UN CANTO AL AMIGO LEJANO

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Nos duele la vida de este mundo porque añoramos el absoluto, la satisfacción plena y total de todos nuestros anhelos. En vano buscaremos tales cosas en esta Tierra y en este cuerpo.
Gritamos, llamamos… nadie escucha. Todos están entretenidos en sus quehaceres, en su negligencia, en su despreocupación. Nos sentimos solos, caminando, a veces, en un estercolero, a oscuras. No hay luz, excepto la que sale de nuestra visión, una luz que, hoy, ya nadie ve.
Todo consuelo, pues, se encuentra junto al Creador, el que nos ha modelado y ha diseñado nuestro carácter y ha escrito nuestro destino. ¿Qué habrá en él? ¿Qué nos espera más allá del sueño? ¿Qué despertar?
De todo ello nos habla este texto, esta confesión interior.

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A los pies del maestro no-nacido, de cuyo néctar de sabiduría beben los necesitados en busca de una salida, me inclino. Toda virtud y toda nobleza residen en Ti, verdad primera y última; en Ti confío y a Ti acudo en esta hora de extrema dificultad, pues los caminos de la vida se han estrechado por mis múltiples carencias en el cumplimiento y perdido me hallo.

Enciende la lámpara de la visión verdadera y alumbra mis palabras para que redunden en un beneficio.

El eco lejano del amigo íntimo que en su refugio de montaña logró desprenderse del yugo de las ataduras del Dunia, el mundo sensible, reverbera en mis oídos, pues entre los que aman no hay distancia ni barrera alguna que se interponga, fluyendo así los tesoros del corazón hacia el amigo fiel que los implora.

Todo tipo de dificultades se ciernen sobre Tus siervos en esta edad oscura que ya enfila el abismo, en espera del clamoroso rugido de los ardientes vientos de una purificación por el fuego que ya se atisba. Es el fuego de Tu furia el que se cierne, rodeando la iniquidad tras el largo extravío por la persistencia en el alejamiento de todo aquello que como seres humanos nos vivifica. Ahora no somos más que paja vieja y seca, que cual yesca espera inadvertida el prendimiento por el llameante fulgor de Tus luces magníficas. Son muchos los desvaríos y escasas las fuerzas en esta hora aciaga mientras los días van pasando como pesadísimas losas de acero para aquellos que aún no perdieron la esperanza y aguardan anhelantes el desenlace definitivo y el levantamiento del velo, para que sean así Tus luces las que rijan, relegando al olvido todo vestigio de las funestas circunstancias que hoy nos atormentan.

En uno de los libros de los antiguos está escrito: “Cuando todos los enemigos de la sociedad estén aniquilados, tanto en las ciudades como en los campos, y el resto de la gente esté purificada por la presencia del Señor, comenzará la nueva era dorada”.  ¡Oh Allah!, nuestros enemigos, tras devenir en lo peor de su degenerada condición humana por la persistencia en el extravío de sí mismos y de todos aquellos que han sucumbido a su influjo, ya no son más que pasto para Tus purificadoras llamas. Extínguelos a todos ellos en los fuegos de tu furia infinita, y eleva al resto tras esta dura prueba hacia las fértiles llanuras donde manan las fuentes de Tus rejuvenecedoras aguas. Así te lo pido desde la sima de mis desdichas, en la esperanza por el frescor de los gozos de la visión verdadera que clareará una vez reasumida mi gloria oculta tras el velo de esta mortecina apariencia que hoy entre sombras deambula. Así sea.

Hace poco montamos este video para nuestro canal de youTube en el que se muestra muy bien lo que expresamos en este artículo:
EL OCASO DE LOS DIOSES – DECADENCIA Y AUTODESTRUCCIÓN