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¿Quién realmente está en guerra? La ecuación cada vez más desequilibrada

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Hace unas horas aparecía una noticia desconcertante en Zerohedge –La OTAN en guerra con la OTAN. Una noticia alarmante, pues hace ya varios años que Turquía está en guerra verbal con Europa y los Estados Unidos –sus aliados militares y socios económicos. El enemigo número uno de Ankara, los kurdos, son los protegidos de América en el conflicto sirio. Erdogan ha acusado a los Estados Unidos de forma clara y sin ambages del intento de golpe de estado que sufrió en 2016 y de negarse a extraditar al artífice del mismo –Fethullah Gülen. Por su parte, los aliados europeos y el gobierno norteamericano se quejan de que Ankara haya comprado los S-400 rusos.

Al mismo tiempo, los aliados europeos están más que divididos y enfrentados entre sí. El Reino Unido, sin haberse reunido con sus socios y analizado las consecuencias de una hipotética salida de la Unión, ha organizado el Brexit y aún tiene un pie a este lado del Atlántico y el otro casi en el Pacífico. Si llega a materializarse, su salida no va a ser triunfante.

Italia cada día se acerca más a Rusia y, por lo tanto, al segundo bloque emergente, ante el desmayo general europeo y estadounidense –el dirigente del Partido Popular español ha llegado incluso a sugerir que el Pentágono debería mover la sexta flota de Sicilia a Cádiz, acusando al gobierno italiano de populista y rusista. En cuanto a Alemania, espera la oportunidad para zamparse a Europa de nuevo –de momento sigue con el plan de comprarle el gas a Rusia. Austria hace 50 años que se lo está comprando.

La ecuación se está desequilibrando más de la cuenta, ya que frente al nuevo bloque emergente NBE, el viejo se está desmoronando, y los musulmanes, en vez de compensar los platillos de la balanza, se desploman con ellos.

No basta, como pensaban ellos, unirse por intereses para despedazar a la misma presa y luego tratar de llevarse cada uno las mejores piezas. Hace falta afinidad, armonía, generosidad, cooperación y sacrificio –amistad. ¿Mas pueden acaso las alimañas formar sociedades, alianzas, fundaciones, equipos… entre ellas? Cuando sienten que una de ellas se está debilitando, caen sin piedad sobre su maltrecho cuerpo y la devoran.

Hay miedo en el viejo bloque. Los signos que ven en el cielo les auguran malos presagios. Hablan de paz, pero viven en una continua y camuflada guerra.

En 2017 murieron en Estados Unidos 72.000 personas por sobredosis, principalmente de opioides, con el fentanilo como el factor principal. En este mismo año murieron 33.000 personas por violencia armada. A estas cifras hay que sumar 34.000 muertos por alcoholismo y 44.000 muertos en accidentes de tráfico. Hemos prescindido de las muertes (un número alarmante) por enfermedades vinculadas a la violencia, alcoholismo, consumo de drogas, mala alimentación y accidentes. ¿La conclusión? Estados Unidos está en guerra, una guerra que se cobra cada año cientos de miles de vidas.

El gobierno del Reino Unido ha anunciado que hay un serio problema de “soledad” entre sus ancianos. Pero en realidad hay un serio problema económico, militar (los “mejores” destructores de la armada llevan más de un año sin salir del puerto, sin revisiones, sin mantenimiento y con un peligroso déficit de personal) y sobretodo, espiritual –los británicos, como el resto de los occidentales, no tienen ninguna razón para seguir viviendo, ya que la sociedad del bienestar se ha acabado para la mayoría de ellos, y su religión, basada en el adulterio de Enrique VIII, no da ya para mucho.

En un artículo titulado Pobreza en Brexitlandia aparecido en La Vanguardia el 20 de julio de 2018, su corresponsal en Londres, Rafael Ramos, describía al detalle la situación del Reino Unido:
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Los medios de transporte británicos, los más caros de Europa, han aumentado sus tarifas un 3,4% este mes de enero

Los británicos se podrían dar con un canto en los dientes si el Brexit fuera el único de sus problemas. Porque, desgraciadamente, no lo es. Pobreza. Desigualdad. Salarios congelados. Destrucción de la sanidad pública. Educación. Inflación. Falta de vivienda económica. Austeridad, recortes y desmantelamiento del Estado de bienestar.

Esta larga lista de problemas sociales no son consecuencia del Brexit, sino más bien sus motivos. Las razones de una desafección con el sistema y una rabia generalizada hicieron que muchísimos británicos pobres y de clase obrera votasen por un cambio radical en sus vidas.

El Reino Unido está tocado y corre el peligro de convertirse de nuevo en el enfermo de Europa, como ya lo fue en las décadas de los sesenta y setenta, con un crecimiento previsto para el 2018 de sólo el 1,2%, muy inferior al de la UE. En la quinta mayor economía del mundo hay pobreza (tanta como en Hungría y más que en Eslovenia o Irlanda) y una enorme desigualdad, y no debería ser consuelo que en la primera y la segunda (Estados Unidos y China) también la haya. Catorce millones de personas son oficialmente pobres (tienen menos del 60% del ingreso medio de un individuo o una familia), entre ellos cuatro millones de niños, dos millones de pensionistas, 2,3 millones de londinenses, una quinta parte de los escoceses, uno de cada cuatro galeses y uno de cada ocho ciudadanos con trabajo. Medio millón de personas tiene que recurrir a bancos de comida. No es de extrañar que la productividad sea una de las más bajas de la UE y lleve una década estancada.

Si el año pasado fue un desastre, el 2018 ha empezado todavía peor, evidenciado en toda su crudeza la dimensión de una crisis social que ha tenido sus altos y bajos (la década de Blair fue mejor), pero que tiene sus orígenes en el neoliberalismo descarnado de Margaret Thatcher y su continuación por los conservadores Major y Cameron. Los mayores recortes desde el final de la Segunda Guerra Mundial no podían pasar desapercibidos.

Estos son análisis socio-políticos de periodistas que, como los analizados, tampoco tienen muchas razones para vivir, aunque sean certeros en sus planteamientos. La verdadera razón de la crisis en occidente se debe al engaño de sus shayatines que les convencieron hace ya mucho tiempo de que podrían dominar el universo, controlar la materia, apropiarse de las materias primas y de la riqueza natural del mundo… Era tan goloso, parecía tan creíble. Hoy, en cambio, comienzan a vislumbrar el engaño que les ha poseído y les posee. Ya no podrán deshacerse de él. Vendieron su alma y no hay rescate que puedan pagar para recuperarla.

Occidente está en guerra, enfermo, asustado. En guerra con el Creador, del que pensó que podía prescindir. Son ellos, los occidentales, los que tan orgullosos están de su sistema democrático, sus derechos humanos y su prensa libre, los que están en guerra. El Reino Unido, Dinamarca, Holanda, Suecia, España, Noruega y Bélgica tienen parlamentos, pero están obligados a mantener palacios con reyes y reinas decrépitos que no reinan, sólo gastan más que mil familias juntas. Tienen parlamentos, pero no saben qué hacer con la legitimidad. Si no viene de Allah el Altísimo, al menos que provenga de los fantasiosos mitos monárquicos, de un pasado épico inventado. Las masas no pueden legitimar el poder. En la consciencia colectiva de las elites está clavada la ofensa al Creador. ¿Quiénes somos nosotros, los humanos, para legislar, para imponer a nuestros semejantes nuestras leyes, nuestra subjetividad… nuestra tiranía? Hacen falta reyes. Los franceses revolucionarios le cortaron la cabeza al suyo, pero el presidente vive en un palacio –mezquina reminiscencia de las masacres revolucionarias.

Hace unos días se abrió la frontera siria con Jordania. Habían sido ellos los que la habían cerrado por orden de sus amos –los coaligados americo-brexit-israelis. Y desde que se abrió miles de jordanos la cruzan cada día para comprar comida en los mercados de Damasco.

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A pesar de los ocho años de guerra en Siria, son los jordanos los que cruzan la frontera para abastecerse de comida a un precio razonable. Los mercados sirios siguen ofreciendo los mejores productos a los mejores precios. Y de la misma forma, si se abriera la frontera siria con Turquía, miles de turcos entrarían en Siria para comprar todo tipo de productos –buena calidad a muy bajo precio. ¿Nadie se pregunta cómo es posible que se dé esta situación? ¿Nadie quiere preguntárselo? ¿Nadie quiere imaginar el escenario dantesco que se produciría en cualquier país del mundo si durante 8 años sufriera un boicot casi absoluto del exterior y con cientos de miles de mercenarios armados hasta los dientes tomando ciudades, destruyendo centrales eléctricas, quemando campos de cultivo… sin luz, a veces sin agua, escuchando de día y de noche los bombardeos, los misiles explotando de forma arbitraria en cualquier punto de una zona urbana o de un pueblo? ¿Cómo es que se ha mantenido una paz social absoluta? ¿Cómo es que no ha habido un aumento de enfermedades? ¿Cómo es que a pesar de esta interminable guerra sigue habiendo en Siria más paz y seguridad que en ningún otro lugar del mundo? ¿Quién realmente está en guerra?

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