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CARTA ABIERTA A VLADIMIR PUTIN

Actual presidente de la Federación de Rusia

Putin web 2

25 de Octubre de 2018

El gesto adusto que proyectan sus ojos rasgados de lobo estepario queda suavizado por la afable sonrisa que ya indica que nos encontramos ante un hombre sincero, ante un político que ha borrado de su discurso y de su práctica diaria todo indicio de demagogia, lo cual le sitúa entre el puñado de estadistas a los que a lo largo de la historia se les ha conferido tan inusitada cualidad.

Por eso nos dirigimos a usted, porque la demagogia es uno de los subproductos del cinismo, y sólo con aquellos dirigentes que carecen de tan aborrecible característica pueden los hombres sentarse y hablar sin necesidad de ponerse una máscara que encubra las verdaderas intenciones.

Es tan hermoso, tan excelso hablar sin encubrimientos, sin hipocresía… sin cinismo. Cuando hojeamos los periódicos o visitamos una página de internet cualquiera y nos topamos con las declaraciones de éste o de aquel político que define la última masacre perpetrada por sus ejércitos como una “mala gestión” o un “error de cálculo”, sentimos como la rabia se apodera de nuestra razón. ¿Es que nuestras vidas no tienen ningún valor? ¿Son acaso meros datos estadísticos las casas destruidas en las que hemos crecido, las escuelas en las que hemos sido educados?

Pero esos agentes del exterminio tienen nombre propio e identidad histórica. No son fantasmas de la noche o espontáneos y maléficos espíritus. No son entelequias de filósofos ni manifestaciones neutras de la psicología humana. Es Occidente, the West –Europa y los Estados Unidos.

Nos dirigimos a usted porque estas entidades que acabamos de mencionar no son únicamente los enemigos de Rusia, sino de la humanidad entera. Son estas entidades envueltas en banderas de paz, justicia y progreso las que han originado y siguen originando todos los conflictos bélicos en el mundo. No se siente con ellas, defienda a capa y espada la dignidad humana. No se puede dialogar con los cínicos –es una pérdida de tiempo y un desgaste energético y espiritual.

Occidente, desde su cínica estrategia de dominación, no le entiende, no le puede entender, pero le teme, pues ve en sus palabras y en sus actuaciones el presagio del establecimiento de la voluntad divina. De la misma forma que los “colonos” europeos iban desplazando a los nativos de América hasta arrojarlos al océano o asesinarles con sus armas de fuego, de un fuego satánico, de esta misma forma el nuevo bloque emergente, del que Rusia es parte esencial, está arrojando a Occidente a su querido espacio intergaláctico.

No se siente con ellos, pues sólo quieren hechizarle con sus sortilegios tecnológicos, con el glamour del vicio y las promesas de dominación cósmica. Pero usted es un lobo estepario al que no es fácil engañar con los neones urbanos. Conoce la libertad de dormir bajo las estrellas.

No se siente con ellos, no se humille hablando con jugadores de golf, con polis congresistas que no saben cuál es la capital de Irak aunque hayan servido en esa región del globo y hayan apretado al gatillo miles de veces contra niños y mujeres.

No se siente con sus aliados, pues son ellos los verdaderos artífices de la política estadounidense, son ellos el verdadero deep state americano.

Mas ante todo, no se siente con los judíos que desde Israel y desde los consorcios de sus asnos occidentales mueven las fichas en un tablero sin cuadros.

No quiso precipitarse, pensando, como pensaros los nativos de América, que se podía confiar en la palabra de esos distinguidos dirigentes occidentales. Ahora ha visto que no, y este “no” es eterno, inamovible, irreformable. Es el “no” contra los ejércitos de Iblis. ¿Puede acaso el mal sentir remordimiento, misericordia, deseo de complacer al Creador? En ese caso dejaría de ser el MAL y la ecuación existencial se desequilibraría peligrosamente.

No debió, no debe confiarse. De sobras sabemos lo difícil que le resultó el caso Siria. A pesar de tener información de primera mano, dudó. ¿Acaso podía un país tan insignificante, tan pobre, con un ejército tan débilmente armado, tan tercermundista… tener a su diestra a la razón en contra del devastador cinismo de las poderosas y civilizadas naciones occidentales? ¿Quién podría posicionarse en su bando? Parecía una locura la actitud de Rusia, su actitud. Europa hablaba con desdén de la misma. El mundo entero se sorprendía de aquel torpe paso hacia el abismo, pues era hacia el abismo hacia donde se dirigía Rusia al apoyar al Presidente Bashar al-Assad… y usted dudó, se tambaleó por un instante. Aquello sí que era estar solo ante el peligro, ante la muerte, ante la historia.

Pasó el año 2011 y Siria seguía en pie. Cada vez había más focos rebeldes, más territorios enquistados que ofrecían asilo a jóvenes sirios y a grupos incontrolados venidos de todos los rincones de la Tierra. Cuando usted pedía informes a sus asesores y expertos, todos ellos le aseguraban que era un milagro que el gobierno Assad estuviera todavía en activo. Mas no creían que ese milagro fuera a durar mucho más tiempo. Su corazón le urgía a lanzar sus cazas, sus misiles, sus tropas de asalto contra aquella ignominia propiciada, armada y entrenada por Estados Unidos y sus aliados, especialmente Turquía, a través de empresas privadas de mercenarios. Sin embargo, los informes que recibía y sus propios análisis le recomendaban cautela.

Pasó el año 2012 y llegó el 2013. Cada vez había más grupos terroristas, más armamento, más artilugios militares imposibles de fabricar in situ. Usted seguía manteniendo la calma, negociando, tratando de buscar una solución pacífica al conflicto que de la noche a la mañana había estallado en Siria. Mas ellos seguían reclutando más mercenarios, pasando más armas por las fronteras turcas, iraquís y jordanas. Siria no tenía otro aliado en tierra que Irán y Hisbullah.

Y llegó el año 2014. Ante el asombro del mundo entero, entraban atravesando la frontera turca e iraquí miles de “muyahidín” armados hasta los dientes. ¿Nadie les había visto? ¿Quizás las cruzaron de noche, de puntillas, para no alertar a las patrullas fronterizas? Sin embargo, el gobierno de Bashar cada vez estaba más fuerte, más seguro, más firme. Sin duda que su corazón estaba a punto de estallar. Más de una vez pensaría: “Malditos informes, malditos análisis políticos y malditas estadísticas. En ningún estudio académico aparece el factor milagro. Y un milagro que perdura es el único factor que puede explicar la inexorable victoria de este gran pueblo.”

2015 –el año decisivo, el punto crucial sobre el que ha basculado la historia. Se disiparon las últimas dudas, los últimos escrúpulos y, hombro con hombro, preparó la defensa de Siria. Había esperado demasiado y los grupos terroristas campaban a sus anchas por todo el territorio sirio –nuevos mercenarios, nuevas armas y más demagogia en los medios de comunicación occidentales. Su posición y la de China, empero, se mantuvieron firmes e incluso desafiantes. Su determinación fue abriendo la brecha más y más hasta convertirla en un abismo.

Pasó el año 2016 y el 2017. Occidente quemaba los últimos cartuchos en el RPG-7 de la contradicción –el presidente Bashar un día era un asesino para al día siguiente ser alguien con quien era posible negociar. Unos meses más tarde era un carnicero que había que asesinar para unas semanas después aceptarlo como dirigente de la Siria post-Bashar. ¿Se habían vuelto locos? Es la incontrolable histeria de quien se siente aterrado ante unos acontecimientos que ha dejado de controlar, que nunca, en realidad, ha controlado.

El miedo, la incertidumbre, el vacío ideológico, es lo que mejor caracteriza a los dirigentes occidentales y a sus masas ignorantes y felices de consumir cada día alimentos basura que los están matando. ¿Se puede esperar, realísticamente hablando, que de esas bolas de sebo surja una elite capaz de entender la intrínseca estructura existencial? Abandónelos a su suerte. ¿Puede acaso crecer algo hermoso en un jardín plantado en medio de un basural? Retírese de esa mesa de negociaciones.

Le aseguran que todo ha terminado y que es Rusia la vencedora, pero no dejan de armar a sus grupos terroristas, de incitar a la rebelión, de preparar atentados con armas químicas para justificar sus infantiles ataques. Ahora han enquistado Idlib. Ya es un tumor maligno que amenaza con extenderse por toda Siria. Irán le dio la solución, pero usted volvió a dudar. ¿Acaso desea en lo más recóndito de su corazón lo mismo que desea Erdogan, ser aceptado en el selecto club Winston –Paris-London-New York? Desbarate ese hechizo, disipe esos espejismos, no se monte en un tren descarrilado.

¿Le da pena la población “civil” de Idlib? Todos ellos le odian a usted y a lo que representa. Son los más fieles leguleyos de occidente, sus más activos rábulas. Se emocionan cuando contemplan la nueva Mekka con sus rascacielos cubriendo la Ka’bah, la Casa, esa insignificante construcción que quita glamour al gran diseño satánico que los judíos le han regalado a la realeza saudí. Los sunnis se muerden las yemas de los dedos de rabia. Durante 8 años han estado haciendo súplicas al Altísimo, desde China hasta Mauritania, para que destruyera al gobierno de Siria y de Irán. Ni una sola de sus súplicas ha sido escuchada. ¡Morid de rabia!

Los medios de comunicación acaban de anunciar su próxima reunión con Turquía, Francia y Alemania. No se siente con ellos. Son sus enemigos, nuestros enemigos, los enemigos del bien. ¿Quiere sentarse con quienes han propiciado la guerra de Siria y siguen tocando los tambores de guerra? Siéntese con China e Irán. Estirpe de una vez por todas el tumor maligno Idlib.

¿Acaso ha olvidado al príncipe Arijudna de la Bhagavad Ghita? El gran guerrero de la épica hindú subido en su carro al frente del ejército del bien. Mas su brazo tiembla. No puede tensar el arco. No puede disparar sus flechas contra su propio clan, contra su propia familia. Mira a Krishna suplicante: “Ahora que sabemos la verdad, ¿por qué no nos retiramos a alguna cueva de esa montaña y nos mantenemos en continua meditación, en continua contemplación? ¿Para qué involucrarnos en los asuntos mundanos?” Krishna sonríe: “¿En verdad crees que puedes matar a alguien? ¿Es que acaso hay alguien frente a ti? Sostén con fuerza las riendas tu cuadriga, tensa el arco y lánzate con tus ejércitos contra quienes no hacen, sino sembrar la corrupción en la Tierra.” Son las mismas palabras con las que Allah el Altísimo enseña a Su Mensajero la realidad de las apariencias: “Cuando tirabas, no eras tú quien tiraba, sino que éramos nosotros quienes tirábamos.” Tense con fuerza su arco y lance sus ejércitos contra Idlib. No hay nadie frente a usted. Sólo siluetas que ya han sido borradas en el Kitab antes de la creación de este universo.

Nos emocionaron sus palabras, el discurso que pronunció en la reunión anual del Club de Discusión Valdai en Sochi:

El agresor debe saber que la retribución es inevitable, y que será destruido. Y nosotros, las víctimas de la agresión, iremos al cielo como mártires, mientras que ellos simplemente morirán, porque ni siquiera tendrán tiempo de arrepentirse.”

Nos emocionaron porque son las palabras de un creyente, palabras que ningún católico podría ya pronunciar. Sin embargo, su discurso debería ser un discurso de guerra, de sinceridad y de responsabilidad. Debe tensar el arco con fuerza. Ellos, los agresores, los exterminadores, occidente, el asno de los judíos, no quieren paz, sino destrucción, esclavitud, vicio, la fiesta gitana, el aquelarre, el becerro de Samirí. Han luchado contra la profecía desde los tiempos de Musa y hoy, por fin, el mundo es un paisaje de ruinas humanas.

No se siente con ellos. No se siente con los muertos. Allah el Altísimo advertía a Su Mensajero: “¿Acaso pueden los muertos oír, escuchar tus palabras?” Los muertos no pueden oír ni sentir, pues su corazón ha dejado de palpitar, de emocionarse. Siéntese con los vivos. Es con ellos con los que debe construir el nuevo orden mundial, la nueva primavera, la nueva Estatua de la Libertad.

Siéntese con la verdadera elite, esa que nunca aparece en los fotogramas televisivos ni en los grandes acontecimientos. Esa elite que trabaja clandestinamente, en oscuros sótanos de algún shithole country.

No se siente con ellos, no negocie con ellos. Mande a sus ejércitos a Virginia, a California, a Texas… a Canadá y a Australia. No permita que el escenario bélico vuelva a materializarse a miles de leguas de sus casitas con jardín. No espere a recibir el primer golpe. No tema a la historia, esa ramera que se acuesta con el primer cliente que llega y le paga.

Es tiempo de luchar, pues hemos llegado al gran impasse. Nadie puede mover ficha. Ya no. Cualquier movimiento resulta irrelevante, inútil, sin valor. Nos estamos asfixiando en este invernadero envenenado, en este cubo de cristal como si fuéramos insectos aprisionados. Solo de una guerra sana podrá surgir un orden mundial sano.

No dude más, nunca más. Sujete con fuerza las riendas de su cuadriga y tense el arco. Lance la primera flecha, directa al corazón de occidente.

Comentarios

One comment on “”
  1. Santa Eulària Intercultural dice:

    Muy bien, con matices:
    China es el paradigma del NOM, por tanto no es una esperanza, como tampoco Erdogan ni Putin son tan cortitos (de uno pensáis que añora ser parte del Club “Winston”, del otro que haya vacilado alguna vez), y desde luego, el islam suní aborrece del wahabismo y rechaza el pensamiento de los Hermanos Musulmanes como herético, y se ruega no confundir.
    Pero desde luego, Putin es estadista y hombre de estado de talla histórica, que aún no ha cometido los errores que harían en otros tiempos gente como Napoleón, Hitler o Stalin, quienes la Historia recordará siempre.

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