Uno de los grandes misterios de la historia, sin duda, es la desaparición del Inyil. Si bien a nadie parece importarle. Los cristianos están contentos con su Nuevo Testamento, sus cuatro evangelios escritos por unos cronistas anónimos que en ningún momento declaran escribir bajo inspiración divina; muy al contrario, afirman hacerlo por voluntad e iniciativa propias. Lucas, o quien quiera que sea la persona a la que representa ese nombre, dedica el primer capítulo de su crónica a un tal Teófilo:

Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, o excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.

Lucas 1:1-4

Sin embargo, según todos los concilios, el tema está sellado –cuatro evangelios, cuatro santos, cuatro soplos divinos entrando en sus corazones, cuatro ángeles dictándoles palabra por palabra, frase por frase. “Seguramente, alegan algunos, se trate de una invención de los musulmanes. Aparte del Qur-an, en ningún otro sitio se menciona este libro. El Mesías no estaba para recibir libros. Además, en cuanto que hijo de Dios, ¿qué falta le hacían?”

Sabemos que el Inyil le fue revelado a Isa y sabemos que está en alguna parte, de la misma forma que sabemos que están las primeras hojas, las de Ibrahim y las de Musa. Todo ese material con el que fue instruido el hombre yace mezclado con textos escritos por las manos transgresoras de los escribas judíos (ver referencia Fi y F11); textos eclécticos que siglo tras siglo han ido engordando el Antiguo Testamento.

Es posible que el Inyil desapareciera en el gran tumulto político-religioso que siguió a los años posteriores a Isa y que culminó con las persecuciones –ya en tiempos de Constantino– de todos los grupos “unitarios” que negaban la deidad del Mesías y lo proclamaban Profeta. Otra teoría –mucho más plausible– sería la de que el texto completo, o parte de él, se fue añadiendo a los libros del Antiguo Testamento, mezclándose con ellos, hasta dar con la actual construcción bíblica –un apaño mucho más reciente de lo que se nos ha hecho creer.

Lo primero que llama nuestra atención cuando abrimos el Antiguo Testamento en lengua árabe y vemos la lista de Profetas que allí aparecen es la similitud consonantal entre algunos de sus nombres; similitud que se pierde cuando los transliteramos a una lengua europea. Así, entre Isaías, Oseas y Josué no parece que haya semejanza alguna; pero si ahora tomamos su forma árabe o siriaca, el resultado que obtendremos será sorprendentemente distinto: Isha’ia, Husha’, Iasha’a. En cuanto que lengua consonantal, en el árabe como en sus inmediatas derivaciones –siriaco y fenicio (el arameo y el llamado hebreo son dialectos del siriaco)– la verdadera estructura de las palabras viene marcada por las consonantes, ya que las vocales se pronuncian, pero no se escriben y pueden variar dialectalmente de una zona a otra. Si ahora extraemos de estas tres palabras las partículas que no forman parte intrínseca de su estructura consonantal, veremos que se trata, en realidad, del mismo nombre: I(sha’)ia, Hu(sha’), Ia(sha’). La partícula ia no es parte de la palabra; hace referencia a Dios –en la mitología sumeria a la deidad del agua se la denomina ia – o puede indicar una forma admirativa que acompaña a alguno de Sus atributos. El segundo nombre, Husha’, aglutina los vocablos hua o huwa –que significan “él”– y sha’. El signo -’- indica la letra ’ain, cuyo sonido no existe en ninguna lengua europea. Si ahora extraemos la vocal que une las dos consonantes, obtendremos una misma estructura consonantal –sh’. Por lo tanto, tenemos tres nombres, tres Profetas que, en realidad, hacen referencia a una misma identidad. Esta identidad es Jesús -I’sa, cuya estructura consonantal es idéntica a las de Isaías, Oseas y Josué. En el paso del árabe al siriaco y al fenicio, el sonido sh se intercambia en muchos casos por el sonido s. Este mismo cambio consonantal se ha producido en la lengua española al no existir en ésta el sonido sh. Por otra parte, si hacemos uso de la metátesis –cambio del orden de las consonantes en una misma palabra– la letra ain del final pasaría al principio de la palabra: de Isha(‘)ia derivaría a I(‘)sa; de Isha’ a I’sa. Esta metátesis se manifiesta claramente en el nombre que utilizan los cristianos orientales para Jesús -Iasu’. Aquí vemos el paso de sh a s y de la letra ‘ain del principio –en I(‘)sa- al final -en Iasu(‘).

Este fenómeno, este generar identidades diferentes a partir de un mismo nombre, es algo que se repite constantemente a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Lo vemos asimismo en los nombres propios que se le dan al Creador: Jehová y Yahvé –Iahowah (o Yahowah) y Iahweh (o Yahweh) en siriaco respectivamente. Ya hemos visto que la partícula ia o ya nunca es de la palabra; significa Dios, o indica admiración, o alabanza. Por lo tanto, la estructura consonantal es hwh y hace referencia al pronombre personal “Él” –huwa, al que se añade el prefijo ia o ya, dando lugar a la palabra Yahuwah o Yahweh, que podríamos traducir por “Oh Él”, “Él es”, o también “Él, el Dios”. La utilización del pronombre personal “Él” para dirigirse al Creador es muy común también en el Qur-an; en numerosas aleyas aparecen los términos Huwa -“Él”- o Huwa-l-ladhi -“Él es aquel” o también “Él es quien”. En cuanto al término “Jehová” nos parece acertada la idea de que se trata de un cambio de vocales en la palabra Yahweh.

Es un nombre artificialmente formado para designar al Dios de Israel que aparece por primera vez en el siglo XVI de nuestra era en los textos cristianos. Esta nueva forma fue el resultado de un cambio de actitudes con respecto al uso del nombre de Dios. El término “Yahweh” dejo de pronunciarse a partir del tercer siglo a. C. aparentemente para no profanar tan sagrado nombre. En su lugar, se comenzó a utilizar la palabra Adonai que en griego significa “señor”. Cuando se fue vocalizando el texto bíblico (aprox. 1000 d.C.), las consonantes de Yahweh se conservaron, pero las vocales de Adonai fueron las utilizadas para recordar a los lectores el verdadero nombre. La tradición cristiana del Renacimiento combinó erróneamente las consonantes de Yahweh y las vocales de Adonai dando lugar a Jehovah.

Oxford Companion to the Bible, Jehovah

Como ya hemos visto, al transliterar los nombres bíblicos a las lenguas europeas, perdemos de vista las similitudes que hay entre ellos y sus derivaciones. Muchos cristianos de habla hispana podrían preguntarse cómo el nombre Jesús puede derivar de Isa –I’sa. Sin embargo, si damos a la letra “j” española el sonido que tiene en la mayoría de las lenguas europeas –ya o ia, tendremos el término Iesus o Yesus. Si ahora retiramos las vocales de la palabra, nos quedará “Iss”, y entre ambas eses podemos colocar “a” en vez de “u”, ya que las vocales en las lenguas consonantales varían fácilmente con el transcurso del tiempo o al pasar de una región a otra. Por otra parte, la “s” final desaparece en muchas lenguas, sustituyéndose por una “h” aspirada; como por ejemplo en el caso de Isaías que en inglés se escribe Isaiah. Ahora el nombre Isas -o Isah– ya no es tan lejano de ‘Isa como nos parecía en un principio.

Para comprender este fenómeno y evitar sus dañinas consecuencias debemos tener en cuenta que al trabajo de falsificación y manipulación de los escribas judíos se debe añadir la ignorancia de unos y el estricto ateísmo de otros. Estos factores eran los que les impedían entender el material que tenían en sus manos. No lograban darse cuenta de que muchos de esos nombres a los que asignaban un libro y una identidad profética hacían referencia a una misma persona. De esta forma se fue desparramando el Inyil no sólo por los libros de Isaías, Oseas y Josué, sino también por el de Jeremías, los Salmos y por la práctica totalidad del Antiguo Testamento.

Sin embargo, y a pesar del trabajo de encubrimiento al que se han dado los escribas judíos milenio tras milenio (Ver referencia F11), siguen quedando pasajes en este y en aquel libro que señalan a una realidad muy distinta de la que intentan presentar rabinos y prelados.

Hemos presenciado hermosos escenarios en los que nuestros más lejanos antepasados copiaban y preservaban las hojas de Ibrahim y de Musa, el Zabur, la Taurah y el Inyil. Todas esas tablillas sumerias y acadias; esos textos fenicios (kinaniyun); esas inscripciones yemenís y de África oriental… no son, sino memorándums de la Revelación Divina.

Nuestro trabajo de investigación se asienta sobre la certeza de que el hilo conductor del Relato Profético nunca podrá cortarse ni destruirse. En Iraq los asaltantes han robado cientos de documentos, de tablillas, de inscripciones, de tratados; lo mismo que han hecho en Afganistán, en Egipto, en Turquía, en toda África… pero hemos encontrado uno de los cabos que puede llevarnos a una nueva y saludable interpretación bíblica.

En los capítulos 52 y 53 del libro de Isaías encontramos varios versículos que han sido “tradicionalmente” utilizados para demostrar que ya en el Antiguo Testamento estaba anunciado el Mesías. Sin embargo, si abandonamos el gregarismo de los “investigadores” bíblicos, enseguida caeremos en la cuenta de que la persona a la que están haciendo referencia estos versículos no puede ser Isa:

Cómo se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres. (Isaías 52:14)

La misma idea de la falta de hermosura en la persona de la que se habla se repite en el capítulo 53:

… no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. (Isaías 53:2)

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro fue menospreciado y no lo estimaron. (Isaías 53:3)

Nada más contrario a la realidad que atribuir a Isa esta descripción. Sabemos que era un hombre de gran atractivo y belleza, y que en absoluto fue menospreciado o desestimado, pues en el Nuevo Testamento se relata cómo la gente le seguía por doquier y quedaba cautivada por su elocuencia y su semblante. Sus únicos enemigos –lógicos– eran los sacerdotes judíos que veían en sus palabras y en su comportamiento una seria amenaza al status quo que habían conseguido con sus enredos políticos.

Por cárcel y por juicio fue quitado. (Isaías 53:8)

Tampoco esta información concuerda con la vida de Isa. Según la tradición cristiana fue detenido y torturado, pero nunca sufrió prisiones. En las cuatro crónicas queda claramente descrito el itinerario que siguió después de haber sido arrestado. En ningún momento se dice que fuera encarcelado.

Y se dispuso con los impíos su sepultura…  (Isaías 53:9)

Otro episodio extraño y disonante con la historia de Isa. También aquí hay discrepancia entre la información que nos llega de Isaías y lo que afirman los cuatro cronistas:

Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.

Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.

Mateo 27:57-60

Así, pues, Isa fue enterrado solo y en sepultura nueva. Revisemos de nuevo el capítulo 53.

Subirá cual renuevo delante de él y como raíz de tierra seca. (Isaías 53:2)

Se habla aquí de un renuevo y de raíces que saldrán de una tierra seca; es decir, de una tierra estéril; y así es como los árabes denominan a la mujer que por su edad ya no puede engendrar y que por lo tanto es como tierra seca, muerta, que no da fruto. ¿Cómo, pues, de esa tierra seca puede surgir una raíz, una planta, un árbol? Sabemos que, precisamente, ese fue el caso del Profeta Yahia –Juan el Bautista. Era hijo de Zakariyya y el Qur-an nos informa de que su madre lo concibió a pesar de ser estéril:

Dijo: ¡Señor mío! ¿Cómo es que voy a tener un hijo si he alcanzado ya la vejez y mi mujer es estéril? Dijo: Así ha de ser, pues Allah impone siempre Su voluntad.
Qur-an 3:40 – ali ‘Imran

Así pues, de esa tierra estéril surgió una planta, un árbol, una raíz fuerte –el Profeta Yahia. Ahora podemos entender mejor por qué se habla de la fealdad, o al menos de la falta de hermosura, y de la tosquedad de la persona mencionada. Sabemos que Yahia vivía en el desierto y se vestía con pieles de animales; y también sabemos que su rostro estaba semi-cubierto por una larga cabellera y una frondosa barba. Así se le describe en la crónica de Mateo:

Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre. (Mateo 3:4)

Y fue el cuerpo de Yahia el que se dispuso con los impíos. Después de ser decapitado muy probablemente su cuerpo fuera arrojado a una fosa común junto con algunos delincuentes ajusticiados. En Mateo y Marcos se dice que sus discípulos se llevaron el cuerpo una vez decapitado, pero no se dice que fuera enterrado solo.  En Lucas no se menciona este hecho.

… como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. (Isaías 53:7)

En la crónica de Mateo (14:10) se dice que Herodes ordenó decapitar a Yahia en la cárcel.

Ella, instruida primero por su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista. Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen, y ordenó decapitar a Juan en la cárcel. (Mateo 14:8-10)

Por lo tanto, él sí sufrió prisiones y corrió la misma suerte que los corderos cuando son llevados al matadero. Según la tradición cristiana Isa murió crucificado y según la tradición musulmana no murió de forma violenta:

(157) … Mas no le mataron ni le crucificaron, sino que el asunto se tornó confuso para ellos. Los que discrepan al respecto tienen dudas y no siguen, sino sus propias conjeturas, pues con toda certeza que no lo mataron. (158) Bien al contrario, Allah lo elevó hacia Él.
Allah es el Poderoso, el que Juzga con Sabiduría.
Qur’an 4:156-157 – an Nisa

Es obvio, pues, que no se está hablando de Isa, ya que ninguna de las informaciones mencionadas hasta ahora concuerda con lo que sabemos de él. En cambio, todas ellas coinciden con las noticias que nos han llegado de Yahia.

En Isaías tenemos parte del Inyil –el Libro que le fue revelado a Isa y en el que se relatan aconteceres relacionados con Yahia. En el capítulo 8, Isaías revela claramente su verdadera identidad –Isa:

He aquí, yo y los hijos que me dio el Señor somos por señales y presagios en Israel, de parte del Señor de los ejércitos, que mora en el monte de Sion. (Isaías 8:18)

Isaías habla en primera persona y habla de sus hijos, de sus seguidores. No los ha elegido él. Son los que Allah le ha dado; y los ha hecho por señales y presagios, haciendo que los milagros fuesen su principal elocuencia a la hora de mostrar a sus contemporáneos que era un enviado de Allah. Sabemos por los manuscritos de Qumran que los seguidores de Isa eran esenios, que en árabe son designados con el término al-asiniin, de la raíz asaa, que significa –el que cura. Los milagros que realizó Isa y sus discípulos eran mayoritariamente curaciones –devolvían la vista a los ciegos, el oído a los sordos, o curaban a los leprosos.

Nunca ha existido un Profeta llamado Isaías; con este nombre no se ha hecho sino suplantar la identidad de Isa.

En un pasaje del libro Who Wrote the Bible, de Richard Elliott, se menciona a Isaías como prueba de la diversidad de autores que a lo largo de los siglos habrían ido escribiendo el Antiguo Testamento y creando nuevos libros y apartados –en Isaías se mezclarían pasajes de un periodo de tiempo de casi 800 años. Sin embargo, en Oxford Companion to the Bible, en el artículo dedicado a Isaías, se dice que este libro mantiene una unidad teológica y literaria que no vuelve a repetirse en ningún otro libro del Antiguo Testamento. Esto entraría en contradicción con ese dilatado periodo que abarcaría el libro de Isaías –800 años, o 400 como viene siendo la cifra que dan las nuevas investigaciones bíblicas:

El primer Isaías (capítulos 1-39) habría sido escrito en el siglo 8 a.C.; el segundo (capítulos 40-55) en el 6 a.C.; y el tercero (capítulo 56-63) en el 5 a.C. No obstante, cada vez hay más especialistas que adelantan el periodo en el que fueron escritos los tres Isaías 400 años.

Oxford Companion to the Bible, Isaías

Esta contradicción es sólo aparente si tenemos en cuenta que nunca existió un Profeta llamado Isaías ni la mayoría de los que se citan en el Antiguo Testamento. Ya hemos dicho que muchos de los escribas judíos que a lo largo de la historia han ido manipulando los textos que caían en sus manos eran ignorantes y no profesaban más creencia que la de mantener sus privilegios sacerdotales. Los 400 años que abarca el libro de Isaías corresponderían al periodo en el que se fueron recopilando e introduciendo en él los textos del Inyil. La pretendida Taurah no es, sino un amasijo de recopilaciones eclécticas en las que podemos encontrar pasajes revelados mezclados con comentarios y añadidos de esos escribas ignorantes y –en muchos casos– ateos.

Pasajes del Inyil están interpolados entre otros textos a lo largo de todo el Antiguo Testamento. De la misma forma, en este libro y en aquel otro se repiten las mismas historias con diferentes nombres y lugares geográficos. A algunos de los Profetas se les cambia su identidad dándoles diferentes nombres según los pasajes en los que se les menciona. En el libro de Daniel se narra la historia de sus tres compañeros arrojados al fuego por los sacerdotes de su ciudad –casi idéntica a la que nos transmite el Qur-an cuando habla de lo que le aconteció a Ibrahim antes de su emigración:

He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.

Entonces Nabucodonosor se llenó de ira contra Sadrac, Mesac y Abde-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. Y esos tres varones cayeron atados dentro del horno de fuego.

Entonces el rey Nabucodonosor se levantó espantado y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Respondieron: En verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí que yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses. Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno y les dijo: Salid y venid. Y todos veían cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas.

Daniel 3:17-27

Dijo: ¿Es que adoráis a parte de Allah lo que en nada os beneficia ni os perjudica?
¡Lejos de mí vosotros y lo que adoráis fuera de Allah! ¿Es que no podéis razonar?
Dijeron: Quemadlo y proteger así a vuestros dioses, si es que sois capaces de actuar.
Dijimos: ¡Oh fuego, sé frío y benigno para Ibrahim!
Qur-an 21:66-69 – al Anbiya

La interpolación en el libro de Daniel es doble. Por una parte, se incrusta en el texto general la historia de Ibrahim, y por otra se suplanta su identidad; pues ¿quién es Daniel? Su nombre consta de la partícula el, que significa Dios, y de dani, participio activo del verbo dana, que significa –cercano, amigo íntimo. Si ahora unimos las dos partes del nombre, tendremos que Daniel, en realidad, significa –amigo cercano, amigo íntimo de Dios, de Él, de Allah. Por otra parte, sabemos por el Qur-an que el amigo íntimo de Allah es Ibrahim:

Y Allah tomó a Ibrahim como amigo íntimo Jalil خليل.
Qur-an 4:125 – an Nisa

En el libro de Josué encontramos otra repetición de relatos. Esta vez se ha interpolado la escena de Musa cuando sube al Monte y recibe la Profecía:

Y el Príncipe del Señor respondió a Josué: Quítate el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.

Josué 5:15

Yo soy tu Señor. Descálzate, pues estás en el valle muqad-das Tuwa.
Qur-an 20:12 – Ta Ha

De la misma forma, vamos a ver estas interpolaciones en las crónicas del Nuevo Testamento. Pasajes de Isaías, como el que citamos a continuación, interpolados en el Nuevo Testamento:

Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil.

La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres.

Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña.

¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?

Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida: aportillaré su cerca, y será hollada.

Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.

Ciertamente la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza, justicia, y he aquí clamor.

Isaías 5:1-7

Aparecen literalmente transcritos en las crónicas de Mateo, Marcos y Lucas:

Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores… (Mateo 21:33)

Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos labradores y se ausentó por mucho tiempo. (Lucas 20:9)

Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores y se fue lejos… (Marcos 12:1)

En los textos del Nuevo Testamento que acabamos de citar no se dice al relatar la parábola de la viña que se haya tomado de Isaías ni se hace referencia alguna a las Sagradas Escrituras. Sin embargo, esta no era su práctica habitual. En Marcos vemos el uso de fórmulas introductorias para advertir al lector que el texto que viene a continuación se ha tomado de los libros de los Profetas:

Como está escrito en Isaías el Profeta: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz. (Marcos 1:2)

El Inyil está diseminado por todo el Antiguo Testamento, especialmente en Isaías, y es muy probable que ninguno de los cronistas del NT tuviera consciencia de ello.

También en Jeremías encontramos pasajes del Inyil en los que se relata parte de la historia de Yahia:

Y yo era como cordero inocente que llevan a degollar, pues no entendía que maquinaban designios contra mí, diciendo: Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la tierra de los vivientes, para que no haya más memoria de su nombre. (Jeremías 11:19)

Como cordero inocente que llevan a degollar” –la misma expresión que aparece en Isaías; la misma historia repetida en dos libros diferentes. A continuación, se habla de la trama que urden para matarle. Pero no sólo buscan acabar con su vida, sino también con su recuerdo: “para que no haya más memoria de su nombre.” Y así fue. Yahia desaparece del Antiguo Testamento y su papel en el Nuevo es el de mero anunciador de Isa –curiosa tarea si tenemos en cuenta que ambos Profetas eran contemporáneos.

Sin embargo, Allah el Altísimo no podía permitir que el nombre de Yahia cayera en el olvido. El Inyil lo rememora en Jeremías y en Isaías, como también lo hace el Qur-an; y aun en el Nuevo Testamento se le menciona en una historia que se mezcla y mal interpreta con la del propio Isa –sobre ellos dos la paz.

En este caso, el asunto se complica, pues se añade un elemento inventado que forma parte del acervo cultural y religioso de Occidente –José el carpintero. ¡Qué extraño personaje! Para haber sido el esposo de la madre de Dios y tutor de ese Dios encarnado es sorprendente que no sepamos nada de él y que desaparezca totalmente tras el nacimiento de Isa. Si murió antes de que Isa fuese “crucificado”, ¿cómo es posible que ni siquiera se mencione su muerte? Y si estaba vivo durante su Pasión, ¿cómo es que tampoco se dice nada de su actitud ante hecho tan transcendental? Lo cierto es que en aquel tiempo no era fácil falsificar o reescribir un libro que estaba esparcido por decenas de rollos, pergaminos, pieles y otros soportes. A través de esta torpe manipulación, se creó el personaje “José” al confundirlo con dos entidades, una humana –Zakariyya, Profeta, padre de Yahia y tutor de Mariam; y otra divina –el Ruh con forma humana que se presentó a Mariam y que la acompañó hasta que dio a luz a Isa. Veamos ambos episodios.

En la crónica de Lucas encontramos el texto donde se confunde el relato del nacimiento de Yahia con el de Isa:

Cuando a Elizabeth se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo.

Y cuando oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia se regocijaron con ella.

Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban con el nombre de su padre, Zakariyya;

Pero respondiendo su madre, dijo: No, se llamará Juan.

Le dijeron: ¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre.

Entonces preguntaron por señas a su padre, cómo le quería llamar.

Y pidiendo una tablilla escribió diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.

Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua y habló bendiciendo a Dios.

Y se llenaron de temor todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas.

Y todos los que las oían las guardaban en su corazón diciendo: ¿Quién, pues, será este niño? Y la mano del Señor estaba con él. (Lucas 1:57-66)

En los primeros versículos se relata el nacimiento de Yahia y en los últimos el de Isa. En esta mezcla de secuencias es donde se produjo la confusión, que para más tarde subsanarla se inventaría el personaje de “José el carpintero”. El primer error del cronista radica en el hecho de dejar mudo a Zakariyya durante todo el embarazo de su esposa, y aun después de éste hasta el octavo día. El ángel Yibril le ha anunciado que tendrá un hijo. A Zakariyya esta noticia le resulta increíble, pues él es un hombre mayor y su esposa estéril. Por ello pregunta al malak: “¿En qué conoceré esto?” Es decir, ¿cómo sabré que lo que me estás anunciando realmente va a suceder? El malak le responde que permanecerá mudo hasta que “esto se haga”; es decir, hasta el momento de la fecundación, no hasta el momento del parto. Más aún, si Zakariyya hace ocho días que tiene al pequeño Yahia en sus brazos, qué sentido tiene permanecer mudo. ¿Qué mejor confirmación que ver al recién nacido con sus propios ojos?

Dijo Zakariyya al ángel: ¿En qué conoceré esto, porque yo soy viejo y mi mujer es de edad avanzada? Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que esto se haga. (Lucas 1:18-20)

Según el Qur-an fueron tres noches (con sus días) las que permaneció mudo. Al no haber ninguna causa natural que le impidiera hablar, su mudez durante este periodo era una clara señal para él de que el anuncio de Yibril era cierto y se iba a cumplir.

En el versículo 65 se produce la amalgama de textos –“y se llenaron de temor todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas”. ¿Qué es lo que pudo causar el temor de todos los vecinos? Más aún, ¿qué son “todas esas cosas” que se divulgaron por las montañas de Judea? ¿Resultaría lógico concluir que los vecinos se llenaron de temor porque Zakariyya se echó a hablar, porque se abrió su boca, se desató su lengua y bendijo al Altísimo? Veamos la narración coránica de la historia del nacimiento de Yahia y el de Isa, y su simultaneidad:

¡Oh Zakariyya! Te anunciamos un hijo cuyo nombre será Yahia,
nadie antes de él ha recibido este nombre.
Qur-an 19:7 – Mariam

El diálogo que aparece en Lucas es una invención del cronista. A Zakariyya se le dijo desde el día del anunciamiento que su hijo se llamaría Yahia, un nombre que ningún mortal había llevado antes de él. Una forma en la que el Altísimo tuvo a bien honrarle, como más tarde honraría a Muhammad (s.a.s) dándole un nombre con el que tampoco nadie había sido llamado antes de él.

Dijo: ¡Oh Señor! ¿Y cómo tendré un hijo siendo mi mujer estéril y yo un anciano? Dijo: Así lo ha dicho tu Señor, eso es fácil para Mí; igual que una vez te creé y no eras nada.
Dijo: ¡Señor mío! Dame un signo. Dijo: Tu signo será que durante tres noches no pondrás hablar a la gente, aunque no adolezcas de ningún mal.
Qur-an 19:8-10 – Mariam

El signo que Allah le da es quedarse mudo durante tres noches –con sus tres días. Por lo tanto, cuando nace Yahia, Zakariyya ya habla, pues la señal que le ha dado el Altísimo nada tiene que ver con la comprobación del embarazo ni del posterior alumbramiento. Al quedarse mudo durante tres noches y tres días, Zakariyya adquiere la certeza de que su esposa dará a luz un hijo varón, por nombre Yahia.

Así apareció ante su gente desde el mimbar y les hizo saber que debían glorificar mañana y tarde.
Qur-an 19:11 – Mariam

Zakariyya ha recibido la buena nueva de Yahia y pide a la gente que glorifique al Todopoderoso y le dé gracias por tan gran bendición.

¡Yahia! ¡Toma el Kitab con fuerza! Y le dimos el juicio siendo aún un niño. Pusimos en él compasión y pureza. Era temeroso y virtuoso con sus padres. No se comportaba de forma tiránica con ellos
ni les desobedecía. Paz sobre él el día en que nació, el día de su muerte
y el día en el que resurja a la vida.
Qur-an 19:12-15 – Mariam

En el Inyil que aparece en Isaías y en Jeremías vemos que la función de Yahia fue muy importante. Allah el Altísimo le pide que coja la Ley, el Mensaje Divino, con fuerza y denuncie las falsedades y la corrupción de la casta sacerdotal. En este sentido hay que entender su papel como anunciador –no de Isa, sino de su tarea, la de denunciar a la casta sacerdotal y proclamar la venida del último Profeta:

¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley de Jehová está con nosotros? Ciertamente la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas. (Jeremías 8:8)

Y en Oseas –Husha’– Yahia arremete con fuerza contra la sociedad judía que sigue, sin ningún conocimiento, a la corrupta casta sacerdotal:

Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. (Oseas 4:6)

Veamos ahora el relato del nacimiento de Isa:

Y menciona en el Kitab a Mariam cuando se apartó de su gente,
retirándose a una estancia al este.
Se ocultaba de ellos tras un velo, y le enviamos Nuestro Ruh
que asumió la forma de un humano –bashar– completo.
Dijo: “Me refugio de ti en el Rahman, actúa, pues, con temor.”
Dijo: “Soy un mensajero de tu Señor para concederte un niño puro.”
Dijo: “¡Cómo podría concebir un hijo si con ningún mortal –bashar– he tenido relaciones
ni soy una fornicadora!”
Dijo: “Así ha dicho tu Señor: ‘Eso es fácil y liviano para Mí’. Haremos de él un signo para los hombres –nas– y una rahmah. Es un registro que se ha de cumplir.”
Concibió y se retiró con él lejos de allí.
Le sobrevino el parto junto al tronco de una palmera. Exclamó: “¡Ojalá hubiera muerto antes de que me sucediera todo esto, y hubiera quedado olvidada de todos!”
La llamó desde abajo: “No te entristezcas. Tu Señor ha dispuesto debajo de ti un arroyo.
Sacude hacia ti el tronco de la palmera y caerán dátiles maduros y frescos.
Come y bebe, y reconforta tu ánimo. Y si vieras a algún humano –bashar, le dirás: ‘He hecho promesa de ayuno al Rahman y hoy no puedo hablar con nadie –con ningún insan.’”
Qur-an 19:16-26 – Mariam

Aunque relata la historia de forma muy concisa, el Qur-an nos hace sentir la angustia y la soledad en la que Mariam alumbró al bendito Isa. Ahora tiene que volver a su gente, y no va a ser fácil explicarles cómo ha tenido ese hijo que trae en los brazos:

Llegó a su gente llevándole en sus brazos. Dijeron: “¡Mariam! Has traído algo repudiable.
¡Hermana de Harun! Tu padre no era un hombre pérfido ni tu madre una fornicadora.”
Entonces señaló al niño indicándoles que hablaran con él.
Dijeron: “¿Cómo vamos a hablar con un recién nacido?”
Dijo entonces el niño: “Soy un siervo de Allah. Me ha dado el Kitab y me ha hecho Profeta.
Me bendecirá allí donde esté. Me ha prescrito la salah y la zakah mientras viva,
y ser virtuoso con mi madre. No me ha dado un carácter opresor ni insolente.
 La paz sea sobre mí el día en que nací, y el día en el que muera,
y el día en el que resurja a la vida.”
Qur-an 19:27-33 – Mariam

 Esta es la razón de que sintieran temor y divulgaran “todas esas cosas” por las montañas de Judea. No es Zakariyya quien abre la boca y a quien se le desata la lengua, sino a Isa quien, aun siendo un recién nacido, habla con juicio y sabiduría.

En otro relato se vuelve a interpolar la figura de José esta vez para confundirla con la del Ruh en forma humana enviado por Allah a Mariam.

Hay numerosas Aleyas en las que se menciona a Mariam como la madre de Isa, pero hay 5 en las que se relata su historia y como se llevó a cabo la concepción de su bendito hijo. Veámoslas.

¡Gente del Kitab! No estéis tan erróneamente apegados a vuestro Din y no digáis de Allah, sino la verdad. El Masih, hijo de Mariam, no fue, sino uno de los mensajeros de Allah, una orden Suya de creación depositada en Mariam y un Ruh proveniente de Él.
Qur-an 4:171 – an Nisa
Allah dirá a Isa, hijo de Mariam: “Recuerda la gracia que te concedí a ti y a tu madre cuando te apoyé con el Ruh al-Qudus y de esta forma pudiste hablar a la gente
cuando estabas en la cuna y siendo adulto.  
Qur-an 5:110 – al Maidah

En estas dos primeras Aleyas, se habla de una Orden Suya de Creación y del Ruh como los instrumentos que propiciaron la concepción de Isa; sin embargo, estas indicaciones no tienen demasiado sentido para nosotros pues no entendemos cómo se materializaron, cómo fecundaron a Mariam. La tercera Aleya, en cambio, es mucho más explícita:

Y Mariam, la hija de Imran, la que guardó bien su abertura فَرْجَها. Insuflamos en ella parte de Nuestro Ruh. Creyó en la veracidad de las palabras de su Señor y en Sus libros,
y a Él fue siempre obediente.
Qur-an 66:12 – al Tahrim

El término árabe utilizado en el Qur-an es fary فَرْج, y en esta aleya viene acompañado del pronombre posesivo –de ella, ha– resultando la expresión faryahaفَرْجَها , que significa –su apertura, su vulva. Y fue allí, en la apertura, donde se insufló el Ru. Pero seguimos sin comprender cómo se manifestó ese acto de insuflarle el Ruh. La explicación completa la encontramos en la sura de Mariam:

Y menciona en el Kitab a Mariam cuando se apartó de su gente,
retirándose a una estancia al este.
Se ocultaba de ellos tras un velo, y le enviamos Nuestro Ruh que asumió la forma de un humano –bashar– completo.
Dijo: “Me refugio de ti en el Rahman, actúa, pues, con temor.”
Dijo: “Soy un mensajero de tu Señor para concederte un niño puro.”
Dijo: “¡Cómo podría concebir un hijo si con ningún mortal –bashar– he tenido relaciones
ni soy una fornicadora!”
Dijo: “Así ha dicho tu Señor: ‘Eso es fácil y liviano para Mí’. Haremos de él un signo para los hombres –nas– y una rahmah. Es un registro que se ha de cumplir.”
Concibió y se retiró con él lejos de allí.
Qur-an 19:16-22 – Mariam

En estas aleyas se nos aclara que el Ruh se manifestó en forma de hombre, de bashar, y se añade la palabra sawiya سَوِيًّا, que significa –completo, correcto, sin que le falte nada, en todos los sentidos, en todos los aspectos. Es decir, una entidad humana con todos sus elementos o, si se quiere, con todos sus órganos, con todos sus miembros. Y fue a través de ese Ruh –con apariencia humana– como se le “eyaculó” a Mariam el agua primordial, dando lugar a un ser humano con características muy especiales.

Cuando se acerca el momento de alumbrar, Mariam se retira a un lugar apartado de su gente y es acompañada, no por José –un personaje que probablemente nunca existió o si realmente existió no tuvo relación alguna con Mariam– sino por el Ruh en forma humana, que la protege durante el viaje y la “asiste” en el alumbramiento:

Le sobrevino el parto junto al tronco de una palmera. Exclamó: “¡Ojalá hubiera muerto antes de que me sucediera todo esto, y hubiera quedado olvidada de todos!”
La llamó desde abajo: “No te entristezcas. Tu Señor ha dispuesto debajo de ti un arroyo.
Sacude hacia ti el tronco de la palmera y caerán dátiles maduros y frescos.
Come y bebe, y reconforta tu ánimo. Y si vieras a algún humano –bashar, le dirás: ‘He hecho promesa de ayuno al Rahman y hoy no puedo hablar con nadie –con ningún insan.’”
Qur-an 19:23-26 – Mariam

La escena se clarifica en la siguiente Aleya:

E hicimos del hijo de Mariam y de su madre un Signo. A ambos les dimos cobijo
en un lugar elevado, protegido, donde había arroyos.
Qur-an 23:50 – al Muminun

Mariam ha alumbrado a Isa –en un lugar elevado, protegido, donde había arroyos; el Ruh con forma humana, desde abajo, le conforta y le indica cómo abastecerse de dátiles y dónde purificarse. Más tarde, vuelve a su gente con el niño en brazos.

La historia de Mariam y la concepción de su hijo Isa aparece en el Nuevo Testamento de forma muy similar a como es relatada en el Qur-an a condición de que eliminemos la figura de José el Carpintero, una figura no sólo a-histórica sino también contraria a la propia naturaleza humana. Su irracional relación con Mariam queda puesta de manifiesto en los primeros versículos del Evangelio de Mateo.

El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María, su madre, con José, antes de se juntasen, se halló que había concebido de Espíritu Santo. (Mateo 1:18)

No sabemos el tiempo que transcurrió entre el día de su boda hasta que se halló que había concebido del Espíritu Santo, pero obviamente no debió ser la misma noche de bodas. ¿Por qué no se juntó entonces a María esa misma noche como hacían y hacen todas las parejas del mundo? ¿Qué impidió a Mariam recibir a su esposo y qué hizo que José no se acercase a su esposa, sin duda una joven dulce y bella? La historia de Mariam se reviste de irracionalidad al introducir la figura de José el Carpintero. El Qur-an nos relata que Mariam era una joven piadosa, dedicada por completo a la adoración de su Señor, y que estaba bajo la custodia de Zakariyya, esposo de su parienta Elizabeth. Y es en esta situación, como ya hemos relatado, en la que concibe por “obra” del Ruh de Allah que se le aparece en forma humana. Y es ese Ruh en forma humana quien le acompañará al lugar donde dará a luz a su hijo Isa. De esta forma, el Qur-an devuelve la naturalidad y racionalidad a la historia de Mariam y de su hijo Isa.

Vemos pues que Isa y Yahia son figuras claves en la historia de la humanidad que hay que eliminar o al menos trastocar para que los poderosos lobbies judíos de todos los tiempos puedan continuar sus negocios sin mayores interferencias.

Yahia arremete contra la casta sacerdotal judía denunciando su ceguera y su falta de conocimiento, pero ésta logra que lo degüellen como a un cordero. Ahora será Isa quien tome su relevo y entregue la carta de repudio de su Señor a la ummah israelita.

De nuevo, en el libro de Jeremías encontramos pasajes del Inyil en los que se sigue hablando de Yahia:

Vino a mí palabra de Jehová diciendo: No tomarás para ti mujer ni tendrás hijos ni hijas en este lugar.

(Jeremías 16:1-2)

Yahia no se casó ni tuvo descendencia, pues su corta misión consistió en preparar el terreno a Isa y pasarle el testigo. El propio Qur-an confirma este hecho:

Entonces los malaikah le llamaron cuando estaba de pie en el mihrab ofreciendo la salah y le dijeron: “Allah te anuncia la buena nueva de Yahia, quien creerá firmemente en aquello que Allah le revele, y será digno, casto y noble Profeta.”
Qur-an 3:39 – ali ‘Imran

La palabra “casto” es husuuran حُصورًا en árabe, y significa –aquel que no tiene relaciones sexuales con nadie ni está casado, y es solamente a Yahia a quien el Qur-an da este calificativo.

En el siguiente pasaje del Inyil, incrustado en el libro de Jeremías, encontramos una prueba más de que con este nombre se está ocultando a Yahia:

Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah! ¡Señor! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.

Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que envié irás tú, y dirás todo lo que te mande.

Jeremías 1:4-7

Un texto extraño; incluso podría pasar por cabalístico si no fuera porque el Qur-an nos desvela la identidad de ese “muchacho” dotado de juicio y discernimiento:

¡Yahia! ¡Toma el Kitab con fuerza! Y siendo un muchacho le dimos el juicio.
Qur-an 19:12 – Mariam

Todo el Antiguo Testamento está impregnado del Inyil. Ello evidencia que gran parte de los libros que lo componen fueran escritos después de Isa y después de Muhammad (s.a.s) –una constante falsificación que el Todopoderoso desvela una y otra vez en el Qur-an:

¡Ay de los que escriben el Kitab con sus propias manos y luego dicen: Esto ha venido de Allah! Vendiéndolo a bajo precio.
Qur-an 2:79 – al Baqarah

En el siglo XVII el filósofo inglés Thomas Hobbes y unos pocos años después Isaac de la Peyrere, un calvinista francés, afirmaban rotundamente que Musa no era el autor del Pentateuco. Esto significa que lo que llamamos la Taurah pasó más de 1000 años de la era cristiana sin que nadie hiciese un estudio crítico desde el punto de vista lingüístico, histórico o literario. Este hecho contrasta con la repetida advertencia que se hace en el Qur-an a los judíos del castigo que recibirán por reescribir su libro y ocultar ciertos manuscritos (rollos).

Lo que con más ahínco ha ocultado la pluma mentirosa de los escribas es la misión de Isa anunciada por Yahia y contenida en el Inyil, diseminado por todo el Antiguo Testamento. Esta misión es doble –entregar la carta de repudio a la casta sacerdotal judía, y proclamar la venida del último Profeta –Ahmad (s.a.s). Así lo vemos anunciado en el Qur-an:

Los hijos de Israel que cayeron en la incredulidad fueron maldecidos
por boca de Daud e Isa, hijo de Mariam.
Qur-an 5:78 – al Maidah

Y en la siguiente aleya encontramos descrita la segunda tarea encomendada a Isa:

Y cuando dijo Isa, hijo de Mariam: “¡Banu Isra-il! Yo soy el mensajero que Allah os envía para confirmar lo que no ha sido alterado de la Taurah que había antes de mí y para daros la buena nueva de un mensajero que ha de venir después de mí cuyo nombre es Ahmad.”
Qur-an 61:6 – as Saff

Son las mismas encomiendas que aparecen en el libro de Isaías –en primer lugar, el divorcio de Allah con los hijos de Isra-il:

Así dijo Jehová: ¿Qué es de la carta de repudio de vuestra madre, con la cual yo la repudié? ¿O quiénes son mis acreedores, a quienes yo os he vendido? He aquí que por vuestras maldades sois vendidos y por vuestras rebeliones fue repudiada vuestra madre. (Isaías 50:1)

¡Importantísimo este pasaje! Allah el Altísimo no rompe el Pacto con Ibrahim, pero divorcia a la ummah judía, a la ummah israelita. El vaso de la ira de Allah se ha colmado. Ya a Ibrahim se le anunció este divorcio. La Profecía, ahora, volverá a la rama ismaelita:

Después de que su Señor pusiera a prueba a Ibrahim con órdenes que éste cumplió plenamente, dijo: “Voy a hacer de ti un imam para la gente –nas.” Dijo: “¿También de mis descendientes?” Dijo: “Mi encomienda no atañe a los infames.”
Qur-an 2:124 – al Baqarah

En segundo lugar, se anuncia la llegada de Muhammad (s.a.s), quien sellará la Profecía:

Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo que la boca del Señor nombrará. (Isaías 62:2)

En el Qur-an Allah el Altísimo pronuncia este nuevo nombre:

Y quien busque otro Din que Islam, no le será aceptado, y en la Última Vida será de los perdedores.
Qur-an 3:85 – ali ‘Imran

En Isaías 11 encontramos la confirmación de este mismo anuncio:

Saldrá una vara del tronco de Isai, y un vástago retoñará de sus raíces. (Isaías 11:1)

Según algunos comentaristas, Isai sería el padre de Daud, pero ya hemos visto que los nombres propios en el Antiguo Testamento se utilizan, en muchas ocasiones, de forma arbitraria por ignorancia de los escribas o para ocultar la verdadera identidad de la persona a la que se está haciendo referencia. En este texto se ve claramente que se refiere a Ibrahim, ya que él es el tronco –el tronco fuerte de donde ha surgido toda la Profecía después de Nuh. Daud fue un Profeta más, una rama más del tronco primigenio –Ibrahim, con quien Allah hizo el Pacto y a cuya descendencia concedió la Profecía.

¿Y quiénes serían entonces esa vara y ese vástago que retoñarán de sus raíces? Parece como si se refiriese a dos personas distintas, pero en realidad se está hablando de una sola. Es una cuestión de estilo. Se utiliza también en la poesía árabe. Se anuncia algo y se repite en el siguiente verso con otras palabras. Es como si dijésemos: “Saldrá una vara del tronco. Sí, saldrá un vástago de sus raíces.” Está claro que se refiere a la misma persona, pero se hace referencia a ella con diferentes nombres. Ahora la pregunta es ¿de quién se está hablando? ¿A quién se hace mención al decir que una vara saldrá de ese tronco, es decir, de Ibrahim? De ese tronco fuerte han salido dos ramas, la de Ishaq y la de Ismail (ver artículo XX). Mas la de Ishaq, vía Yaqub y Yusuf, así como la de Isra-il, la de Lut, hace mucho tiempo que ha salido, que ha retoñado del tronco. Aquí, sin embargo, se está hablando de un nuevo vástago, de una nueva rama. Por lo tanto, tiene que ser diferente de aquella de la que surgieron todos los Profetas hasta Isa, él incluido. Esta vara surge del mismo tronco, pero es diferente. Tiene otro origen. Es la rama de Ismail que llega hasta Muhammad (s.a.s). Esta transferencia de poderes viene anunciada en el Génesis:

No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Shiloh; y a él se congregarán los pueblos. (Génesis 49:10)

Es la profecía que Yaqub narra a sus hijos en el lecho de muerte. En ella anuncia que llegará el día en el que la Ley –es decir la Profecía– y el poder le serán quitados a Judá y a sus descendientes. Eso sucederá cuando llegue Shiloh, que en hebreo significa “paz”, lo mismo que significa “Islam” en árabe, y Muhammad (s.a.s) es el Profeta del Islam. Él viene con la nueva shariah, renovada y libre de adulteraciones.

Cuando llega Isa no queda un sólo levita o fariseo de entre los justos. Los hombres y mujeres dispuestos a ayudarle en su misión son gente del pueblo. Tiene que elegir a sus compañeros de entre la gente llana, ya que toda la casta sacerdotal judía se ha corrompido. No es un divorcio caprichoso: “por vuestras maldades”. ¿Y quién entrega esta carta de divorcio a los judíos? Precisamente Isa. Les anuncia que les ha sido quitado el cetro y que han sido divorciados. Se lo anuncia con estas palabras que encontramos en Mateo:

Por tanto, os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. (Mateo 21:43)

En el mismo capítulo Isa aclara todavía más esta nueva situación:

Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las escrituras: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza de ángulo? El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos? (Mateo 21:42)

La piedra que desecharon los edificadores, que despreciaron, que relegaron al olvido es Ismail, el verdadero constructor de la Ka’bah.

Y cuando Ibrahim e Ismail erigieron los fundamentos de la Casa: ¡Señor, acéptanoslo!
Tú eres Quien oye, Quien sabe.
Qur-an 2-126 – al Baqarah

Y esa piedra ha venido a ser cabeza de ángulo, es decir, pilar sobre el que ahora se va a sustentar el Din de Allah -Muhammad (s.a.s). Así mismo lo entendieron los sacerdotes que le escuchaban:

Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos entendieron que hablaba de ellos.

Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta. (Mateo 21:45-46)

Aquí tenemos dos puntos muy importantes. El primero de ellos, que la casta sacerdotal, es decir, los que detentan la enseñanza del Din, han comprendido claramente las palabras de Isa –el divorcio de Allah, cuya carta de repudio les está entregando. El segundo punto es que Isa era tenido por Profeta y en ningún momento por hijo de Dios, ya que ese concepto, aparte de ser totalmente pagano, era contrario a las enseñanzas que, de generación en generación, y a través de las Escrituras, el pueblo judío había recibido. No había más que un Dios y Su forma de comunicarse con el ser humano era a través de Sus Profetas y de los Kutub Revelados.

En este pasaje de Isaías vemos de nuevo el anuncio de Muhammad (s.a.s):

He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones. (Isaías 55:4)

La clave de este versículo está en las palabras “jefe y maestro”. Ningún Profeta reunió estas dos cualidades excepto Muhammad (s.a.s). Él fue jefe, califa, emir… y, al mismo tiempo, maestro que educó a toda una generación y cuya sabiduría, contenida en sus dichos y en su comportamiento, seguirá educando a los hombres hasta el Día del Resurgimiento.

Pero la misión de Isa (a.s) no podía reducirse a un simple anuncio de la llegada del “Profeta”. El Mesías revela en el Inyil que encontramos en el libro de Isaías la tarea que se le ha encomendado a Ahmad (s.a.s) –restablecer el Tawhid (la Unicidad de Allah) y el Hayy (la peregrinación al Valle de Bakkah).

De esta forma se cierra el arco profético; se asientan los dos basamentos sobre los que se apoya el puente de la Profecía. Ibrahim (a.s) restablece el Tawhid de forma que no pueda haber el menor resquicio por el que filtrarse alguna forma de asociación, de idolatría. La firme posición de Ibrahim (a.s) le lleva a un enfrentamiento directo con su familia, con su clan, con la casta sacerdotal y con su gente.

Tenéis un hermoso ejemplo en Ibrahim y en los que se mantenían firmes con él, cuando le dijeron a su gente: “Nada tenemos que ver con vuestra forma de actuar ni con lo que adoráis fuera de Allah. Renegamos de vosotros. Habrá enemistad y odio entre nosotros
hasta que no creáis en otro que en Allah.”  
Qur-an 60:4 – al Mumtahanah

Por orden de su Señor construye la Ka’bah y llama a la gente a que peregrine al Valle de Bakkah. Establece los ritos y el sistema completo de adoración.

Y después de levantar Ibrahim los fundamentos de la Casa e Ismail… ¡Señor nuestro! ¡Acéptanoslo! Tú eres Quien oye, Quien sabe. Muéstranos los ritos de adoración,
y vuélvete a nosotros; realmente Tú eres el Indulgente, el Compasivo.
Qur-an 2:127-128 – al Baqarah

Y esta misma misión es la que se le encarga a Muhammad (s.a.s). Desde la noche de los tiempos, Ibrahim (a.s) pide al Todopoderoso que levante un Profeta de entre la gente que vive junto a la Casa y la custodia:

¡Señor nuestro! Levanta un mensajero de entre ellos, que les recite Tus aleyas, y les enseñe el Kitab, y la Hikmah, y los purifique. En verdad que eres el Poderoso, el Sabio.
Qur-an 2:129 – al Baqarah

Por otra parte, la referencia a la Ka’bah y al Hayy se va haciendo cada vez más nítida en Isaías:

Yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos. (Isaías 56:7)

En Mateo, Marcos y Lucas vemos repetido el texto de Isaías:

… y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada, mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. (Mateo 21:13)

Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. (Marcos 11:17)

 Escrito está: Mi casa es casa de oración, mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. (Lucas 19:46)

Los textos se repiten porque forman parte del mismo libro –el Inyil– sin que los cronistas del Nuevo Testamento, sumidos en ignorancia y confusión, se dieran cuenta de ello.

Podríamos preguntarnos ahora ¿a qué Casa hacen referencia estos versículos? ¿Qué santuario es Casa de oración para todas las naciones? Obviamente, no puede referirse al Templo de Jerusalén como lugar de reunión, pues la Jerusalén palestina no ha dejado nunca de ser lugar y centro de discordia. Los pueblos se han reunido en su Templo para destruirlo y profanarlo; para cambiar las Escrituras y laicizar sus credos. Únicamente la Ka’bah es lugar de reunión desde los tiempos de Ibrahim e Ismail. Isa (a.s) profetiza el restablecimiento del Hayy y nos informa que la Casa de Allah el Altísimo ha sido convertida en “cueva de ladrones”, mancillada por cientos de ídolos.

La idolatría llegó a Makkah de la mano de Amr ibn Luhai, un rico comerciante que en uno de sus viajes a Sham se encontró con una gente que adoraba ídolos a los que les pedían lluvia y fuerza contra sus enemigos. Le aseguraron que siempre respondían favorablemente a sus súplicas, por lo que Amr les pidió que le dieran uno de ellos –quizás Hubal– y lo llevó a Makkah. A los mekinenses les dijo que era un intermediario entre ellos y Allah. Lo puso delante de la Ka’bah y éste fue el primer ídolo en el Hiyaz. Según algunas transmisiones, Amr ibn Luhai vivió 300 años antes del nacimiento del Profeta Muhammad; y según otras, 350. En un hadiz recogido en el sahih de Bujari, el Mensajero de Allah (s.a.s) ratifica su nombre y el hecho de que fuera él quien introdujo la idolatría en aquella región de Arabia: “He visto a Amr ibn Luhai arrastrarse descuartizado en el Fuego. En verdad que fue el primero en cambiar el Din de Ismail trayendo ídolos…”. Y así continuó hasta que Muhammad (s.a.s) y su ummah conquistaron Makkah, le devolvieron su santidad y comenzaron a realizar los ritos de adoración que Ibrahim había establecido miles de años antes.

En este otro versículo se profetizan los tiempos que vendrán después de Muhammad (s.a.s):

Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isai, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes y su habitación será gloriosa. (Isaías 11:10)

También este versículo ha sido interpretado “gregariamente” como anunciador de Isa (a.s). Pero a quien se anuncia es a Muhammad (s.a.s). Isai es Ibrahim, el tronco profético, con quien Allah el Altísimo ha realizado el Pacto; y la raíz de Ibrahim es Muhammad y no Isa, que es quien lo anuncia y profetiza la tremenda expansión y poder del Islam a través de los tiempos. Isa desaparece de este mundo perseguido por los judíos, y sin haber establecido un reino o un territorio donde sus seguidores pudieran establecer el Din de Allah. Esa gloriosa habitación es la de Muhammad (s.a.s), ya que él sí estableció un territorio seguro, el Hiyaz y, por lo tanto, Makkah, y ya en vida se sometieron a él todas las naciones árabes. Esta profecía está más ampliamente desarrollada en el capítulo 42:

Cantad al Señor un nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra, los que descendéis al mar y cuanto hay en él, las costas y los moradores de ellas.

Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar; canten los moradores de Sela y desde la cumbre de los montes den voces de júbilo. (Isaías 42:10-11)

Ya nadie entona el cántico judío. La ummah israelita ha sido arrancada del tronco primigenio –Ibrahim (a.s). Es tiempo, pues, de entonar un nuevo cántico, de establecer un nuevo Din. Pero esa no es la misión de Isa como se ha pretendido en la exégesis “gregaria” de las Escrituras. En la crónica de Mateo, Isa niega que haya traído un nuevo cántico:

No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.

Mateo 5:17

La misión de Isa no es la de entonar un nuevo cántico, sino la de denunciar la corrupción de los judíos y la de proclamar la venida de aquel que sí traerá el nuevo Din -Muhammad (s.a.s). En Isaías se menciona incluso la manera en la que será revelado el Qur-an, portador del Nuevo Cántico:

La palabra, pues, del Señor les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y presos. (Isaías 28:13)

Y no es nuevo ese Din porque cambie la creencia anterior, la misma creencia que habían enseñado los Profetas desde Ibrahim. Es nuevo porque restablece el Din perenne y eterno del Altísimo que la casta judía había cambiado y falsificado. Este hecho nos advierte de la falacia que hoy recorre los círculos religiosos de que cada uno puede elegir el Din que más le convenga o el que mejor se adapte a sus intereses. El Din lo elige Allah el Altísimo para toda la humanidad y quien no lo siga, estará siguiendo su propia perdición:

Y quien busque otro Din que Islam, no le será aceptado, y en la Última Vida será de los perdedores.
Qur-an 3:85 – ali ‘Imran

Y ese Din llegará a todos los lugares, también a las costas y a sus moradores. En pocos años el Islam llega a las costas africanas y asiáticas –Indonesia, Malasia, las Islas Filipinas, las Islas del Océano Índico… En el versículo 11 se dice: “Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar.” Cedar es Qedar en árabe y en siriaco, y sabemos que éste era el nombre de uno de los hijos de Ismail. Se está haciendo referencia, pues, a las tribus del Sur de Arabia. Esta idea queda reforzada por la siguiente frase: “y canten los moradores de Sela”, que en árabe es Selah –el nombre de una de las montañas de Medina. “Y desde la cumbre de los montes den voces de júbilo.” Es la misma escena que encontramos en las crónicas que relatan la llegada de Muhammad a Medina, cuando él y sus Compañeros emigraron desde Makkah.

No hay un solo estudio bíblico en el que se mencionen, ya sea de pasada, elementos constructores de la Profecía, como el Islam, su Profeta, la Ka’bah, etc. Y sin embargo, lo que hemos descubierto a lo largo de nuestras investigaciones es todo lo contrario –la Biblia y las tradiciones más antiguas de la humanidad están impregnadas de ellos.

Pero el hombre prefiere, por naturaleza, imitar a reflexionar. La imitación no exige iytihad, que es esfuerzo, búsqueda, investigación, comprobación… incluso el estilo literario con el que expresamos nuestros hallazgos lo tomamos de la akademia judía. Simplemente imitamos. No importa que nos choquen ciertas proposiciones o ciertas teorías. La verdad ha dejado de ser nuestra responsabilidad, ya que existe una supra-institución que se encarga de dirigir nuestros pasos. Hay unos elocuentes y sabios ventrílocuos que hablan por nosotros, que nos publican si nuestros labios se mueven al unísono de sus palabras.