Tras haber logrado los judíos cambiar todo lo que necesitaban para reescribir la historia con la traducción de la Taurah al griego, Pablo de Tarso será el encargado de levantar el segundo pilar sobre el que se erigirá el edificio de su poder laico.

El Todopoderoso había encomendado a Isa una doble misión. En primer lugar, entregar a la casta sacerdotal judía la carta de repudio de su Señor:

Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. (Mateo 21:43)

En la crónica de Lucas encontramos uno de los pocos fragmentos del Nuevo Testamento que muy probablemente forme parte del Inyil, de la parte del Kitab que se le reveló a Isa. En todos los bloques de aleyas del Kitab revelados es Allah el que habla, no los Profetas, cuya misión es la de transmitir el Mensaje Divino, no el de redactarlo. En los versículos que citamos a continuación Allah el Altísimo anuncia a los judíos que el Pacto profético con los descendientes de Ishaq se ha terminado:

¡Jerusalén! ¡Jerusalén, que matas a los Profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, pero no quisiste! He aquí, vuestra casa os es dejada desierta. (Lucas 13:34-35)

Es el mismo anuncio de divorcio entre Allah el Altísimo y Judá que encontramos en Isaías:

Así dijo el Señor: ¿Qué es de la carta de repudio de vuestra madre, con la cual yo la repudié? ¿O quiénes son mis acreedores, a quienes yo os he vendido? He aquí que por vuestras maldades sois vendidos y por vuestras rebeliones fue repudiada vuestra madre. (Isaías 50:1)

Allah el Altísimo no rompe el Pacto con Ibrahim, pero divorcia a la ummah judía, a la ummah israelita. El vaso de la ira del Misericordioso se ha colmado. Ya a Ibrahim se le anunció este divorcio cuando tuvo lugar el Pacto con el Todopoderoso:

Y cuando tu Señor puso a prueba a Ibrahim con palabras que éste cumplió, le dijo: Voy a hacer de ti un dirigente y un ejemplo para los hombres. Dijo: ¿Y lo harás también con mis descendientes? Dijo: Mi Pacto no alcanza a los injustos.
Qur-an 2-124

El segundo aspecto de esta doble misión era el de anunciar la venida del último Profeta –Muhammad (s.a.s) – que ya no saldrá de la rama israelita de Ishaq, sino de la rama de Ismail:

Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las escrituras: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza de ángulo? El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos. (Mateo 21:42)

Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos entendieron que hablaba de ellos. (Mateo 21:45)

La piedra que desecharon los edificadores, que despreciaron, que relegaron al olvido, es Ismail, el verdadero constructor de la Ka’bah y su posterior guardián.

Y cuando Ibrahim e Ismail erigieron los fundamentos de la Casa:
¡Señor, acéptanoslo! Tú eres Quien oye, Quien sabe.
Qur-an 2:126

 Y esa piedra ha venido a ser cabeza de ángulo, es decir, pilar sobre el que ahora se va a sustentar el Din de Allah –Muhammad (s.a.s). Así pues, la casta sacerdotal, los que detentan la enseñanza del Din, han comprendido claramente las palabras de Isa –el divorcio de Allah con la ummah israelita, cuya carta de repudio les está entregando. De esta forma se hace realidad la maldición con la que Musa despide a los judíos:

Pero acontecerá, si no oyeres la voz de tu Señor, para procurar cumplir todos Sus mandamientos y Sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán.

Deuteronomio 28:15

El momento, durante tanto tiempo anunciado, ha llegado. Isa abroga las falsificaciones que la casta sacerdotal judía ha introducido en la Taurah y les anuncia que vendrá “el Profeta”, el último, con la Ley que será válida hasta el Día del Resurgimiento. Esto quiere decir que se ha secado la rama israelita y que va a surgir de la rama ismaelita un nuevo brote, un nuevo cántico, una nueva vida. Así pues, Isa ha finiquitado lo que hoy conocemos con el nombre de judaísmo. ¿Acaso puede haber mayor desastre para el poder judío? Se acabaron sus privilegios, sus abusos, sus manipulaciones, su pretendida identidad de pueblo elegido. Sin embargo, aún les quedaba una bala en la recámara. El proyectil se dirigió derecho al corazón de la fortaleza de la fitrah –al iman, a la fe.

En el Talmud hay un apartado que trata de la vida de Isa. En ese capítulo se habla de Pablo bajo el nombre de Simón bin Kifa, como nos lo relata Ziad Muna en su libro Talfiq Surat al-Ajar fi al-Talmud. Según se menciona en este libro, Pablo habría sido enviado por el Sanedrín a la comunidad de los seguidores de Isa para crear una nueva religión, desligada del judaísmo, de modo que éste pudiera sobrevivir y continuar existiendo aun después de haber recibido la carta de repudio que el Todopoderoso había ordenado a Isa que entregara a la casta sacerdotal judía. De esta forma se introduce un elemento distorsionador en el ámbito doctrinal. Se rompe el concepto de un solo Dios, de un solo Creador y de un solo Mensaje revelado a la humanidad Profeta tras Profeta. Para obtener este falso desdoble, Saúl (Pablo) deberá presentar a los discípulos de Isa una nueva ‘aqidah (credo), que entre en claro conflicto con la tradición profética y la Taurah. Pero ¿cómo podría Pablo conseguir este efecto? Alguien que ni siquiera ha conocido personalmente al Maestro; un judío fariseo, enemigo por lo tanto de la nueva comunidad de creyentes. Obviamente, necesitaba de una audaz coartada, tan audaz que por imposible que pareciese tuviera que ser aceptada. Y ninguna mejor que haber recibido del propio Isa la confirmación de ser él el depositario de la verdadera comprensión del Mensaje Divino.

La puesta en escena tuvo lugar, según la tradición cristiana, en la Vía Recta de Damasco. Llevaba una carta de los principales sacerdotes judíos con la orden de detener a varios discípulos de Isa, pero antes de llegar a su destino, en esa misma calle, una potente luz le cegó derribándole del caballo, al tiempo que escuchaba una voz que le decía:

¡Saulo, Saulo! ¿Por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Yo entonces dije: ¿Quién eres, señor? Y el señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues, pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto y de aquellas en que me apareceré a ti…

Hechos 26:14-16

Según la versión del Nuevo Testamento, Pablo no iba solo cuando tuvo lugar este acontecimiento que podríamos calificar, sin temor a exagerar, de transcendental:

Vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo.” (Hechos 26:13 )

Sin embargo, y a pesar de lo muy afectados y sobrecogidos que debieron quedar sus compañeros, el relato de Pablo es el único que nos ha llegado. Nada sabemos de la identidad de los que supuestamente iban con él –son mudos personajes de cuya existencia real no tenemos noticia alguna. Por esa misma razón, de no haber sido por el apoyo que recibió de Bernabé, los seguidores de Isa lo habrían expulsado de su comunidad sin dudarlo un solo instante.

Había llegado el momento de llevar el mensaje de Isa a otras tierras. Bernabé fue a Tarso y trajo a Pablo de vuelta a Antioquía. De esta manera, Pablo volvía a estar, cara a cara, con aquellos a los que una vez había perseguido. Fue recibido en Antioquía por los discípulos de Isa con la misma frialdad con la que le habían recibido los de Jerusalén. Una vez más, gracias a la intervención de Bernabé, Pablo fue aceptado en la comunidad. Finalmente, Bernabé y Pablo, acompañados de Marcos, sobrino de Bernabé, partieron hacia Grecia en su primer viaje misionero. Los griegos adoraban a una infinidad de dioses. No les importaba aumentar su número, pero se oponían a la afirmación de la Unicidad Divina que negaba cualquier otro objeto de adoración. Pronto resultaría evidente que Pablo estaba dispuesto a comprometer las enseñanzas de Isa para lograr que fuesen aceptadas por ellos. Bernabé no pudo tolerar esa forma de proceder –y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre, y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor.

Hechos 15:39-40

Pablo se iba desviando cada vez más de las enseñanzas de Isa, poniendo el énfasis en la figura de Cristo, quien, según su versión, se le habría aparecido en visiones. Su nueva ‘aqidah se basaba enteramente en una comunicación sobrenatural y no en el testimonio histórico de un Jesús vivo. Su defensa contra aquellos que le acusaban de estar cambiando la guía que Isa había traído consistía en recordarles que lo que él predicaba tenía su origen en una revelación directa de Cristo y que por lo tanto había sido investido de autoridad divina. Al mismo tiempo insistía en la idea de que la ley de Musa no sólo era innecesaria sino además contraria a lo que Dios le había revelado: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley” -Gálatas 3:13. Las enseñanzas de Pablo lograron cambiar completamente la figura histórica de Jesús.

Ahmad Thompson, Blood on the Cross. Ed. Taha, pag.4-7

La versión de Pablo no tiene testigos independientes y por lo tanto es la única a considerar o a rechazar, y el que se elija una u otra opción dependerá de la habilidad narrativa y del carisma de quien relate la historia. En este caso la historia la relata Pablo, un sabio fariseo, gran conocedor de las Escrituras y experto orador. Estas cualidades serán las que consigan que Bernabé le apoye una y otra vez frente al rechazo general de la comunidad de creyentes, y que nuevos adeptos a las enseñanzas del Profeta Isa adopten su ‘aqidah. A su elocuente discurso se va a unir la transcendental misión para la que el “Señor le ha elegido”:

El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido Me es éste, para llevar Mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los Hijos de Israel.

Hechos 9:15

Con la confirmación por parte del “Señor” de que –a pesar de haber vivido Isa rodeado de fieles discípulos a los que en numerosas ocasiones les había otorgado un alto rango en la tierra y en los cielos– será él, Pablo, el depositario del Mensaje Divino, de su correcta comprensión y el encargado de llevarlo a toda la humanidad. Con estas credenciales se presentará ante los seguidores del Maestro con la nueva ‘aqidah, que le ha sido entregada personalmente y en secreto por el “Señor”.

La resistencia de Pedro y de otros discípulos a admitir la historia de Pablo y, sobre todo, su interpretación del Mensaje Divino, queda de manifiesto en el Nuevo Testamento –unas veces sin ambages, y otras distorsionada por el cambio de personajes que introducen los escribas, o los encargados de “revisar” periódicamente la Biblia y editar “nuevas versiones”:

Pero cuando Pedro vino a Antioquia, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por ellos a aquella hipocresía. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles, y no como judío, ¿cómo es que obligas a los gentiles a judaizar?

Epístola de Pablo a los Gálatas 2:11-14

Hay un virulento conflicto entre la ‘aqidah que los discípulos de Isa han aprendido directamente del Maestro y la que ahora predica Pablo, en la que introduce elementos contrarios al Mensaje Divino. En el siguiente texto vamos a ver más claramente cuáles son:

Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesárea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Ellos respondieron: Unos, Juan, el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los Profetas. Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo (el Mesías). Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno. (Marcos 8)

Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos respondieron: Unos, Juan, el Bautista; otros, Elías; y otros que algún Profeta de los antiguos ha resucitado. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo (el Mesías) de Dios. Pero él les mando que no dijesen esto encargándoselo rigurosamente. (Lucas 9:18-21)

Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan, el Bautista; otros, Elías; y otros Jeremías, o alguno de los Profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo (el Mesías), el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo. (Mateo 16:13-19)

Si leemos cuidadosamente estas tres citas, veremos que corresponden a un mismo suceso y que su semejanza sólo puede deberse a que son copias del texto original sobre el que se ha montado gran parte del Nuevo Testamento.

Los investigadores están acercándose cada vez más a la comprensión de cómo y cuándo se escribieron los evangelios. Se acepta que los nombres Marcos, Mateo, Lucas y Juan son atribuciones tardías; los autores reales son desconocidos. Ahora hay acuerdo casi unánime que Marcos escribió primero y que fue reformado por “Mateo” y “Lucas”, agregando éstos material adicional.

Earl Doherty, Buscando la Verdad: El rompecabezas de Jesús

Isa pregunta a sus discípulos quién dice la gente que es él; y la respuesta es siempre la misma: un Profeta de los que quedaban por venir, o uno de los antiguos que hubiera resucitado. Bajo ningún concepto podía pensar nadie que se tratase del hijo de Dios ni que el Creador del Universo pudiera tener hijos. A continuación, Isa les pregunta quién dicen ellos que es él, a lo que Pedro contesta en los tres textos que es el Cristo (término griego para Mesías, Masih en árabe, y que significa el “ungido”) –un hombre, pues, un Profeta. Sin embargo, en la crónica de Mateo se añade: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente“. Pero –el Hijo del Dios Viviente– no puede ser del texto original ya que la crónica base es la de Marcos, en la que no se menciona “ese detalle” ni tampoco en la de Lucas. De haber pertenecido al texto original, todos ellos lo habrían mencionado puesto que no se trata de un dato marginal, aleatorio. El pasaje en cuestión está construido sobre una pregunta fundamental: “¿Quién decís vosotros que soy yo?” y una respuesta decisiva de la que va a depender la comprensión religiosa del cristianismo. Esa respuesta es: “El Mesías”. Si la respuesta hubiese sido: “El Mesías, el Hijo del Dios Viviente”, ni Marcos ni Lucas la habrían omitido. En ningún otro texto se menciona este hecho de forma clara; bien al contrario, en todos ellos se refuerza la idea de la Unicidad de Allah y de Isa como Profeta.

Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él.

Marcos 12:29-32

En el siguiente texto de la crónica de Marcos, Isa rehúsa ser alabado, y mucho menos deificado, dejando claro que las alabanzas pertenecen sólo a Allah:

Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.

Marcos 10:17

De forma general, la Unicidad de Allah está presente a lo largo de todo el Nuevo Testamento:

Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios les entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es Bendito por los siglos. Amén.

Romanos 1:23-25

Vemos en este texto la incompatibilidad de asociar nada ni nadie con Allah. Cuando decimos “Dios incorruptible” o “Dios les entregó…” ¿a quién nos estamos refiriendo? ¿Quién entrega; quién da las órdenes? En el texto que citamos a continuación la afirmación de la Unicidad de Allah es rotunda:

Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues, aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores) para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él.

1 Corintios 8:4-6

Analicemos ahora los versículos en los que supuestamente Pedro declara la deidad de Isa y es enaltecido por él, conjuntamente con los tres siguientes en los que Isa maldice a Pedro:

Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan, el Bautista; otros, Elías; y otros Jeremías, o alguno de los Profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo (el Mesías), el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.

Mateo 16:13-19

Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar el tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres tropiezo porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

Mateo 16:21-23

Un texto realmente inexplicable y fuera del hilo conductor de la historia. Repasemos bien la escena: Este discípulo, Pedro, quien acaba de declarar que Isa es hijo de Dios, le recrimina, le pide que rectifique; lo lleva aparte y le dice: “Pero ¡qué estás diciendo!” Un hombre, un simple humano, se atreve a dar lecciones al hijo de Dios, a Dios mismo. Por su parte, Isa, quien acaba de otorgar a Pedro los más altos honores con los que honrar a un hombre (“y todo lo que atares en la Tierra será atado en los Cielos, y todo lo que desatares en la Tierra será desatado en los Cielos”) le llama shaytan, satanás –el peor calificativo que se puede dar a un creyente. ¡Qué diálogo tan extraño! Algo no termina de encajar en esta escena. Pero ya hemos visto que en el texto de Mateo había una interpolación, precisamente la que afirma por boca de Pedro que Isa es el hijo del Dios viviente. En realidad, el añadido no sólo es el texto, sino también la persona que lo dice. El escenario real tuvo que ser muy diferente.

Imaginemos por un momento que los dos personajes no hubieran sido Pedro e Isa, sino Pedro y Pablo. Reconstruyamos la escena. Pablo está diciendo a la gente que Isa es el hijo de Dios y que su muerte en la cruz y posterior resurrección al tercer día ha servido para redimir al hombre que crea en ello y salvarle del fuego eterno. Esa era la misión que los principales sacerdotes habían encargado a Pablo –anunciar la deidad de Isa y abrogar la Ley divina; y desde que entra en Damasco no hace sino predicar este nuevo credo:

Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el hijo de Dios. Y todos los que le oían estaban atónitos…

Hechos 9:19-21

Parecía como si esa noticia fuese nueva, algo que nunca antes habían escuchado de boca de los otros discípulos de Isa. Y así era en efecto, pues se trataba de la nueva doctrina que traía Pablo para desplazar con ella a la de los discípulos más próximos al Maestro y establecerla como el “verdadero evangelio”.  No es un dato a pasar por alto el que las epístolas de Pablo ocupen nada menos que el 47% de todo el Nuevo Testamento, un buen porcentaje para alguien que ni siquiera conoció personalmente al Profeta Isa.

Al oírle, Pedro le llama aparte y le recrimina por lo que está diciendo, por aquellas aseveraciones tan contrarias a la ‘aqidah que ha escuchado de los mismísimos labios del Maestro –ni éste era hijo de Dios ni había muerto crucificado ni había resucitado al tercer día; de la misma forma que la Ley no puede abrogarse, sino cumplirse, acompañándola de buenas obras. Pablo se da cuenta de que la gente les está escuchando y es entonces cuando arremete contra Pedro para dejarle en evidencia ante los demás, llamándole shaytan –satanás– y acusándole de buscar la vida de este mundo más que la Vida del Más Allá.

En la epístola de Pablo a los Gálatas vemos que esta disputa va a continuar hasta la escisión de la comunidad de seguidores de Isa en dos grupos: los paulistas –los seguidores de la ‘aqidah de Pablo, basada en la deificación de Isa y en la sustitución de la Ley divina por la fe; y los seguidores de la ‘aqidah de Isa, transmitida y defendida por sus principales discípulos –Pedro, Bernabé y otros. Este dilema lo resolverá Constantino al dar poder absoluto a la Iglesia católica –paulista– y al perseguir a muerte a los arrianos, a los donatistas y a otros grupos que negaban la deidad de Isa y la Trinidad.

En esta epístola Pablo arremete contra Pedro de forma virulenta, acusándole de hipócrita y de no actuar conforme a la verdad del “evangelio”. De nuevo, contrasta este maltrato con el alto rango al que el propio Isa le había elevado. ¿Quién es este Pablo que sin haber siquiera conocido al Maestro se atreve a recriminar y a declarar “públicamente” que aquel a quien Isa le ha dado las llaves del Cielo está actuando en contra de su “palabra”?

Pero cuando Pedro vino a Antioquia, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por ellos a aquella hipocresía. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles, y no como judío, ¿cómo es que obligas a los gentiles a judaizar?

Epístola de Pablo a los Gálatas 2:11-14

Mas Pedro nada tiene que ocultar ni de nadie tiene que esconderse. Ha sido uno de los más próximos a Isa y conoce perfectamente el espíritu y la letra del mensaje del Mesías.

Y empezó Pedro a explicárselo punto por punto, diciendo: “Yo estaba orando en la ciudad de Jopa, cuando vi en éxtasis una visión: un recipiente como un mantel grande que descendía, bajado del cielo por sus cuatro puntas, y que llegaba hasta mí. Yo lo miraba con la vista fija en él, y vi cuadrúpedos de la tierra, bestias, reptiles y aves del cielo. Oí asimismo una voz que me decía: “Anda, Pedro, mata y come.” Pero yo dije: “De ninguna manera, Señor; jamás cosa profana o impura entró en mi boca.” Y me respondió de nuevo la voz del cielo: “Lo que Dios ha declarado puro, tú no lo llames profano.” Esto se repitió hasta tres veces, y de nuevo fue retirado todo al cielo. Al instante se presentaron en la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea en busca de mí. Y el Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar en modo alguno. Vinieron también conmigo estos seis hermanos y entramos en la casa de aquel hombre. Él nos contó cómo había visto en su casa al ángel que se le presentó y le dijo: “Envía a Jopa a buscar a Simón, por sobrenombre Pedro; él te dirá palabras en virtud de las cuales serás salvo tú y toda tu casa.” Y en comenzando yo a hablar, descendió el Espíritu Santo sobre ellos, como al principio sobre nosotros. Y recordé la palabra del Señor cuando decía: “Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo.” Si, pues, Dios les otorgó el mismo don que a nosotros cuando creímos en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poder impedírselo a Dios?” Al oír esto, se tranquilizaron y glorificaron a Dios diciendo: “Según esto, Dios ha dado también a los gentiles la conversión que conduce a la vida.”

Hechos de los Apóstoles 11:4-18

Es cierto que el mensaje que trae Isa no va dirigido a la humanidad de forma indiscriminada, sino, antes bien, a “las ovejas descarriadas de los hijos de Israil”, a los corruptos sacerdotes, a los escribas y fariseos, al pueblo que, engañado por los falsos maestros, ha seguido sus mismos extravíos.

El último mensaje, el que sí irá dirigido a toda la humanidad hasta el Día del Resurgimiento, aún no ha llegado. Es el mensaje que brotará de la otra rama del tronco santo de Ibrahim, la rama ismaelita, y que será transmitido por Muhammad (s.a.s). Pedro, consciente de esta realidad, no habla a los gentiles, pero tampoco los rehúye o los desprecia. Es un creyente, alguien que se ha sometido a la voluntad de Allah: “Si, pues, Dios les otorgó el mismo don que a nosotros cuando creímos en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poder impedírselo a Dios?” De la misma manera actuó Isa con la samaritana:

El respondiendo, dijo: No soy enviado, sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo; Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Isa, dijo: Oh, mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

Mateo 15:24-28

Esta actitud contrasta con la de Pablo, que es enteramente política. Por un lado, trata con ella de ganar adeptos en vez de transmitir el Mensaje Divino sin ningún tipo de concesiones; por otro, presenta la nueva ‘aqidah como el final del proceso profético –ya no habrá más Enviados ni revelaciones. El hijo de Dios ha descendido sobre la tierra y nos ha redimido con su pasión y muerte; por lo tanto, el mensaje de Isa es el último y debe ser llevado a toda la humanidad; y ésta será la ‘aqidah con la que Constantino cristianice a todo el Imperio Romano.

Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley.

1 Corintios 9:19-21

Ya hemos dicho que el otro cambio doctrinal de la nueva ‘aqidah que trae Pablo a los seguidores de Isa es la salvación por la fe, quedando de esta forma abrogada la Ley.

Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe de Isa, nosotros también hemos creído en Isa, para ser justificados por la fe del Mesías y no por las obras de la Ley, por cuanto por las obras de la Ley nadie será justificado.

Gálatas 2:15-16

Lo cual iba en contra de la propia enseñanza de Isa:

No penséis que he venido para abrogar la Ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Ley, hasta que todo se haya cumplido.

Mateo 5:17-18

En estos dos versículos, Isa desmiente la ‘aqidah de Pablo: Nadie puede abrogar la Ley, la cual permanecerá vigente hasta el Último Día –hasta que pasen el cielo y la tierra. Isa no es el sello de la Profecía, sino su anunciador, y así lo manifiesta Yahia (Juan el Bautista) al ser interrogado por un grupo de fariseos:

Este es el testimonio de Yahia cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú quién eres? Confeso y no segó, sino que confesó: Yo no soy el Cristo (Mesías en griego). Y les preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el Profeta? Y respondió: No.

Juan 1:19-21

Los que interrogan a Yahia no son judíos iletrados, sino sacerdotes y levitas, conocedores de la Ley y de la Profecía. Yahia les tiene intrigado, pues no aparece en sus libros, y el Sanedrín decide enviar a un grupo de sabios para que le interroguen y averigüen si es él el Mesías; por lo tanto, está claro que esperaban su llegada. Sin embargo, no acaba aquí el interrogatorio, pues los judíos esperaban también al “Profeta”, y del versículo que hemos citado se desprende claramente que el Mesías era alguien distinto del Profeta. En efecto, Isa era el Mesías y Muhammad (s.a.s) el Profeta.

Ese fue el gran trabajo de Pablo, su misión, su encomienda –separar el judaísmo del Mensaje que había traído Isa y que, de prosperar, daría al traste con la casta sacerdotal judía. Pablo derriba los dos pilares básicos de la Revelación: el monoteísmo y la Ley. Ahora Dios tenía un hijo y la fe en este hecho –totalmente absurdo e inaceptable– bastaba para salvarnos. Pablo había colocado una bomba de relojería programada para explotar en algún momento de un futuro impredecible para él, pero cuyo efecto diabólico sería el de desmantelar el cristianismo y desacreditar el Islam. Al caer los católicos –y más tarde los protestantes– en la trampa de la Trinidad y de la fe sin ley, se estaban condenando a un futuro ostracismo y a la repulsa de la humanidad. Los judíos mantienen el monoteísmo y la Ley basados en la parte del Kitab revelada a Musa, la Taurah. Y lo mismo sucede con los musulmanes, quienes proclaman el Tawhid (la Unicidad absoluta de Allah) y la necesidad de seguir los preceptos contenidos en la shari’ah (Ley divina), basado todo ello en el Qur-an revelado al Profeta Muhammad (s.a.s). Los cristianos, en cambio, tienen ahora frente a sí la imposible tarea de rectificar el absurdo de la Trinidad y paliar su orfandad legislativa. Hay una clara división teológica y legal entre el judaísmo –que se “mantiene fiel” a los Profetas, a la Ley divina y al mensaje de la Unicidad del Altísimo– y el cristianismo, que ha deificado a un Profeta, a un Enviado, y ha eliminado la Ley divina.

De esta forma, podemos decir que uno de sus enemigos potenciales quedaba fuera de combate. Habían ganado una batalla, es cierto, pero no la guerra, pues el Islam no sólo desmentía la Trinidad y la crucifixión de Isa (a.s), sino que además denunciaba la falsificación que había sufrido el bloque de aleyas del Kitab revelado a Musa (a.s), la Taurah, a manos de los escribas judíos; unificaba toda la genealogía profética desde Adam hasta Muhammad (s.a.s), y daba respuesta a la tan esperada venida del Mesías –Isa– y del Profeta Muhammad, anunciada repetidamente en los rollos y pergaminos que manejaban los fariseos. De esta forma se cerraba el círculo, quedando fuera el judaísmo y el cristianismo como religiones fabricadas por el hombre y, dentro, el Islam como la forma universal de adoración.

El Profeta Musa (a.s) no menciona en la Taurah la palabra “judaísmo” ni los Profetas se refieren a este término en el Antiguo Testamento; de la misma forma que la palabra “cristianismo” no aparece en ningún lugar del Nuevo Testamento. Ningún Enviado dijo nunca: “¡Sed judíos o sed cristianos!” Ni consta en ninguna de las revelaciones que el Todopoderoso lo hubiera dicho. Sin embargo, el último cántico sí va a tener un nombre –Islam– con el que delimitar la forma de adoración aceptada por el Altísimo, y abrogar todas las demás.

Es Él Quien mandó a Su Enviado con la guía y el Din verdadero para hacerlo prevalecer sobre todos los demás; y Allah basta como Testigo.
Qur-an 48:28
Y quien busque un Din otro que Islam, no le será aceptado,
y en la Última Vida será de los perdedores.
Qur-an 3:85

No obstante, la lucha por conseguir que el mundo entero abrace el laicismo como sistema político y social, y el ateísmo masónico como la nueva religión para la humanidad continua y continuará hasta el Último Día. La mayoría de los hombres estarán apostados en su trinchera, frente a la cual se abrirá la de los creyentes; la de los que mantienen el Pacto con Allah el Altísimo. Los asaltantes enarbolarán la bandera del hombre como única entidad superior, por encima de la cual no habrá más cielo que el de su razón ni más paraíso que el de sus deseos.