¿Por qué solo los humanos tenemos consciencia?

La explicación a por qué la autoconciencia parece ser exclusiva de las personas se atribuye a las diferencias entre los cerebros humanos y del resto de animales

Mavi Sánchez Vives para El País

Debo empezar diciendo que todo depende de la definición de conciencia. Desde la neurociencia, normalmente, definimos la consciencia como el estar alerta, el reconocernos a nosotros mismos, a los demás, el entorno… Es decir, es el estado de vigilia, en el que tenemos capacidad de respuesta. Lo inverso sería un estado de falta de consciencia que en una persona, por ejemplo, sería cuando está dormida, bajo los efectos de una anestesia o en estado de coma. Si nos atenemos a esta definición, la conciencia no es algo exclusivo de los seres humanos.

Si en lo que pensamos es en ese estado de alerta, de respuesta a los estímulos, hay muchos otros seres vivos, además de los humanos, que pueden dormir y, por lo tanto, alternan un estado de consciencia con otro de falta de consciencia.

Cuando hablamos de que hay algo único en los humanos, solemos referirnos a la autoconciencia. Este es un proceso más complejo que abarca la sensación de identidad, de continuidad en el tiempo, de memoria del pasado, procesamiento del presente y planes de futuro. A esto se suman todos los procesos cognitivos que caracterizan a los humanos: lenguaje, memoria, razonamiento, creatividad y también, y muy importante, la metacognición, es decir, que podemos, pensar sobre la conciencia, reflexionar sobre nuestros propios procesos cognitivos, sus mecanismos… justo como habéis hecho al plantearos esta pregunta.

La explicación a por qué la autoconciencia parece ser exclusiva a los seres humanos se atribuye a las diferencias que existen entre los cerebros humanos y los cerebros del resto de los animales.

Las mayores divergencias se observan en la corteza cerebral humana que es mucho más compleja: tenemos un mayor número de neuronas, una corteza cerebral bastante más gruesa, más axones mielinizados en las neuronas que conducen más rápidamente. En resumen, nuestra corteza cerebral posee una gran densidad neuronal y una mayor conectividad entre las neuronas. Esa característica posibilita el procesamiento de mucha más información. Como dijo el físico Emerson Pugh: “Si el cerebro humano fuera tan simple que pudiéramos entenderlo, nosotros seríamos tan simples que no lo entenderíamos”.

Aunque la corteza cerebral humana, como os explicaba, es muchísimo más compleja que la del resto de los animales, también hay diferencias entre las distintas especies. La mayor cercanía en cuanto al tamaño de la corteza cerebral humana son los cerebros de las ballenas y los elefantes. Estas especies animales tienen formas de comunicación y comportamientos sociales complejos. Pero el lenguaje humano, que es la base de la reflexión y que es un elemento fundamental en la conciencia humana, es más complejo que las formas de comunicación de estas otras especies. En cualquier caso, la necesidad de lenguaje para la autoconciencia no está exenta de debate.

Por otro lado, los cerebros de los grandes simios son más pequeños y con una corteza cerebral de menor grosor que la de los humanos. Se han hecho estudios para determinar cuánto lenguaje pueden llegar a codificar los grandes simios y en general, sus funciones cognitivas y habilidades podrían ser similares a las de un niño o niña de unos 2 o 3 años. También hay estudios científicos debatiendo su posible nivel de autoconciencia basándose, por ejemplo, en la prueba del espejo, para ver si hay o no autorreconocimiento.

La comprensión de los mecanismos de la consciencia es un tema candente en la neurociencia actual. Aunque se considera una propiedad emergente del cerebro, no existe una teoría unificada sobre cómo se genera. De hecho, recientemente se ha publicado un artículo científico que compara las predicciones de las dos teorías dominantes (teoría de la información integrada y teoría del espacio de trabajo neuronal global) que no ofrece un veredicto definitivo sobre ninguna de ellas.

Una de las líneas en las que trabaja mi grupo es en la investigación de herramientas de medida de la actividad cerebral que nos permitan determinar el nivel de conciencia de las personas que no se pueden comunicar, por ejemplo, aquellas que están en lo que se denomina estado vegetativo (ahora llamado “síndrome de vigilia sin respuesta”). Estas medidas son de valor en la clínica, a la vez que nos ayudan a comprender qué mecanismos cerebrales subyacen a la consciencia.

Mavi Sánchez Vives es Profesora de Investigación ICREA y lidera el grupo de investigación en Neurociencia de Sistemas del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) de Barcelona. Pregunta enviada por el alumnado de 1º de Bachillerato del Instituto de Enseñanza Secundaria Jaime II de Alicante.

SONDAS: En los últimos años han ido apareciendo aquí y allá artículos sobre la consciencia, algo inédito en la narrativa oficial de la ciencia, lo que da pie para pensar que algunos investigadores, tras décadas de perder el tiempo investigando, han caído en la cuenta de que estaban buscando algo en el lugar equivocado -la consciencia no está en el cerebro. Sin embargo, ese hallazgo -perturbador donde los haya- no solo no resolvía el problema, sino que daba lugar a una pregunta que parecía imposible de contestar: “¿Dónde, entonces, está la consciencia? ¿En qué locus habrá que buscarla? Mas este descubrimiento no solo planteaba la necesidad de buscar la consciencia en otro lugar que el cerebro, sino que -además- exigía una mejor comprensión de la naturaleza de este enigmático órgano.

La llamada ciencia -y tal y como se define hoy: la verdad absoluta y objetiva- se ha situado en una mala posición al partir de premisas falsas e inamovibles. La primera de ellas, de la que derivan todos los desajustes cognitivos que hoy distorsionan cualquier fenómeno que tratemos de analizar y entender siguiendo su método, el método científico, se basa en la asunción de que no existe un Creador y de que todo es materia que se ha ido organizando siguiendo una lista interminable de felices casualidades. Por lo tanto, todas las causas deberán estar aquí, en este universo observable o matemáticamente previsible. Y así, de la misma forma que buena parte de los residuos que deja el metabolismo al procesar los alimentos se eliminan por la orina, así también -concluyen- todas las segregaciones cognitivas del tipo que sean tienen su origen en el cerebro: el cerebro piensa, siente, analiza, guarda información en su memoria… y ello sin que el hombre, yo (otro enigma) sepa cómo y dónde tiene lugar tan portentoso proceso. ¿Cómo es posible que el “dueño” de ese cerebro no tenga ningún control sobre él? Más aún, desconozca su funcionamiento y sus interacciones con los otros órganos del cuerpo humano.

Sin embargo, como ya hemos apuntado al principio de este comentario, el verdadero problema reside en el hecho de buscar la consciencia en el lugar equivocado y ello por una mala comprensión de la naturaleza del cerebro. Basta con cambiar la posición del interruptor. Ya no enciende el concepto “productor”, sino que baja y enciende el concepto “receptor”.

Fijémonos ahora en la función que cumple un procesador dentro de la carcasa que encierra y protege a todos los elementos que conforman un ordenador. Lo que vemos al abrir esta carcasa son elementos interconectados entre sí -conexiones. Mas ¿qué es lo que conectan? Absolutamente nada. No tienen nada de lo que hablar, pues no tienen ningún input. Sin embargo, estas conexiones comenzarán a tener sentido cuando introduzcamos en ese ordenador diferentes programas. Mas esos programas se diseñan y ejecutan en un centro de programación. ¿Dónde, pues, buscaremos la consciencia? ¿En el procesador o en el centro de programación, el centro de producción?

La mayoría de los neurólogos la buscan en el cerebro, y allí solo encuentran conexiones y receptores. Mas los programas -el input, la verdadera información, cognitiva o sensitiva- se programan y producen fuera de ese procesador, fuera de la carcasa del ordenador… a miles de kilómetros de distancia.

No deja de ser paradójico que la autora del artículo encuentre una prueba de que es el cerebro el que “produce” consciencia en el hecho de que, al estar bajo los efectos de un sueño profundo, de una anestesia total o de un estado de coma, no seamos conscientes. Mas la pregunta que debería hacerse Mavi es: ¿conscientes de qué? La consciencia tiene dos estados: pasivo y activo. En el estado pasivo los conectores entre el centro de producción y el centro de recepción (el cerebro) están desconectados -no oímos, no vemos, no sentimos. Y, por lo tanto, la consciencia, que es, que no puede dejar de ser, no tiene nada que observar. Hay una total desconexión con el mundo manifestado, con la vigilia.

Al despertar de ese sueño, o de esa anestesia, o salir del estado de coma, nuestros órganos conectores vuelven a percibir sonidos, voces, colores, ruidos… un poderoso input que interrelaciona con la cognición produciendo escenarios que la consciencia observa, lo que a su vez origina reflexión -la consciencia ha pasado al estado activo. ¿Quiere ello decir que en esos otros estados en los que la consciencia se encontraba desconectada de la vigilia no existíamos? ¿No teníamos consciencia de existir? Bien al contrario, no hay un solo instante en el que la consciencia no proyecte en “nosotros” la sensación de existir. Nunca el “yo” desaparece.

Mas cometemos el error, y ello en contra de nuestra experiencia cotidiana, de llamar realidad únicamente al estado de vigilia, sin caer en la cuenta de que -iluminada o no- la habitación en la que me encuentro, las cosas que hay en ella, yo mismo… siguen existiendo, aunque en la oscuridad no las percibamos. La consciencia observa los escenarios de vigilia o de sueño con sueños, pues hay manifestación. Mas se retrae al estado de potencia cuando por alguna razón se ha desconectado de la vigilia.

Actualización/Potencialización -es el vaivén de la consciencia; es el vaivén de la creación.

¿Cuánto tiempo más van a perder los investigadores hurgando en el cerebro? ¿Cuánto tiempo más renegarán de ese Creador que los ha creado a ellos y a su consciencia?