Muhammad bin Salman ha mandado un claro mensaje a Washington: Sois vosotros los que no duraríais 2 semanas sin mí.

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¡Khashoggi! ¿A alguien le importa? La respuesta claramente es NO, a nadie le importa la suerte de este oscuro ¿periodista? El que importa es el príncipe, Muhammad bin Salman –MBS, que en cuestión de días ha pasado en amplios sectores de la prensa, sobre todo norteamericana, de ser un reformador, un liberalizador revolucionario, un guerrero anti-corrupción… a ser un asesino, un carnicero, un indeseable –opinión compartida por la CIA. Tal estado de cosas difícilmente puede sorprender en el desequilibrado y depresivo mundo occidental en el que viven y se mueven todos estos personajes de opereta, pero es un indiscutible síntoma de que algo perturbador ha pasado y sigue pasando.

No hace mucho, en la primavera de 2018, en su gira por Occidente, Bin Salman se reunía con los grandes de la política, de las finanzas, de los medios de comunicación, de la realeza y de Hollywood. Unos meses antes, en el otoño de 2017, el príncipe con unos 1000 acompañantes –negocios, finanzas, política– aparecía en Moscú en una visita tanto histórica como épica. Está claro que tiene grandes planes y proyectos en mente y los medios para llevarlos a cabo –dinero (también lo tenían sus predecesores, pero dejaron que se fuera por las alcantarillas de la excentricidad) y juventud, de la que carecían aquellos (humanamente hablando cuenta con 40 ó 50 años para realizar sus sueños). La propuesta de Bin Salman es la de desarrollar otras formas de vida y de generar riqueza –agricultura y ganadería autóctonas, industria, turismo y, sobretodo, independencia, no solo política, sino también económica (aligerar la sujeción al petróleo). The Hollywood Reporter dijo en aquella primavera que Rupert Murdoch estaba organizando una cena para el príncipe en la casa del presidente ejecutivo de la 21st Century Fox en Bel Air, aunque el portavoz de la famasa productora declinó hacer comentarios. Mientras tanto, The Independent publicaba un itinerario de MBS que incluía una reunión con Oprah Winfrey. Su equipo no respondió de inmediato, pero cuando Hollywood dice no comment, todo está claro. El joven príncipe también tenía pensado reunirse con el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

“El alcalde Garcetti está asistiendo a una reunión a solicitud del príncipe saudí, como es habitual cuando un dignatario de alto rango viene a visitarnos”, dijo un portavoz de la oficina del alcalde.

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MBS posa junto a Trump en la Casa Blanca. Nunca antes se le había visto tan sonriente a DT.
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Le recibe Richard Branson (tercero desde la izquierda) en su empresa Virgin Galactic en California.
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MBS estrecha la mano de Isabel II.   
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Le recibe Teresa May en su residencia oficial de Londres.
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Arabia Saudita recibe a Jared Kushner e Ivanka Trump.  

El príncipe posaba ante las cámaras, sonreía y, sobre todo, firmaba contratos –solamente en el Reino Unido 65 billones de libras en proyectos que iban desde la defensa a la educación. En cuanto a su país –las mujeres llevan conduciendo y yendo a los gimnasios desde junio de este año. La policía religiosa está desapareciendo de las calles. La música en vivo es tolerada y los cines abrirán sus puertas el próximo año. El rapero estadounidense Nelly incluso dio hace poco un concierto en la capital saudita. Una verdadera revolución; dos, tres pasos más y Riad se convertirá en un segundo Nueva York.

De repente de un cielo azul claro cae un rayo que de claro no tiene nada. En el consultado saudita de Estambul 15 (supuestos) matones sauditas a sueldo estrangulan (supuestamente) a un hombre llamado Yamal Khashoggi y luego… el horror y la carnicería (supuestamente). Turquía, en la persona del presidente Erdogan, desde el primer día no solamente sabe exactamente qué es lo que había pasado, sino que además tiene filmaciones y cintas audio que más tarde facilita a los implicados, y decimos implicados porque de no serlo ¿para qué quieren cintas y filmaciones? Dicho sea de paso –Turquía nunca, hasta hoy, ha explicado ni por boca de su presidente ni por la del Ministro de Exteriores, cómo se ha hecho con dichas grabaciones ni cómo éstas han salido del consulado. Tampoco nunca se ha explicado oficialmente por qué la jefa torturadora de la CIA, Gina Haspel, viajó a Estambul el 23 de octubre. ¿No tienen los Estados Unidos canales diplomáticos con Turquía? ¿Para que existen entonces las instituciones llamadas embajadas?

El senador estadounidense y ex candidato presidencial Bernie Sanders dijo en un sorprendente comunicado de Twitter: “Durante mucho tiempo me ha preocupado la naturaleza de la relación entre los Estados Unidos y Arabia Saudita. Es hora de que reevaluemos completamente esta relación”. Noventa años es realmente mucho tiempo y dado que la naturaleza de esta relación siempre ha sido la misma, se plantea la pregunta ¿por qué ahora hace falta una reevaluación? ¿Habrá sido el deplorable asunto Khashoggi lo que ha originado esta urgencia? Pero ya hemos dicho que Khashoggi no le importa a nadie.

Otro senador, Lindsey Graham de Carolina del Sur atacó al príncipe heredero de la corona saudita Muhammad bin Salman por su presunto papel en la desaparición del periodista Yamal Khashoggi en el programa de Fox and Friends:

“No regresaré a Arabia Saudita mientras este hombre regente ese país. He sido su defensor más entusiasta desde el Senado de los Estados Unidos. Este tipo es una bola de demolición. Ordenó el asesinato de Khashoggi en un consulado en Turquía y espera que lo ignore… me siento usado y abusado. La figura de MBS es para mí tóxica, nunca podrá ser un líder en la arena internacional”.

Bastante fuerte, ¿verdad? Pero sobretodo ingenuo y algo patético. Que a estas alturas un senador estadounidense se escandalice por un asesinato resulta ignominiosamente cínico.

En este momento preciso Reuters informaba que ciertos miembros de la familia real saudí estaban considerando cambiar la línea de sucesión para evitar que el príncipe heredero Muhammad bin Salman se convierta en el próximo rey –algo que fue tajantemente desmentido por el Ministro de Asuntos Exteriores saudita. Turquía seguía echando leña al fuego –el presidente Erdogan hizo dos veces de columnista (nomen omen) nada menos que en el Washington Post, recalcando que Turquía nunca olvidará el asunto Khashoggi y que su muerte debe ser aclarada cuanto antes… y bla, bla, bla. Mientras tanto seguía en la mesa turco-estadounidense el asunto de la extradición a Turquía de Fetullah Gulen, al que el gobierno turco acusa de orquestar el último golpe de estado que a punto estuvo de mandar a Erdogan a la tumba. El 16 de diciembre el Ministro turco de Relaciones Exteriores, Mevlut Cavusoglu, dijo en una conferencia en Doha, Qatar, que el presidente Donald Trump le había dicho al presidente Recep Tayyip Erdogan durante una reunión en la reciente cumbre del Grupo 20 en Buenos Aires que su administración estaba “trabajando” en la solicitud de extradición. Acto seguido un funcionario de la Casa Blanca, hablando bajo condición de anonimato, afirmaba que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en aquella reunión en Buenos Aires no se había comprometido a realizar ningunas gestiones referentes a la  extradición de este líder religioso musulmán con sede en los Estados Unidos.

El día 13 de diciembre de 2018 el Senado de los Estados Unidos, apoyado por las exhaustivas investigaciones de la CIA, aprueba una resolución que directamente culpa al príncipe saudí del asesinato de Yamal Khashoggi. El gobierno saudí rechazó tales alegaciones diciendo que “el Senado de los Estados Unidos está interfiriendo en los asuntos internos de nuestro país”. El mismo día el Pentágono anunciaba (¡sorpresa!) un “pequeño error contable” relacionado con el abastecimiento de combustible a los aviones de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes involucrados en la guerra de Yemen durante un periodo de tres años y medio. Según ese error contable ambos países deberán reembolsar 331 millones de dólares a la administración norteamericana. La portavoz del Pentágono, la Comandante Rebecca Rebarich, anunciaba como la cosa más natural del mundo: “Nuestros socios han sido notificados individualmente sobre nuestra intención de solicitar un reembolso, y se les ha dado estimaciones sobre cuánto deben”. Más aún, el Senado norteamericano calificaba la situación en Yemen de “crisis humanitaria” y exigía que todas las partes involucradas busquen un alto el fuego inmediato. Un giro copernicano en la política del hasta ahora aliado inseparable de la coalición dedicada a exterminar a los yemeníes. El hecho de que los Estados Unidos se venguen de MBS mendigando un puñado de dólares indica que políticamente US se hunde como el Titanic, y económicamente está en bancarrota.

El príncipe seguía rechazando con firmeza las evaluaciones de inteligencia de los Estados Unidos de que él personalmente hubiera ordenado el asesinato de Khashoggi, diciendo que estos mismos cuerpos de inteligencia ofrecieron al mundo una “evaluación notablemente defectuosa” en 2003 antes de la invasión de Irak por los Estados Unidos. Un miembro de la familia real saudita anunció que el príncipe se queda, lo quiera Occidente o lo deteste. Antes de acudir a la reunión de G20 en Argentina Muhammad bin Salman (MBS) se fue de visita por varios países árabes –Egipto, los Emiratos, Túnez y Bahréin. Fue recibido en el aeropuerto por el Ministro de Asuntos Exteriores argentino Jorge Faurie; y ahí está en la foto familiar, sonriendo como siempre y recibiendo con una cierta sonrisa de cínico impenitente los calurosos saludos de los líderes mundiales. Y para colmo de ironías, se acordó en Argentina que en el año 2020 la cumbre G20 tendrá lugar en Arabia Saudita. Después de la cumbre, camino de vuelta, MBS visitó Argelia.

Al mismo tiempo que los G20 se reunían en Argentina, la OPEC hacía lo mismo en Viena (30 noviembre 2018), donde los países miembros acordaron, bajo el liderazgo de Arabia Saudita, reducir la producción 1.2 millones de barriles al día –otra sorpresa. Semejante recorte, el primero desde 2008, causó la inmediata subida en los precios del crudo por encima de los 50 dólares. The Economist anunciaba, compungido, el 3 de diciembre: “La OPEC ha demostrado que todavía no está muerta.” Además, el representante de Arabia Saudita afirmaba que su país no necesitaba permiso de los Estados Unidos para bajar la producción.

En cuanto a las medidas diplomáticas y sanciones –que sirva de ejemplo el caso alemán. El asesinato de Yamal Khashoggi llevó a Alemania a congelar la exportación de armas a Arabia Saudita, el segundo mayor importador de armas de Berlín, hasta que el caso se “aclarase”. Alemania pedía también a otros países europeos que hicieran lo mismo. Se ha sabido, sin embargo, que el consorcio Rheinmetall, uno de los mayores fabricantes de armas alemán, según una investigación conjunta de la revista Stern y la emisora pública ARD, seguía con los negocios. Los medios citan al ejecutivo de Rheinmetall, Helmut Merch, quien declaró durante una conferencia telefónica a mediados de noviembre, que según sus informes estas ventas “no han sido afectadas” por la reciente prohibición de exportaciones del gobierno alemán.

Todos los gobiernos siguen insistiendo en que es imposible que Muhammad bin Salman no supiese lo que le iba a ocurrir a Yamal Khashoggi en el consulado de Estambul; sin embargo, ninguno se hace la pregunta que realmente importa: ¿Es posible que la CIA no supiese la suerte que le esperaba a Yamal Khashoggi en aquel consulado? Obviamente, no es posible. Hay tal coordinación entre los servicios de inteligencia a nivel mundial que una hoja de papel tamaño A4 no se mueve sin la aprobación de los coordinadores. La pregunta podría llegar hasta el fondo mismo del océano politiquero: ¿Lo sabía Trump? ¿Lo sabía Erdogan? En este supuesto, el posible dilema resulta patético –lo sabían (son unos asesinos); no lo sabían (son unas marionetas de cartón).

En algunas ocasiones el orden de los factores puede alterar el producto. Por ejemplo, toda la literatura que se ha escrito sobre la muerte de Kennedy se centra siempre en resolver la pregunta ‘¿quién lo asesinó?’, cuando lo más importante sería preguntarse ‘¿por qué le asesinaron?

En el caso que nos ocupa, resulta difícil creer, a estas alturas, después de tantas guerras y tanta destrucción en Oriente Medio, que el Senado norteamericano se haya traumatizado por las muertes de Yemen (60.000 cadáveres, muchos de ellos por inanición), por los costes “accidentales” del reabastecimiento de los cazas saudíes y de los Emiratos y, mucho menos, por la desaparición de un “periodista”. Nada de todo esto es la causa del repentino malestar estadounidense y la aterradora sorpresa con la que parecen haberse levantado esta mañana los senadores.

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La ciudad de Homs, Siria, 2014

Alguien ha debido darse cuenta de que MBS es de hecho el dirigente de Arabia Saudita, con el agravante de ser un dirigente que realmente dirige. Esta inesperada realidad ha cogido a todos por sorpresa a pesar de los numerosos institutos de análisis político y económico e incontables agencias de inteligencia y espionaje que trabajan para el gobierno norteamericano. Quizás deberían replantearse la posibilidad de volver a la normalidad en la que viven la mayoría de los países. No obstante, alguien debió darse cuenta de este hecho, ya que la asesora de seguridad nacional en el segundo mandato de Barack Obama, Susan Rice, movida por la imperiosa necesidad de expresar una vez más su excelsa opinión sobre el asunto, escribió (30 de octubre 2018) un artículo para el New York Times (al que tiene acceso ilimitado) en el que consideraba a MBS un “socio en el que no podemos confiar”. Según Rice, “no deberíamos romper nuestra estratégica relación con el reino, pero deberíamos dejar claro que no se puede permitir que el Príncipe Muhammad siga ejerciendo un poder ilimitado”. No es, pues, la causa del rebote de US los 60.000 muertos de Yemen, ni la vivisección (supuesta) de Khashoggi; sino el hecho aborrecible de que el príncipe sea “independiente”. Ello significa, teniendo en cuenta su edad (32 años), tiempo suficiente como para crear un enclave rico, productivo, soberano y fuerte en Oriente Medio –algo inaceptable para un país, US, acostumbrado a tratar a sus “aliados” como objetos desechables, que se usan y luego se tiran.

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Al Hudaydah, distrito Dahnan, Yemen, 2018

Es indudable que MBS tiene proyectos, y muchos de estos proyectos pasan por contar la verdadera historia de Oriente Medio de la que no saldrían muy bien parados UK, US y ciertos líderes árabes. En la entrevista con el Washington Post que tuvo lugar el 22 de marzo, el último día de su gira por los Estados Unidos, hizo comentarios velados sobre cómo la política saudí ha estado secuestrada por las exigencias británicas y más tarde estadounidenses en los últimos 100 años. Más aún, dio a entender que quizás es hora de hablar: “los sucesivos gobiernos saudís han perdido la pista de estos acontecimientos, pero habrá que recuperarla”. Imaginemos por un momento la embarazosa situación en la que se encontrarían los Estados Unidos si el actual gobierno saudita se pusiese a recuperar la historia pasada. Más de uno lo entendió como una amenaza.  (En el artículo aparecido en esta misma web “Los Khashoggi, una familia con pasado” hay un detallado informe sobre el ascenso al poder de MBS).

Y lo más importante –probablemente– el petróleo, el oro negro; la reunión de Viena, donde se decide reducir la producción, ergo subir el precio. El juego está entre Rusia, USA y Arabia Saudí –los tres más grandes productores de petróleo. Entre los tres lo pueden decidir casi todo, pero ya se sabe que tres son multitud, y no da para ponerse de acuerdo. Es más fácil entre dos.

Desde al año 2016 existe un acuerdo informal entre Rusia y los demás países productores que le permite participar en las decisiones de la OPEC como un miembro más. Este acuerdo expira a finales de este año, 2018, pero Arabia Saudita quiere que Rusia se involucre en la OPEC de manera más permanente. Aquí citamos a Darius Shahtahmasebi (The Real Reason Western Media & CIA turned against MBS, Russia Today, 14 de diciembre 2018):

 “Aunque Trump se ha jactado abiertamente de sus excepcionales contratos de armas con los saudíes, lo cierto es que los acuerdos sobre armamento por valor de 110 mil millones de dólares solo fueron, según los informes, cartas de intención, no contratos reales. Mientras tanto Arabia Saudita está negociando con Rusia su sistema de defensa aérea S-400. Lo hace, como señala el Washington Post, a pesar de las repetidas solicitudes de Estados Unidos al reino Saudita para que deje de interesarse por las armas rusas.
La amenaza económica que una Arabia Saudita ‘independiente’ bajo el liderazgo de MBS representa para Washington es más profunda de lo que parece y puede que tenga un efecto dominó. Según la CNN, Rusia y Arabia Saudita ‘están involucrados en una intensa batalla sobre quién será el principal proveedor de China, un importante importador de energía con un insaciable apetito por el crudo’.
La inauguración del petro-yuan chino representa un verdadero dolor de cabeza para Washington y su control sobre Arabia Saudita. Según Carl Weinberg, economista jefe y director gerente de High-Frequency Economics, China ‘obligará’ a Arabia Saudita a comerciar el petróleo en yuan chinos en lugar de dólares estadounidenses. Hay que tener en cuenta que ahora, cuando China ha superado a los Estados Unidos como el ‘mayor importador de petróleo del planeta’, estos ataques directos contra el dólar tendrán enormes implicaciones para el estatus actual de reserva mundial que tiene la moneda norteamericana. Si Arabia Saudita se sube a bordo del petro-yuan chino, el resto de la OPEC finalmente lo seguirá, y los Estados Unidos no tendrá más remedio que declarar que todos estos países necesitan de manera vital y urgente ‘libertad y democracia’”.

Es decir, habrá que invadirles –el último recurso que tiene US cuando no se le obedece. Desde hace tiempo que no escuchamos de los Estados Unidos otro discurso que el de cambios de regímenes –siempre acompañados de matanzas, asesinatos programados y destrucción masiva.

Sin embargo, lo que realmente hace falta es un cambio de régimen en los Estados Unidos, no un cambio de presidente, sino del sistema, del deep state, adorador incondicional del dictador ateniense Pericles, uno de sus ídolos inconfesados, que según cuentan los historiadores dijo hace 2.500 años que “los fuertes hacen lo que desean y los débiles sufren lo que tengan que sufrir”. Según todos los indicios, Pericles está vivo y habla ahora en inglés.

Durante mucho tiempo al mundo entero le ha preocupado la naturaleza de los pactos entre los Estados Unidos y el resto de la humanidad. Es hora de que reevaluemos completamente esta enfermiza relación de modo que la ecuación deje, por fin, de estar desequilibrada.

La hegemonía estadounidense se ha derrumbado como se derrumbó “el siglo de Pericles” y como se derrumbó la Unión Soviética. Ahora hay otros “gorilas” que le pueden hacer frente al “chulo del barrio”. Arabia Saudita se lo ha arrojado a la cara a su tiránico socio: “En dos semanas puedo substituir tus bases por bases rusas y lanzar nuevas líneas comerciales con China. Dos semanas, Trump, y ya podéis empezar a regar las áridas tierras de Tejas.”

Mas no solamente Arabia Saudita se ha dado cuenta del nuevo bloque emergente, muchos son los países que secreta o abiertamente están negociando con Moscú y Pequín el nuevo cambio de poderes –Cuba, Venezuela, Irán, India… e incluso Turquía, en el colmo de la infidelidad matrimonial, prefiere acostarse con el oso siberiano que con el cowboy marica. Y ello porque a través de la crisis siria, el mundo está contemplado dos imágenes simultáneas y contradictorias –por un lado está viendo una Rusia fiel a sus compromisos con el gobierno de Damasco y, por otro lado, un occidente en continua traición a sus propios socios.

La cuenta atrás ya ha empezado y pronto caerá la antorcha y luego la estatua… la libertad hace tiempo que colapsó en la isla Ellis, al sur de Manhattan.


(11) Cuando se les dice: “No sembréis la corrupción en la Tierra,” responden: “Somos nosotros los que ponemos paz en ella y enderezamos lo que está torcido.” (12) ¿Acaso no son ellos los verdaderos corruptores, aunque no se den cuenta?
Qur-an 2 – al Baqarah

Un comentario en “Muhammad bin Salman ha mandado un claro mensaje a Washington: Sois vosotros los que no duraríais 2 semanas sin mí.

  1. Todos ven que el imperio USA se cae y corren a tomar nuevas posiciones de influencia bajo el amparo de nuevo polo del poder global: Rusia-China. Bye bye al dollar… compren oro si pueden para no sucumbier a los estragos del reseteo financiero y a la más que probable iii guerra mundial.

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