¿Podemos decir que es la conciencia humana la que está creando la realidad?

¿Es el universo físico independiente de nosotros, o está creado por nuestras mentes?

Robert Lanza para Journal of Cosmology and Astroparticle Physics

Un nuevo estudio afirma que las redes de observadores son responsables de determinar la realidad física.

Los científicos proponen que los observadores generan las estructuras del tiempo y del espacio.

El artículo podría ayudar a comprender mejor la Ecuación de Dios, que intenta unificar la mecánica cuántica y la relatividad general.

¿Existe una realidad física que sea independiente de nosotros? ¿Existe la realidad objetiva? ¿Acaso no será la estructura de todo, incluidos el tiempo y el espacio, creada por las percepciones de quienes lo observan?

En la teoría del biocentrismo se apunta a la percepción de que la conciencia es la fuerza impulsora de la existencia del universo. El mundo físico que percibimos no es algo que esté separado de nosotros, sino que es creado por nuestras mentes a medida que lo observamos. En este sentido, el espacio y el tiempo serían un subproducto del “torbellino de información” que nuestra mente entreteje en una experiencia coherente.

Los observadores pueden afectar dramáticamente el comportamiento de cantidades observables tanto a escalas microscópicas como espaciotemporales masivas. De hecho, es necesario un cambio profundo en nuestra cosmovisión cotidiana. El mundo no es algo que se forme fuera de nosotros, simplemente existe por sí mismo. Los observadores definen en última instancia la estructura de la realidad física en sí.

¿Cómo pueden los observadores crear la realidad?

¿Cómo funciona esto? Una red de observadores es necesaria y es inherente a la estructura de la realidad. Los observadores –usted, yo o cualquier otra persona– viven en un universo gravitacional cuántico y elaboran un modelo cognitivo acordado globalmente de la realidad mediante el intercambio de información sobre las propiedades del espacio-tiempo. Ya que, una vez que se mide algo, la onda de probabilidad para medir el mismo valor de la cantidad física ya probada se ‘localiza’ o simplemente ‘colapsa'”. Así es como la realidad llega a ser consistentemente real para todos nosotros. Una vez que sigamos midiendo una cantidad una y otra vez, conociendo el resultado de la primera medición, veremos que el resultado es el mismo.

De manera similar, si aprendes de alguien acerca de los resultados de sus mediciones de una cantidad física, tus mediciones y las de otros observadores se influyen entre sí, congelando la realidad de acuerdo con ese consenso.

En términos cuánticos, un observador influye en la realidad a través de la decoherencia, que proporciona el marco para el colapso de las ondas de probabilidad, localizadas en gran parte en las proximidades del modelo cognitivo que el observador construye en su mente a lo largo de su vida.

El observador es la primera causa, la fuerza vital que colapsa no solo el presente, sino la cascada de eventos espacio-temporales que llamamos pasado. Stephen Hawking tenía razón cuando dijo: ‘El pasado, como el futuro, es indefinido y existe solo como un espectro de posibilidades’.

¿Podría el universo ser una simulación?

¿Podría una entidad artificialmente inteligente sin consciencia estar soñando nuestro mundo? Lanza cree que la biología juega un papel importante, como explica en su libro The Grand Biocentric Design: How Life Creates Reality, que fue coautor con el físico Matej Pavsic.

Mientras que un bot (internet robot) podría ser un observador, una entidad viviente consciente con capacidad de memoria es necesaria para establecer la flecha del tiempo. Un observador ‘sin cerebro’ no experimenta el tiempo y / o la decoherencia con ningún grado de libertad. Esto conduce a las relaciones de causa y efecto que podemos notar a nuestro alrededor. Sólo podemos decir con seguridad que un observador consciente colapsa una función de onda cuántica.

La ecuación de Dios

Es imprescindible resolver la exasperante incompatibilidad entre la mecánica cuántica y la relatividad general, que fue un punto de fricción incluso para Albert Einstein.

La aparente incongruencia de estas dos explicaciones de nuestro mundo físico, con la mecánica cuántica mirando los niveles moleculares y subatómicos y la relatividad general en las interacciones entre estructuras cósmicas masivas como galaxias y agujeros negros, desaparece una vez que se tienen en cuenta las propiedades de los observadores.

Si bien todo esto puede parecer especulativo, estas ideas se están probando utilizando simulaciones de Monte Carlo en poderosos clústeres de computadoras del MIT y pronto se probarán de manera experimental.

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SONDAS: ¿Por qué se publican cada vez más artículos especulativos sobre la realidad de nuestro universo con una buena dosis de infantilismo? Precisamente, porque ha colapsado la esperanza de poder explicar la existencia, la vida, la inteligencia, la consciencia… sin introducir en la ecuación el factor “Agente externo”.

¿Podría el universo ser una simulación? A estas alturas, resulta indigno que un científico se haga este tipo de preguntas. Eran propuestas que aparecían en las películas de ciencia-ficción, y que nadie se tomaba en serio. Pasábamos un buen rato viéndolas, y eso era todo. Mas la pobreza científica ha llegado a tal punto, que ahora echan mano de las teorías más disparatadas y peligrosas para una ciencia que pretende ser coherente consigo misma –extraterrestres, vida inteligente debajo de la Antártida, viajes intergalácticos, aminoácidos esparcidos por todo el sistema solar… ¡Nada! Todo se desmorona. No hay forma de que cuadre la ecuación.

¿Quién era Einstein y quién es Michio Kaku? Dos payasos, dos showmen que se han prestado a defender los postulados materialistas a cambio de una grotesca fama –hay que ver sus rostros fotografiados una y otra vez con muecas estrafalarias e irrisorias. ¿Podemos afirmar que tenemos algo encima de la mesa, algo sustancial, concreto, cierto? Solo especulaciones cada vez más extravagantes.

Pensemos por un momento lo que supondría considerar que el universo sea una simulación. Tomemos un simple fenómeno cotidiano. Observemos cómo cae la lluvia sobre una tierra aparentemente muerta y la vivifica y hace que salgan de ella todo tipo de hortalizas y plantas que, a su vez, son capaces de transformar la luz solar en energía, almacenando moléculas de azúcar que darán vida a los animales herbívoros que las ingieran. Por lo tanto, estamos hablando de una simulación portentosa, cuyo diseño exigiría la existencia de una Entidad inimaginable para el hombre, teniendo en cuenta, sobre todo, que ese diseño se ha realizado sin un modelo previo. ¿Cómo entonces se diseñaron los miles de sabores que logra detectar el hombre? ¿Quién ha diseñado las infinitas interacciones entre todos los elementos existenciales?

Cualquier teoría que propongamos sobre el funcionamiento, la esencia o el origen del universo, resultará deprimentemente incompleta. La subjetividad humana no puede alcanzar el desarrollo de la objetividad divina. Es como tratar de vaciar el océano con un vaso. No hay proporción.

Observemos lo que nos rodea y a nosotros mismos, y encontraremos la ecuación de Dios.