El 24 de diciembre de 2025 el New York Post publicaba un artículo titulado “Un incendiario cartel en Times Square que proclamaba ‘Jesús es palestino’ fue criticado por turistas: ‘Un mensaje divisivo’ (Inflammatory Times Square billboard proclaiming ‘Jesus is Palestinian’ slammed by holiday tourists: ‘A divisive message’).
Adeb Ayoub, Director Ejecutivo Nacional de la organización árabe-estadounidense Comité Antidiscriminación Árabe-Americano (American-Arab Anti-Discrimination Committee) dijo al respecto:
“Hay muchas más similitudes entre árabes, musulmanes y cristianos en este país de lo que otros quieren hacernos creer, y existen similitudes y existe un temor a la cultura; la religión compartida”, declaró Ayoub a The Post. “La mayoría de los estadounidenses en este país son cristianos, y la cuna del cristianismo es Palestina. Si la gente quiere debatirlo, genial, la valla publicitaria ha generado un debate. Al menos se está conversando al respecto. De lo contrario, nos silencian y nuestras voces y posturas no se expresan”. Cuando se le preguntó si su grupo cuestionaba que Jesús fuera judío, Ayoub respondió que “Jesús vive en todos nosotros” y que el tema estaba abierto a interpretación.
Estamos abiertos a interpretación. Y estamos de acuerdo en que hace falta un debate -un debate serio, sin sobresaltos ni conmociones. Podríamos añadir, sin embargo, que deberíamos evitar mezclar las denominaciones religiosas con las étnicas y geográficas, ya que a lo largo de la historia ha habido incontables dislocaciones al respecto. Podemos hablar de judíos, cristianos y musulmanes, pero teniendo en cuenta que todos ellos al mismo tiempo pueden ser árabes porque nacieron en Arabia y son habitantes de Arabia. No nos parece lógico llamar “árabes” a los sirios y seguidamente llamar “judíos” a los que viven 200 km más al sur. Si el territorio en el que viven se llamase Judea, ellos deberían llamarse “judeanos”. Con lo cual, merece la pena emitir un aviso: al debatir, entraremos en un bosque con tantos árboles que nos puede resultar difícil verlo; ver dicho bosque… al menos al principio. Mas lo vamos a intentar.
Lo primero que nos debería llamar atención es que hablaremos de gentes que se denominan “judíos”, viven en “Israel” y hablan “hebreo”. Ya tenemos los primeros árboles -los más frondosos, nudosos y retorcidos.
Como vemos, necesitaremos de un hilo del que tirar. Proponemos tirar del hilo que es el nombre “Israel” (Isra-il), un hilo muy importante.
Según el Génesis, el primer libro del Pentateuco, “Israel” era el nombre que “el varón” le dio a Jacob:
«Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.» (Génesis 32:28)
En otras traducciones: porque has pugnado o batallado con Dios.
Sin embargo, en el siguiente versículo y en muchos otros posteriores encontramos de nuevo el nombre Jacob, no Israel. Es más, en su lecho de muerte (Génesis 49), la Biblia le llama Jacob. Muy extraño, por no decir sospechoso. Resumiendo, el nombre “Israel” lo encontramos en Génesis intercalado entre los numerosos nombres “Jacob”. Además, el nombre “Jacob” aparece en los demás libros del Pentateuco, muchas veces en contextos igualmente extraños, por ejemplo, Éxodo 1:1 nos dice:
«Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob…»
Los exegetas bíblicos derivan el nombre “Israel” del verbo ś-r-h / s-r-h (שׂרה / שרה), que significa luchar, esforzarse, contender, ejercer poder, con lo cual “Israel” significaría “el que lucha con Dios”. Y también podría significar “Dios lucha, Dios contiende, Dios prevalece o Dios gobierna”. No nos resulta aceptable esta apreciación tan ambigua, sobre todo si leemos la descripción, muy estrafalaria, de esta “lucha” (Génesis 32). Y aquí es absolutamente imprescindible que hagamos un inciso para mencionar a los Masoretas, ya que las traducciones del Antiguo Testamento de las que disponemos en la actualidad derivan del texto vocalizado que elaboraron estos escribas y “sabios judíos medievales” de Babilonia y Tiberias, Palestina.
Este sistema de vocalización y puntuación fue denominado masorah –de masoreth, tradición– tarea ésta que habría comenzado en las academias de Talmud de Babilonia y Palestina “alrededor” del siglo VI, finalizándose en el siglo X. En la actualidad existen solamente 31 textos masoréticos del Antiguo Testamento –no todos completos– con una datación que va desde finales del siglo IX hasta 1100 d.C. El fragmento más antiguo de un texto masorético -“Profetas”, del Cairo, de Moisés ben Asher, datado en Tiberias en 895- es cuatro siglos posterior al periodo en el que supuestamente comenzaron su trabajo los Masoretas. Es decir, los Masoretas completaron su trabajo varios siglos después de la revelación del Corán.
El llamado hebreo –mucho más acertado sería decir dialecto siriaco– en cuanto que lengua derivada del árabe, es consonantal, es decir, sólo se escriben las letras consonantes, mientras que las vocales se deducen por el habla cotidiana, las reglas gramaticales y el contexto. Teniendo en cuenta este hecho, no resultará difícil entender la imposibilidad de vocalizar un texto –el del Antiguo Testamento– escrito en un dialecto que había dejado de hablarse 1500 años antes de que los Masoretas se impusieran tan arriesgada, pero al mismo tiempo rentable, tarea. En realidad, se trataba de terminar el trabajo de los traductores de la Taurah Septuaginta, ahora con el texto coránico como principal referencia lingüística y doctrinal. Su tarea habría resultado de todo punto imposible si el “hebreo” hubiera sido una lengua original e independiente, pero en cuanto que dialecto árabe a través del siriaco, pudieron transvasar la gramática, la entonación y puntuación del árabe fasih a su lengua, que yacía muerta hacía más de 1.000 años.
Manteniendo el texto consonantal podemos cambiar su significado a través de la vocalización y de la puntuación. Y eso es lo que ha sucedido con los manuscritos del Antiguo Testamento. La crítica bíblica ha clasificado sus errores en auditivos, visuales, exegéticos y deliberados. Un error en la vocalización nos puede llevar a confundir la partícula negativa “la’” con la preposición “lo” que significa “a él”; o a leer “seguro” en vez de “hermano”; o “cuervo” en vez de “árabe”; o “le mataron” en vez de “mató”. La vocalización correcta depende del conocimiento de la lengua “hablada”. Las dudas acerca de la vocalización masorética de los textos bíblicos han existido desde el principio mismo de la crítica bíblica, si bien casi nunca han sido adecuadamente difundidas.
El término “Israel”, más correctamente “Isra-il” -y de éste “los Banu Isra-il,” traducidos en la Biblia por “los hijos de Israel”- proviene de la raíz “saraya” (سري), y significa “viajar de noche”. El sufijo “il” siempre hace referencia a Allah –ilah (Dios), Él- y puede tomar las formas “el” o “al” aparte de “il”. De ahí los nombres Isma-il, Dani-el… Por lo tanto, “Isra-il” significa “el que viaja o hace un viaje nocturno por Allah”, y es un apodo que había recibido el profeta Lut (Lot en la Biblia), el tío del profeta Ibrahim (Abraham en la Biblia).
Sal de nocheأَسرِcon tu familia y ve detrás de ellos, de modo que ninguno de vosotros vuelva la mirada atrás. E id a donde se os mande. (Corán, sura 15, aleya 65)
Como todos sabemos, uno de los que salieron con él sí volvió la mirada atrás… pero ésta es otra historia.
A Lut se le ordena “salir de noche”. En realidad, es una huida porque las vidas tanto de Lut como de los que le siguieron estaban en peligro. Lógicamente, no se les ordena ir a la deriva. No se trata solamente de escapar del castigo que al amanecer caerá sobre esa ciudad, sino de ir a un lugar concreto con una misión específica. Lut abandona el Valle de Bakkah y se dirige a Yemen, al otro extremo del eje profético, al inicio, al lugar donde dio comienzo la historia del Insan. Cuando Lut llega a Yemen, se instala en Misr, donde se le da el sobrenombre de Isra-il, “el que ha viajado de noche por Allah”, y a los que le acompañan se les denominará “los Banu Isra-il”, “la gente que va con Lut”, “la gente que le sigue”. Ibrahim e Isma-il, por su parte, se quedan en el Valle de Bakkah, donde mantendrán el Tawhid hasta la llegada del sello de la Profecía, Muhammad. Mientras tanto, se lanza otra línea profética. La historia se va a centrar ahora en Misr y en los Banu Isra-il, a los que un día llegará Musa (Moisés) con un importante mensaje del Creador.

Isra-il, como hombre, es mencionado solamente una vez en el Corán, y eso se debe -en nuestra interpretación- a que era un apodo; y es mencionado de esta manera para darnos una pista para nuestras investigaciones:
Todos los alimentos eran lícitos para los Banu Isra-il, salvo lo que Isra-il se prohibió a sí mismo antes de que se descargara la Torá. (Corán, sura 3, aleya 93)
Aquí merece la pena añadir que el bíblico Lut se refugia en una cueva con sus dos hijas, siendo los tres los únicos supervivientes de la destrucción. Después, cuando Lut está ebrio e inconsciente (algo que según la Biblia ocurría a menudo), sus hijas resuelven tener relaciones sexuales con él porque “creen que no queda ningún hombre en la Tierra”:
«Nuestro padre es viejo, y no hay varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la Tierra.» (Génesis 19-31)
No obstante, Génesis 19:27–28 nos informa que “Abraham se levantó de mañana y fue al lugar donde había estado delante de YHWH y desde allí miró hacia Sodoma y Gomorra y vio humo que subía como el humo de un horno”. Es decir, Ibrahim no estaba lejos, y con él y en los alrededores muchos otros hombres y mujeres.
Todas esas discrepancias y las perversiones de la familia de Lut bíblico apuntan a un encubrimiento. En este caso se trata de encubrir el origen de Isra-il y, por lo tanto, de los Banu Isra-il, que nada tiene que ver con la genética y todo que ver con la profecía.
No son leyendas de los antiguos. Los acontecimientos que presenciamos hoy en directo y que tienen directa relación con la Biblia nos pueden afectar en cualquier momento, y no solamente a Oriente Medio. A todos.

Al-yahūd al-yamaniyyūn, “judíos” yemeníes.
