Poblamientos del “yo”

Lo último que podríamos deducir al contemplar el paisaje que se revela en nuestro interior es la creencia de que estemos solos. Antes bien, debemos compartir nuestro “yo” con al menos otra entidad. En el Corán se le denomina “Qarin”, ya que es el amigo, o enemigo, más íntimo que tenemos. Este sustantivo deriva del verbo árabe قرن(qarana), que significa “conectó, acopló o unió una cosa con otra”. Y este mismo significado lo encontramos en la forma 3 del mismo verbo قارن

(qaarana): “se asoció con él, se convirtió en su compañero”. Por lo tanto, hay una entidad que se manifiesta en forma de voz, de susurro, y que actúa desde nuestro interior, y ello sin que la mayoría de la gente logre separar y distinguir esta entidad de nuestro propio “yo”. No podemos deshacernos de ella, pues forma parte del diseño existencial. Incluso testificará en la Otra Vida a favor o en contra de nosotros. Tratará de justificarse por haber sido en la mayoría de los casos un elemento discordante y nefasto en la personalidad humana.

Dirá su Qarin: “Este es el que yo tenía a mi cargo.” Arrojad al fuego a todo infame encubridor –el que prohíbe el bien, transgrede los límites establecidos y siembra la duda; el que pone junto a Allah a otros dioses. Arrojadlo al castigo atroz. Dirá su Qarin: “¡Señor nuestro! No fui yo quién le llevó a la rebeldía, sino que era él quien estaba en un lejano extravío.” Dirá: “No discutáis ante Mí, pues en verdad que os lo había advertido antes de que ocurriera. Nada ha cambiado de Mi discurso ni soy injusto con los siervos.” (Corán, sura 50, aleyas 23-29)

Se trata de un Yin que puede ser o convertirse en uno de los Shayatines -los Yin que trabajan para Iblis con el solo propósito de llevar al hombre a la perdición.

Sin embargo, estos ataques por parte de los ejércitos de Iblis pueden provenir también del exterior. Mucha gente tiene amigos íntimos a los que quiere y con los que siempre está asociado, incluso cuando parte de sus creencias divergen. Y esta relación entre dos humanos puede ser tan nefasta como la relación que podamos tener con estos Shayatines.

Dirá uno de ellos: “Yo tenía un compañero inseparable –Qarin– que solía decir: “¿De verdad crees en eso? ¿Acaso nos van a pedir cuentas cuando estemos muertos y seamos tierra y huesos?” Dirá: “¿Habéis subido a ese lugar?” Ascenderá y lo verá en medio del fuego. Dirá: “¡Por Allah! A punto estuviste de llevarme a la perdición.” (Corán, sura 7, aleyas 51-56)

Eso es lo que Iblis aseguró que haría hasta el Día del Resurgimiento:

Si me das de plazo hasta el Día del Resurgimiento, me apoderaré de toda su descendencia, salvo de unos pocos.” Dijo: “¡Vete! Quien de ellos te siga que sepa que el fuego será vuestro galardón –abrumadora recompensa en verdad. Susúrrale la rebeldía a quien puedas, cae sobre ellos con tu caballería e infantería, hazte socio en su riqueza e hijos, y hazles promesas,” pero las promesas del Shaytan no son, sino engaños. “Sabe que ningún poder tienes sobre Mis siervos.” Tu Señor basta como protector. (Corán, sura 17, aleyas 62-65)

No obstante, en algunos casos este Qarin es o se ha convertido en creyente. Y no solo ha dejado de ser un lastre que nos empuja a lo más bajo de la condición humana, sino que -bien al contrario- nos apoya en el Bien, nos incita al camino de rectitud. Cuando se le preguntó al profeta Muhammad si también él tenía un Qarin, respondió: “Sí, pero yo lo he hecho musulmán, sometido a la voluntad de Allah.”

Y de la misma forma, el creyente tiene el apoyo y la protección de los Malaikah que le custodian, que detienen controversias interiores que podrían llevarle a realizar acciones que perjudicarían gravemente su destino post mortem. Son el susurro del Bien, de la paz interior. Y al mismo tiempo el creyente está protegido por sus Qarin exteriores, hombres como él, que le animan al Bien y le aconsejan la paciencia en el infortunio y a no abandonar el camino de rectitud.

Estos son los poblamientos con los que tiene que convivir la Nafs humana, el “sí mismo” del hombre; poblamientos que rodean a nuestra Nafs -a nuestra verdadera identidad; poblamientos en lucha unos con otros; fuerzas que llegan a esta geografía según las inclinaciones de nuestra Nafs.

A quien se aleja del recuerdo del Rahman le enviamos un shaytan que se convierte en su amigo íntimo –qarin. Les apartan del camino haciéndoles creer que están guiados hasta que llega a Nosotros, y dice: “¡Ay de mí! ¡Ojalá hubiera entre tú y yo la distancia de los dos orientes! ¡Qué mal compañero!” (Corán, sura 43, aleyas 36-38)

Y así como nos llegan Shayatines que se asientan en nuestro interior (Yins a las órdenes de Iblis) con la misión de extraviarnos del camino:

Quien tenga al shaytan por amigo íntimo –Qarin– que sepa que ha tomado por amigo a un mal compañero. (Corán, sura 4, aleya 38)

Así también Iblis se vale de Shaytaines humanos asociados con él y que actúan desde el exterior. Para contrarrestar estas fuerzas maléficas, estos lastres que nos empujan hacia las tinieblas -y no hay peores tinieblas que las que genera la ignorancia- Allah el Altísimo también nos envía Malaikah que nos sustentan y nos elevan hacia la luz. Así nos hablan y así nos clarifican su misión:

Os hemos acompañado en la vida de este mundo y os acompañaremos en Ajirah, donde tendréis todo cuanto deseéis, y todo cuanto pidáis –agasajo del Perdonador, del Compasivo.” (Corán, sura 41, aleyas 31-32)

Siempre han estado con nosotros, desde el primer momento. Y seguirán estando con nosotros en la Otra Vida. Les necesitamos. Son los “técnicos” que ajustan nuestras acciones al destino que se ha escrito para nosotros.

Estos son destellos de la geografía existencial -exterior e interior; una geografía que recorremos cada día; una geografía poblada de entidades con las que estamos en estrecha relación.

Ahora -pues- que sabemos, actuemos en consecuencia.

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