habido supervivientes

Channel News – Asia

International Edition, 2 noviembre 2018

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ACCIDENTE MORTAL EN CHONGQING

El domingo pasado, 2 de noviembre, se estrelló un autobús, en la localidad china de Chongqing, contra las aguas del río Yangtzetras una pelea entre el conductor y un pasajero, según declararon las autoridades locales, comentando el accidente. El autobús se hundió en una sección del río Yangtze en el distrito de Wanzhou, causando la muertede las 18 personas que iban en él, incluido el conductor. Un video recuperado de la caja negra del autobús muestra a una pasajera peleando con el conductor momentos antes del accidente. Las imágenes de Dashcam de un vehículo que se aproxima al escenario muestran cómo el autobús se desvía de su carril, choca con un automóvil que va en dirección contraria, se estrella contra la barandilla del puente y se hunde en el río (de unos 70 m de profundad en el lugar de la caída).

Según la policía de Wanzhou, la pelea comenzó después de que una pasajera se pasara de la parada y le pidiera al conductor que se detuviera de inmediato. Él se negó, y ella le golpeó en la cabeza con su teléfono móvil antes de que se iniciara la pelea. Ambos comenzaron a gritar y a utilizar un “lenguaje agresivo”, dijo la policía. En el altercado, el conductor perdió el control del autobús. Las imágenes del video lo muestran girando bruscamente el volante hacia la izquierda.

“El fuerte no es el que sabe luchar, sino el que controla su ira.” (Dicho del Profeta Muhammad (s.a.s) según nos lo hatransmitido Abu Huraira)

Debe ser demoledor darse cuenta de que nos hemos pasado de parada en ese interminable puente y que debemos esperar a que lo cruce para coger otro autobús que nos lleve de vuelta al comienzo del mismo. ¡Cuántos planes, irrelevantes comparados con la posibilidad de seguir viviendo, nos parecerá que se han evaporado junto a la neblina del río Yangtze! La pasajera en cuestióndebía estar desesperada y probablemente el conductor tenía prohibido parar en medio del puente, o simplemente prefirió no hacerlo. Ambos se enfadaron. La consecuencia: 18 muertos, 2 cuerpos siguen desaparecidos; habría que añadir al inventario de la tragedialos daños materiales, el coste de los equipos de rescate, la suerte del conductor del coche contra el que chocó el autobús antes de caer.Un accidente más para engrosar las estadísticas anuales de “trágicos” sucesos. Las víctimas de éste, no obstante, con gusto se ofrecerían a pasarse de todas las paradas que fueran necesarias –si a cambio se les diera otra oportunidad. No habrá otra. Esa fue la última. Ninguno llegó a su destino y todos acabaronen undesafortunado destino común –las heladas aguas del Yangtze.

El control del enfado podría hoy incluirse en los trabajos de Hércules, pero como toda tareatitánica se vuelve fácil con la práctica. Cada día se nos presentandecenas de oportunidades para ejercitarnos en tan loable entrenamiento–en el lugar de trabajo, en la carretera,haciendo cola.

Cuando lo conseguimos, cuando logramos no enfadarnos a pesar de “tener la razón”, la razón que nos otorga la subjetividad humana, vemos aterrados que nuestro enfado se debíaa una errónea y arrogante posición antes los hechos, ante unos hechos insignificantes, banales–resultó fácil sonreír en vez de crisparnos y amargarnos el día. La próxima vezserá mucho más fácil. Se trata simplementede tomar consciencia de lo que ocurre en nuestro interior desdeel instante mismo en el que se establece la coyuntura.

De Anas se ha transmitido el siguiente relato:

“Pasaba el Profeta al lado de una mujer que lloraba desesperadamente al lado de una sepultura y le dijo: ‘Teme a Allah y ten paciencia y resignación.’ Ella le contestó sin darse cuenta de que era el Profeta: ‘Apártate y aléjate de mí, pues a ti no te ha sucedido una desgracia como la mía’. Entonces le dijeron (los que acompañaban al Profeta): ‘¿No has visto que era el Profeta?’. Más tarde esa misma mujer le visitó y le dijo: ‘No te reconocí’. El Profeta le contestó: ‘La efectividad de la paciencia es tenerla en el primer momento de la desgracia’.”

Devolvamos a nuestras sociedades a los valores de la fitrah, a los valores eternos incrustados en nuestra esencia. No nos dejemos arrastrar por los “tiempos que corren”, por la corriente de la historia –resistamos a la historia. Los creyentes pertenecen a otro ámbito.

Durante mucho tiempo hemos pensado que la tecnología era inocente, neutra, que sólo deseaba nuestro bien, nuestra satisfacción. Nos sacó de la velocidad que le es propia al hombre, la que está afinada con su estructura física y psicológica. Nos lanzó al espacio a más de mil kilómetros por hora, nos hizo navegar es lanchas súper rápidas, nos conectó a la red en la que todo se descarga y se activa en décimas de segundo.

Ahora, cualquier situación nos saca de quicio, todo nos parece lento, exasperante. Es la velocidad tecnológica, la velocidad contraria a la velocidad de la fitrah, a la velocidad humana. Ya no sabemos esperar, ya no sabemos estar con nosotros mismos más de un segundo.

¡Pudo haber sido tan hermoso volver andando al comienzo del puente mientras contemplábamos la apacible corriente del río Yangtze!

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