El momento crucial en la expansión del insan será el del reinado del Profeta Sulayman, artífice del mayor imperio que haya existido jamás.

(34) Pusimos a prueba a Sulayman –echamos un cuerpo en su trono. Luego se volvió arrepentido, (35) y suplicó: “¡Señor mío! Perdóname y concédeme un reino que nadie más pueda tener después de mí. Tú eres el Dador Incansable.” (36) Le subordinamos el viento que corría apacible bajo su mandato a donde lo dirigiese. (37) Los shayatin trabajaban para él construyendo y buceando. (38) Había otros sujetos con argollas. (39) Se le dijo: “Esto es lo que te concedemos. Concédelo tú de tu gracia o retenlo, sin que por ello se te pidan cuentas.”
Sura 38 – Sad

¿Quién era este poderoso monarca, Profeta y controlador de los yin? ¿Cómo es posible que no nos haya llegado ninguna noticia de él? Sin duda que nos han llegado muchas noticias de Sulayman, pero no con ese nombre ni en el tiempo y lugar que tradicionalmente se ha situado su reinado (ver apéndice F1 y apéndice H). Ya hemos visto que los cambios cronológicos y geográficos operados por los historiadores y arqueólogos han trastocado completamente el relato secuencial de los acontecimientos. En este sentido, nos parece acertada la interpretación de L. Austine Waddell que desarrolla en su libro Egyptian Civilization. Its Sumerian Origin and Real Chronology con respecto al periodo de Sargón el Grande (hacia 3500-4000 a.C.), primer rey de los sumerios, y que nosotros hacemos coincidir con Daud; y a Manis, su hijo, con Suleyman (ver referencia F5). Hay una clara correspondencia de nombres entre Manis y Menes, rey y unificador del Bajo y Alto Egipto. Más aún, ambos nombres evocan el de Manasyu, que aparece en la épica hindú. Curiosamente, el sufijo ”yu” significa en sánscrito ”unificador”, el mismo título que daban los egipcios a Menes. Y parecida semejanza encontramos entre estos nombres y el del mítico rey cretense, Minos.

Si nos fijamos en la historia de estos reyes –todos ellos relegados a la leyenda durante siglos por los historiadores occidentales– veremos que siempre han estado asociados con el comienzo o, al menos, con un verdadero desarrollo de la civilización –Sargón el Grande y su hijo Manis en Mesopotamia, Menes en Egipto, Manasyu en India y Minos en Grecia. Este hecho no debería sorprendernos si caemos en la cuenta de que estos cuatro nombres –Manis, Menes, Manasyu y Minos– hacen referencia a una misma persona, a Sulayman, a su grandioso imperio, basado en la civilización, en la Profecía y en la Ley divina. A pesar de la tradición hostil que Atenas ha dejado de Minos –un cretense que conquistó toda Grecia y cuya influencia se extendió allende los mares– en términos generales se le muestra como un poderoso y justo monarca, extrechamente ligado a la religión. Los cuatro centros originarios del imperio de Suleyman serían, pues, Mesopotamia, Egipto, La India y Grecia; y a partir de estos centros se extenderán sus dominios y su civilización al resto del mundo. Así se debería entender el título que los egipcios daban a Menes –El ojo de los cuatro rincones de la Tierra. Será, pues, durante el reinado de Sulayman cuando los insan lleven a cabo la gran emigración, la gran expansión, llegando a Europa occidental, América, Australia y al resto del mundo.

En la historia de Sargón y de su hijo Manis hay una clara confrontación entre ambos a la hora de diseñar su política y desarrollar sus dominios; y esa misma confrontación vemos en la relación entre Daud y Sulayman. Daud es un hombre de devoción que ha luchado por la causa de Allah y ahora quiere dedicarse a Su adoración. Sulayman, en cambio, ve el poder que les ha dado Allah el Altísimo como un medio de llevar el Tawhid y el relato profético a todos los rincones de la Tierra. Cuando muere Daud, Sulayman se arrepiente de haberse enfrentado a él y se deja caer en su trono como si fuera una piltrafa, sin deseo, sin voluntad… sin fuerzas.

(34) Pusimos a prueba a Sulayman –echamos un cuerpo en su trono.
Sura 38 – Sad

Sin embargo, tras esa primera desesperación y dolor que le causaron la muerte del Profeta Daud, se rehace de aquella postración en la que le había sumido su ánimo y vuelve a su visión de antes.

Luego se volvió arrepentido, (35) y suplicó: “¡Señor mío! Perdóname y concédeme un reino que nadie más pueda tener después de mí. Tú eres el Dador Incansable.”
Sura 38 – Sad

De esta forma, Sulayman asume el papel más fantástico de cuantos se han asumido en la historia de la humanidad –recorrer el mundo en barcos movidos por los vientos que a él están sometidos, y con yin y shayatin que obedecen sumisos sus órdenes. Los grandes viajes de Sulayman cuyas huellas están esparcidas por todo la Tierra (ver apéndice G y artículos XVII y XX).

La figura de Sulayman, como los grandes hitos del relato profético, recorrerá mitos y leyendas de todo el mundo. En una de las obras más importantes de la mitología mesopotámica, Sulayman es representado como el héroe Gilgamesh, y Daud por su amigo inseparable, Enkidu. Entre ellos dos, como entre Sulayman y Daud o Sargón y Manis, hay una confrontación en su forma de ver la existencia y su finalidad. Gilgamesh es el hombre de acción, civilizado, que quiere poder y fama como una forma de alcanzar la inmortalidad. Enkidu representa la fitrah, la unidad con la naturaleza, con los principios propios de la condición humana. Gilgamesh es arrogante, fuerte, incluso cruel. Posee la sabiduría y entiende los asuntos más allá de las apariencias. Para aplacar su altivez se le somete a una dura prueba –la muerte de Enkidu. Este golpe casi mortal detiene el ímpetu del héroe y le arroja en una desesperación que le va consumiendo físicamente. La angustia y la agonía en las que ha quedado sumido Gilgamesh le hacen recobrar la consciencia y comienza a preguntarse por el sentido de la vida, por el valor del poder y la riqueza, por el verdadero placer de la fama. Aterrado ante su incapacidad para responder a tan inquietantes preguntas, decide buscar la inmortalidad y se dirige a un lugar remoto donde habita Utnapishtim (representación del Profeta Nuh) quien sobrevivió al diluvio y no ha muerto. Sin embargo, Utnapishtim le explica que la muerte es inherente a la condición humana, pues así lo han decidido los dioses y nadie lo puede cambiar. No obstante, le ofrece la vuelta a la juventud. Ese poder lo posee una planta que crece en el fondo de un mar. Gilgamesh la encuentra y decide llevarla a su reino, pero mientras dormita, una serpiente se la roba. No obstante, Gilgamesh vuelve a su ciudad Uruk y decide continuar elevando a su reino a la cima de la civilización.

La personalidad de Gilgamesh, sus cualidades y las propias circunstancias de su vida parecen, efectivamente, sacadas del Profeta Sulayman –su ímpetu, su sabiduría, sus viajes alrededor del mundo y su escrupulosa búsqueda de la justicia:

Voy a presentar al mundo a aquel que todo lo ha visto,
Ha conocido la Tierra entera, penetrado todas las cosas,
Y alrededor explorado todo lo que está oculto.
Excelente en sabiduría, todo lo abarcó con la mirada:
contempló los Secretos, descubrió los Misterios
Incluso nos ha contado sobre antes del Diluvio.

Estos versos parecen extraídos de alguna biografía de Sulayman. En el siguiente texto se resalta que esa confrontación o complementariedad entre Sargón y Manis, Odín y Zor, Gilgamesh y Enkidu, Sulayman y Daud (ver referencias F5) fue la causa principal del tremendo impulso civilizador que llevó el Tawhid y el conocimiento universal guardado en el relato profético a los cuatro rincones de la Tierra:

Enkidu era un hombre primitivo y salvaje, que vivía cubierto de pieles de animales. Abandonó su tarea de pastorear en la ciudad de Uruk tras haber sido seducido por una sacerdotisa de Ishtar. Se encontró frente a Gilgamesh en un combate a muerte, pero según se deduce de los textos, nadie salió vencedor, lo que hizo que se convirtieran en amigos inseparables y lucharan juntos contra el Toro del Cielo (Khumbaba) y lo derrotaran.

Ambos personajes colaboraron en el renacimiento de la ciudad y en su fortalecimiento; por su complementariedad hicieron progresar y renovar la cultura Caldeo-Babilónica hace aproximadamente 5000 años.

Los roces de Gilgamesh con los sacerdotes y algunas diferencias con las prácticas del santuario de Ishtar, hicieron que estos invocaran a los dioses y se produjeran enfermedades y numerosos conflictos en la sociedad. Como consecuencia de esto murió Enkidu.

La muerte de su amigo fue un duro golpe para Gilgamesh quien intentó entender la inmortalidad del alma, viajando hasta el lugar en el que se encontraba la escuela de sabiduría del sacerdote Utnapishtim, pero a pesar de no haber podido lograr su iniciación en este culto, le fue ofrecida una iniciación parcial que le ayudara a entender la muerte de su amigo, pudiéndose comunicar con él, a pesar de su muerte física, y avanzar en los conocimientos de la individualidad y la cultura de la personalidad.

Ambos estuvieron a la vanguardia de su tiempo recuperando a la vez cualidades perdidas de la humanidad. Su etapa fue el comienzo de la transición del Este al Oeste.

Luigi Morelli, Aristotélicos y Platónicos

Tras sufrir el duro golpe que supuso la muerte de su amado amigo Enkidu y realizar una profunda reflexión sobre el sentido de la existencia, Gilgamesh se rehace, vuelve a Uruk y continúa con su labor civilizadora sin tener como objetivo la gloria y la fama.

Es el mismo proceso que vemos en Sargón y Manis, y en Odín y Zor. El mismo proceso que sufrieron Daud y Sulayman:

Día y noche he llorado por él.
No lo abandonaba a la tumba.
Me decía: “mi amigo va a levantarse a mis gritos”.
Y esto durante siete días y siete noches,
hasta que el gusano le cayó sobre el rostro.
Desde que se ha ido, ya no encuentro vida;
he vagado como el cazador en medio de la estepa.

Ya no desea Gilgamesh seguir viviendo y contempla la existencia como un mero camino hacia la muerte. Sin embargo, en su viaje al sabio Utnapishtim (Nuh) entiende el papel de la muerte y la finalidad de la vida. Se rehace y decide llevar este conocimiento (el Tawhid) al resto de la humanidad:

(34) Pusimos a prueba a Sulayman –echamos un cuerpo en su trono. Luego se volvió arrepentido, (35) y suplicó: “¡Señor mío! Perdóname y concédeme un reino que nadie más pueda tener después de mí. Tú eres el Dador Incansable.”
Sura 38 – Sad

El Profeta Sulayman también es mencionado en el Qur-an bajo el apelativo de “Dhul Qarnain”. Si bien es cierto que no se especifica que ambos nombres correspondan a la misma persona, cuando leemos la historia que de Dhul Qarnain relata el Qur-an, vemos claramente que se está refiriendo a Sulayman. Esta peculiaridad forma parte del estilo narrativo del Qur-an (ver artículo I, apartado 9). Veamos el texto coránico:

(83) Te preguntan por Dhul Qarnain. Recítales una parte de su historia.
(84) Le dimos preeminencia en la Tierra y los medios para alcanzar sus objetivos.
(85) De esta forma emprendió su camino (86) hasta que llegó a donde se pone el Sol, y halló que se ponía en una tierra fangosa en la que habitaba un pueblo. Dijimos: “¡Dhul Qarnain! O bien los castigas o bien los tratas de la mejor manera.”
(87) Respondió: “Al infame lo castigaremos y luego será devuelto a su Señor Quien le castigará con un castigo más severo aun. (88) Y el que crea y actúe con rectitud recibirá el más hermoso galardón, y le ordenaremos lo que le resulte más fácil.”
(89) De nuevo emprendió su camino (90) hasta que llegó a donde sale el Sol, y halló que salía sobre una gente a la que no habíamos provisto con ningún sistema para cubrirse.
(91) Así fue. Teníamos perfecto conocimiento de lo que se movía secretamente en su interior. (92) De nuevo emprendió su camino (93) hasta que llegó a un lugar en el que había dos masas rocosas, separadas por una gran abertura y halló que a un lado de ellas había una gente
que apenas comprendía una palabra cuando se les hablaba.
(94) Dijeron: “¡Dhul Qarnain! En verdad que Yayuy y Mayuy se exceden en su iniquidad. ¿Quieres que te entreguemos una parte de lo que producen nuestras tierras
para que levantes una muralla que nos separe de ellos?”
(95) Respondió: “La preeminencia que mi Señor me ha dado es mejor que lo que me ofrecéis, pero si me ayudáis con vuestras manos, construiré una barrera fortificada
que les impida penetrar en vuestro territorio.
(96) Traedme bloques de hierro.” E hizo un encofrado para nivelar la depresión que separaba las dos masas rocosas. Dijo: “¡Soplad hasta que el fuego lo derrita! Dijo: “Traédmelo para rellenar el encofrado con hierro fundido.”
(97) Y no pudieron escalarla ni hacer un túnel en ella. (98) Dijo: “Esto es una rahmah de mi Señor, pero cuando se haga realidad Su promesa, la demolerá.
La promesa de mi Señor se ha de cumplir.”
Sura 18 – al Kahf

Veamos, antes de seguir, el significado del apelativo “Dhul Qarnain – Dhu al-Qarnain”. El término dhu ذو significa poseedor, dueño, y el término Qarnain قَرْنَين, forma dual de qarn قَرْن que deriva del verbo qarana قرن, significa conectar, juntar, unir una cosa con otra. La forma qarn, a su vez, significa cuerno, generación, siglo, por lo que Qarnain daría el sentido de dos cuernos, dos generaciones, dos siglos. La forma completa sería el dueño o poseedor de los dos cuernos o siglos o generaciones. De forma más alegórica podríamos traducir esta expresión por el dueño o poseedor de los dos extremos, lo que sería lo mismo que decir del mundo entero.

La descripción que el texto coránico hace de Dhul Qarnain es la misma que la de Sulayman –el poseedor del mayor imperio que pueda existir, el dueño del Este y del Oeste, de los dos extremos, de los dos cuernos. Pero también el que tiene en su mano las dos generaciones o siglos –los que hubo antes de él, una generación básicamente de bashar excepto en las zonas delimitadas por los 3 primeros encuadres del Mapa 1AG (ver apéndice G); y los que vendrán después de él una vez que haya llevado al insan por toda la Tierra.

Si partimos del encuadre naranja en el Mapa 1AG del Apéndice G, la parte más alejada hacia donde sale el Sol sería China, y la parte más alejada hacia donde se pone el Sol sería América. Es decir, el mundo entero, los dos extremos y todas las tierras que entre ellos hay.

No obstante, y a pesar de que lingüísticamente todos estos significados son correctos y concuerdan con las especificaciones propias de Dhul Qarnain y Sulayman, todavía hay otra imagen que correspondería exactamente con la cualidad más sobresaliente de Sulayman –la sabiduría. La luna siempre ha representado la sabiduría. Imaginemos ahora una media luna en el cielo. Su forma es la de dos cuernos unidos por sus extremos más anchos. E imaginemos que la arrastramos con nuestras manos desde el cielo hasta el casco que llevamos en la cabeza –la parte central de la Luna desaparecerá y a cada lado del casco quedarán, como incrustados, los dos extremos de la Luna formando dos cuernos. Esta imagen indicaría que el símbolo de Dhul Qarnain, Sulayman, no serían dos cuernos de toro (la fuerza), sino la media luna, la sabiduría, controlando su cabeza, sus decisiones, sus sentencias.

cuer1

De cualquier modo que queramos verlo, Sulayman, con la fuerza del toro o la sabiduría que representa la Luna, ha recorrido el mundo entero y ha visto todas las cosas, todo tipo de seres humanos, bashar, basharinsan e insan, y a todos les ha dado lo que mejor les correspondía:

Voy a presentar al mundo a aquel que todo lo ha visto,
Ha conocido la Tierra entera, penetrado todas las cosas,
Y alrededor explorado todo lo que está oculto.
Excelente en sabiduría, todo lo abarcó con la mirada:
contempló los Secretos, descubrió los Misterios
Incluso nos ha contado sobre antes del Diluvio.

Sulayman no ha sido olvidado por la historia. Su extraordinario paso por la existencia ha quedado impreso en las tradiciones de todos los pueblos de la Tierra, en la memoria colectiva. Allah el Altísimo eleva a Sus siervos otorgándoles el verdadero honor y la verdadera gloria.