Lo que nos está matando

Los programas políticos de hoy prometen a los ciudadanos prosperidad y bienestar como los dos factores que propiciarán una vida llena de felicidad. Sin embargo, lo que de facto están prometiendo es la inmovilidad, la parálisis –nada más contrario a la naturaleza humana. Obviamente, no quieren nuestra felicidad. Lo que quieren es nuestra dominación, ya que la inmovilidad ante todo genera una profunda desconexión con la realidad, produce obnubilación, intoxicación, pudriendo nuestro interior, infectando nuestras vísceras, los líquidos que fluyen por todo el cuerpo, convirtiéndolos en un pantano de aguas estancadas e infestadas de alimañas. Prometen, pues, una felicidad en la que va encapsulada nuestra propia autodestrucción. Las evaporaciones de esas aguas pantanosas suben hasta el cerebro infectándolo todo él.

Es lo mismo que prometen los chamanes, los vendedores de drogas, los generadores de modas… y el hombre, el individuo, los ciudadanos ingieren todas esas substancias, todos esos conceptos para pasar un buen rato, pero esos sucedáneos no producen, sino más decepción. Está convencido el hombre de hoy, sin ninguna razón que lo justifique, que la felicidad tiene necesariamente que venir del exterior –algo así como una pastilla, una buena noticia, un prometedor acontecimiento. En última instancia su problema es que no sabe lo que es la felicidad. ¿Lo sabe alguien en este mundo de hoy? ¿Puede alguien pensar de forma coherente y racional bajo los efectos de una profunda intoxicación? ¿Pueden acaso vislumbrarse las piedras que yacen en el fondo de un pantano de aguas estancadas?

Imaginemos por un momento la siguiente situación:

Después de cinco días de sufrir un estreñimiento absoluto, logramos evacuar y casi vaciar lo que hay en nuestros intestinos. ¿Podemos concebir una mayor felicidad que esa? Incluso si nos ofreciesen 100 millones de euros, no los cambiaríamos por ese momento. Ni tampoco nos sentiríamos más felices si la mujer que amamos nos dijese “Sí, quiero”. ¿Qué es entonces la felicidad? ¿Cómo podríamos definirla? Abarcar su significado. Seguimos sin tener una respuesta.

Mas en el ejemplo que acabamos de dar podríamos encontrar la solución al enigma. La felicidad se instala en nosotros cuando re-establecemos la armonía. Ésta se había roto a causa del estreñimiento y cualquier suceso que nos aconteciera, por muy dichoso que pudiera parecer, no haría, sino aumentar nuestra infelicidad, nuestra turbación, nuestro profundo malestar, pues, antes de nada, deberemos re-establecer la armonía.

Sin embargo, poco tiempo después habrá otros elementos que hayan perdido su armonización. Por lo tanto, deberemos buscar una fórmula que nos dé la clave para desarrollar una supra-armonización, de forma que nos sintamos sanos aún en la enfermedad, que las sucesivas desarmonizaciones queden absorbidas y eliminadas por esa supra-armonización. Y ello será posible porque los dos factores que interrumpen nuestro afinamiento con el resto del Universo son el desconocimiento de la finalidad de la existencia y de nosotros mismos, así como del objetivo que debemos alcanzar en esta vida. Hasta que no despejemos esta doble incógnita, habrá constantes desarmonizaciones que nos llevarán a la drogadicción, a la locura o al suicidio.

Sin embargo, y a pesar de que es relativamente sencillo dar con la solución y resolver de una vez por todas el enigma de la existencia, resulta extremadamente escurridiza, ya que 3,000 años de búsqueda no han bastado para que científicos y filósofos hayan dado con ella. Y ello es así porque la solución sólo puede encontrarse en textos o mensajes objetivos. Desdeñar esta realidad significará, como ha significado hasta ahora, repetir como en un caleidoscopio las mismas frustraciones propias de la subjetividad humana.

Una primera aproximación:

La existencia es un viaje que se realiza siguiendo fases predeterminadas e inamovibles. Y en cada una de esas fases nos encontramos con la edificación que hemos ido construyendo con nuestra forma de vida en la fase anterior. Y aquí vuelve a ser importante, imprescindible, conocer cuál debe ser nuestra forma de vida para que ese viaje nos lleve, tras la muerte, de paraíso en paraíso, alejándonos de la ignorancia y catapultándonos a un conocimiento cada vez mayor. Y esa forma de vida, la idónea, de nuevo la encontramos en los textos y mensajes objetivos a través del sistema profético.

¿Por qué entonces se nos niega la lectura del Corán? La lectura de un texto objetivo en el que están las respuestas a todas las incógnitas existenciales. Precisamente, porque se trata de que busquemos la felicidad en el bienestar y la prosperidad.

Cuando el cielo se escinda y se imponga la palabra de su Señor; cuando la Tierra sea allanada y expulse lo que hay en ella y se vacíe y se imponga la palabra de su Señor. ¡Oh tú, el hombre –insan! Vas a tu Señor penosamente cargado con tus obras, y con Él te has de encontrar. El que reciba su kitab por la derecha tendrá una cuenta fácil, y volverá alegre a su gente. Mas quien reciba el kitab por detrás de la espalda suplicará que se acabe con él, pero no se acabará con él, sino que arderá en el sair. Se sentía feliz y despreocupado entre su gente, pensando que no habría de resurgir a la vida. Mas su Señor le observaba. “Juro por la admonición y quien la escucha, por la noche y su carga, por la Luna y por cómo se ha ordenado su trayectoria, que no habéis cesado de pasar de una condición a otra.” ¿Qué les pasa entonces que no creen? Cuando se les recita el Corán, no se someten, pues los encubridores reniegan de la verdad. Allah sabe bien lo que ocultan. Anúnciales la buena nueva de un doloroso castigo. Mas no así a los que creen y actúan con rectitud. Ésos estarán en una perpetua dicha. (Corán, sura 84)

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