La vida está muerta. Es un hecho irreversible que avanza sin importarle el tiempo que necesitará para concluir su tarea de absorción total. La vida es una apariencia irreal que solo el amor sostiene –el amor del creyente por los creyentes en el que se concretiza su amor por la objetividad de las cosas, por la rectitud, por la virtud, por la purificación. Mas cuando los creyentes desaparecen, el amor queda suspendido en su forma potencial y la vida se muere.
Y cuando la vida empezó a morirse, se inventaron la coartada del arte, pensando que la belleza es una manifestación de amor. Obviamente, se trataba de un subterfugio para evitar enfrentarse a la muerte de la vida. Mas ¿pueden acaso unos manchones de tinta substituir a una flor? ¿A una semilla cuando despunta la vida que hay en ella? Al final, tuvieron que confinar al arte en museos –elegantes almacenes de naturalezas muertas.
Y ya muerta la vida y amontonado el arte en museos, el hombre pensó en trasladar el problema al espacio sideral: «Algo ha fallado en nuestro proceso evolutivo y por ello no encontramos el sentido de la vida. Quizás la respuesta se encuentre en alguna otra combinación de moléculas que se haya desarrollado sin errores en otras Tierras.»
Sin embargo, la vida no es un fenómeno que se haya producido en este universo. Que les pregunten a los artistas por qué no pueden vivificar sus obras. Están vivas las plantas que decoran sus estudios. Y vivo está el gato que salta de un lugar a otro mientras los artistas esculpen, pintan o alfareran según les dicta su imaginación. Todo está vivo a su alrededor. Ellos mismos están vivos; las impertinentes moscas que revolotean y se posan en sus artísticos trabajos. Todo está vivo, menos el arte con el que pensaban paliar la muerte de la vida. Naturaleza muerta, inmovilidad, deslustre.
Es la muerte de la vida cuando desaparecen los creyentes, los enamorados del Más Allá, los que aspiran a morir para ser inmortales. Eran luz en las tinieblas, paz en el odio, conocimiento en la confusión, recuerdo en el olvido… vida en la muerte.
¿Cuánto más durará un mundo muerto sin creyentes?
