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En la literatura escandinava existe una colección de sagas llamada Heimskringla (escrita por Snorri Sturluson en 1220), que rastrea el origen de los reyes noruegos hasta el dios Odín, presentado como una figura histórica que hace referencia a un gran conquistador y maestro-mago procedente del Mar Negro, cuyo conocimiento de la escritura y de la magia le permitieron hacerse con el poder en toda la península. Su dinastía continuó a través de dieciséis reyes-sacerdotes hasta llegar a la época de los vikingos y su posterior “conversión” al cristianismo. En el relato de Heimskringla encontramos la secuencia completa de la corriente danesa a condición de que situemos a sus actores en el tiempo y lugar adecuados. El rey sumerio Sargón no es un personaje salido de la nada, que sin más antecedentes que su propio talento inventa el alfabeto cuneiforme, la escritura, la composición literaria y desarrolla una prodigiosa civilización. Sargón, es en realidad Daud, padre de Sulayman y, junto con él, artífice del mayor imperio que haya existido jamás. Ambos eran Profetas y poderosos monarcas bajo cuyo dominio estaban sometidos los yin y los shayatin; conocían el lenguaje de los voladores (un tipo de yin). Daud recibió el Zabur y una gran destreza militar:

(251) Los derrotaron por la voluntad de Allah. Daud mató a Yalut y Allah le concedió soberanía y Hikmah, y le enseñó lo que tuvo a bien enseñarle.
Sura 2 – al Baqarah

Uno de los panegíricos con el que se honraba a Sargón era Goth o Got, que L. Austine Waddell traduce como “gran guerrero”. No obstante, la palabra original era Ġothn o Ġodhn. La primera letra de estas dos palabras correspondería a la letra ghain غ del alfabeto árabe, un sonido “g” gutural inexistente en la mayoría de las otras lenguas y, por lo tanto, difícil de pronunciar. De ahí que cuando este término penetre en el inglés arcaico, cambie este sonido por el de wa, pasando a escribirse Wodhn o Wothn, y la misma transformación tendrá lugar en el sajón arcaico. En el alemán que se hablaba hasta el siglo XI en lo que hoy es Alemania del sur, Austria y Suiza, el sonido dh y th será substituido por t, dando lugar a Ġotn. Cuando estos términos se introducen en la lengua nórdica, también llamada alemán clásico del norte, y que fue la lengua literaria de las sagas islandesas y de las Eddas durante los siglos XII y XIII, se elimina tanto el sonido ghain como el sonido wa, de forma que Ġothn se convierte en Othn, y Ġodhn en Odhn; y ambas darán origen a Odín al vocalizarse estas palabras y preferirse el sonido d, menos fricativo y más fácil de pronunciar que dh y th. En cambio, en alemán se mantendrá el sonido t.

El nombre Odín (Wodhn, Goth, Got, Ġothn, Ġotn,), cuando lo hacemos derivar hasta su origen, vemos que hace referencia a Sargón, a Daud, y por eso mismo, a pesar de formar parte del panteón escandinavo, en las sagas de Snorri Sturluson se le reconoce como un personaje histórico que habría sido un “gran conquistador” y un “maestro-mago”, dos características que sólo confluyen plenamente en Sargón si le hacemos coincidir con el Profeta Daud. Pero la magia de Daud no es chamánica, como se ha tergiversado en la leyenda, sino profética –otro atributo que se le reconoce a Odín en esta misma saga. Y lo que los judíos de la corriente danesa llevan a Escandinavia es el alfabeto y la escritura con la que Daud escribió el Zabur. Con el tiempo, sin embargo, el panegírico Goth o Got se convertirá, en las lenguas anglosajonas, en el nombre de un “dios” investido con las cualidades del Profeta Daud.

Más tarde, pasará a denominar, como nombre genérico, al Creador –God (en alemán, Gott). En las mitologías escandinavas el “dios” Odín –asociado a la sabiduría, la magia, la poesía y la Profecía, todas ellas características del profeta Daud– tenía numerosos hijos, uno de los cuales era Thor (Zor), a quien se le asociaba con tormentas (vientos), adoración y santidad –características propias del Profeta Sulayman. Estas tradiciones confirmarían el hecho de que Odín representa a Sargón (el profeta Daud), y su hijo Zor a Menes, hijo de Sargón y por tanto a Sulayman, hijo de Daud. Zor va acompañado siempre de dos pájaros (dos yin voladores) con inteligencia humana y con los que dialoga –la misma secuencia que encontramos en el Qur-an referida al Profeta Sulayman.

(20) Pasó revista a los voladores, y dijo: “¿Qué ocurre que no veo al hud-hud? ¿Acaso se ha ausentado? (21) Le infligiré un duro castigo o lo degollaré, a menos que venga con una clara razón.” (22) Mas había permanecido no muy lejos de allí, y dijo: “He sabido de algo de lo que tú no tienes conocimiento, y he venido hasta ti desde Saba con una noticia cierta.
Sura 27 – an Naml

Zor tiene los vientos agarrados en su mano, los truenos y los rayos que lanza contra el mal –una clara imagen del poder de Sulayman y de su implacable justicia.

(12) A Sulayman le sometimos el viento. La distancia que recorría en una mañana equivalía a la que antes recorría en un mes, y la que recorría en una tarde equivalía también a la que antes recorría en un mes. E hicimos que manara para él una fuente de cobre fundido. Y había yin que trabajaban para él por la voluntad de su Señor. A quien de ellos se hubiera apartado de Nuestro mandato le habríamos hecho gustar el castigo del sair.
Sura 34 – Saba

Los yin de los que habla esta aleya corresponderían a los “enanos” que en el poema Alvíssmál, perteneciente a la Edda Poética, estaban al servicio de Zor. Dice Zor: “Alvíss debe decirle lo que quiere saber sobre todos los mundos que el enano ha visitado.” En una larga sesión de preguntas y respuestas, Alvíss así lo hace –describe características naturales como son conocidas en las lenguas de diferentes razas de seres que pueblan el mundo, al tiempo que transmite una gran cantidad de información cosmológica.

 Y así fue entendido siglos más tarde y reflejado en la obra Solomon and Suturn escrita en inglés y noruego arcaicos, y compuesta de cuatro libros de adivinanzas en los que se asocia al “dios” Zor con el Profeta Sulayman.

Los mitos y leyendas de todos los pueblos antiguos de la Tierra no han hecho, sino transportar el relato profético y sus actores. Si perdemos de vista este hecho, esas mitologías que hablan de forma simbólica y barroca de dioses, de magos y de poderes sobrenaturales resultarán incomprensibles y absurdas.