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Serena Williams pone las redes sociales al fuego vivo

Serena

Obviar las verdaderas causas de la enfermedad y seguir ganando dinero a costa de las víctimas

Según el artículo de RT del 30 de septiembre de 2018, en el clip que Serena acaba de grabar, y que ya se ha visto alrededor de un millón y medio de veces, la tenista aparece desnuda frente a la cámara, cubriendo los pechos con las manos y entonando una versión del último éxito de los Divinyls “I Touch Myself” (“Me toco”). Según comenta la 23 veces campeona de Grand Slam, esta actuación estuvo dedicada al Mes de Concienciación sobre el Cáncer de Mama, concretamente el mes de octubre de 2018. Con esa representación quería recordarles a las mujeres la importancia de que se auto verifiquen regularmente. El video se grabó en el marco del proyecto “Me toco”, para el cual Williams se asoció con un fabricante de sujetadores. De paso, sirvió para honrar a la célebre diva Chrissy Amphlett, que falleció de cáncer de mama. El video ha causado sensación en Instagram y otras redes sociales, dejando a algunos cibernautas “empapados en lágrimas”.

A primera vista podríamos decir que se trata de un acto altruista al servicio de un noble ideal, algo como echarse al agua para salvar a un náufrago, que en este caso sería “Haz como yo y verifícate”. No obstante, la colaboración con el fabricante de sujetadores siembra la sospecha de un objetivo algo más mercantil –algo que deja un cierto regusto amargo tratándose, como se trata, de una multimillonaria, pero ya se sabe que lo que busca el que tiene dinero, es más dinero.

No es que vayamos a decir que nos posicionemos a favor del cáncer de mama o de cualquier otro, aunque ganas nos dan cuando la forma de combatirlo es dando publicidad a una tenista forrada y excéntrica y a una marca de sujetadores. Si el asunto es serio, seria debería ser la forma de presentarlo y de enfrentarse a él. Dicho esto, no sería superfluo analizar por qué han proliferado los cánceres de forma vertiginosa en los últimos años. En realidad, el cáncer no es lo que podríamos llamar una enfermedad, sino que más bien es un síntoma. La enfermedad base productora se llama “estilo de vida”, especialmente “estilo de vida americano”, eufemismo de arma letal y que todo el mundo estúpidamente imita.

La característica principal de este “modo” de vida es trabajar, trabajar y trabajar –estrés– para luego poder consumir, disfrutar del llamado tiempo libre. Y para compensar las muchas horas de trabajo que se necesitan para acariciar el sueño de vida americana, se echa mano de la costumbre de no perder el tiempo cocinando en casa. De ahí la incontrolada proliferación de los establecimientos de fast food que ellos mismos denominan “comida basura” (junk food). Y si algún temerario decide comprar comida en un supermercado para prepararla en el hogar –todo está enlatado, precocinado, empapado de conservantes químicos, o dispuesto para ser introducido en el micro-ondas (cancerígeno en sí mismo), del que sale listo para comer. El tiempo ahorrado a costa de arruinar la salud se utiliza para ver la mediocre y nauseabunda programación televisiva americana, que les anima, entre otras cosas, a seguir con el estilo de vida que los está matando. ¿Resultado final? Cáncer, obesidad, autismo, infartos, colesterol, tensión alta –por mencionar solo algunos de los males.

Veamos algunos ejemplos de lo que han dicho en sus últimas y tímidas apreciaciones los médicos y dietéticos:

Las bebidas carbonatadas y los refrescos son uno de tus peores enemigos. Pueden arruinarlo todo, desde la piel y los niveles de azúcar en la sangre, hasta las hormonas y el estado de ánimo. Olvídese del marketing y las etiquetas que dicen que es bueno para usted o que contiene nutrientes y vitaminas. Lo único que lleva es un montón de azúcar, colorantes y conservantes de todo tipo. A propósito, las versiones sin azúcar aún son peores, ya que están llenas de edulcorantes artificiales sumamente dañinos. Cómprese una licuadora o un exprimidor y prepare su propio zumo. Y si echa de menos las burbujas, siempre puede agregar a su zumo de fruta casero un poco de agua con gas, ¡y listo!

Las carnes frías, como salami, jamón, mortadela, etc. están llenas de nitratos, sodio, conservantes y aditivos. Todas estas sustancias pueden aumentar el riesgo de cáncer, de enfermedades cardíacas, de diabetes e incluso de problemas de comportamiento y dificultades en el aprendizaje de los niños. Para disminuir los efectos negativos, opte por carnes frías de su carnicero local en lugar de las de los supermercados. O aún mejor, intente evitarlos.

Los perritos calientes y las carnes ahumadas y saladas contienen muchos conservantes que son perjudiciales para la salud. El Comité de Médicos por una Medicina “Responsable” comparó los efectos de comer perros calientes con los de fumar cigarrillos. Si aún no está convencido, debe saber que los perritos calientes son altos en sodio y toxinas que aumentan el riesgo de cáncer.

Todos los alimentos fritos contienen una peligrosa sustancia llamada acrilamida. Las papas fritas no son una excepción. La acrilamida aumenta el riesgo de cáncer de colón, cáncer de mama, cáncer de próstata y cáncer de recto. Así que evite las papas fritas o haga una versión más saludable en casa. Ponga un poco de aceite de oliva en las papas rebanadas, espolvoréelas con una pizca de sal y póngalas al horno. Saben deliciosas.

En la lista mortal está también la pasta de tomate enlatada, aceites vegetales, aderezos embotellados para las ensaladas, endulzantes artificiales, alcohol (por supuesto), harinas refinadas, la comida a la parrilla y los cereales del desayuno (¡increíble!):

Los cereales para el desayuno no son inofensivos, como pueden sugerir los alegres colores con los que adornan la envoltura y los juguetes que van dentro de la caja. De hecho, contienen azúcar, colorantes artificiales, conservantes, productos OMG, y a menudo se les quitan los nutrientes que tenían antes del procesamiento. Pruebe en su lugar avena con algo de fruta fresca o seca.

Y sin embargo, y a pesar de las continuas advertencias que contienen los informes médicos, llevan los norteamericano comiendo esa basura más de setenta años – al menos 3 generaciones.

Todavía recordamos cuando apareció en el mercado un producto llamado margarina. Iba a ser una revolución dietética y alimenticia, la gran panacea económica y culinaria. Tras décadas de ignorancia, hoy la margarina es justamente denigrada:

Una vez más, el marketing es el culpable de los grandes conceptos erróneos sobre la margarina. No es saludable, señores! Es uno de los alimentos menos saludables en su dieta. ¡Así que basta! La margarina es como una muy pésima versión de la mantequilla, fabricada a base de aceites vegetales hidrogenados que producen alteraciones moleculares en las células. Es pura química. Hoy sabemos que las grasas saturadas pueden dañar el corazón, los vasos sanguíneos y alterar los niveles de colesterol. Cambie a la mantequilla como una alternativa más saludable.

Quien sigue el marketing está perdido, pues esta segregación venenosa empresarial no busca guiarle en la buena alimentación, sino vender cada vez más, a toda costa. No importa que no se hayan estudiado los posibles efectos de este o aquel producto a largo plazo. Lo que importa es ganar aquí y ahora –quién nos pedirá cuentas de lo que hicimos hace 40 años? Si nuestros productos causan enfermedades cardiovasculares, obesidad, cáncer o Alzheimer, ya pensaremos luego en algo para combatirlos. ¡Qué demonios! Para eso están las industrias farmacéuticas, verdadero pilar del estilo de vida americano.

Sin embargo, la forma de vida es algo más que una simple dieta. Implica todo un programa existencial, cuyos principios no vienen en las etiquetas de los productos alimenticios ni en los textos de las constituciones.

El Creador de los Cielos y de la Tierra y de lo que entre ambos hay ha afinado los elementos de la creación de forma que todos ellos vibren en un mismo tono. Y si uno de ellos cambia de nota, se sale de la armonía general y enferma.

Dentro de ese afinamiento está el que el ser humano se agrupe formando familias estables, que procree y que la madre amamante a sus hijos. Hoy, en cambio, hay una ensordecedora cacofonía –se ha propagado la promiscuidad, se ha dejado de tener hijos y cuando se tienen se les alimenta con leche de laboratorio. Cada pecado lleva consigo su penitencia –la mayoría de los cánceres de mama los sufren las mujeres que no tienen hijos y las que teniéndolos, no les dan el pecho, un pecho que acabará cancerándose.

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