Muerte en Bagdad

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De izquierda a derecha: Alberto Martínez, José Carlos Rodríguez, Alfonso Vega, Carlos Baró, José Ramón Merino, José Manuel Sánchez, José Lucas Egea, Luis Ignacio Zanón; Iraq, noviembre 2003.

La emboscada.

Hace ahora 15 años, el 29 de noviembre de 2003,murieron en Iraq ocho españoles, ocho agentes del CNI (Centro Nacional de Inteligencia): Alberto Martínez González, José Carlos Rodríguez Pérez, Alfonso Vega Calvo, Carlos Baró Ollero, José Ramón Merino Olivera, José Manuel Sánchez Riera, José Lucas Egea y Luis Ignacio Zanón Tarazona. Viajaban en dos coches todo terreno, un Nissan Patrol y un Chevrolet Tahoe, desde Bagdad hasta Diwaniya y Nayaf, donde estaba desplegada la Brigada Plus Ultra. La distancia que separa ambas localidades es de unos 200 km.Cuatro de ellos eran de la vieja guardia y cuatro su relevo. En Nayaf Merino y Egea iban a sustituir a Martínez y Zanón; y en Diwaniya Rodríguez y Sánchez iban a sustituir a Baró y Vega.

Eran agentes-soldados profesionales. Habían cursado estudios muy especiales: normas generales de funcionamiento de los equipos, antecedentes del conflicto, aspectos generales de seguridad, autoprotección operativa, conducción evasiva, tiro, formación en fotografía e imagen, sistema de orientación e información geográfica, artefactos explosivos, comunicaciones, seguridad de sistemas de información, aspectos sanitarios y económicos, inglés y árabe.

La descripción de los hechos que sigue está basada en la presentación que hace de ellos Luis Gonzalo Segura en “El Libro negro del ejército español”.

A las 15:22 hora local, a la altura del municipio de Latifiya, a unos 30 km de Bagdad, un Cadillac blanco con cinco ocupantes se sitúa detrás del segundo todoterreno y empieza a dispararle. El vehículo atacado adelanta al coche de sus compañeros “para avisarles” e intenta situarse “en posición de tiro lateral”, sin conseguirlo. En ese momento los ocupantes del Cadillac se ponen a la altura del coche que tenían delante y matan al conductor, Alberto, y a otro de los ocupantes; revientan las ruedas laterales. El todoterreno se para bruscamente en el arcén. El Cadillac se sitúa ahora a la altura del todoterreno en marcha, sus ocupantes siguen disparando. Matan al conductor, Alfonso, lo que hace que el coche se salga de la carretera por su lado derecho y caiga por un pequeño desnivel quedando atascado en una zona encharcada. El primer vehículo, con las ruedas reventadas, logra llegar a la altura del que está fuera de la carretera. Sigue un intenso tiroteo, tras el cual el Cadillac huye. Tres minutos después del inicio del ataque hay dos españoles muertos, dos heridos graves, y cuatro ilesos, pero en una situación de absoluta emergencia.

A las 15:27 se produce la primera comunicación con Madrid y petición de avisar a la Brigada para que envíe helicópteros. Esta comunicación queda interrumpida al empezar de nuevoel tiroteo (fusiles, ametralladoras, granadas) desde los tejados de dos edificios cercanos.

A las 15:32 se produce la segunda llamada e intento de pasarle a Madrid sus coordenadas, sin lograrlo, se oyen detonaciones y la comunicación queda interrumpida. Aún así se da la orden de salir a buscarles. (Segura no especifica a quién se da esa orden ni quién la da).

A las 15:42 hay tres muertos; tres agentes se encuentran en un pequeño talud; un agente está detrás de uno de los coches con el agente herido. La carretera ya está colapsada de los coches que han parado a causa del tiroteo. En ese momento uno de ellos,José Manuel Sánchez Riera, cruza la carretera en busca de ayuda. Citamos literalmente: “El agente llega a unos matorrales para intentar conseguir un vehículo, pero su arma se ha encasquillado y se ve rodeado por varios individuos de los que estaban observando lo que ocurría. Uno delos presentes le arranca una medalla de la Virgen, otros comienzan a golpearle, otros intentan atarlo y meterlo en el maletero de un coche aparcado allí mismo. Y aquí viene lo más estrambótico de la historia, pues en mitad del tumulto un hombre notable se acerca al agente y le besa. Ese beso hace que cese de inmediato el disturbio. Ya no se oyen los disparos. Poco después le introducen en un taxi o se introduce el, no lo sabe, y se dirige a Bagdad. Al poco tiempo encuentra tres vehículos de la policía iraquí que le trasladan a la base.Al pasar junto al lugar del ataque descubre que es el único superviviente. En ese momento, sea la hora que sea, tengamos en cuenta el más que considerable atasco producido, no se sabe nada todavía de los helicópteros. No cabe duda que se trata de una historia con muchas incógnitas y casualidades. Demasiadas.”

Estamos de acuerdo.

La versión de El País

El día 30 de diciembre de 2003 El País publicaba un extenso artículo-reportaje titulado “Reconstrucción del ataque contra los agentes del CNI”; subtitulado: “Un beso en la mejilla salvó al espía”; con un resumen: “Un gesto de afecto de un notable iraquí al agente del CNI, José Manuel Sánchez Riera, le libró del ataque de una turba tras morir ametrallados sus siete compañeros.” Un poco más adelante informa: “El Ministerio de Defensa, con el relato del militar superviviente y otros elementos, ha realizado una reconstrucción cronológica del preludio y desenlace de la tragedia. Su testimonio ha sido reescrito por la redacción de la Revista Española de Defensa y será publicado en su próximo número. Lo que sigue es su contenido íntegro.” Efectivamente, El País reproduce la versión de la Revista Española de Defensa, número 190, diciembre 2003. Estas fuentes, en realidad una fuente, la de la Revista Española de Defensa, añaden ciertos detalles al relato de Luis Gonzalo Segura, algo más escueto:

1) Los agentes viajan por la denominada ruta Jackson, una carretera que enlaza la capital iraquí con Diwaniya y Nayaf. Es una carretera con peores prestaciones que la autopista, atraviesa bastantes poblaciones y aldeas, pero es la única viable en ese momento porque la otra está ya cortada. Sin embargo, el mismo El País (versión inglesa) afirma diez años más tarde (3 diciembre 2013 en el artículo de Miguel González titulado Ambush at Latifiya: “El convoy evitó la carretera principal, el escenario de frecuentes ataques, y en su lugar tomó la antigua ruta, que pasa por un pueblo tras otro.)
2) 15:22 –hace diez minutos que han dejado atrás Mahmudiya, muy cerca de donde está instalado el puesto de mando de la III Brigada del 505º Regimiento de la 82ª División Aerotransportada de Estados Unidos.
3)Los ocho españoles hablan entre ellos a través de sus teléfonos satélite Thuraya.
4) Los disparos del Cadillas son de AK-47.
5) Los coches de los agentes superan con éxito, sin saberlo, un punto donde dos trampas explosivas, accionadas por control remoto, esperaban el paso del convoy.
6) La preparación y ejecución del atentado indica un alto grado de elaboración del diseño y del perfil de los atacantes.
7) 15:27 Carlos busca en su Thuraya el teléfono del coordinador del grupo en Madrid, le llama. La comunicación se interrumpe porque vuelven a dispararles.
8)15:32 Carlos vuelve a marcar el teléfono de Madrid. Intenta pasarles sus coordinadas. No lo logra. A continuación citamos el incomprensible comentario de la versión oficial: “A tantos miles de kilómetros de distancia, la desesperación da paso a la desolación. No hay manera de ayudarles. Sin saber dónde están exactamente, es prácticamente imposible hacer llegar a tiempo los helicópteros, salvo que se barra kilómetro a kilómetro la carretera. No queda otra opción. Los helicópteros de Base España se aprestan a partir.”

Más que desesperación y desolación, lo que hay es un total abandono. Un helicóptero no necesita barrer una carretera totalmente despejada (no hay árboles ni nada que dificulte la visión), desde la altura a la que vuela es fácil distinguir el panorama. Los helicópteros se prestan a partir, pero no parten –ni un solo helicóptero despego nunca de la base. Lo más “desesperante” es que no se avisara a la brigada estadounidense, cuyo cuartel se encontraba a 10 minutos en coche del lugar del ataque.

9)El hombre que besa a José Manuel Sánchez Riera es delgado, bien vestido, elegante, distinguido… No es un religioso de la mezquita próxima. No es un imam, aunque va muy bien vestido. Es un notable… Los tres coches patrulla de la policía iraquí a los que Sánchez Riera pide auxilio le trasladan al puesto de policía de Latifiya. Al cruzar por el lugar del atentado, ve los dos coches españoles ardiendo y dos de los cuerpos de sus compañeros tendidos en la carretera. Cuando mira el reloj, comprueba que, desde que comenzó el ataque, apenas han pasado treinta minutos. No obstante, esta secuencia es sumamente confusa. No se entienden los movimientos de Sánchez Riera que le hacen volver, al cabo de 30 minutos, al escenario en el que se encuentran los coches y sus compañeros muertos.

Extravagancias lingüísticas

Esperábamos de la Revista Española de Defensa un informe más “militar” –conciso, preciso, sin florituras. Todo lo contrario. Dificultan el hacerse una idea de los hechos expresiones del tipo:

“En treinta interminables minutos siete servidores del Estado de los que trabajaban en Iraq perdieron la vida en un fanático atentado terrorista, al sureste de Bagdad…”

“Llevan los depósitos de combustible al máximo, para evitar paradas innecesarias por arriesgadas, las armas de dotación a mano, aunque no sean visibles, y los chalecos anti fragmentación muy cerca.”

“El día ha perdido prácticamente su luminosidad.”

“A pesar de la intensa preparación para situaciones de emergencia, la realidad es infinitamente más cruda, más imprevisible y más cruel.”

“Apenas han transcurrido tres minutos desde que comenzó el atentado y las sombras del atardecer embargan el ánimo de los seis agentes de inteligencia españoles vivos, sumidos en la peor de las pesadillas.”

“¿Qué hacer? ¿Qué está pasando? ¿Cómo se sale de una situación como ésta? Es inevitable buscar una luz en el fondo de los conocimientos.”

“La impotencia de quien recibe la llamada, con el impacto de las detonaciones al final de cada palabra, se revela en su gesto crispado.”

Tras esta retórica sólo podemos imaginar que algo se está ocultando.

Recibimiento en Torrejón (según la Revista)

Apenas 20 horas después del atentado en Iraq, los cadáveres de los siete agentes caídos y el único superviviente de la emboscada terrorista llegaban a la base aérea de Torrejón de Ardoz a bordo de un Hércules C-130 del Ejército del Aire. El viaje comenzó en Bagdad, pasó por Kuwait, donde aguardaba, desde la noche anterior, el ministro de Defensa, Federico Trillo-Figueroa, y el director del Centro Nacional de Inteligencia, Jorge Dezcallar. Tras recibir los féretros, la comitiva inició el viaje de regreso a España. A las siete de la tarde del domingo 30 de noviembre, el avión aterrizó en Madrid. Llovía. Una banda de honores de policías militares del Ejército del Aire recibió a los féretros, cubiertos con banderas españolas, que fueron escoltados, seguidamente, por un civil y dos militares. Banderas a media asta presidían el acto como testimonio silencioso del momento de luto que se vivía.Numerosas autoridades acompañaron el recibimiento de los féretros a pie de pista. A la ceremonia –sencilla pero emotiva y solemne– asistieron los vicepresidentes primero y segundo del Gobierno, Rodrigo Rato y Javier Arenas, respectivamente; la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre y los Jefes del Estado Mayor de la Defensa, almirante general Antonio Moreno Barberá; del Ejército de Tierra, general de ejército Luis Alejandre Sintes; del Ejército de Aire Eduardo González Gallarza; y de la Armada, almirante general Francisco Torrente.Concluido el acto, los cadáveres fueron trasladados en siete coches fúnebres hasta el Hospital Central de la Defensa, en el barrio madrileño de Carabanchel. Después de practicarse la autopsia de los cadáveres, en el Pabellón de Docencia del hospital se habilitaron siete salasindependientes para la instalación de las capillas ardientes de los fallecidos. Diversas autoridades y representantes de partidos políticos se acercaron al hospital para dar el pésame a las familias. Además de los presentes en Torrejón, acudieron el presidente del Gobierno, José María Aznar;la presidenta del Congreso, Luisa Fernanda Rudi; el presidente del Senado, Juan José Lucas; los ministros de Justicia e Interior, José María Michavila y Ángel Acebes; el alcalde de Madrid, José María Luis Gallardón; los presidentes de las Comunidades Autónomas de Andalucía, Manuel Chaves; Valencia, Francisco Camps; Castilla y León, Juan Vicente Herrera y Castilla la Mancha, José Bono; los secretarios generales del Partido Popular y del partido Socialista, Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero; y el coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares. A las 10 de la noche se celebró una ceremonia religiosa en la capilla del centro sanitario, a la que asistió Federico Trillo-Figueroa.
A las doce en punto del día 2 de diciembre tuvo lugar el funeral de estado en el CNI, con la presencia de Sus Majestades los Reyes de España y el Príncipe de Asturias.

No nos viene a la memoria en un recorrido rápido por la historia de la humanidad, que haya habido ningún político, presidente de gobierno, militar, explorador, conquistador, sabio, inventor… que hubiera recibido los honores que se han dispensado a siete agentes, siete soldados, siete servidores de la patria, en un ataque que les cogió por sorpresa. ¿Qué hay de especial en sus muertes? ¿Qué hay de especial en morir por impactos de bala o de metralla en una guerra? De nuevo, algo se está ocultando.

Las detenciones

Citamos “La Semana”, 11 de diciembre de 2003:
El presidente del Gobierno, José María Aznar, anunció el pasado jueves en el Congreso de los Diputados la detención de 41 iraquíes entre los que se encuentran los nueve presuntos asesinos de los espías españoles. La operación, bautizada con el nombre de Panther Squeere, se desarrolló en la localidad de Latifiya, en cuyas inmediaciones se produjo el ataque el pasado 29 de noviembre contra los agentes. Las tropas estadounidenses, inglesas, españolas y la policía iraquí desarrollaron una operación en la que detuvieron a los nueve presuntos asesinos. Todos pertenecen a un grupo denominado Abú Abdulá y, según el ministro de Defensa, Federico Trillo, entre ellos se encuentran los “presuntos responsables directos, ejecutores y organizadores del ataque” contra los españoles. Asimismo, Trillo explicó que dos de los detenidos son los máximos dirigentes del grupo terrorista: el líder, Abú Abdulá, y el segundo jefe, As Salah. Un tercero es el oficial de inteligencia de la banda, un cuarto es el responsable financiero y un quinto el médico. Aznar mostró su deseo de que los presuntos autores del atentado “paguen por lo que han hecho”. Sin embargo, según aseguró el pasado viernes la Fiscalía de la Audiencia Nacional, los detenidos serán juzgados en Iraq. Por ello, la Fiscalía pedirá el archivo de la causa abierta por la muerte de los siete españoles en cuanto las autoridades judiciales de ese país notifiquen el procesamiento de los presuntos asesinos. Según aseguró el fiscal jefe de este órgano, Eduardo Fungairiño, se está a la espera de que las autoridades judiciales estadounidenses, o bien las iraquíes, le notifiquen que serán juzgados en Iraq. La Fiscalía tiene la certeza de que así será ya que, según fuentes jurídicas, la “competencia prevalente es la territorial”, por lo que la justicia iraquí tiene preferencia respecto a la española a la hora de juzgar a los presuntos asesinos de los espías españoles.

De los presuntos asesinos, nunca más se supo. La absoluta certeza por parte de Aznar y de Trillo de que entre esos 41 detenidos se encontraban los 9 presuntos asesinos (una banda muy bien armada, estructurada y preparada, según ellos), se desprende que todo fue un montaje publicitario –siete agentes españoles han muerto heroicamente, y los dispositivos militares españoles junto con sus “fieles aliados” han detenido en una operación relámpago a los autores de la “masacre”.

Algunas observaciones semánticas

Habría que rectificar ciertos conceptos que se vienen utilizando en este desafortunado incidente sin el menor rigor. Lo primero que tenemos que entender es que en una guerra no se “asesina” a un soldado, se le “mata”, se le hiere o se le “hace prisionero” (no utilizamos el término “secuestra”, como dice Israel). En segundo lugar, no podemos calificar de guerra la “invasión” de Iraq. Se fabricó un escenario de armas de destrucción masiva que nunca existió, al tiempo que se convertía en delito el hecho de que algunos países, sin permiso de Occidente, las tuvieran.  Ambas proposiciones son contrarias a la lógica y al derecho. Por lo tanto, las muertes ocasionadas por la coalición occidental en Iraq sí que podemos calificarlas de asesinatos, masacres, genocidio, usurpación, robo y crímenes de guerra.

Estamos convencidos de que al menos una buena parte de los agentes españoles desplegados en Iraq eran contrarios a la intervención de España en este conflicto. Y esa posición les ha costado la vida.

Las versiones

Así pues, tenemos la versión “oficial” –la de la Revista Española de Defensa, difundida por El País y la mayoría de los medios de comunicación, que habla de una operación militar, minuciosamente ejecutada, llevada a cabo por los ex-agentes del servicio secreto iraquí, por orden de Saddam Husein.

Existe también la versión de Mónica García Prieto, una periodista y reportera española, quien junto con Javier Espinosa Robles, publicó en 2017 el libro La semilla del odio. De la invasión de Iraq al surgimiento del ISIS (aunque en la biografía de Espinosa este libro aparece con el títuloLa semilla del odio: De la revolución al califato del ISIS, 2017). El día 19 de junio de 2017 García Prieto publicó en elmundo.es/cronica su conversación con un tal Abu Abdurrahman, realizada, según dice en la entrevista, cuatro años después de los acontecimientos en Latifiya, es decir en 2007, en el barrio Qudsaya de Damasco. Se titula: “Nosotros matamos a vuestros siete espías en Iraq”. Los subtítulos rezan:

La confesión del comando de insurgentes iraquíes que se atribuyó el asesinato de siete agentes del CNI en 2003.

Dicen que fue un ‘ataque de fortuna’: no sabían que quienes iban en los coches eran españoles ni espías.

Los reporteros lo cuentan en ‘La semilla del odio’, su segundo libro, sobre su experiencia en la guerra de Iraq y cómo vieron allí nacer al Estado Islámico.

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La foto que acompaña a la entrevista de García Prieto.

Hasta donde hemos podido comprobar esta entrevista no se publicó hasta el 19 junio del 2017, y este hecho nos hace preguntarnos¿por qué la autora (los autores) ha esperado diez años para difundirla, justo en el momento de la publicación de su libro?

Dice Prieto: “En España se había afirmado que los atacantes habían sido arrestados y que habían confesado su crimen y sus vínculos con el partido Baaz. Sin embargo, cuatro años después, el destino me conduciría al jefe del escuadrón de Ansar al Sunna que aseguraba haber ejecutado el ataque contra los agentes. Sólo accedió a hablar por deferencia a mis ´padrinos´ iraquíes (en otro sitio es ´un padrino´), pero el temor de enfrentarse a una trampa que derivase en su detención era evidente.Cuando llegué a la destartalada vivienda que albergó nuestro encuentro, Abu Abdurrahman me aguardaba con resquemor. Estaba incómodo e impaciente por terminar.”

Según la entrevista Abu Abdurrahman, quien se denomina a sí mismo salafista y dice que él y su grupo habían sido perseguidos por Saddam Husein,había sido el jefe, la periodista le llama el “cabecilla”, del comando que planeó (pero él dice que fue un ataque de fortuna) y ejecutó la operación de Latifiya. Su objetivo era atacar a cualquier coche conducido por extranjeros, y que por lo tanto los atacantes no sabían que los ocupantes de los dos todoterrenos eran agentes españoles. Sin embargo, queda claro en la entrevista que el “cabecilla” no sabía que hubiera habido un superviviente; le informa de ello la periodista. Él dijo:“Del segundo coche saltó un hombre con una ametralladora corta. Estaba herido en la pierna y quería escapar. Se refugió en una tienda cercana. Tres de mis hombres fueron a darle caza. Me dijeron que lo habían rematado”.

Debemos mencionar que la entrevistadora misma tiene sus dudas:“Cabía la posibilidad de que Abu Abdurrahman se hubiera inventado la historia, aunque resultaría sorprendente que pretendiese asumir la muerte de siete personas sin ser responsable.” Sin embargo, se convence a sí  misma con una lógica a nuestro juicio endeble: “Su atisbo de remordimiento, más que por las víctimas por el hecho de entrevistarse con una compatriota de las mismas, me convencía de su autenticidad.”

A nosotros nos parecen tan improbables las siguientes palabras del entrevistado que nos hacen dudar de su existencia: “Al acabar la euforia de la operación, me sentí mal. Allah no nos creó para matar, sino para vivir. Cuando vi los cuerpos me dio pena.Pensé en sus familias, en cómo habían sido engañados por su Gobierno para invadir nuestro país. ”

Este es el plano de la operación que el “jefe” le hizo a la entrevistadora:

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La descripción de la operación que Abu Abdurrahman ofrece en la entrevista no tiene nada que ver con la versión que se dio en España. Habla de tres grupos apostados a lo largo de la carretera, con una distancia de cien metros entre ellos, mientras que él patrullaba con su coche para controlar el paso de vehículos militares y extranjeros. No menciona a los que tiraban y lanzaban granadas de los dos edificios cercanos a la carretera.

La entrevista con el jefe de la operación nunca tuvo lugar y menos en Damasco. Si llegó a realizarse, sería con alguien que, junto a su padrino, la convencieron (pagaron) de que el hombre que tenía delante era el presunto jefe salafista (cuesta creer que un salafistavaya vestido con chándal). Quizás era alguien que había oído la historia y el mismo la recompuso, o quizás fuese la propia Mónica quien hubiera escuchado numerosas versiones y hubiera decidido componer una, la suya, que confiriera un cierto interés a su libro.No obstante, Mónica nos ofreceun detalle curioso y revelador, incrustado en el texto:“Meses antes de la emboscada, encontré a Alberto, aún jefe de la inteligencia española en Bagdad, con un mayúsculo enfado. –Me han detenido los estadounidenses; han registrado mi coche y me han requisado las armas, salvo mi pistola de servicio. Dicen que no estoy autorizado a llevar armas largas. ¡Somos sus aliados! ¿Cómo nos pueden desarmar, sabiendo a lo qué nos exponemos?, me dijo entre aspavientos”. Siempre la ambigüedad periodística –“meses antes”. Meses antes pueden ser 2, 3 o 9 y esta diferencia es muy importante, ya que se les va desarmando.

José Antonio Bernal Gómez

El 9 de octubre de 2003, casi dos meses antes de la emboscada de Latifiya, moría asesinado a tiros José Antonio Bernal Gómez, el agregado de información de la delegación diplomática española en Bagdad y miembro del CNI. El Periódico de Aragón (10 octubre 2003) afirma que moría “a las puertas de su casa, en el barrio al Mansur, el más seguro de la ciudad. Según testigos presenciales tres hombres descendieron de un coche y tomaron posiciones junto a la casa donde residía Bernal. Uno de ellos, que vestía como un clérigo shií y “hablaba árabe con acento del sur de Iraq llamó a la puerta. Bernal, al abrir, reconoció al clérigo, discutió con él y después intentó huir calle abajo. Fue abatido a pocos metros antes de llegar a una avenida transitada, lo que le habría dado mayores posibilidades de escapar. Cayó al ser alcanzadoen la cabeza con un disparo. Los agresores le remataron antes de huir. Un guardaespaldas iraquí contratado por Bernal y que debía de estar en la casa, se había ausentado antes de los hechos.”

Más adelante: “La muerte de Bernal plantea muchos interrogantes y muy pocas respuestas. Entre la colonia española en Bagdad nadie se explica por qué un especialista en temas de seguridad como Bernal abrió, sin más, la puerta a los agresores, cuando no esperaba visitas.” Y en otro sitio: “Según las fuentes españolas en la capital iraquí, la gran cantidad de testigos del asesinato ´facilitará la labor de la policía iraquí.´”

Decir que “la muerte de Bernal plantea muchos interrogantes” es no decir nada. Bernal vive en un barrio seguro, presuntamente residencial (cuando huye, se dirige a una zona más transitada). Son las 7.30 de la mañana. ¿De dónde, entonces, salieron los testigos en gran cantidad, según las fuentes españolas?

Dos hombres armados se sitúan en la puerta de la casa. ¿Cómo le dejan escaparse hacia la avenida más transitada y allí le disparan?

Al principio se dice que “fue asesinado a las puertas de su casa”. Más adelantes que “fue abatido a pocos metros de llegar a una avenida transitada”.

¿Quién había oído hablar al clérigo, aparte de Bernal ya muerto, reconociendo su acento además?

Qué alguien vista de clérigo, no significa que lo sea.

¿Qué ha testificado el guardaespaldas de Bernal? A lo mejor Bernal sí que esperaba a alguien conocido, por eso abrió, y por eso le dijo al guardaespaldas que se podía ausentar.

No hemos logrado dar con ninguna versión oficial de estos hechos ni tampoco con ningún informe sobre las investigaciones, y dado que todo queda dentro de las “razones de seguridad de estado” estamos de nuevo en las tinieblas, pero con pequeños atisbos de luz.

Tenía que haber ido a Bilbao

Era alto, delgado, parecía conocer Iraq al dedillo, hablaba en árabe a sus colaboradores y criticaba el comportamiento de los militares norteamericanos –su aislamiento, su incapacidad para mezclarse con la población civil iraquí. Éste era Alberto Martínez González, Comandante de Caballería del Ejército de Tierra, máximo responsable de los servicios secretos españoles en Iraq, el primer muerto de Latifiya. En su opinión los Estados Unidos habían dejado “una patata caliente” a las tropas españolas en Nayaf, porque durante los meses en que ocuparon la provincia iraquí hicieron muy poco para congraciarse con los locales. Nunca entendió por qué el gobierno español aceptó asumir el mando militar en la provincia de Nayaf.

Tras su paso por la Academia Militar de Zaragoza tuvo varios destinos: Madrid, Valladolid (donde fijó su residencia) y desde 2000 Iraq, donde estaba adscrito al CNI como jefe de la zona. Había sido el oficial superior de José Antonio Bernal, asesinado 9 octubre 2003 en Bagdad –como acabamos de relatar.

Su esposa, Charo García Areces, dijo en la entrevista publicada en belt.es/noticias el 30 diciembre 2003: Aceptó ir a Iraq porque le había salido el destino de Bilbao y no lo quería.” En 1999 solicitó varias vacantes para mejorar el destino de Valladolid. El 30 de noviembre de 1999 recibió la noticia de que le había tocado Iraq. “El remate llegó en la prórroga de seis meses de estancia, cuando le asesinaron.”

Durante un año, desde el mes de agosto de 2001 hasta julio de 2002 Alberto Martínez vivió en Bagdad con su esposa e hijo. Dice ella: “Fue una experiencia muy fuerte. Empecé sola, con la única compañía de la mujer y los hijos del embajador pero, a raíz del 11-S, todos los familiares se marcharon. Curiosamente era el año en el que la colonia española fue más numerosa. A finales de junio de 2003 finalizaba su estancia en Iraq, pero las cosas se complicaron. El que debía relevarle se encontraba en UmQasar y Alberto regresó a España más tarde de lo previsto. Llegó el 19 de julio y tres días más tarde le llamaron para la misión de contrainteligencia de Nayaf que iba a durar seis meses. Aceptó porque le había salido el destino en Bilbao y no lo quería. Le habían dicho que se incorporaría en septiembre y le hicieron marchar el 13 de agosto, dejándole pendiente buena parte de las vacaciones. La víspera de su marcha se encontraba en una terraza de Gijón y mantuvo una conversación telefónica con un superior. Alberto se quejó por el cambio de planes. ´Esto no es lo que habíamos pactado´, dijo. Al día siguiente volaba hacia Iraq.” A la pregunta si su marido adoptó medidas de refuerzo en la seguridad, Charo contesta: “Después de lo de Bernal le ordenaron cambiar la fisionomía y le prohibieron totalmente viajar a Bagdad. En Valladolid se dejó la cadena y el anillo, la consigna era hacerse pasar por iraquí. Se ha contado que pidió entonces la baja, pero ese no era su estilo. Si empezaba una misión, la concluía.”

¿Por qué entonces estaba Alberto Martínez viajando desde Bagdad con los otros siete compañeros? ¿Por qué la prórroga en una situación ya claramente de peligro? ¿No quedaba claro, después de la muerte de Bernal, que todo su grupo estaba ya quemado, y sobre todo Alberto Martínez, su jefe?

El Español, 26 noviembre 2017 (citamos extensamente porque el artículo contiene mucha información complementaria)

Por Fernando Rueda

El olvido de los 8 espías asesinados en Iraq: ya no reciben flores del CNI

El próximo miércoles se cumplen 14 años de la muerte de estos agentes españoles. Avisaron a José María Aznar de que Saddam Hussein no tenía armas de destrucción masiva.

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José Antonio Bernal (izquierda) fue asesinado un mes antes que su compañero Nacho Zanón (derecha). 

Alberto Saiz, director del CNI a partir de 2004, mantuvo su apoyo incondicional y la designación de un agente que permanentemente mantenía un hilo abierto para que los familiares recurrieran a La Casa para lo que necesitaran.Cada 8 de octubre en el caso de Bernal y cada 29 de noviembre en el del resto de los agentes asesinados, en las tumbas aparecía un ramo de flores enviado por La Casa para hacer patente el recuerdo al compañero caído. Sin embargo, este último detalle se suprimió tras la llegada de Félix Sanz a la dirección del CNI. Según uno de los familiares de los fallecidos, desde ese momento la tumba de su hijo y la de un compañero que está cerca de la suya, dejó de ser recordada por los mandos de La Casa.

En el ataque del que se cumplen 14 años el próximo día 29salió vivo de milagro –nunca mejor dicho– José Manuel Sánchez Riera.Sargento radiotelegrafista, estudió en la academia del Ejército del Aire que goza de un enorme prestigio y a la que acuden con frecuencia los captadores del CNI cuando necesitan personal especializado para su Centro de Comunicaciones. En la sede central y en la de la unidad operativa se encargan, entre otras misiones, de facilitar las conversaciones entre agentes destinados en el extranjero y sus mandos en España, y de controlar las interceptaciones por micrófonos o teléfonos colocadas por los agentes operativos en embajadas o casas.

Sánchez Riera decidiópresentarse voluntario en 2003 a una plaza para radiotelegrafista en Iraq. No era un hombre de acción, para eso estaban otros. Pero por peligroso que fuera el destino, él estaba dispuesto a afrontarlo. El 26 de noviembre llegó a Bagdad en compañía de los tres compañeros que llevaban meses preparándose para sustituir a los cuatro agentes allí destinados. El día 29 fueron atacados sin posibilidad de respuesta real frente a unos enemigos mayores en número y dotados de misiles y todo tipo de armas. Ellos solo llevaban sus pistolas y un subfusil. En el último momento, con sus siete compañeros muertos, Sánchez Riera intentó una alocada huida. Alocada porque una masa de gente que salía de una mezquita descubrió lo que estaba pasando y al verle se dispusieron a lincharle. En ello estaban, golpeándole cruelmente, cuando un iraquí descubrió su pistola, le apuntó y disparó. El arma se había encasquillado.Justo en ese momento, uno de ellos se acercó a él y le besó en la frente. Un signo de amistad procedente de un imam respetado por todos, que frenó la violencia. Le subieron a un taxi y pudo escapar.

Sánchez Riera regresó a España en el avión en el que el ministro de Defensa, Federico Trillo, y el director del CNI, Jorge Dezcallar, acudieron para repatriar los cadáveres. En el aeropuerto de Torrejón asistió al tremendo espectáculo del desembarco de los féretros y los honores que recibían en la misma pista. Allí se quedó para que nadie le viera hasta que todo se quedó vacío.

Durante unos años le mandaron al extranjero para que se aislara del mundo y se recuperara, algo que no pudo hacer completamente. Terminó dejando el servicio de inteligencia y actualmente es un civil más que no puede terminar de olvidar lo que pasó aquel día.

En CONFIDENCIALDIGITAL.COM,2 marzo 2018, encontramos la siguiente información sobre la situación de José Manuel Sánchez Riera:

Reaparece espía que sobrevivió a la matanza de agentes del CNI en Iraq: Con presencia del director del Centro, Sanz Roldán, en unas jornadas sobre víctimas del terrorismo. Vive en Valencia, estudia en la universidad, ha sido elegido presidente de la Asociación de Víctimas contra el Terrorismo.

Volvamos a El Español:

El 17 de junio del año 2000, Alberto Martínez, comandante del Ejército, comenzó su destino en Iraq como delegado oficial del CNI. Un año después formaría equipo con él José Antonio Bernal, sargento radiotelegrafista. El trabajo era muy duro porque los anteriores espías allí destinados no habían conseguido las suficientes fuentes necesarias para responder a las preguntas que les planteaban sus jefes desde Madrid. Pero se pusieron a ello para conocer a todo tipo de personas en el complicado entramado del país.Los atentados en Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001 complicaron su misión. Los occidentales pasaron a ser sospechosos en Iraq, pero ellos siguieron arriesgándose convenciendo a sus informadores de que España comprendía su postura. En 2002, el presidente George Bush comenzó la campaña de preparación del ataque contra Saddam Huseim. Desde el CNI les pidieron información sobre las sospechas que los estadounidenses estaban lanzando contra Iraq. Martínez y Bernal se pusieron manos a la obra y pudieron enviar a Madrid un panorama real de lo que estaba pasando.

Saddam había vendido a compañías francesas la mayor parte de los derechos sobre su petróleo, ante lo que Estados Unidos se había negado en rotundo con gran disgusto. Además, por motivos también económicos, Rusia y Alemania estaban interesados en que el dictador siguiera. Estos datos eran interesantes, pero los decisivos fueron otros: Iraq carecía de armas de destrucción masiva y las relaciones de Saddam con la Al Qaeda de Bin Laden no solo no eran buenas, sino pésimas.

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¿Qué les resulta tan divertido? ¿4 millones de muertos? ¿Sus propios agentes muertos?

Aún así, se quedaron alucinados cuando se enteraron de que el presidente del Gobierno, José María Aznar, había decidido subirse al carro de Bush y del primer ministro inglés, Tony Blair. Aznar había preferido creer los informes de la CIA y el MI6 a los de su propio servicio secreto. Tiempo después, Bernal aseguró a una persona muy cercana: “Aznar no sabe lo que está haciendo, no hay armas de destrucción masiva de ninguna manera”.

La visualización de la participación española provocó que los informantes de todo tipo de los dos espías españoles desconfiaran de ellos y poco a poco les pusieran en su punto de mira.

Antes de que tuviera lugar la invasión, el 20 de marzo de 2003, Martínez y Bernal abandonaron el país y regresaron cuando Iraq ya estaba tomada por los estadounidenses. No tardaron en comprobar que su situación había pasado a ser complicada, a pesar de lo cual no dieron un paso atrás.

Cuando en octubre un grupo de iraquíes mataron a Bernal en la puerta de su casa, la demostración de que querían vengarse de ellos se había materializado. La dirección del CNI no decidió sacar del país a Martínez, que recibía amenazas telefónicas de muerte, a pesar de que Carlos Baró lo comunicó a la dirección y pidió que le sacaran al estar quemado. Años después, Bush y Blair pidieron perdón por los informes de inteligencia que, según ellos, los llevaron a tomar decisiones equivocadas. Aznar es el único que mantiene que actuó correctamente.

El Español, 17 noviembre 2018

El Español sigue recordando. También en esta edición rememora los hechos, cuenta de nuevo la historia de los ocho muertos en Bagdad, a estas alturas casi pre-historia –en este sentido no añade más datos de los que hemos dado más arriba. Desafortunadamente, no dice nada en cuanto a los resultados de la investigación –seguramente no hay nada. Sabemos que hubo detenciones, pero ¿se sabe algo más? El autor comenta que se llegó a interrogar a Flayeh al Mayali, un traductor que tenía trato con los servicios de inteligencia españoles. Algunos conocidos del iraquí dijeron que había vendido a los rebeldes la información sobre los movimientos de los agentes de los servicios españoles a cambio de 70 mil dólares. El traductor siempre había mantenido su inocencia. Al Mayali terminó en la prisión de Abu Ghraib. Un año después, 17 de febrero de 2005, quedó en libertad sin cargos.

El resto del artículo contiene información sobre las medidas adicionales de seguridad que el CNI está implantando en “zonas calientes”. Son impresionantes, al menos en papel:los desplazamientos se realizarán en coches blindados; los agentes irán mejor armados; se mejorará el sistema de comunicaciones para evitar llamadas fallidas; irán escoltados por miembros de la Unidad de Operaciones Especiales (UOE), dependiente del Mando de Operaciones Especiales (MOE) del Ejército de Tierra, ode agentes del Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía Nacional.

Cuando se mande a agentes españoles a una guerra cuya finalidad sea proteger y defender la integridad de España, muy probablemente no harán falta todas estas medidas. El problema surge cuando estos agentes tienen que luchar en la guerra de otro, contra su voluntad y juicio.

Hay otra novedad. En las instalaciones del CNI en Madrid hay ahora un monumento (no está claro que el nombre sea aplicable a esa estructura) que recuerda a sus ocho compañeros caídos en Iraq –los siete de Latifiya y el agente asesinado en su piso unas semanas antes. Puede ser que al construir el monumento, dejaron de mandar las flores.

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Monumento a los agentes caídos en Iraq, a las puertas de la sede del CNI.

Surgen ahora preguntas inevitables que nunca se han contestado.

¿Por qué uno de los agentes intentó comunicarse con “el coordinador de Madrid” en vez de llamar a la Base Plus Ultra (a unos 170 km de distancia) o al mando estadounidense de la División Aerotransportada en Mahmudiya(a un tiro de piedra de Latifiya)? Se supone que la coalición colaboraba y se asistían mutuamente, sobre todo en lo referente a sus servicios de inteligencia. ¿O no?

En la versión oficial se dice que los agentes han elegido la ruta Jackson por ser más “segura”, cuando ésta pasa por pueblos y aldeas. El Español afirma que eligieron esta carretera al estar la autopista cortada. ¿Por qué estaba cortada? ¿Quién y cuándo la había cortado? (Robert Jackson, un soldado norteamericano perdió las dos piernas en una explosión en esa carretera en abril de 2006, de ahí el nombre.)

¿Quién había puesto las dos trampas explosivas que no fueron activadas? ¿Qué trampas eran? ¿Qué explosivos? ¿De dónde ha venido esa información?

¿Es posible que las comunicaciones por satélite Thuraya se corten a causa del ruido de disparos?

¿Por qué los agentes no tenían algún sistema automático de transmisión de sus coordinadas?

¿Qué ha pasado con los 41 detenidos en la operación PantherSqueeze? Una operación muy especial, teniendo en cuenta que las fuerzas de la coalición tardaron solamente 11 días en descubrir y detener no solamente a los 9, según ellos, culpables, sino a todos los “rebeldes” de la región.

La versión oficial dice que el atentado fue “la venganza” de los servicios secretos iraquís. ¿Por qué se iban a vengar precisamente de los servicios de inteligencia españoles?

¿Quién era el “notable iraquí” que le salvó la vida a José Manuel Sánchez, “alto, delgado y elegante”?

¿Por qué el extraordinario recibimiento de los cadáveres en Torrejón? ¿No eran soldados muertos en acto de servicio?

No pueden tener respuesta estas preguntas por razones de seguridad de estado, y es la razón que anula todas las razones.

Sin embargo, los acontecimientos siempre dejan huellas que se pueden seguir hasta llegar al gran estanque en el que anida la babosa del mal. En el caso que nos ocupa, las huellas son muchas y bien marcadas.

Aznar, un hombre insignificante, sin plena consciencia de quién es y dónde está, desea gloria; desea pasar a la historia como sea, pasando por encima de los cadáveres que hagan falta. En la guerra de Iraq no ve mejor oportunidad para lograrlo. Con una escuálida coalición de dos países y media Europa en contra de la aventura bélica que propone Bush, nada mejor que una tercera pata que dé una cierta estabilidad al banco. Aznar es esa pata. Está dispuesto a lo que sea para lograr mantenerse con honores en la coalición tripartita –US, UK, E. Mandará tropas a los lugares y en las condiciones que decida Estados Unidos. Aznar ya no habla con su gente, sino con los norteamericanos. No obstante, Martínez y Bernal se equivocaban al pensar que Aznar prefería creer los informes de la CIA a los de sus propios agentes. Aznar, como Bush, como Blair, como el resto de los ciudadanos del mundo, sabía que Saddam carecía no sólo de armas de destrucción masiva, sino de cualquier arma convencional moderna. Todo su arsenal estaba obsoleto y, en muchos casos, fuera de servicio. Pero a Aznar, como a Bush, como a Blair, lo que les interesaba era la invasión y toma de Iraq, para sacarle del nuevo orden mundial que deseaban establecer en Oriente Medio. En el caso de Aznar, un hombre insignificante, le sobraban todas esas maquinaciones –él sólo deseaba la gloria de fotografiarse con otros dos asesinos.

No sólo el informe que Martínez y Bernal mandaron a Madrid dando cuenta detallada de la situación en Iraq molestaba a Aznar ya que desbarataba sus planes, sino tambiénal resto de la coalición. Si esa información llegaba a los medios de comunicación, podría retrasar (nunca anular) el programa de invasión de Iraq.

Con estas piezas colocadas en el cartón el lector ya puede vislumbrar el dibujo final del rompecabezas.

El arma más destructiva que existe: El lenguaje y su manipulación.

España se une a una guerra injusta, devastadora, cruel e injustificada; o más bien justificada por razones económicas de las que piensan beneficiarse los Estados Unidos, nunca España, mero comodín político y militar.A los soldados de la coalición muertos en acción los medios de comunicación los presentan como víctimas de unos fanáticos despiadados o terroristas sin alma. Entonces, ¿un pueblo no tiene derecho a defenderse de quienes han invadido su país? ¿Qué entonces se puede decir del sufrimiento fuera de toda comprensión humana del pueblo iraquí? ¿De los 4 millones de iraquís “asesinados”? ¿De pueblos enteros borrados del mapa? ¿De niños violados o quemados vivos delante de sus padres? ¿Qué palabras lo pueden explicar o describir?

La versión oficial siempre encuentra estas palabras. De hecho, no tiene ninguna dificultad en conseguirlas.

Primero, las armas destructivas de Saddam Husein. Hay que hacerle la guerra para evitar males mayores. Luego, su apoya a al Qaeda –hay que seguir con la guerra. Ambos supuestos nunca han existido, como lo comprueban los informes de los servicios de inteligencia españoles. También se ha comprobado que los informes de la CIA eran falsos. Hay que seguir con la guerra porque ahora hay ISIS. Todo en nombre del bienestar del pueblo iraquí; todo por la democracia, por la paz y la libertad.

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Iraq

Sin embargo, esta destrucción, estas masacres, este genocidio, tienen autores con nombres y apellidos. Autores que están vivos, cínicamente vivos, divirtiéndose, enriqueciéndose, hablando en público sin que hasta ahora ni una sola bala haya cerrado sus bocas. Más tendrán que pagar. Un día u otro tendrán que pagar, pues el sufrimiento que han originado es tan grande que “clama al Cielo”.

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Iraq

Sus nombres son George Bush, Tony Blair y José María Aznar. Sus víctimas: Alberto Martínez, José Carlos Rodríguez, Alfonso Vega, Carlos Baró, José Ramón Merino, José Manuel Sánchez, José Lucas Egea, Luis Ignacio Zanón y 4 millones más de seres humanos. Su sangre pide justicia y habrá que juzgarles con el peso de la ley con el que se juzga a vulgares ladrones y asesinos.

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