Estados Unidos: Del esclavismo al Apartheid NR National Review

des

Negros

Barry Jenkins durante la filmación de If Beale Street Could Talk (Si la calle Beale pudiera hablar)

En su artículo publicado el 2 de octubre de 2018 en National Review titulado:

“La nueva película de Barry Jenkins If Beale Street Could Talk describe una América gobernada de facto por un régimen de apartheid en el que los negros no tienen ninguna oportunidad”

Kyle Smith intenta analizar el presente desde el presente, obviando, así, un pasado de brutal esclavitud difícil de justificar si tenemos en cuenta que nunca antes se había establecido un sistema en el que un ser humano se convirtiese en esclavo debido únicamente al color de su piel. La esclavitud siempre había sido una consecuencia inevitable de las guerras, y no la expresión de una ideología en la que ser una entidad diferente al hombre blanco bastase para que éste se adjudicara el derecho a sojuzgarla.

Tras una vergonzosa actitud existencial por parte de unos Estados Unidos que sin demasiados argumentos decidieron dividir a los seres humanos en razas según el color de la piel y los rasgos faciales para después añadir a esos parámetros los de superioridad e inferioridad y más tarde recolocarlos en primeros y terceros mundos, se sirven ahora de seudo-intelectuales para borrar de la memoria colectiva el genocidio indio y el apartheid impuesto a la comunidad de color estadounidense.

De alguna forma, Kyle se queja de que todavía se siga hablando del “caso negro”, sin entender que son los blancos, la consciencia blanca, los que necesitan repetir una y otra vez las secuencias de la esclavitud negra en un intento, ontológicamente imposible, de cambiar el pasado.

No obstante, algo más eficaz que involucrarse en semejante anomalía cuántica sería comprender, de una vez por todas, la causa, la razón, que llevó a los negreros anglosajones a justificar legal y moralmente el “secuestro” de millones de africanos y su posterior esclavización.

Fotograma

Fotograma de la película de Barry Jenkins If Beale Street Could Talk  (Si la calle Beale pudiera hablar)

Las situaciones que Barry Jenkins describe en su película no se pueden analizar únicamente desde el presente, sino que hay que tener en cuenta el atroz pasado de toda una comunidad humana desarraigada de su tierra y esclavizada legalmente por ser negra. ¿Cómo puede asimilarse este hecho a nivel social? ¿Cómo se puede vivir sabiendo que todos los negros de Estados Unidos –yo, la mujer con la que me voy a casar, sus padres y los míos– descienden de esclavos? No sabe. El negro estadounidense no sabe nada de su pasado. No quiere saber nada. Intenta desesperadamente despertarse de una pesadilla, pero no puede, pues, como el hombre blanco anglosajón, no entiende cómo pudo haber ocurrido una cosa así.

La explicación, empero, la encontramos en la pregunta que un grupo de judíos –seguidores de Isa (Jesús)– le hicieron al Maestro al encontrarse con un hombre ciego de nacimiento:

“Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?” Juan 9:1-2.

Isa les respondió y, al mismo tiempo, despejó está incógnita para siempre:

“No es que pecó éste o sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” Juan 9:3.

Sin embargo, la respuesta no agradó a los judíos y siguieron viendo en la desgracia, el infortunio, el fracaso social, la enfermedad, la pobreza… claros signos del desacuerdo y enemistad de Allah el Altísimo con los portadores de tales maldiciones –ser negro, amarillo o indio, haber fracasado en los negocios, tener algún tipo de incapacidad física o síquica, todo ello será ahora prueba de la maldición de Allah.

Esta errónea posición existencial que los judíos persisten en mantener a pesar de la clara explicación de Isa, pasó al protestantismo, doctrina ésta que tan influenciada ha estado desde sus orígenes por la ideología judía –no en vano se ha dicho que el protestantismo está en la base del capitalismo, no solo como teoría económica, sino como el mejor medio de triunfar en la vida de este bajo mundo (dunia), de acumular riqueza, de imponerse a los otros, de dominarlos, de esclavizarlos, pues son pobres o negros o débiles y, por lo tanto, Allah el Altísimo los ha maldecido y nos los ha sojuzgados.

Esta ideología, empero, no logró arraigar en las comunidades católicas ni en otras denominaciones cristianas, para quienes la diferencia entre los hombres residía en su creencia, en su iman, y no en sus peculiaridades físicas o sociales –bastaba que un negro o un indio declarase creer en la Trinidad para convertirse ipso facto en un miembro más de la comunidad católica.

Eso hizo que en los territorios allende los mares conquistados por las naciones europeas católicas se produjera mezcla genética y social. Cuando caminamos por las calles de Caracas, Lima o Bogotá vemos que la inmensa mayoría de la gente pertenece a comunidades indígenas o son mulatos (blanco con negro) o mestizos (blanco con indio). Sin embargo, nada de esto se ve en las calles de Sídney, Portland o Washington. Y ello debido a que los invasores anglosajones no se mezclaban con indios o negros, todos ellos poseídos por satanás –poco a poco los fueron eliminando, encerrando a los supervivientes en reservas. La idea de los campos de concentración no es Nazi, sino de los anglosajones blancos –el apartheid sudafricano originado por los colonos holandeses nunca se dio en los territorios americanos dominados por sociedades católicas.

Esta peculiaridad de la ideología protestante nos puede ayudar a entender mejor no sólo el fenómeno del genocidio indio y la esclavitud negra, sino también los valores sobre los que se han establecido las sociedades anglosajonas –supremacía blanca basada en el poder militar, económico y tecnológico. La relación con el “otro” es vista desde esta perspectiva como una lucha a muerte. Su derecho a dominar al resto de naciones esta argumentado por su PIB, por su número de portaaviones, de submarinos nucleares, por el número de satélites en el espacio y bases militares en territorios “aliados”.

Es el poder blanco, el poder protestante, la ideología judía que sigue pensando que la “imperfección” es un castigo divino.

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