
La desaparición de acontecimientos atroces mientras continúa la construcción de la agenda
Gary D. Barnett
Gary D. Barnett lleva escribiendo sobre libertad, política e historia desde hace dos décadas.
Desde el montaje del “ataque” sionista israelí, la matanza y el brutal asesinato de palestinos inocentes a manos de malvados sionistas, la mayoría de los demás atroces acontecimientos y montajes del pasado han sido eliminados de los llamados titulares. En mi opinión, todo esto es, por supuesto, intencionado; planeado deliberadamente con mucha antelación a fin de preparar a las masas para el inminente dominio global que busca la clase dominante.
Por supuesto, a lo largo del camino continúa sin cesar una legislación cada vez más restrictiva, una regulación extrema, métodos de vigilancia masiva, políticas monetarias, económicas e inflacionarias; la guerra y la amenaza de guerra –meras etapas de la conspiración para controlar al mundo y a sus habitantes. En otras palabras, es como imponer paso a paso y de forma corrupta eventos terroristas a los plebeyos para hacer avanzar agendas políticas basadas en la acumulación –una tras otra– de narrativas falsas con el objetivo de mantener en todo momento a los ciudadanos asustados y confundidos.
Recientemente repasé el alcance de todo este intencional terrorismo de Estado utilizado contra nosotros y describí gran parte de lo que ha estado sucediendo durante estos últimos años en un artículo que publiqué titulado: “Los riesgos a los que nos enfrentamos en un mundo enloquecido: Las narrativas estatales son siempre mentiras” (The Risks We Face in a World Gone Mad: State Narratives Are Always Lies). Desde estos últimos y más malvados ataques contra la humanidad, comenzando con la falsa pandemia del “covid” que lanzó este impulso final hacia la esclavitud mundial bajo la apariencia de un sistema de gobierno mundial único, ha sido evidente un implacable evento atroz tras otro. Desde el año 2020 ha sido interminable la serie de atrocidades a manos de los amos de la clase dominante y de los gobiernos controlados por ellos, lo que ha servido para mantener a las masas ignorantes e indiferentes, desequilibradas, divididas, confundidas y, lo más importante para los controladores, doblegadas.
¿Qué ha pasado con todas las familias devastadas por la estafa del ‘covid’? ¿Dónde están todas las historias de familias desgarradas, de la muerte de seres queridos, de las enfermedades y horrendas consecuencias para la salud de todos aquellos que fueron víctimas de las inyecciones de armas biológicas del Estado? ¿Qué pasa con el odio desenfrenado generado por el complot para destruir a la humanidad? ¿Cuál ha sido el resultado de todos los disturbios y de la destrucción –planificados y escenificados– causados por actores estatales como los BLM y los Antifa, o la masiva tormenta inflacionaria que ha destruido a tantos empresarios? ¿Y qué pasó con todos aquellos que perdieron sus negocios debido a los groseros mandatos y la orquestada intervención de este gobierno? ¿Cómo podrán todas las personas destruidas financieramente alimentarse a sí mismas y a sus familias?
¿Cuáles han sido las consecuencias de la promoción intencional por parte de este gobierno de comportamientos inmorales e ilícitos, especialmente entre los jóvenes vulnerables, en nombre de la idiotez que supone la identidad transgénero, las espantosas cirugías de cambio de sexo y el exterminio planificado de hombres y mujeres biológicos en favor de seres castrados?
Pensemos por un momento en los envenenados habitantes de Palestina Oriental, Ohio, ignorados y olvidados porque ahora son ya una vieja noticia, a pesar que se da allí la alarmante subida de enfermedades graves –hasta un 14,000%– y altos niveles de dioxinas tóxicas. ¿Por qué se permite este encubrimiento, sobre todo teniendo en cuenta que la empresa Norfolk Southern, la responsable de esta atrocidad, está eliminando todas sus ayudas a la reubicación? ¿Y qué pasa con todos los demás descarrilamientos de trenes y derrames químicos muy sospechosos que han tenido lugar en los últimos años en todo el país?
¿Qué ha pasado con el montaje que ha supuesto la guerra entre Rusia y Ucrania, especialmente desde que Estados Unidos, con nuestro dinero y en nuestro nombre, ha donado miles y miles de millones de dólares a esta fraudulenta guerra? ¿Cuántos inocentes han muerto debido a la financiación y el uso de armas regaladas por Estados Unidos a Zelensky y a sus terroristas, cuyo trabajo es prolongar esta farsa, enriqueciéndose en el proceso?
¿Qué pasó con todos los informes sobre los horrendos “incendios” que consumieron Lahaina, en la isla de Maui, Hawái? ¿Qué pasó con todas esas personas y con los 2,000 niños desaparecidos? ¿Por qué se ha eliminado esto de la mayoría de las noticias y se ha ocultado ante el mundo? ¿Qué pasó con todas las historias de incendios provocados intencionalmente en California, Canadá, Hawái, Grecia, Turquía, China y muchos otros lugares?
Estas son sólo algunas de todas las historias que han desaparecido de la vista. Hay una multitud de nuevos informes, nuevos riesgos de guerra, nuevas atrocidades y nuevas amenazas. Todos ellos están destinados a captar nuestra inmediata atención, mientras que las agendas reales continúan su marcha sin pausa, en su mayoría sin exposición ni escrutinio crítico.
Las “noticias” recientes, por supuesto, han estado relacionadas con la masacre y el genocidio de palestinos, en su mayoría inocentes, por parte del Israel sionista. Se trata de un esfuerzo conjunto entre Israel y Estados Unidos, codo con codo, para cometer asesinatos en masa a escala monumental. Si bien muchos gobernantes occidentales han expresado su apoyo a Israel, el flagrante genocidio ha hecho que algunos hayan recapacitado, no porque les importen los palestinos, claro está, sino porque la obvia brutalidad ha puesto a algunos en contra de esta barbarie por miedo a represalias. No obstante, no nos hagamos ilusiones –el próximo montaje sustituirá a éste en algún momento y la eliminación de los palestinos también se desvanecerá como si nunca hubiera ocurrido.
Apenas he arañado la superficie de todo lo que hoy está sucediendo. Este ataque contra la humanidad continuará hasta que se cumpla su finalidad de apoderarse completamente de la humanidad. El impulso final hacia el gobierno global de todos y de todo culminará con la falsa agenda del «cambio climático», cuando todo sea digital, cuando el gobierno sea universal, cuando toda la moneda esté controlada centralmente, cuando la mayoría de las guerras sean libradas contra las masas por sus propios gobernantes –todo en un esfuerzo diabólico no sólo para reducir drásticamente la población mundial, sino también para transformar las poblaciones restantes en seres parecidos a máquinas, tanto física como psicológicamente, en un mundo consumido por la alteración transhumana a través de la tecnología de inteligencia artificial.

SONDAS: Entonces ¿qué se supone que deberíamos hacer según Gary? ¿Una revolución? ¿Otra? En el siglo XVI los campesinos alemanes se rebelaron contra sus señores y fueron masacrados. Después, los burgueses decapitaron a sus reyes y más tarde los proletarios derrocaron a los burgueses que habían desplazado de sus privilegios a los aristócratas. Y tras estos prometedores movimientos de masas, el presidente francés vive en un palacio, nueve países europeos siguen siendo monárquicos y los proletarios de todo el mundo, unidos, ven con estupefacción cómo los burgueses y aristócratas de sus diferentes países conviven amistosamente y viven del exponencial aumento de la plusvalía de los trabajadores. Es mejor abandonar esas quimeras, que –al ser tales– ni siquiera existen.
La historia es un escenario bien planificado, con un principio y un final asignados por el Creador, y, por lo tanto, sujeto a un irreductible destino. Las sociedades humanas están abocadas a su auto-destrucción y son los individuos –algunos, unos pocos– los que pueden salirse de esa corriente imparable del flujo histórico y mantenerse en un ámbito invariable, ahistórico. ¿Acaso podría esta humanidad de hoy –permisiva e incluso promotora de la homosexualidad y del transgenerismo, de la apatía y de una total desidentificación– volver a la normalidad, arreglarse, rectificar? Eso es algo que solo pueden hacer los individuos, uno a uno.
Gary Barnett se olvida de que vivimos en un mundo desprovisto de sentido, de propósito, de finalidad. En un mundo así es inoperante exigir nada a nadie. Desde el absurdo no se puede planificar la normalidad. No podemos decirle a un joven frente a un futuro en el que no acumulará, sino decepción tras decepción, incertidumbre, confusión… que haga esto y deje de hacer aquello.
Si este universo en el que vivimos es el producto de una serie de siniestras casualidades, ¿qué valor puede tener la vida? ¿Qué valor pueden tener estos cuerpos que hoy se mueven con inquietante nerviosismo y mañana estarán inmóviles bajo tierra?
Y, sin embargo, muchos ideólogos, como Gary D. Barnett, tratan de convencer a sus conciudadanos de que luchar por un mundo mejor, más justo, más fraternal, podría tener suficiente peso como para que fuera el objetivo de nuestra existencia. Obviamente, no lo es, ya que esos ideales, implantados en mayor o menor medida, son medios y no fines.
La primera tarea del hombre, de los individuos –de éste, de aquél– es la de indagar. E indagar significa, ante todo, partir del asombro que ineludiblemente nos lleva a una meticulosa observación de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. Esta indagación es ya una toma de consciencia. Ahora me veo dentro de un mundo completo, terminado, un portentoso escenario en cuya construcción yo, tú, nadie ha participado. ¿Quién entonces lo habrá diseñado? ¿Quién le habrá dado vida?
Si te encoges de hombres y sigues levantando pesas en un gimnasio, te arrastrará la corriente de la historia. Desembocarás con ella en algún vertedero. Mas si con férrea determinación continúas indagando, asombrándote, admirándote… llegarás a exclamar: “Nada de cuanto existe es casual. Todo tiene un propósito, una función. Se trata de una red, de un rizoma, de una absoluta interacción entre todos los elementos que conforman este universo”
Mas no acaba aquí el asombro, la indagación, ya que caemos en la cuenta de que ese portentoso tejido existencial se ha confeccionado para servir de abrigo al hombre. Todo vuelve a nosotros, al observador, a esa identidad inteligente y consciente que ha salido de la historia y circula por la Órbita Celeste.
