PRIMERA CRÓNICA: El desafortunado destino de los tres toros que pastaban en el prado de la ignorancia.

envi definitivo

La historia del mundo en 600 palabras

Toros

Erase una vez un prado rebosante de hierba en el que pastaban tres toros: uno era blanco, otro negro y el tercero pardo. No muy lejos de allí tenía su guarida un león que venía de vez en cuando a charlar con ellos, pues poco más podía hacer con aquellos corpulentos rumiantes de afilados cuernos. Solía rugir dos o tres veces y después, ante la indiferencia de sus anfitriones, volvía a su guarida.

León

Un día, sin embargo, cansado de tanta falsa amistad, se le ocurrió una idea digna del rey malvado que era. Se dirigió al prado como de costumbre y le habló al toro pardo, que en esos momentos estaba algo alejado de sus dos compañeros:

-Te quería comentar, dada nuestra amistad, que el toro blanco destaca mucho en el prado, y ya sabes que si aparecen por aquí los cazadores, como es costumbre en esta época del año, podríamos tener todos problemas, yo incluido. Así pues, ¿qué te parece si me lo como y así evitamos el peligro? Tendrías que hablar discretamente con tu compañero, el toro negro, para que no proteja al blanco. Piénsalo… Hasta la vista.

El toro pardo no se comprometió a nada, pero no dejó de darle vueltas y más vueltas al asunto. No le quedaba más remedio que admitir que el discurso del león tenía sentido. Habló, pues, con el toro negro, el más despistado, quien se dejó convencer fácilmente -–“no es lógico que arriesguemos todos la vida por un solo individuo”. Un día más tarde, llegaron a un acuerdo con el león y esa misma noche desapareció el toro blanco sin dejar rastro. Los dos compañeros se felicitaban mutuamente por la paz que habían conseguido para todo el prado.

Unas semanas más tarde el león vino de nuevo, amistoso y sonriente, como de costumbre. Se acercó cuidadosamente al toro pardo y le susurró a la oreja –Nosotros dos tenemos el mismo color de piel, somos iguales, nos entendemos bien, pero tu compañero, el toro negro, es diferente, no creo que nos podamos llevar bien con él. Cualquier día podría arremeter contra ti, y él es más fuerte que tú. Si está de acuerdo, me lo puedo comer como al blanco y entonces sí que no tendremos nada de lo que preocuparnos. Piénsalo. Mañana me paso por aquí para ver qué has decidido.

El pardo estudió el tema con detenimiento y llegó a la fatal conclusión de que el león también esta vez tenía razón. Una noche en la que el toro negro estaba descuidado y sin la protección de su compañero pardo, el león se abalanzó sobre él y se lo comió.

El toro pardo se dijo para sus adentros –“ya dicen que no hay mal que por bien no venga, pues heme aquí en el prado sin nadie que me moleste y con toda la hierba para mí”.

Sin embargo, la historia no había acabado ahí. Una semana más tarde el león volvió a tener hambre, solo que esta vez no tenía nada que negociar –sólo quedaba un toro, presa fácil para el terrible felino. El toro pardo vio a lo lejos al león que se dirigía al prado con paso firme y sin sonrisas, antes bien mostraba sus afilados colmillos y rugía con tal fuerza que hacía temblar a los robustos árboles.

rugido

El toro pardo se sintió por un instante confuso ante aquel inusual comportamiento de su amigo el león, hasta que recordó que estaba solo. Miró desconsolado a su alrededor… él había entregado a sus compañeros al león y ahora no tenía quién le protegiera. El león ya estaba saltando la cerca y corría hacia él.

sabana

Y ahí está el prado y el león, pero no así los toros… Desgraciadamente, continuará…

SEGUNDA CRÓNICA:

Una historia interminable

Los reinos de taifas en al-Ándalus  (1009-1031)

Los reinos de taifas, que en su mayoría pactaban con los cristianos para derrocar a sus rivales musulmanes, acabaron con al-Ándalus, la mayor potencia europea de su tiempo. Acabaron con el conocimiento y la ciencia que de ahí emanaba y se expandía por todo el mundo. Acabaron con el reino de la verdad y permitieron que entrase el reino de la falsedad.

La segunda cruzada (1147)

Los occidentales disponían de un ejército de unos 50.000 hombres. Utilizaron la enemistad entre Aleppo, gobernado por Nur al-Din, y Damasco, gobernado por Unur, quien, temeroso de la expansión del poder de Nur al-Din, fue el gobernante musulmán más dispuesto a cooperar con los francos.

La primera Guerra Mundial (1914-1918)

Durante la Primera Guerra Mundial, Ibn Saud firmó un tratado con los británicos (diciembre de 1915), aceptando el estatus de protectorado y aceptando hacer la guerra contra Ibn Rashid, quien apoyaba a los otomanos.

Thomas Edward Lawrence

En octubre de 1916, Lawrence de Arabia acompañó al diplomático Sir Ronald Storrs en una misión a Arabia, donde Hussain ibn Ali, emir de Mecca, había proclamado en junio del año anterior una revuelta contra los otomanos. Storrs y Lawrence consultaron con el hijo de Hussain, Abdullah, y Lawrence recibió permiso para seguir sus consultaciones con otro de sus hijos, Faisal, quien estaba al mando de las fuerzas árabes al suroeste de Medina. De vuelta a El Cairo en noviembre, Lawrence instó a sus superiores a instigar con armas y oro la rebelión contra los otomanos, y a utilizar a los jeques disidentes, combinando sus aspiraciones de independencia con la estrategia militar británica. Se reincorporó al ejército de Faisal como oficial político y de enlace.

El asunto Balfour

En 1917 Arthur James Balfour, Ministro de Asuntos Exteriores británico, escribe una carta a Lionel Walter Rothschild, líder de la comunidad judía en Inglaterra, en la que le asegura el total apoyo de Gran Bretaña al establecimiento en Palestina de la patria judía –National Home for the Jewish People. La Declaración Balfour significaba, ante todo, una fragante violación del acuerdo alcanzado entre el emir de Mecca Hussain ibn Ali y Henry McMahon, alto comisionado británico en Egipto. Dicho acuerdo garantizaba el total apoyo de Gran Bretaña al establecimiento de un estado árabe independiente a cambio del apoyo que Gran Bretaña recibiría de este estado en la guerra que las potencias europeas libraban contra el Imperio Otomano.

Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Unos 23,000 árabes se alistaron en las fuerzas británicas, especialmente en la Legión Árabe, bajo el mando de Sir John Bagot Glubb.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s