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LA IMPOTENCIA DEL DICTADOR

Barco
El poder de la Armada estadounidense

Estados Unidos podría usar su Armada para evitar el potencial suministro de energía de Rusia a Oriente Medio, dijo el secretario de interior Ryan Zinke, según informa el Washington Examiner.

Tal bloqueo significaría de hecho un “acto de guerra”, respondió un senador ruso.

Zinke alegó que el compromiso que Rusia ha adquirido con Siria –“donde opera por invitación de su legítimo gobierno”– es un pretexto para explorar nuevos mercados para su energía.

“Creo que la razón por la que están en Oriente Medio es porque quieren introducir sus productos energéticos como lo hacen en la Europa del Este, el vientre sur de Europa”, añadió. (Noticia transmitida por Russia Today)

RT-Russia Today, 22 octubre 2018

Al filo de estas declaraciones, parece quedar claro que el señor Zinke no necesita justificar la presencia de los Estados Unidos en Oriente Medio, situado a miles de kilómetros de su país, pero vecino a Rusia.

Simón Bolívar dijo en una ocasión: “Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes. Es un país de esclavos.” La situación se vuelve aún más peligrosa si se aplica a un país, como los Estados Unidos, gobernado por un solo pensamiento, una sola idea –la idea de ser el más grande, el más democrático, el más libre… el número UNO a nivel cósmico. En este caso particular estamos hablando de esclavos ignorantes –los norteamericanos son los últimos en enterarse de la realidad.

En una reunión informal con los grupos energéticos de presión judíos camuflados en organizaciones como Consumer Energy Alliance, Zinke ni siquiera ha guardado las formas y claramente ha afirmado que Rusia no puede vender sus productos energéticos a Oriente Medio. Zinke entiende el mercado como una guerra, pues no acepta el concepto de repartición –todo debe ser para mí. Ni Rusia ni China tienen el permiso estadounidense para comprar o vender en un supuesto mercado libre. No son sus competidores más directos, sino sus enemigos. Es una lógica anti-económica, pues el empobrecimiento de la mayor parte de las naciones se volverá, en última instancia, contra la minoría de naciones ricas –no habrá quedado nadie que les pueda comprar sus productos.

Estados Unidos no invierte en terceros países, simplemente les “ayuda” comprando a la clase dirigente del país en cuestión. Les da un dinero que no tiene –la América Félix está en bancarrota– sin ningún control ni supervisión del uso que vayan a hacer de él. No les importa el crecimiento económico ni las mejoras sociales que puedan experimentar esas sociedades. Su objetivo es dominar la política de sus “aliados” e instalar en sus territorios bases militares.

Estados Unidos actúa como un virus que va destruyendo las células sanas del tejido. Ha ordenado sistemáticamente el asesinato de los líderes más progresistas y, por ende, más anti-norteamericanos –Salvador Allende, Che Guevara, Olaf Palme…– a lo largo de la historia moderna, al mismo tiempo que facilitaba y protegía el ascenso al poder de los más extravagantes y mezquinos tiranos –la familia Saudi, Shah de Persia, Pinochet, apartheid in Sudáfrica… para un tiempo después deshacerse de ellos –Shah de Persia, M. Noriega, Sadam Hussein… Mas no son los presidentes estadounidenses los culpables, sino el deep state que los utiliza y dirige. Un deep state con sus raíces bien arraigados en la “vieja” Europa –Gran Bretaña, Holanda, Bélgica, Dinamarca…– que no permite que nadie se salga del sangriento guión que se ha ido escribiendo durante el colonialismo europeo, la guerra de secesión americana y las dos guerras mundiales –la cuenta de presidentes estadounidenses asesinados por sus propios agentes de seguridad es lo suficientemente elocuente como para no necesitar de más comentarios.

Hasta el auto-derribo de las torres gemelas (audacia, siempre audacia), la estrategia de la Casa Blanca había sido: “Todos lo saben, pero no hay pruebas.” Ahora, en cambio, parece haberse trastocado en: “Se acabaron los eufemismos.”

Bien, parece que ya no hay cartas debajo de la mesa. ¿Ahora qué? ¿Acaso puede uno sentarse y hablar con los cínicos, con esos que llaman “butcher” a Bashar al Asad mientras ellos arman hasta los dientes a los terroristas que han originado todas las masacres en Siria?

No hay respuesta posible a las palabras de Zinke. Es tiempo de guerra, pues solo una guerra puede sacarnos del impase en el que nos encontramos cada día. Solo una guerra puede originar un nuevo y verdadero orden mundial. Y no sería de menos que tanto Rusia como China, Corea del Norte e Irán, dejasen de lado la ley internacional y las resoluciones de las Naciones Unidas y comenzasen a mover sus barcos, sus aviones, sus tanques y sus misiles, pues esta guerra deberá tener como escenario California, Florida, Washington, New York, Tejas, Oregón… Es muy cómodo y manejable enterarse por los periódicos de que hoy han caído 200.000 iraquís, y ayer 35.000 vietnamitas y otro día 60.000 afganos… mientras se juega una partida en alguna bolera de Los Ángeles. Esta situación les permite montar asociaciones “pro” e institutos “contra”, les permite lamentarse por la suerte de sus “hermanos” caídos a causa del mismanagement de ciertos burócratas del Pentágono. Todos los estadounidenses están por la paz y la hermandad con los pueblos de la Tierra. Las masacres que han organizado han sido debidas a la bien intencionada “mala gestión” de ciertas administraciones. Ocurrió lo mismo con los nativos de América, y lo mismo está ocurriendo con nuestros hermanos sirios –todas esas muertes son causa de la confusión que reina hoy en el mundo. Demasiados misiles volando por los aires, demasiadas banderas, demasiados grupos. Nuestros chicos se arman un poco de lío y su buena fe es traicionada por terroristas indeseables a los que, debido a esa confusión, hemos armado y seguimos armados. Esclavos ignorantes o quizás simplemente cínicos, hipócritas que se divierten con las historias de las guerras que sólo buscan mejorar las condiciones de vida de la humanidad.

Es tiempo de guerra, pero en los territorios occidentales, pues tienen que pagar sus desmanes, sus mismanagements, sus exterminios… Tienen que devolver las tierras y todo lo que han robado a sus legítimos dueños, y esto sólo podrá lograse con la guerra. Una guerra limpia que no trate de eliminar a todos los demás jugadores ni trate de cambiar la historia. Una guerra que acabe con el vicio que el materialismo llama libertad. Una guerra que devuelva al Creador Su Trono y a Su Ley vigencia.

Mas no parece que estén sonando los tambores de guerra. Nos asfixia esta espera sin sentido, esta obnubilación en la que parecen sumidos todos los dirigentes del mundo. Y ello porque no son dirigentes, sino marionetas. Es la impotencia de los tiranos. Se asemejan a ese nefario que cada noche ataca a una jovencita, la golpea, la desnuda y cuando se dispone a violarla, se da cuenta de que no logra la erección. Cada noche, cada día, la misma impotencia.

Nadie mueve ficha porque todos saben que de hacerlo, se acabaría el juego; se llegaría a un jaque mate definitivo, y nadie tiene una alternativa a ese desolador paisaje.

Hablan de guerra comercial, se amenazan con invertir 4 billones más en IA (inteligencia artificial), pero nunca hay erección. Son las bravatas del impotente, del cobarde, del débil.

Hace falta una guerra sana, pura, limpia, que devuelva a la vida de este mundo su verdadero significado, que muestre la verdadera geografía de la existencia, con sus dos muertes y sus dos resurgimientos, con la balanza, con su juicio y su sentencia, con sus diferentes configuraciones, con sus nuevas especies, con su gloria y su grandiosidad. Una guerra que nos saque de las falsedades históricas, de los sueños satánicos, de la mediocre pequeñez que nos ofrecen los ingenieros de la NASA… Una guerra así merecería la pena sufrirla.

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