Hazte extranjero en tu propia tierra

Si estás en el mundo sin ser del mundo, entonces tu condición es la de un habitante accidental. No te detengas demasiado tiempo en cada una de las estaciones de tu viaje –son momentáneas, inconsistentes. No te detengas construyendo un imperio o cambiando tu configuración para ser inmortal, pues la substancia en la que se sostiene la existencia también volverá a la nada de la que fue producida. ¡Cuántas ruinas se van amontonando sobre ruinas pasadas! No ha quedado nada. ¿Oyes sus voces? No confundas los textos demagógicos que hablan de esos pueblos con la gloria. Tan solo fue una ilusión pasajera la de su grandeza. Pensaron que nadie les observaba y se fueron hundiendo en sus transgresiones hasta que se hicieron demasiado pesadas, les inmovilizaron, detuvieron sus pasos y los aplastaron. No te detengas a analizar todas las causas de tal infortunio –es su mundo, no el tuyo.

Caminas por los campos que recorrías en tu juventud. Y lo haces como un extranjero que acaba de llegar a ese lugar. La extrañeza que sientes, la extrañeza que te hace sentir tu gente es el motor de la búsqueda que has emprendido. A partir de ahora vivirás en un permanente exilio. No eres de este mundo. Apenas dejan huellas tus pasos. No heredes de sus manos. Deja todo como lo encontraste. Pronto saldrás de esta bóveda hacia la luz.

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