FITRAH – EL MOLDE PRIMIGENIO

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La palabra firah – فِطْرَة– deriva del verbo fatara–فَطَرَ–y actúa como nombre verbal.

El verbo fatara significa crear, y lo mismo significan, en la lengua árabe, muchos otros verbos –jalaqa, sawara, bara... Sin embargo, cada uno de ellos denota un aspecto diferente del acto de crear. Faara, por ejemplo, hace referencia a “causar la existencia”, a “producir”, “originar”, a “traerlo a la existencia por primera vez”, ya que “eso” no existía con anterioridad. No hay, pues, modelo previo. Es original, del mismo modo que un molde es la forma original antes incluso de fabricar la primera pieza.

De este verbo deriva el término fitrah, que significa “molde primigenio” y “naturaleza propia”. Si queremos fabricar industrialmente vasijas de porcelana, necesitaremos dos elementos básicos –el molde y la materia. Ambos están presentes en la fitrah.

En el Qur-an se nos informa que hemos sido creados en el mejor de los moldes:

(64) Es Allah Quien ha hecho para vosotros la tierra un lugar fijo, inmóvil y estable, y el cielo una edificación. Os ha conformado de la mejor manera, y os sustenta con lo bueno que ha creado.

Qur-an 40 – Ghafir

* * *

(1)¡Por la higuera y el olivo! (2) ¡Por el monte Sinin! (3) ¡Por esta tierra segura! (4) Hemos creado al hombre en el mejor de los moldes.

Qur-an 95 – at Tin

Cuando vemos una película de ciencia ficción en la que aparece algún alienígena, siempre es una criatura monstruosa, desagradable o repugnante –siempre es inferior a nosotros. Allah el Altísimo nos ha creado de la mejor manera y, por lo tanto, si a través de programas especiales de ordenador diseñamos un nuevoser, éste tendrá básicamente nuestros mismos elementos, pero mucho más imperfecto.

Por otra parte, la materia que constituye la substancia misma de la fitrah es la adoración al Creador –el tawhid, la unicidad de Allah:

(56) No he creado a los yin ni a los hombres –insan, sino para que Me adoren.

Qur-an 51 – adhtDhariyyat

Nuestra naturaleza primigenia, nuestra substancia, nuestra materia, es la adoración. Esta realidad surge de dos fuentes –una interna y otra externa. La interna emana de la fitrah, de nuestra propia naturaleza. Es ella quien nos recuerda constantemente que somos criaturas y que hay un Creador. Este recordatorio, que no es ideológico, sino la “voz” de nuestra fitrah, no deja un solo instante de azuzar a los que se autodenominan ateos; es decir, a los que han cubierto su fitrah natural con otra artificial que llaman “cultura”, “intelectualidad”. Esta naturaleza prefabricada, incluso cuando penetra en todas las esferas de nuestra vida, no logra acallar el grito desgarrador de nuestra naturaleza auténtica, de nuestra fitrah.

En cuanto a la fuente externa, ésta emana del sistema profético y actúa como un apoyo y como un intensificador. Profeta tras profeta, todas las comunidades humanas a lo largo de la historia han recibido este recordatorio cuya finalidad no es otra que la de retirar de la fitrah natural las capas culturales de la fitrah artificial que pudieran ocultarla e impedir que el hombre distinguiese entre ambas. El sistema profético nos recuerda el compromiso que una vez contrajimos con nuestro Señor, con nuestro Ilah, con nuestro Creador:

(172) Cuando tu Señor se dirigió a la descendencia de los banuadam e hizo que testimoniaran sobre ellos mismos: “¡Acaso no soy vuestro Señor?” Respondieron: “Atestiguamos que lo eres.”  Y ello para que el día del resurgimiento no dijerais: “En verdad que desconocíamos este asunto.”

Qur-an 7 – al ‘Araf

Por lo tanto, cuando decimos que Allah fatara el universo, los cielos y la Tierra, nos estamos refiriendo a la primera fase en la que el Todopoderoso “diseña” el molde, la naturaleza primigenia, la estructura básica, sin modelo previo, sobre la que más tarde se desarrollará dicho universo. Por ello, Allah el Altísimo nos recuerda constantemente en el Qur-an que Él es el mejor de los creadores, pues nadie puede crear algo a partir de la nada:

¡Bendito sea Allah, el mejor de los creadores!

Qur’an 23:14

Si ahora hiciéramos un viaje imaginario, dando marcha atrás hasta llegar al origen del universo, tal y como lo podemos percibir con nuestros sentidos y nuestro raciocinio, llegaríamos a un punto en el que no quedaría, sino agua, una intensa luz o la más absoluta oscuridad. Más allá de esa imagen a nuestra razón no le llega, sino el silencio y una “nada” blanquecina como la pantalla del cine. El Fatir, el Originador, el Creador de todos los moldes, no puede ser aprehendido directamente por Sus criaturas de la misma forma que el dibujo de un cazador en una acuarela no puede imaginar al pintor ya que sus niveles ontológicos son diferentes. Un dibujo no piensa ni imagina, pues no se le ha otorgado esta capacidad. En la siguiente fase del proceso elFatir origina algo que es un reflejo de Él Mismo, algo que contiene Sus Atributos codificados de forma que el hombre pueda comprender o imaginar, incluso si lo que puede comprender o imaginar es sólo una suposición, un deseo racional, un sentimiento, una evidencia… pero lo suficientemente fuerte como para hacer que se mueva en dirección a su Señor en vez de permanecer aterrado ante la existencia que acaba de obtener.

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Si volvemos al ejemplo de la acuarela e imaginamos que se le ha dado vida, veremos un hombre estático en la posición de cazar, asombrado y confuso, tratando de comprender no sólo por qué está allí, sino también de dónde ha venido y hacia dónde se dirige; qué hay más allá del horizonte de la acuarela. Tratará de averiguar la naturaleza del objeto que tiene en las manos y qué se supone que debe hacer a continuación. De la misma forma, el hombre sentiría esa misma perplejidad y desesperación si se le hubiera dado la vida de la misma forma. ¿A qué pasado o a qué futuro podría estar ligado?¿A qué sentido? Vemos que el hombre necesita una historia –no sólo como una secuencia de acontecimientos, sino como un origen; como la explicación de su propia existencia; como el resultado del encuentro al que asistió y en el que toda la trama le fue propuesta y aceptada por todos los seres humanos –todo eso está en la fitrah, forma parte de la materia que la constituye

Por lo tanto, la esencia misma, la naturaleza primigenia del hombre, su fitrah, está hecha de la aceptación del estatus de criatura y de la existencia de un Único Creador. Ello implica que el hombre ha recibido de su Señor la marca de la rectitud, el soporte que le afianza y le mantiene en su fluir milenario a lo largo de la historia –una historia más antigua que la del universo, que la de la propia existencia. El hombre forma parte de una trama, de una novela en la que el Autor y los personajes están de acuerdo en que al final, cuando el argumento se haya desarrollado completamente, se encontrarán de nuevo. El hombre, a través de su fitrah, conoce este origen y lo mantiene vivo en su corazón a través de una constante añoranza de eternidad y perfección, de belleza y purificación.

En este sentido fitrah significa también “recuerdo”. Es la fitrah, nuestro molde primigenio, nuestra naturaleza esencial, la que nos recuerda constantemente nuestra historia, nuestro origen para evitar que sintamos el terror del cazador dibujado en la acuarela al cobrar vida y desconocer su origen y la razón de su existencia.

Al mismo tiempo, la fitrah actúa como un maestro interior que nos enseña lo que ningún otro maestro nos podría enseñar. Si pidiésemos a una persona cualquiera que se señalase a sí misma, inmediatamente su dedo índice se dirigiría al centro del pecho, desviado ligeramente a la derecha. Todos sabemos que es ése el lugar en el que se manifiesta nuestranafs, la percepción de nuestro propio “yo”. En el viaje del Profeta Muhammad (s.a.s) a los cielos, Yibril (a.s) le ofreció dos cuencos para que eligiera. En uno había vino y en el otro leche. El Profeta (s.a.s) eligió éste último y Yibril (a.s) le dijo: “Has elegido según la fitrah.”

La firah, pues, no sólo actúa como un recordatorio constante del pacto del hombre con su Señor, sino también como una fuente inagotable de conocimiento que nos muestra el camino, la forma de vida que le es propia al ser humano. La firah representa la masa del pan antes de ser cocida; la arcilla antes de ser introducida en el horno; la piel de un animal antes de ser curtida… ya que es la forma original de las cosas, el molde del hombre antes de ser arrojado al flujo de la historia, en el que su firah corre el peligro de ser transformada en una naturaleza artificial, olvidadiza y trastocada –la cultura.

Dos naturaleza, pues, en continua confrontación –la original, la primigenia, la fitrah, y la artificial, la fabricada por el hombre, la cultura. Una, la primera, nos lleva al sistema profético, al recuerdo; la otra, la segunda, nos lleva al sistema chamánico, al olvido. De la elección que hagamos dependerá nuestra vida en el Más Allá –en Ajirah.